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LA CRUZ DE CRISTO (LA VINDICACION DE LA CAUSA DE DIOS)

LA CRUZ DE CRISTO

(LA VINDICACION DE LA CAUSA DE DIOS)

Por D. M Lloyd Jones

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“Al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar su justicia en este tiempo: para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” Romanos 3:25-26

Con el fin de dirigir su atención a las grandes palabras que se encuentran en el capítulo 3, versículo 25 y 26, de la epístola de Pablo a los Romanos, quiero recordarle nuevamente que en muchos sentidos, no hay versículos más importantes en todo el alcance y esfera de las Escrituras, que estos dos versículos. En ellos tenemos la afirmación clásica de la gran doctrina central de la Expiación. Este es el porqué los consideraremos muy cuidadosa y detalladamente. Algunos han descrito esto como “El acrópolis de la fe cristiana”.

Podemos estar seguros de que no hay nada que la mente humana pudiera jamás considerar, que sea en alguna manera tan importante como estos dos versículos. La historia de la iglesia muestra muy claramente, que estos versículos han sido el medio que Dios El Espíritu Santo ha usado para traer muchas almas de las tinieblas a la luz, y para dar a muchos pobres pecadores, el primer conocimiento salvador y su primera certidumbre de salvación.

Déjeme darle un bien conocido y notable ejemplo e ilustración fuera de la historia. Me estoy refiriendo al poeta William Cowper. El nos dice que se encontraba en su cuarto, en gran agonía de su alma, y bajo una profunda y terrible convicción. El no podía encontrar la paz, y estuvo caminando de un lado a otro, casi al punto de la desesperación, sintiéndose completamente sin esperanza, no sabiendo qué hacer consigo mismo. Repentinamente, en completa desesperación, se sentó en una silla frente a la ventana del cuarto. Había una Biblia allí, así que él la tomó y la abrió, y así vino a este pasaje y esto es lo que él nos dice: “El pasaje que encontraron mis ojos fue el versículo 25 del tercer capítulo de Romanos. Al leerlo, de inmediato recibí poder para creer. Los rayos del Sol de Justicia cayeron sobre mí en toda su plenitud. Yo vi la completa suficiencia de la expiación, en la cual Cristo ha forjado para mi, perdón y entera justificación. En un instante yo creí y recibí la paz del evangelio. Si el brazo del Dios Todopoderoso no me hubiera sustentado, yo creo que habría sido aplastado de gratitud y gozo. Mis ojos estaban llenos de lágrimas; este arrobamiento ahogó mis palabras. Yo solamente podía mirar hacia el cielo en silencioso temor, sobrecogido con amor y asombro”. Esto fue lo que este versículo 25 del capítulo tres de la epístola a los Romanos, hizo por el famoso poeta William Cowper y ha hecho la misma cosa por muchos otros.

Déjeme recordarle otra vez lo que el pasaje dice. Es la continuación de lo que el apóstol ha estado diciendo en el versículo 24. Es la gran buena nueva de que ahora es posible para nosotros, ser “justificados gratuitamente por su gracia, por la redención que es en Cristo Jesús”. En otras palabras, ahora hay un camino de salvación aparte de la ley, el cual no depende de nuestra observancia a la misma. Este es el camino gratuito que es en Cristo.

Dios nos ha rescatado en Cristo, y estos versículos 25 y 26 explican cómo este rescate ha tenido lugar. Pero, ¿Por qué tuvo que pasar algo como esto? ¿Cómo ocurrió algo así? En este capítulo, el apóstol ya ha considerado dos de las grandes palabras que explican esto. Ellas son las palabras “propiciación” y “sangre”. Ya nos ha dicho que la redención adquirida en esta manera, viene a nosotros a través de la instrumentalidad de la fe.

Pero el apóstol no se detiene en esto, él dice algo más. Veamos nuevamente la afirmación: “Al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar su justicia en este tiempo: para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Rom. 3:25-26). ¿Por qué el apóstol continuó hasta decir todo esto? ¿Por qué no lo dejó en su primera afirmación? ¿Cuál es el significado de esta afirmación adicional?

Para descubrir la respuesta debemos considerar una vez más estos términos. El primero es el término “ha propuesto”. Esto significa ‘manifestar’, ‘hacer claro’. Aquí está, obviamente, algo que es de vital interés para nosotros, nos lo dice de una vez; que la muerte del Señor Jesucristo en el calvario no fue un accidente, sino que fue la obra de Dios. Fue Dios quien “propuso a Cristo” allí. Cuán a menudo la gloria completa de la cruz es perdida cuando los hombres la sentimentalizan de alguna manera y dicen: “Oh, El fue tan bueno con el mundo, El era tan puro. Sus enseñanzas fueron tan maravillosas; y los crueles hombres le crucificaron”. El resultado de esto es que las personas comienzan a sentir lástima por El, olvidándose de que El mismo se volvió a las hijas de Jerusalén, quienes comenzaban a sentir lástima por El para decirles: “…no me lloréis a mí, mas llorad por vosotras mismas” (Luc. 23:28). Si nuestra opinión de la cruz de Cristo es tal que nos hace sentir lástima por El, esto significa que nunca la hemos visto verdaderamente.

Es Dios quien le “ha propuesto”. No fue un accidente, sino algo deliberado. De hecho, el apóstol Pedro predicando en el día de Pentecostés, dijo que todo había pasado por el “determinado consejo y providencia de Dios” (Hech. 2:23). Dios le “ha propuesto”.

Este término también enfatiza el carácter público de la acción. Es un gran acto público de Dios. Dios ha hecho aquí algo en público, en la escena de la historia del mundo, con la finalidad de que esto pudiera ser visto, que pudiera mirarse y ser recordado de una vez y para siempre. Esta fue la acción más pública que jamás hubiera tenido lugar. De este modo Dios ha propuesto a Jesucristo públicamente, como una propiciación por la fe en su sangre.

Esto nos conduce a una pregunta vital: ¿Por qué hizo Dios esto? ¿Por qué ocurrió? ¿Qué fue (si se me permite preguntar con reverencia) lo que condujo a Dios a hacer esto? ¿Acaso tuvo algún propósito en hacerlo? La mejor respuesta puede encontrarse viendo los términos uno por uno. Luego los consideraremos como un todo y veremos exactamente, porqué el apóstol sintió que era vital y esencial agregar esto a lo que ya había dicho.

En primer lugar aparece el término “manifestar”, “para manifestación de su justicia”. Esto significa: ‘mostrar’, ‘enseñar’, ‘dar una muestra evidente’, ‘probar’, ‘demostrar’. Dios ha hecho esto, dice Pablo, con el fin de que Cristo de este modo pudiera rescatarnos, a través de dar una ofrenda propiciatoria. Sí, pero en adición a esto, Dios está “manifestando” algo aquí, está mostrando algo, está enseñando y dando una muestra evidente de algo. ¿De qué? “De su justicia”. Debemos tener cuidado con esta expresión, porque este término está usado también en el versículo 21.

Es un tanto desafortunado que el mismo término sea usado para referirse a dos ideas ligeramente diferentes. En el versículo 21 esta palabra significa simplemente, “un camino de justicia”. “Mas ahora, (dice) se ha manifestado la justicia de Dios sin la ley” (Rom. 3:21).

En otras palabras, lo que esto significa es, que se ha manifestado el camino de Dios para hacer justos a los hombres, el camino de Dios para dar a los hombres justicia.

Pero en el versículo 25 no significa esto. En este versículo dice que Dios ha hecho algo a través de lo cual, El manifiesta su justicia; no la justicia que El nos da a nosotros, sino más bien la justicia como uno de sus atributos gloriosos. Esta significa la equidad de Dios, significa la rectitud judicial de Dios, significa la esencia moral, santa, justa y recta del carácter de Dios. El dice nuevamente en el siguiente versículo (vers.26): “… para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe (al que cree) de Jesús”. Es decir, en la cruz Dios está declarando su propia rectitud, su propio carácter justo, su propia esencial e inherente rectitud y justicia.

La siguiente frase es “atento a haber pasado por alto”. Dios está declarando su justicia “con respecto a”, “a cuenta de” la remisión de los pecados pasados.

(Nota del Traductor: En la Versión en inglés aparecen en el vers. 25 las palabras “for” y “remission” ‘To declare his righteousness for the remission of sins that are past’, que se traduciría como: ‘para manifestar su justicia por la remisión de los pecados pasados’. Este es el motivo por el cual el autor hace los comentarios respecto a tales palabras, y éstas no coinciden con las versiones en español; las cuales traducen “atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”.)

Vea la palabra “remisión” en su Versión Autorizada y encontrará que esta palabra es usada varias veces; pero si usted se toma la molestia de buscar la palabra usada en el griego, usted hará un muy interesante descubrimiento acerca de la palabra que el apóstol usó aquí (la cual es traducida como “remisión” en la versión en inglés), descubrirá que este es el único lugar donde fue usada en todo el Nuevo Testamento. El apóstol Pablo no la usó en ningún otro lugar y nadie más la usó del todo. Hay otra palabra que es traducida también como “remisión”, y en sus varias formas, usted puede encontrarla 17 veces en el Nuevo Testamento; pero esta palabra la cual tenemos aquí en el vers. 25, es usada solamente una vez y en realidad no significa “remisión”, sino que significa “pretermisión”.

Esta es una palabra importante y debemos examinarla. ¿Qué significa “pretermisión”? ¿Qué significa “pretermitir pecados” en distinción de “remitir pecados”? Esta es una palabra que fue usada en la Ley Romana. Cuando uno la encuentra en la Ley Romana, generalmente es usada en este sentido: Se refiere a una persona que ha hecho un testamento y ha dejado a alguien fuera de su testamento. Imagine a un hombre haciendo un testamento y dejando algo a varios de sus amigos. Pero hay un amigo al cual no le dejó nada, esto es “pretermisión”. El dejó a su amigo fuera de su testamento; no lo consideró.

Esto significa, si usted quiere, “pasar por alto”. Aquel hombre dio algo a todos sus parientes y amigos, pero pasó por alto a uno, esto es pretermitir. Esta es la palabra que es usada aquí en el vers. 25, “pasar por alto”, “excusar”, “no hacer caso de”, “permitir que pase sin notarlo”, “ignorar intencionalmente”. Estos son los significados que fueron dados a esta importante palabra la cual el apóstol deliberadamente escogió en este versículo.

(Nota del Traductor: El diccionario Larousse por Ramón García-Pelayo y Gross define la palabra ‘pretermisión’ como: Omitir, pasar en silencio alguna cosa.)

Ahora, cuando el apóstol hace una cosa como ésta, él debe haber tenido una buena razón para hacerlo, no hizo tal clase de cosa accidentalmente. ¿Por qué no usó la palabra que había usado en otras partes? ¿Por qué esta palabra aquí y solo aquí? Y ¿Por qué esta palabra particular que significa “pasar por alto”? Claro, debido a que obviamente el significado expresa la idea “pasar por alto”. Así que, en lugar de traducir “por la remisión de los pecados pasados”, deberíamos leer: “atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”, “por no haber hecho caso intencionalmente, en su paciencia, de los pecados pasados”. Podemos decirlo de otra manera. La diferencia entre “remisión” y “pretermisión” es la diferencia entre “perdonar” y “no castigar”. Usted puede decir que esto es una exageración, que esta es una distinción sin diferencia. Pero esto no es así. Por supuesto, al final viene a ser la misma cosa. Si yo no castigo a un hombre, en un sentido lo he perdonado y sin embargo, todavía no he hecho eso completamente. Si yo perdono, ciertamente no he castigado; pero perdonar significa más que no castigar. Entonces, este término “pretermisión”, “pasar por alto”, queda corto con la palabra “remisión”; y este es el porqué es una pena que la Versión Autorizada tenga “remisión” aquí, debiendo ser “pasar por alto” o “no hacer caso intencionalmente”.

La siguiente frase que veremos es “los pecados pasados”. “Atento a haber pasado por alto los pecados pasados”. Otra vez la Versión Autorizada no es tan buena como debería.

Tomando la Versión autorizada usted podría llegar a la conclusión que el apóstol está diciendo, que Dios pasa por alto los pecados “pasados”, los pecados pasados de cualquiera; por ejemplo: mis pecados pasados, sus pecados pasados, “los pecados pasados” en general.

Pero esto no es lo que el apóstol estaba diciendo, esto no es lo que él quería decir. Una mejor traducción aquí podría ser: “pecados que fueron cometidos antiguamente”. El se está refiriendo a un tiempo muy definido. Este es el tiempo que él contrasta en el siguiente versículo, con “en este tiempo” (vers. 26). Hubo aquel tiempo, luego este tiempo. El dice: ‘Dios ha propuesto a Cristo, en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados que fueron cometidos antiguamente, con la mira de manifestar su justicia en este tiempo…’

¿Qué es lo que él está viendo atrás? El está viendo atrás hacia la Antigua Dispensación. El está diciendo que Dios pasó por alto pecados bajo la antigua dispensación, bajo el pacto antiguo, en los tiempos del Antiguo Testamento. Su punto es que Dios ha hecho esto, y ahora ha propuesto a Cristo para hacer algo, acerca de lo que El hizo en aquel entonces.

Esto nos trae a la última palabra que tenemos que considerar, la cual es la palabra “paciencia” o “indulgencia”. ¿Qué es la paciencia o indulgencia? Paciencia significa ‘autorefrenamiento’ (autocontrol), significa ‘discrepancia permitida’, ‘tolerancia’. ¿Qué es lo que exactamente está diciendo aquí el apóstol? Dice: “A quien Dios ha propuesto, en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento a haber pasado por alto, en su autorefrenamiento o paciencia, los pecados que fueron cometidos antiguamente…”

¿Qué quiere decir esto? Lo que Pablo está diciéndonos es que este acto público que Dios

decretó y consumó en el calvario, tiene relación también con las acciones de Dios bajo la dispensación del Antiguo Testamento, cuando Dios intencionalmente no hizo caso, cuando Dios pasó por alto, por su autorefrenamiento y paciencia, los pecados de su pueblo de aquel tiempo.

Pero ¿Qué es lo que todo esto significa? Podemos responder en una manera muy interesante a esta pregunta, viendo la misma clase de afirmación en otros dos lugares en el Nuevo Testamento.

¿Recuerda usted cómo habló el apóstol Pablo a la congregación de los estoicos, los epicúreos y otros en Atenas? El informe nos es dado en el capítulo 17 del libro de Los Hechos de los Apóstoles, comenzando particularmente en el versículo 30. El apóstol elaborando su argumento dice: “Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia a todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan” (Hech. 17:30).

Observe como él elabora su gran argumento. El dice, Dios no se ha dejado a sí mismo sin testimonio a través de todas estas generaciones y siglos. Dios ha dejado sus evidencias y señales. Y el propósito fue que la gente pudiera buscar al Señor, “si en alguna manera, palpando, le hallen; aunque cierto no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en el vivimos y nos movemos y somos; como también algunos de vuestros poetas dijeron, porque linaje de este somos también. Siendo pues linaje de Dios, no hemos de estimar que la divinidad sea semejante a oro, o a plata, o a piedra, escultura de artificio o de imaginación de hombres. Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia a todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan. Por cuanto ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón al cual determinó; dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Vea Hech.17:27-31).

El otro pasaje es el versículo 15 del capítulo nueve de la Epístola a los Hebreos: “Así que, por eso es mediador (Cristo) del nuevo testamento, para que interviniendo muerte para la remisión de las rebeliones que había bajo del primer testamento, los que son llamados reciban la promesa de la herencia eterna”. Ahora, esto es precisamente la misma cosa. Hebreos 9:15 dice exactamente la misma cosa que el apóstol está mencionando en Romanos 3. Entonces, el verdadero comentario de nuestro versículo se encuentra en la afirmación de Hebreos, donde vemos que el autor estaba ansioso de que sus lectores pudieran entender claramente acerca del antiguo pacto y de los sacrificios y ofrendas que las personas ofrecían a Dios bajo este antiguo pacto. Ellos deberían entender y tener muy claro en sus mentes, que estos sacrificios nunca fueron capaces de producir un perdón completo de pecados; y que no podían expiar el pecado. Estos sacrificios podían hacer algo, dice el apóstol, ellos fueron de valor para “la purificación de la carne”. “…la sangre de los toros y de los machos cabríos, y la ceniza de la becerra, rociada a los inmundos, santifica para la purificación de la carne” (Heb.9:13).

Pero estos sacrificios no podían hacer nada más. Ellos no podían tratar con la consciencia.

Esta era la dificultad, y todavía todo el problema es con respecto a la consciencia. Pero, si la sangre de los toros y de los machos cabríos podía purificar la carne, “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de las obras de muerte para que sirváis al Dios vivo?” (Heb. 9:14). Lo cual “era figura de aquel tiempo presente, en el cual se ofrecían presentes y sacrificios que no podían hacer perfecto, cuanto a la consciencia, al que servía con ellos; consistiendo solo en viandas y en bebidas, y en diversos lavamientos, y en ordenanzas acerca de la carne, impuestas HASTA el tiempo de la corrección. Mas (ahora) estando ya presente Cristo, pontífice de los bienes que habían de venir…” (Heb.9:9-11) y así sigue.

¿Entiende el argumento? Lo que el apóstol está diciendo es que bajo el antiguo pacto, bajo la antigua dispensación, no hubo provisión para tratar con los pecados en un sentido radical. Eran simplemente medios pasajeros, como lo fueron, que duraron hasta el tiempo señalado. Estos antiguos sacrificios y ofrendas daban cierta clase de purificación de la carne, proporcionaban una purificación ceremonial, hacían apta a la persona para acudir a Dios en oración. Pero no había sacrificio bajo el Antiguo Testamento que tratara realmente con el pecado. Todo lo que estos sacrificios hacían era señalar hacía adelante, al sacrificio que había de venir, el cual realmente trataría con el pecado, limpiando las conciencias de las obras muertas y reconciliando verdaderamente al hombre con Dios.

Lo que usted quiere decir con esto, preguntaría alguno, es: ¿Acaso, que los santos del Antiguo Testamento no eran perdonados? Por supuesto que no. Ellos eran obviamente perdonados y ellos agradecieron a Dios su perdón. Usted no puede decir ni por un momento que personas como Abraham, David, Isaac y Jacob no fueron perdonados. Sin embargo, ellos no fueron perdonados debido a estos sacrificios que fueron ofrecidos en aquel entonces.

Ellos fueron perdonados debido a que ellos miraban hacía Cristo. Ellos no vieron esto claramente, no obstante, creyeron la enseñanza, y ellos hicieron estas ofrendas movidos por la fe. Ellos creyeron en las promesas de Dios, que un día El iba a proveer un sacrificio y por medio de la fe, ellos se sostuvieron en esto. Pero fue su fe en Cristo lo que les salvó, igualmente como es la fe en Cristo lo que nos salva ahora. Este es el argumento.

Pero, en un sentido esto nos deja con un problema. Dios siempre se ha revelado a sí mismo como un Dios que aborrece el pecado. El ha anunciado que castigaría el pecado, y que el castigo del pecado era la muerte. El ha anunciado que el derramaría su ira sobre el pecado y sobre los pecadores. Y sin embargo, aquí estaba Dios por siglos, aparentemente, y de toda apariencia, yendo atrás acerca de Sus propias afirmaciones y de acerca de Su propia Palabra. El parecía no estar castigando el pecado. El estaba pasándolo por alto del todo. ¿Acaso Dios ha cesado de estar preocupado por estas cosas? ¿Acaso Dios ha venido a ser indiferente hacia el mal moral? ¿Cómo puede Dios pasar por alto el pecado de esta manera? Este fue el problema. Y fue un verdadero problema. Es claro que la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra no podían realmente perdonar el pecado. Y sin embargo, Dios pasaba por alto estos pecados. ¿Cómo podía El hacer esto?

¿Qué es lo que justifica esta “paciencia de Dios”?

Ahora, dice el apóstol, Dios nos ha realmente explicado lo que El hizo en público delante del mundo entero, en la escena y teatro del mundo entero, con Cristo en el calvario. El retuvo su ira a través de siglos y no la reveló completamente entonces; pero ahora, El la ha revelado completamente. El lo ha declarado ahora. Pablo dice, “con la mira de manifestar” (Rom. 3:26), y repetiré que, ésta era una de las cosas que estaban ocurriendo en la cruz.

En la cruz, en el monte calvario, Dios estaba dando una explicación pública de lo que El había estado haciendo a través de los siglos. Y a través de ello, al mismo tiempo, El estaba vindicando su propio eternal carácter de justicia y santidad.

¿Cómo hizo Dios exactamente esto? ¿Cómo ha hecho Dios esto en el calvario? ¿Cómo ha vindicado El su carácter? ¿Cómo ha dado Dios una explicación de su “haber pasado por alto” los pecados en el tiempo antiguo, de su autorefrenamiento y tolerancia? Hay una sola manera en la cual El podría hacer esto. Dios ha afirmado que aborrece el pecado, que El castigará el pecado, que el derramará su ira sobre el pecado, y sobre todos aquellos culpables de pecado. Por lo tanto, a menos que Dios pueda probar que ha hecho esto, entonces El no es justo. Y lo que el apóstol está diciendo es que, precisamente en el calvario Dios ha hecho esto. El ha mostrado que aún aborrece el pecado, que El lo va a castigar, que El debe castigarlo, que El derramará su ira sobre El. ¿Cómo mostró esto en el calvario? Lo que Dios hizo en el calvario fue derramar sobre su unigénito y amado Hijo, su ira contra el pecado. La ira de Dios que debería haber venido sobre usted y sobre mí debido a que nuestros pecados eran sobre El.

Dios siempre supo que El iba a hacer esto. Leemos en las Escrituras acerca del “cordero que fue inmolado antes de la fundación del mundo” (Apoc. 13:8). Fue un plan que tuvo su origen en la eternidad. Fue debido a que Dios sabía lo que iba a hacer, que El fue capaz de pasar por alto el pecado durante todos esos siglos que han transcurrido. De esta manera, usted puede ver, dice el apóstol, que Dios es al mismo tiempo el Justo y El que justifica al impío que cree en Cristo. Este era un tremendo problema, ¿Cómo podía Dios permanecer como Santo y Justo, y tratar con el pecado tal como El dijo que lo iba a hacer y todavía perdonar al pecador? La respuesta solo puede ser encontrada en la cruz del calvario. Esto es una parte esencial de lo que es declarado a través de la cruz.

Dios tenía que vindicar lo que El había estado haciendo en el pasado bajo el antiguo pacto. Pero El tenía algo más que hacer, nos dice en el versículo 26: “Con la mira de manifestar su justicia en ESTE TIEMPO”. El ya nos ha explicado cómo es que Dios pudo pasar por alto todos esos pecados en el pasado. Pero, ¿Cómo trata con el pecado ahora? ¿Cómo tratará con los pecados en el futuro? La respuesta está también allí en la cruz del monte calvario. La enseñanza en otras palabras es esta: La cruz en el calvario, la muerte del Señor Jesucristo, tal como el apóstol Juan señala en su Primera Epístola (1Jn.2:2), “es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”.

(Nota del Traductor: En este versículo la palabra mundo significa que Cristo murió por los pecados no solo de los judíos, sino también de los gentiles. Como dijo la samaritana, El es “el Salvador del mundo” y no solo del pueblo israelita. Note el paralelo del versículo en la Primera Epístola de Juan y el pasaje de (Jn. 11:51-52). Note también el uso paralelo de la palabra gentiles y mundo hecho por el apóstol Pablo en Rom. 11:11-12. Este uso fue muy necesario debido al recalcitrante prejuicio judío hacia los gentiles, el cual era tanto, que el solo oír la palabra “gentil” les molestaba grandemente (vea Hech.22:21-22). Este es el significado de la palabra mundo aquí; de otro modo, si se argumentara que la muerte de Cristo abarcó a todos y cada uno de los miembros de la raza humana, entonces, estaríamos diciendo que los incrédulos se van al infierno “con la cuenta pagada” o que Dios castiga doble el pecado, es decir, en su propio Hijo y en el pecador. Además, es necesario tomar en mente que Cristo no sufrió por los pecados de ninguna persona que ya estaba en el infierno cuando El murió. Si el lector está interesado en comprender el propósito y alcance de la expiación de Cristo, le recomendamos la lectura del libro de “Vida por su Muerte” del Dr. John Owen).

Los pecados fueron tratados de una vez por todas en la cruz. Es en la cruz que fueron provistos los medios para que todos los pecados bajo la antigua dispensación, los pecados que El había perdonado a Abraham, Isaac, Jacob y todos los creyentes del Antiguo Testamento, pudieran ser de este modo ‘pasados por alto’. Sus pecados estaban incluidos en el monte calvario. Sí, dice Pablo, y los pecados que están siendo perdonados ahora, también fueron tratados allí. Y todos los pecados que serán cometidos también fueron tratados allí.

Este es el asombroso asunto acerca del Cristo del calvario, El murió ‘de una vez por todas’ este es el gran argumento de la Epístola a los Hebreos, usted lo recuerda. Los otros sacrificios tenían que ser ofrecidos día tras día. Había una sucesión de sacerdotes y ellos tenían que ofrecer sus sacrificios frescos cada vez. Pero este hombre (Jesucristo) ha ofrecido por los pecados “un solo sacrificio para siempre” (Heb.10:12). El ha tratado con todos los pecados de su pueblo allí. No se necesita ninguno más. No se necesita otro nuevo sacrificio, este ha sido hecho una sola vez y para siempre (vea Heb.7:27). Dios los puso todos sobre El allí en la cruz; los pecados que usted aún no ha cometido ya han sido tratados allí.

Este es el significado del perdón y solamente esto. Tiempo pasado, pecados cometidos antes, pecados cometidos ahora y en todo tiempo; ésta es la justificación provista por Dios para perdonar cualquier pecado donde quiera que se haya cometido.

Esto es lo que el apóstol está diciendo aquí. Todo pecado es perdonado sobre estas bases y solo sobre éstas. La cruz declara que Dios es “el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Rom. 3:26). Déjeme ponerlo de esta manera. La cruz del calvario no manifiesta meramente que Dios nos perdona. Hace esto, pero gracias a Dios, esto no para allí. Si la cruz solamente pusiera de manifiesto esto, el apóstol podría haber terminado el versículo con la palabra “sangre” (vers.26) y no habría necesidad de más. Pero él no se detiene allí, sino que sigue adelante. Continúa en el versículo 25 y además añade el versículo 26. ¿Por qué? Porque la cruz no es solamente la manifestación de que Dios está listo para perdonarnos.

Otra manera en que puedo explicarlo es lo siguiente: La cruz no fue puesta meramente para influirnos. Aunque esto es lo que la enseñanza popular nos dice. Nos dice que el problema con la raza humana es que ellos no conocen el amor de Dios, no conocen que Dios ya está listo para perdonar a todo el mundo. ¿Cuál es entonces el significado de la cruz? Bien, ellos nos dicen que es Dios diciéndonos que El nos ha perdonado; y luego, cuando vemos a Cristo muriendo en la cruz, esto quebrantará nuestros corazones y nos conducirá a ver esto. La cruz, de acuerdo con ellos, es dirigida solamente a nosotros y nos está hablando a nosotros. Pero, la cruz tiene un propósito mayor que éste y logra esta otra cosa también.

Nuestro perdón es solo una cosa; pero hay algo que es infinitamente más importante. ¿Cuál es? Es el carácter de Dios. Entonces, la cruz, además de decirnos que éste es el camino de Dios para hacer posible el perdón, nos dice que el perdón no es una cosa fácil para Dios. Hablo con reverencia. ¿Por qué el perdón no es una cosa fácil para Dios? Sencillamente porque Dios no es solamente amor, Dios también es justo y recto y santo. El es luz, y en él no hay ningunas tinieblas (1Jn. 1:5). El es tanto recto y justo, como también amor. No estoy poniendo estos atributos uno contra otro. Estoy diciendo que Dios es todas estas cosas juntas, y usted no debe dejar fuera una por otra.

Entonces, la cruz no nos dice solamente que Dios perdona, nos dice que esta es la manera de en que Dios hace posible el perdón. Esta es la manera en la cual comprendemos el cómo Dios perdona. Iré más lejos: ¿Cómo puede Dios perdonar y permanecer aún como Dios?

(Nota del traductor: Es decir como un Dios justo y santo que no tendrá por inocente al malvado.)

Esta es la cuestión, y la respuesta es que la cruz es la vindicación de Dios. La cruz es la vindicación del carácter de Dios. La cruz no solamente nos muestra el amor de Dios más gloriosamente que ninguna otra cosa, también nos muestra su rectitud, su justicia, su santidad, y toda la gloria de sus eternos atributos. Todos ellos pueden verse brillando juntos allí en la cruz. Si usted no los ve allí a todos ellos, usted no ha visto la cruz. Este es el porque debemos rechazar totalmente la así llamada “teoría de la influencia moral” de la expiación, la cual he estado describiendo. Esa teoría la cual nos dice que todo lo que la cruz tiene que hacer, es quebrantar nuestros corazones y luego conducirnos a ver el amor de Dios.

Por encima y más allá de esto, dice Pablo, Dios está manifestando su “justicia, atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”. Si la cruz no es más que la manifestación de su amor, entonces ¿Porqué dice esto? No, dice Pablo, la cruz es más que esto. Si la cruz está proclamando solamente Su perdón, entonces nosotros tendríamos derecho a preguntar, si todavía podemos depender de la Palabra de Dios, y si el es justo y recto. Esta sería una buena pregunta debido a que, repetidamente en el Antiguo Testamento, Dios ha afirmado que El aborrece el pecado, y que El lo castigará, y que el salario del pecado es la muerte. El carácter de Dios está involucrado en todo esto, Dios no es un hombre. Algunas veces nosotros pensamos que es algo maravilloso para las personas decir una cosa, y luego hacer otra. Los padres dicen a sus hijos, ‘Si tú haces tal cosa, no te daré dinero para que compres tus dulces’. Entonces el niño hace aquello, pero el padre dice, ‘Bueno, está bien’, y enseguida le da dinero para gastar. Esto, llegamos a pensar, es amor y perdón verdaderos. Pero Dios no se conduce de esta manera. Dios, si quizás puedo decirlo de este modo, es eternamente consistente consigo mismo. No hay contradicción en El. El es el “Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Stg.1:17).

Todos estos atributos están y deben ser vistos brillando como diamantes en su carácter eternal, y todos deben ser mostrados. En la cruz todos ellos son manifestados.

¿Cómo puede Dios ser justo y justificar al impío? La respuesta es que El puede, debido a que en la cruz ha castigado los pecados de los pecadores impíos en su propio Hijo. El ha derramado Su ira sobre El, “…el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa.53:5). Dios ha hecho lo que dijo que El haría; El ha castigado el pecado. El proclamó esto por todas partes a través de todo el Antiguo Testamento, y El ha hecho lo que dijo que El haría. El ha mostrado que El es justo y recto. El ha hecho en la cruz una declaración pública de esto. El es justo y puede justificar, debido a que habiendo castigado a otro en nuestro lugar, El puede perdonarnos gratuitamente. Y El lo hace así.

Este es el mensaje del versículo 24: “Siendo justificados (considerados, declarados, pronunciados ‘justos’) gratuitamente por su gracia, por la redención (el rescate) que es en Cristo Jesús; al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre” (Rom. 3:24-25). De este modo el declara su justicia por haber pasado por alto estos pecados en su tiempo de autorefrenamiento. “Con la mira de manifestar” su justicia entonces, y ahora, y siempre al perdonar pecados. De esta manera El es, el único y al mismo tiempo, el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

Tal es la grande, gloriosa y maravillosa afirmación. Asegúrese de que éste sea su punto de vista, y de que su entendimiento de la cruz, incluya la totalidad de ella. Examine su punto de vista acerca de la cruz. Donde está la afirmación acerca de “manifestar su justicia” y siga adelante, póngalo en su pensamiento: ¿Es esto algo que usted simplemente se salta y dice: ‘Bien, no sé qué es lo que esto quiere decir; todo lo que yo sé es que Dios es amor y que El perdona’? Pero, usted debería saber el significado de esto, porque esta es una parte esencial del glorioso Evangelio.

En el calvario Dios estaba haciendo un camino de salvación para que usted y yo pudiéramos ser perdonados. Pero El tuvo que hacerlo de tal manera que su carácter quedara inviolable, que su eterna consistencia permaneciera absoluta e inquebrantable. Una vez que uno comienza a contemplar un asunto como éste, se da cuenta que ésta es la más tremenda, la más gloriosa, la más asombrosa cosa en el universo y en toda la historia humana. Dios está declarando en la cruz lo que El ha hecho por nosotros. Y al mismo tiempo está mostrando su propia grandeza eternal y gloria, declarando que El “…es luz, y en él no hay ningunas tinieblas” (1Jn.1:5). “Cuando contemplo la maravillosa cruz…” dice Isaac Watts, pero usted no podrá ver lo maravilloso de ella, hasta que usted la contemple realmente a la luz de esta gran afirmación del apóstol. Dios estaba mostrando públicamente en la cruz de una vez y para siempre, Su eterna justicia y Su eternal amor. Nunca debemos separar la una del otro, porque siempre permanecen juntos y pertenecen ambos atributos al glorioso carácter de Dios.

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abr

John Owen – Vida Por Su Muerte…ARGUMENTOS

CAPITULO 1: DOS ARGUMENTOS BASADOS EN LA NATURALEZA DEL NUEVO PACTO

Argumento # 1

En Mateo 26:28, el Señor Jesucristo habla de “mi sangre del nuevo pacto.” Este nuevo “pacto” o “testamento” es el nuevo acuerdo o contrato que Dios ha hecho para salvar a los hombres. La sangre de Cristo derramada en su muerte es el precio del acuerdo, y tiene relación solamente con aquellos a quienes el acuerdo se aplica. Este nuevo pacto es diferente del antiguo pacto que Dios hizo con los hombres. En el antiguo pacto, Dios prometió salvar a todos los que guardaran sus leyes: “Que el hombre que hiciera estas cosas vivirá por ellas.” (Rom.10:5 y Lev.18:5) Pero, puesto que los hombres son pecadores no pueden guardar la ley de Dios y por lo tanto el antiguo pacto fue hecho inútil. En el nuevo pacto, Dios promete poner sus leyes en nuestras mentes y escribirlas en nuestros corazones. (He.8:10). Está claro entonces, que este acuerdo tiene relación sólo con aquellos en cuyos corazones y mentes Dios hace realmente esto. Puesto que es obvio que Dios no hace esto para todos los hombres, entonces no todos los hombres están incluidos en el pacto por el cual Cristo murió. Algunos han sugerido que Dios escribiría sus leyes en nuestras mentes, si sólo creyéramos. Pero poseer la fe, es lo mismo que tener la ley de Dios escrita en nuestros corazones. Entonces, decir como algunos dicen: “Si su ley está en nuestros corazones, entonces Dios escribirá sus leyes en nuestro corazón”, es pura tontería. La naturaleza del nuevo pacto hace claro que la muerte de Cristo no fue para todos los hombres.

Argumento # 2

El evangelio ha estado en el mundo a lo largo de los siglos desde que Cristo vino. No obstante naciones enteras han vivido sin conocimiento alguno de él. Si fuera la intención que la muerte de Cristo salvara a todos los hombres, a condición de que creyeran entonces el evangelio debería haberse divulgado a todos los hombres. De otro modo, el propósito de salvar a todos los hombres ha fracasado, puesto que no todos han escuchado. Pero esto no puede ser cierto porque sería contra la naturaleza y la sabiduría de Dios enviar a Cristo para salvar a todos y no asegurar que todos escuchen acerca de esto. ¿Estaría conforme a la bondad de Dios actuar de esta manera? Esto es como si un doctor fuera a decir que tiene la medicina que curaría todas las enfermedades en el mundo y no obstante ocultar ese conocimiento de muchas personas. En tal caso, ¿podríamos real-mente argumentar que el doctor tenía la intención sincera de curar las enfermedades de todos? Hay un número de textos que lo hacen claro, que millones nunca han escuchado ninguna palabra acerca de Cristo. Nosotros no podemos dar otra explicación del “porqué”, salvo la que dio Cristo mismo; “así Padre, pues que así agradó en tus ojos.” (Mt.11:26). Tales Escrituras como el Sal.147:19-20, Hch.14:16 y Hch.16:6-7, afirman los hechos de nuestra experiencia común; de que el Señor no ha asegurado que todos escuchen el evangelio. Debemos concluir que no es el propósito de Dios salvar a todos los hombres.

CAPITULO 2: TRES ARGUMENTOS BÍBLICOS BASADOS EN LA DESCRIPCIÓN BÍBLICA DE LA SALVACIÓN

Argumento # 3

Las Escrituras describen lo que Cristo Jesús hizo por su muerte como “La redención eterna”. (Esto significa nuestra liberación eterna del pecado, la muerte y el infierno.) Ahora, si esta bendición fue comprada para todos los hombres, entonces todos los hombres la tienen automáticamente o está a su disposición bajo ciertas condiciones. Por nuestra experiencia podemos ver que no es cierto que todos los hombres tengan la redención eterna, Entonces ¿Está disponible esta redención bajo ciertas condiciones?

Pregunto ¿Cumplió Cristo estas condiciones en nuestro favor o depende la satisfacción de estas condiciones de nuestro cumplimiento de otras? La primera de estas posibilidades, que Cristo cumple las condiciones necesarias para conceder la redención eterna significaría que todos los hombres tienen esa redención, circunstancia que no concuerda con la realidad que observamos en el mundo. Tenemos que decir entonces que si Cristo no cumple estas condiciones para que todos los hombres tengan la redención, entonces tiene que cumplirlas a favor de los que cumplen otras condiciones. En tal caso damos vuelta en un círculo, haciendo que las condiciones cumplidas por Cristo en la redención, dependan del cumplimiento de otras y así sucesivamente. Estos argumentos muestran cuan irrazonable es suponer que Cristo murió para obtener la redención eterna de todos los hombres. Si hubiera algunos que siguen insistiendo en que la redención eterna está disponible bajo ciertas condiciones, entonces no cabe duda que todos debieran ser notificados. Pero esta notificación no les es concedida a todos como ya hemos señalado en la parte tres, en el capítulo uno, argumento dos. Además, si obtener la redención eterna depende de que los hombres cumplan ciertas condiciones, entonces tienen la capacidad de cumplirlas o no. Si son capaces por sí mismos de cumplir las condiciones, entonces tenemos que decir que todos los hombres pueden de su propia capacidad creer el evangelio. Sin embargo esta postura es contraria a las Escrituras, las cuales enseñan que los hombres están muertos en pecado y por lo tanto no son capaces de cumplir ningunas condiciones. Si concordamos con la enseñanza bíblica de que los hombres no tienen la capacidad por sí mismos de cumplir las condiciones para obtener la redención eterna, entonces Dios piensa concederles o no la capacidad para cumplirlas. Si Dios piensa hacerlo, entonces ¿Porqué no lo hace? En tal caso todos los hombres serían salvos. Por otro lado, si Dios piensa no darles a todos los hombres la capacidad para creer, y sin embargo Cristo murió para dar la redención eterna a todos los hombres, entonces tenemos que Dios se encuentra exigiendo a los hombres capacidades que se ha negado a concederles. Evidentemente creer esto es una locura. Esto sería como si Dios prometiera a un muerto la capacidad de resucitar, cuando en realidad no tiene intención alguna de concederle dicho poder.

Argumento # 4

La Biblia describe en una manera muy exacta a aquellos por quienes Cristo murió. Nos dice que la raza humana está dividida en dos grupos y que Cristo murió sólo por uno de ellos. Las Escrituras que enseñan que Dios divide a los hombres en dos grupos son las siguientes:

1. Mateo 25:12 y 32

2. Juan 10:14 y 26

3. Juan 17:9

4. Romanos 9:11-23

5. 1 Tesalonicenses 5:9

Aprendemos que existen aquellos los cuales Dios ama y aquellos que odian, aquellos que conoce y aquellos que no conoce. Otras Escrituras dejan claro que Cristo murió sólo por uno de estos dos grupos. Nos dicen que murió por:

1. Su pueblo: Mateo 1:21

2. Sus ovejas: Juan 10:11,14

3. Su Iglesia: Hechos 20:28

4. Sus elegidos: Romanos 8:32-34

5. Sus hijos: Hebreos 2:13

De esto podemos concluir que Cristo no murió por aquellos que no son su pueblo o sus ovejas o su Iglesia. Por lo tanto no pudo haber muerto por todos los hombres.

Argumento # 5

No deberíamos describir la salvación en una forma diferente a como la Biblia lo hace. Y la Biblia no dice en ningún lugar que Cristo muriera por “todos los hombres”, o por “cada hombre”. Es cierto que la Biblia dice que “Cristo se dio a sí mismo en rescate por todos” (1Tim2:6), pero no se puede demostrar que esto signifique más que “todas sus ovejas” o “todos sus elegidos”. Si uno examina cuidadosamente cada texto en donde aparece la palabra “todos” fijándose en el contexto, entonces se dará cuenta de que la Escritura no enseña en ningún lugar que Cristo murió por cada hombre.

(En la parte cuatro, capítulos tres y cuatro, consideraremos en forma detallada muchos de los versículos que usan las palabras “mundo” y “todos” en relación con la muerte de Cristo.)

CAPITULO 3: DOS ARGUMENTOS BASADOS EN LA NATURALEZA DE LA OBRA DE CRISTO

Argumento # 6

En la Biblia hay muchos versículos que hablan del Señor Jesucristo como haciéndose responsable por otros cuando murió, por ejemplo:

1. El murió por nosotros Rom. 5:8

2. El fue hecho por nosotros maldición Gál. 3:13

3. El fue hecho pecado por nosotros 2 Cor.5:21

Tales expresiones dejan claro que Cristo estaba haciendo algo como sustituto en lugar de otros. Ahora bien, si El murió en lugar de otros, es de esperarse que todos aquellos por quienes ocupó lugar, ahora deban ser libres del enojo y del juicio divino. (Dios no puede castigar justamente tanto a Cristo como a aquellos para quienes El fue un sustituto). No obstante está claro que no todos los hombres son libres de la ira de Dios. (Vea Juan 3:36.) Por lo tanto, Cristo no pudo haber sido un sustituto por todos los hombres. Si todavía se insiste en que Cristo murió como un sustituto de todos los hombres, entonces tenemos que concluir que su muerte no fue un sacrificio lo suficientemente eficaz, porque no todos los hombres son salvos del pecado y del juicio. Efectivamente, si Cristo murió en lugar de todos los hombres entonces, se ofreció a sí mismo como un sacrificio por todos los pecados, (en tal caso, todos los hombres son salvos), o fue sólo un sacrificio por algunos de sus pecados, (en tal caso nadie es salvo, porque permanecen algunos pecados). Ninguna de estas declaraciones pude ser cierta como ya hemos visto en este libro. (Vea parte uno, capítulo tres). Será claro que no hay ninguna forma para decir que Cristo murió por todos los hombres.

Argumento # 7

Las Escrituras describen la naturaleza de la obra de Cristo Jesús como la obra de un mediador y un sacerdote: “El es el mediador del nuevo pacto.” (Heb.9:15) Cristo actúa como mediador siendo sacerdote de aquellos que El trae a Dios. Que Cristo Jesús no es el sacerdote de todos es obvio tanto de las Escrituras como de la experiencia, tal como hemos visto en la parte dos, capítulo dos de este libro.

CAPITULO 4: TRES ARGUMENTOS BASADOS EN LA NATURALEZA DE LA SANTIDAD Y LA FE

Argumento # 8

Si la muerte de Cristo es el medio por el cual aquellos por quienes murió son limpiados y santificados, entonces debió haber muerto sólo por aquellos que experimentan esto. Es obvio que no todos los hombres son hechos santos y por lo tanto Cristo no murió por todos los hombres. Quizás estaría bien comprobar que la muerte de Cristo es el medio para obtener la purificación del pecado y la santidad, esto lo haré en dos maneras: Primero, la adoración en el Antiguo Testamento fue diseñada para enseñar verdades acerca de la muerte de Cristo, la sangre de los sacrificios veterotestamentarios hacía posible que aquellos por quienes era derramada, fueran aceptados en la adoración a Dios. ¿Cuánto más ha de limpiar la sangre de Cristo a aquellos por quienes El murió? (Heb.9:13-14) Segundo, hay versículos que declaran fehacientemente que la muerte de Cristo hace precisamente las cosas que tuvo intención de realizar: “…el cuerpo del pecado fue destruido a fin de que ya no sirvamos más al pecado” (Rom.6:6); “…se dio a sí mismo para redimirnos y purificarnos” (Ti.2:14). Estos versículos, y muchos otros Insisten en que la santidad es el resultado inevitable en la vida de todos aquellos por quienes Cristo murió. Puesto que no todos los hombres son santos, Cristo no murió por todos.

Algunos sugieren en vano que la muerte de Cristo no es la causa de la santidad. Dicen que la santidad sólo llega a ser una realidad cuando el Espíritu Santo la trae o cuando es recibida por la fe. Pero la obra del Espíritu Santo y el don de la fe, son también el resultado o fruto de la muerte de Cristo. Así pues, esta sugerencia no cambia el hecho de que la santidad es el resultado inequívoco sólo en las vidas de aquellos por quienes Cristo murió. El hecho de que el juez da permiso y el carcelero abre la puerta de la prisión, no es la causa de la libertad del deudor; la causa es que alguien pagó por sus deudas.

Argumento # 9

La fe es esencial a la salvación. Esto queda claro de la Escritura (Heb.11:6) y la mayoría de la gente acepta este hecho. Pero como ya hemos visto, todo aquello que es necesario para salvación nos ha sido obtenido por Cristo. Ahora, si esta fe fue obtenida para todos los hombres por Cristo, entonces es nuestra con o sin ninguna condición. Si es sin condiciones, entonces todos los hombres la tienen. Pero como ya hemos visto, esto es contrario a la experiencia y a la Escritura. (Vea 2 Tes.3:2) Si la fe es dada bajo alguna condición, entonces yo pregunto ¿Cuál condición? Algunos dicen, que la fe es dada a condición de que no resistamos a la gracia de Dios. Sin embargo, no resistir realmente significa obedecer, y obedecer significa creer. Entonces, lo que tales personas están diciendo es que la fe les es concedida a aquellos que creen (es decir a los que tienen fe). Esto es sin lugar a dudas absurdo. Por otra parte, algunos argumentan que la fe no fue obtenida para nosotros por la muerte de Cristo. Entonces ¿Es la fe un acto de nuestra propia voluntad? Esto es contrario a la enseñanza de muchos textos bíblicos e ignora el hecho de que los incrédulos están muertos en pecados e incapaces de realizar cualquier acto espiritual. (1Cor.2:14). Entonces, regreso a la posición de que la fe es obtenida por Cristo. La fe es una parte esencial de la santidad. En el argumento número ocho mostré que la santidad es obtenida para nosotros por la muerte de Cristo. Por lo tanto, también obtuvo para nosotros la fe. Negar esto, es sostener que sólo obtuvo una parte de la santidad, es decir, faltando la fe. Ninguna persona que hable seriamente sugeriría tal cosa.

Aún más, Dios escogió su pueblo a fin de que sean santos; “nos escogió… para que fuésemos santos.” (Ef.1:4) Repito, que la fe es una parte esencial de la santidad. Al escoger a su pueblo para ser santo, seguramente Dios también escogió que tuviéramos fe. Fue una parte el acuerdo entre Dios el Padre y Dios el Hijo, que todos aquellos por quienes Cristo murió tendrían todas las bendiciones que el Padre quería darles. La fe es una de las bendiciones que el Padre da. (Heb.8:10-11) Las Escrituras enseñan claramente que la fe fue obtenida para nosotros por Cristo Jesús, quien es el “Autor y Consumador de nuestra fe” (Heb.12:2). Declaraciones tales como ésta y los tres párrafos anteriores confirman que la muerte de Cristo obtiene la fe para su pueblo. Puesto que no todos los hombres la tienen, Cristo no pudo haber muerto por todos los hombres.

Argumento # 10

El pueblo de Israel fue, en muchos sentidos, como una ilustración de la Iglesia neotestamentaria. (1Cor.10:11) Sus sacerdotes y sus sacrificios fueron ejemplos de lo que Cristo haría a favor de la Iglesia de Dios. Su ciudad, Jerusalén, es usada como un símbolo del cielo (He.12:22). Un verdadero israelita es un creyente (Jn.1:47), y un verdadero creyente es un israelita (Gál.3:29). Así, argumento lo siguiente: Si la nación de Israel fue escogida por Dios de entre todas las demás naciones del mundo, para ilustrar el trato de Dios con su Iglesia, entonces se sigue que la muerte de Cristo fue sólo por la Iglesia y no por todo el mundo. La manera que Dios trató con su pueblo escogido en el Antiguo Testamento, es una ilustración de cómo la salvación obtenida por Cristo no es para todos los hombres, sino sólo para su pueblo escogido.

CAPITULO 5: UN ARGUMENTO BASADO EN LA PALABRA “REDENCIÓN”

Argumento # 11

La manera en que la Biblia describe una doctrina, nos ayuda a entenderla. Una palabra usada en la Biblia para describir lo que Cristo realizó, es la palabra redención. “En quien tenemos redención por su sangre.” (Col.1:14). Esta palabra significa “librar una persona de la cautividad pagando un precio”. La persona no es redimida a menos que sea librada. Entonces, el significado mismo de la palabra nos enseña que Cristo no pudo haber obtenido la redención de aquellos que no son libres. Una redención universal (así llamada) la cual finalmente deja a cualquiera todavía en cautiverio, es una contradicción de términos.

En algunos versículos la sangre de Cristo es llamada “un pre-cio” y “un rescate” (Vea Mateo 20:28). El propósito de un rescate es para obtener una liberación de aquellos por quienes el precio ha sido pagado. Es inconcebible que un rescate sea pagado y la persona permanezca todavía como prisionera. Entonces ¿Cómo puede ser argumentado que Cristo murió por todos los hombres cuando no todos son salvos? Sólo los que son realmente librados del pecado pueden ser aquellos por los cuales Cristo murió. La “redención” no puede ser “universal”, como tampoco la Iglesia romana puede ser “universal”. La redención tiene que ser particular puesto que sólo algunos son redimidos.

CAPITULO 6: UN ARGUMENTO BASADO EN EL SIGNIFICADO DE LA PALABRA “RECONCILIACIÓN”

Argumento # 12

Otra palabra que la Biblia usa para describir lo que Cristo obtuvo por su muerte es reconciliación; “enemigos… y ahora os ha reconciliado”. (Col.1:21) La reconciliación es la restauración de la amistad entre dos partes anteriormente enemigas. En la salvación de la cual la Biblia habla, Dios es reconciliado con nosotros y nosotros somos reconciliados con Dios; estas dos cosas deben suceder. La reconciliación de una parte y de la otra son dos hechos separados, pero ambos necesarios para hacer la reconciliación completa. Es necio sugerir que por la muerte de Cristo, Dios es ahora reconciliado con todos los hombres, pero que sólo algunos hombres están reconciliados con El. Espero que nadie sugiera que Dios y todos los hombres están reconciliados en esta manera, porque esa sería una reconciliación coja. No hay una reconciliación real a me-nos que ambas partes participen de ella. El efecto de la muerte de Cristo fue reconciliar a Dios con los hombres y viceversa: “fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo” (Rom.5:10), “el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.” (Rom.5:11). Así también ambas reconciliaciones se mencionan en 2 Cor.5:19-20; “Dios… estaba reconciliando… consigo… y sed reconciliados con Dios”. Ahora, no puedo ver como es que esta doble reconciliación puede ser “reconciliada” con la idea de que la muerte de Cristo fue para todos los hombres. Si por la muerte de Cristo, todos los hombres participan de esta doble reconciliación, entonces ¿Cómo es posible que la ira de Dios esté sobre algunos? (Jn.3:36). Seguramente que Cristo solo pudo haber muerto por aquellos que realmente son reconciliados.

CAPITULO 7: UN ARGUMENTO BASADO EN EL SIGNIFICADO DE LA PALABRA “SATISFACCIÓN”

Argumento # 13

La palabra satisfacción para referirse a la muerte de Cristo, no se encuentra en la Biblia en español. No obstante el significado de la palabra (es decir, un pago completo de la deuda del deudor al acreedor) es una idea que el Nuevo Testamento usa frecuentemente, cuando se refiere a la muerte de Cristo. En nuestro caso, los hombres son deudores a Dios porque no guardan sus mandamientos. La satisfacción necesaria para pagar nuestros pecados es la muerte: “La paga del pecado es muerte.” (Rom.6:23) La ley de Dios es nuestro acusador al expresar la justicia divina en nuestra contra. Somos convictos como transgresores y por lo tanto merecemos morir. La salvación sólo es posible si Cristo paga nuestra deuda y así satisface la justicia de Dios. La muerte de Cristo es llamada una “ofrenda” (Ef.5:2) y una “propiciación” (1Jn.2:2). La palabra ofrenda significa un sacrificio expiatorio, es a saber, un sacrificio para hacer enmienda por el pecado. Propiciación significa una ofrenda para satisfacer la justicia. Así pues, po-demos usar la palabra satisfacción para abarcar toda la enseñanza bíblica acerca de significado de la muerte de Cristo. Por lo tanto, si Cristo por su muerte ha hecho una satisfacción efectiva por alguien, entonces Dios tiene que estar completamente satisfecho con ese alguien. Dios no puede exigir, justamente, un segundo pago de ningún tipo. ¿Cómo se puede decir entonces que Cristo murió por todos los hombres y no obstante muchos viven y mueren siendo pecadores, bajo la condenación de la ley de Dios? Que contesten aquellos que puedan reconciliar estas cosas. Yo digo que sólo los que son en realidad librados de su deuda en esta vida, son aquellos por los cuales Cristo hizo satisfacción.

CAPITULO 8: DOS ARGUMENTOS BASADOS EN EL VALOR DE LA MUERTE DE CRISTO

Argumento # 14

El Nuevo Testamento habla frecuentemente del valor o mérito de la muerte de Cristo, por el cual compró y obtuvo ciertos beneficios. Por ejemplo la redención eterna fue obtenida “por su sangre” (He.9:12); la Iglesia de Dios fue comprada “por su propia sangre” (Hch.20:28); los creyentes son llamados “pueblo adquirido” (1Pe.2:9).

Entonces Cristo por medio de su muerte compró, para aquellos por quienes murió, todas las cosas que la Biblia dice que fueron los efectos de su muerte. El valor de su muerte compró la liberación del poder del pecado y de la ira de Dios, de la muerte y del poder del diablo, de la maldición de la ley y la culpa del pecado. El valor de su muerte obtuvo la reconciliación con Dios, la paz y la redención eterna. Estas cosas son ahora los dones gratuitos de Dios porque Cristo los compró. Si Cristo murió por todos los hombres, entonces ¿Por-qué no todos los hombres reciben estos dones? ¿Acaso no tuvo suficiente valor su muerte? ¿Acaso es injusto Dios por no conceder lo que Cristo compró para nosotros? Resulta obvio que Cristo no compró estas cosas para todos los hombres, sino sólo para aquellos que verdaderamente llegan a gozar de ellas.

Argumento # 15

Hay frases frecuentemente usadas para hablar de la muerte de Cristo tales, como las siguientes: Cristo murió “por nosotros”, Cristo llevó “nuestros pecados”, etc.. El significado claro de tales frases es que Cristo en su muerte sustituyó a otros, para que fueran libres. Si en su muerte Cristo fue un sustituto por otros, ¿Cómo pueden estos morir llevando sus propios pecados? Cristo no pudo haber sido un sustituto a favor de ellos y por lo tanto, queda claro que no pudo haber muerto por todos los hombres. De hecho, decir que Cristo murió por todos los hombres es la manera más rápida para decir que no murió por ninguno. Porque si murió en lugar de todos y sin embargo no todos son salvos, entonces fracasó en su propósito.

CAPITULO NUEVE: UN ARGUMENTO GENERAL DE VERSÍCULOS PARTICULARES DE LA ESCRITURA

Argumento # 16

Hay un gran número de versículos bíblicos que podría usar para argumentar que Cristo no murió por los pecados de todos los hombres, he seleccionado solamente nueve y con ellos terminaré los argumentos de esta parte.

1. Gén.3:15 Este es el primer versículo en la Biblia donde Dios indica que hay una diferencia entre el pueblo de Dios y sus enemigos. Por la “simiente de la mujer” se entiende a Cristo Jesús y a todos los creyentes en Cristo. (Esto queda claro por el hecho de que la profecía acerca de la simiente de la mujer, es cumplida en Cristo y en su pueblo). Por “la simiente de la serpiente” se entiende a todos los hombres incrédulos del mundo (Vea Juan 8:44). Puesto que Dios prometió que existiría odio entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente, resulta evidente que Cristo (la simiente de la mujer) no murió por la simiente de la serpiente.

2. Mat.7:23 Aquí Cristo declara que hay personas las cuales El nunca conoció. No obstante, en otro texto (Jn.10:14-17) dice que conoce a todo su pueblo. Seguramente que conoce a todos aquellos por los cuales El murió. Si hay algunos que El no conoce, El no pudo haber muerto por ellos.

3. Mat.11:25-27 Estas palabras dejan claro que hay algunos a los cuales Dios oculta el evangelio. Si es la voluntad del Padre que el evangelio les sea oculto, Cristo no pudo haber muerto por ellos. Debemos notar que Cristo está dando las gracias al Padre por haber hecho esta diferencia entre los hombres, una diferencia la cual muchos todavía rehúsan creer.

4. Jn.10:11,15,16,27,28 De estos versículos queda claro que:

a. Todos los hombres no son ovejas de Cristo.

b. La diferencia entre los hombres será evidente algún día.

c. Las ovejas de Cristo son identificadas como aquellas que “oyen la voz de Cristo”; los demás no la escuchan.

d. Algunos que todavía no están identificados como ovejas, ya son escogidos y llegarán a ser conocidos. “…también tengo otras ovejas” (vers.16).

e. Cristo murió, no por todos, sino específicamente por sus ovejas.

f. Aquellos por quienes Cristo murió, son los que le fueron dados por el Padre. Entonces, no pudo haber muerto por los que no le fueron dados.

5. Rom.8:32-34 En estos versículos es claro que la muerte de Cristo pertenece sólo a los elegidos de Dios y también que Cristo intercede solamente a favor de estas mismas personas.

6. Ef.1:7 Basándonos en este versículo tenemos que decir que, si la sangre de Cristo fue derramada por todos, entonces todos deben tener la redención y el perdón. Pero es obvio que no todos tienen estos privilegios.

7. 2 Cor.5:21 Así, en su muerte Cristo fue hecho pecado, para todos aquellos que son hechos la justicia de Dios en El. Si fue hecho pecado para todos los hombres, entonces ¿Porqué no son justificados todos?

8. Jn.17:9 La intercesión de Cristo no es a favor de todos los hombres y por consiguiente tampoco su muerte lo fue. (Vea parte dos, capítulos cuatro y cinco).

9. Ef.5:25 Cristo ama a la Iglesia y eso es un ejemplo de como un hombre debe amar a su esposa. Pero si Cristo amó tanto a otros como a su Iglesia y murió por ellos, ¡Entonces los hombres pueden amar a otras mujeres que no sean sus esposas!

Pensaba que podría añadir otros argumentos, pero al repasar lo expresado, tengo confianza de que lo argumentado será suficiente para satisfacer a cualquiera que puede ser satisfecho; aquellos que son obstinados no estarían satisfechos aunque fuera a incluir más. Entonces, concluyo aquí mis argumentos.

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7
feb

El Perfecto Substituto

El Perfecto Substituto

Por Rommel José Antonio Flores

(Notas para este Sermon fueron tomadas de las Predicacion del Pastor Henry Mahan)

Génesis 22 está gravada la prueba más grande de Abraham y la revelación más grande de Abraham, cual es el evangelio de Cristo (“Vuestro padre Abraham se regocijó esperando ver mi día; y lo vio y se alegró.” Juan 8:56).

Génesis 22 está lleno de Cristo y pudiera llamarse “el evangelio del monte Moriah”, muchos creen que esta montaña es el Calvario donde Cristo murió.

Nuestro soberano Dios hace todos sus propósitos “en su tiempo” (Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos.” Rom. 5:6)

y “en el tiempo lleno” (“Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley” Gal. 4:4) “Después de estas cosas” después de la caída, de la inundación, el éxodo, el tabernáculo, los profetas y reyes, Dios siempre se agrado con cumplir cada promesa, cada profecía, y cada muestra en el sacrificio de Su Hijo unigénito.

Todo lo que había pasado anteriormente, señalaba y puntaba a esta hora cuando Cristo muriera. (Hechos 10:43, Lucas 24:27, 44-46)

Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a El en todas las Escrituras.

Y les dijo: Esto es lo que yo os decía cuando todavía estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.

45Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras,

46y les dijo: Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día;

(Verso 2 “Y Dios dijo: Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.”) Las palabras de este versículo, revelan la grandeza del regalo, revelan el gran amor de tras de ello y la agonía soportada por esto. ¿Puedes imaginarte el pesar de Abraham cuando él recibió este mando? ¿La tristeza que él sufrió en considerar la muerte de su hijo por su propia mano? ¿El gran amor que él revela con su Buena voluntad para dar a Isaac.? ¿O lo que este sacrificio implica?

“Toma tu hijo.” El Señor Jesús es el Hijo de Dios.

¿Acaso no es llamado “Su unigénito Hijo?

“El que amas.” Dijo Dios, “Este es mi amado hijo”

“Y lo ofrezco para una ofrenda quemada.”

Jesucristo se hizo nuestra ofrenda quemada, nuestra ofrenda de pecado, nuestro sacrifico por el mando del Padre, Pero el Señor quiso quebrantarlo y hacerlo sufrir (Isaías 53:10, Hebreos 9:9 – 10)

Pero quiso el SEÑOR
quebrantarle, sometiéndole a padecimiento.
Cuando El se entregue a sí mismo como ofrenda de expiación,
verá a su descendencia,
prolongará sus días,
y la voluntad del SEÑOR en su mano prosperará.

9 lo cual es un símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto en su conciencia al que practica ese culto,

10puesto que tienen que ver sólo con comidas y bebidas, y diversas abluciones y ordenanzas para el cuerpo, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas .

(Versos 3 – 4 “Abraham se levantó muy de mañana, aparejó su asno y tomó con él a dos de sus mozos y a su hijo Isaac; y partió leña para el holocausto, y se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho. Al tercer día alzó Abraham los ojos y vio el lugar de lejos.”) Abraham tuvo tres días en los cuales el considero el sacrificio de su hijo, Isaac. En lo que pasaban los días y dormían por las noches, esta carga y el sacrificio estaban en su corazón. Pero el Padre Eterno preordeno y propósito el sacrificio de Jesucristo no en tres días ni en tres mil días pero “antes de la creación del mundo (Apoca. 13:8, Efesios 1:3 – 4).

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

4según nos escogió en El antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de El.

Que amor, que gracia y que segura y cierta promesa tenemos en nuestro Señor Jesucristo y en la eternal promesa de Dios que nunca ha cambiado. (Mal 3:6; Rom 11:201; Núm. 23:19)

Porque yo, el SEÑOR, no cambio; por eso vosotros, oh hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.

(Versos 5 – 6 “Entonces Abraham dijo a sus mozos: Quedaos aquí con el asno; yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a vosotros. Tomó Abraham la leña del holocausto y la puso sobre Isaac su hijo, y tomó en su mano el fuego y el cuchillo. Y los dos iban juntos.”) Abraham cuidadosamente preparo todo lo que estaba implicado en el sacrificio – la madera, el cuchillo filudo y el fuego. ¿Que podríamos decir de nuestro gran Dios que cuidadosamente preparo, predestino, que puso todo antemano, todos los eventos, todas la gentes, todas las naciones para el evento más grande de todo el tiempo – la muerte de Cristo (Hechos 2:23; Hechos 4:27 – 28).

Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, juntamente con los gentiles y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste,

28para hacer cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que sucediera.

Abraham mando a sus sirvientes que se quedaran al pie de la montaña y el padre y el hijo fueron juntos a la montaña.

La Salvación es el trabajo del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, el hombre aun en sus mejores intentos NUNCA podrá obtener la salvación por medio de sus meritos o por las decisiones que él o ella puedan hacer.

“Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo en El mismo (2 Cor. 5:19); por lo cual Cristo estaba en las manos y debajo de la ira de Dios para nuestros pecados (Isa. 53:4-6).

Ciertamente El llevó nuestras enfermedades,
y cargó con nuestros dolores;
con todo, nosotros le tuvimos por azotado,
por herido de Dios y afligido.


5Mas El fue herido por nuestras transgresiones,
molido por nuestras iniquidades.
El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El,
y por sus heridas hemos sido sanados.


6Todos nosotros nos descarriamos como ovejas,
nos apartamos cada cual por su camino;
pero el SEÑOR hizo que cayera sobre El
la iniquidad de todos nosotros.

Pero todos le abandonaron en el tiempo de la muerte, Doces fueron con Él a la santa cena, once fueron con Él al jardín, tres fueron con Él a orar, pero cuando Él fue a la cruz Él fue solo (Heb. 1:3). Abraham puso la madera enzima de Isaac, la cruel cruz estaba puesta enzima de Cristo Jesús por nuestro Dios.

(Versos 7 – 8 “Y habló Isaac a su padre Abraham, y le dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, hijo mío. Y dijo Isaac: Aquí están el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y Abraham respondió: Dios proveerá para sí el cordero para el holocausto, hijo mío. Y los dos iban juntos”.) En lo que Abraham y Isaac subieron la montaña para ofrecer sacrifico y alabar a Dios, Isaac pregunto “Padre tenemos la madera y el fuego; ¿Pero donde esta el cordero para la ofrenda quemada?” Isaac sabia que (Dios es Santo y Justo, pero que el hombre siendo culpable, pecador y malo) no puede ver aceptación, ni perdón, ni comunión con Dios sin la sangre (Lev. 17:11; Exo. 12:13; Heb. 9:22).

Y según la ley, casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón.

El sabia de del error y de la condenación de Caín. Abraham expreso la profecía la cual es el centro del propósito de Dios, el centro de la Biblia y nuestra esperanza – “Hijo mío, Dios se proveerá un cordero para Su ofrenda quemada”

esto es lo que fue indicado por Jonás 2:9 “La salvación es del SEÑOR”

Después dijo el nombre del lugar “Jehová proveerá” Esta profecía dice muchas cosas:

1. Dios se proveerá EL MISMO como el cordero, para el Padre Celestial Jesús es el Cordero de Dios!

2. Dios se proveerá PARA El mismo un cordero porque el Señor Dios es la majestad ofendida PARA quien y POR quien la sangre fue derramada, que él sea justo y justificador (Rom. 3:23-26).

23por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios,

24siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús,

25a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente,

26para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús.

3. Dios va PROVEER o vera que la Salvación para todas Sus ovejas sea completa y obtenida, el traerá la satisfacción a Su justicia y Ley por medio de La Muerte de Cristo, El Padre Provee todo en Cristo Jesús para el Cristiano “Mas de él sois vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, y justificación, y santificación, y redención” 1 Corintios 1:30

(Verso 9 “Llegaron al lugar que Dios le había dicho y Abraham edificó allí el altar, arregló la leña, ató a su hijo Isaac y lo puso en el altar sobre la leña.”) “Abraham amarro a su hijo y lo puso en el altar.” Isaac no resistió el deseo de su padre así como Jesucristo tenía buena voluntad y fue obediente hasta la muerte en la cruz (Fil. 2:6 – 8)

el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse,

7sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres.

8Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

(Versos 10 – 13 “Entonces Abraham extendió su mano y tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo. Mas el ángel del SEÑOR lo llamó desde el cielo y dijo: ¡Abraham, Abraham! Y él respondió: Heme aquí. Y el ángel dijo: No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada; porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único. Entonces Abraham alzó los ojos y miró, y he aquí, vio un carnero detrás de él trabado por los cuernos en un matorral; y Abraham fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.”) Aquí la tipología de Isaac con Cristo termina. Porque Isaac fue quitado del altar y fue puesto un cordero en su lugar, pero que también es una imagen de Dios Jesús muriendo por nosotros. El cordero significa Cristo, nuestro sacrificio, e Isaac se significa el creedor que fue salvado.

Termino leyendo estos versículos que indica todo lo que me propuse en explicar y compartir en este día, y esto es la Grandeza de La Doctrina de la Sustitución, En su muerte, Cristo llegó a ser el Sustituto que sufrió la pena o castigo que merecía el pecador,

Juan 18:1-8

1Después de haber dicho esto, Jesús salió con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto en el cual entró El con sus discípulos.

2También Judas, el que le iba a entregar, conocía el lugar, porque Jesús se había reunido allí a menudo con sus discípulos.

3Entonces Judas, tomando la cohorte romana , y a varios alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue* allá con linternas, antorchas y armas.

4Jesús, pues, sabiendo todo lo que le iba a sobrevenir, salió y les dijo*: ¿A quién buscáis?

5Ellos le respondieron: A Jesús el Nazareno. El les dijo*: Yo soy. Y Judas, el que le entregaba, estaba con ellos.

6Y cuando El les dijo: Yo soy, retrocedieron y cayeron a tierra.

7Jesús entonces volvió a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús el Nazareno.

8Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; por tanto, si me buscáis a mí, dejad ir a éstos

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18
ene

EL OLOR GRATO

EL OLOR GRATO

Por Henry Law

Y percibió Jehová olor grato.” GÉNESIS 8:21.

Lector, ¿no desearías que tu alma fuese acepta ante el trono de la gracia? Quizá contestes: Tal bendición es inalcanzable. ¿Cómo puede alcanzar tal favor una cria­tura tan insignificante, un pecador tan vil?

¡Bendito sea Dios! Hay una puerta disponible. Acér­cate apoyado con fe en el brazo de Jesús; revestido, por fe, en su justicia; amparándote, por fe, en los méritos de su sangre, y entrarás envuelto en cantos de bienveni­da. Los cielos se regocijarán por tu causa con alegría in­descriptible.

La Biblia parece escrita con el objeto de guiarnos, por un camino eterno, al reposo que Dios ofrece. Por eso, en sus páginas, vemos cómo las doradas puertas se abren cuando manos como las nuestras las tocan. Abel se acerca con el cordero requerido y no hay hosquedad que le repela. “Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda.” Noé fue con la misma llave y no encontró peros que le obstruyeran. Su culto consistió en aquel in­cienso de gratitud. “Y percibió Jehová olor grato.”

Así fue y siempre será. Hay tan preciosa y potente virtud en la muerte de Jesús, que Dios no la puede resis­tir. Cuando un pobre pecador la presenta, resuena un nuevo coro en los himnos de lo alto: “Otra vez dijeron: ¡Aleluya!”

¡Cuán importante es que veamos esta verdad con toda claridad! De aquí que el Espíritu relate que cuando Noé vertió la sangre, que representaba a Cristo, Jehová percibió olor grato. Al ser inmolado el Cordero una fuer­te fragancia inundó el cielo.

¡Oh, alma mía! Gratas nuevas son éstas, pues mues­tran el argumento irresistible con que podemos obtener el perdón y toda la gracia necesaria. Aún cuando hubié­ramos tratado de explicar esta lección con gran profu­sión de pruebas y razonamientos, tan solo se hubiera conseguido elaborar un exiguo bosquejo. Pero el Espíritu simplemente afirma: “Y percibió Jehová olor grato”.

Con una sola mirada lo comprendemos todo. Al al­zarse la cruz, nubes de aroma de victoria traspasan el firmamento.

Esta imagen es una joya valiosa del tesoro bíblico porque habla en el lenguaje de todas las clases en todas las épocas y en todos los lugares. Fue ella como una luz para los piadosos peregrinos de los tiempos patriarcales. Después de muchos siglos continúa siendo una luz para nosotros mismos. Reavivó a nuestros hermanos de la antigüedad y reavivará al último santo. Desciende a la humildad de la más sencilla morada, pero se remonta también por encima del intelecto más elevado. “Y perci­bió Jehová olor grato.” Todos leen y entienden por igual que Jehová halla su reposo en Jesús quedando su divinidad satisfecha.

Del mismo modo que toda la luz está en un orbe, así también todo el Evangelio de la reconciliación se encuen­tra en esa frase. Los hijos de Israel aprendieron, en la penumbra de sus ritos, la plenitud de la obra de Cristo. El derramamiento de sangre proclamaba un perdón completo. Pero para darles una certeza más grande aún, se agitaba, sobre cada víctima, este ramo de olivo: “…y el sacerdote hará arder todo sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para Jehová” (Levíti­co 1:9).

Y cuando el gran apóstol ensalza la cruz, usa el mis­mo emblema para demostrar su poder: “…Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:2). Éste es el cristal de aumento con el que vemos que la muerte de Jesús es el jardín que emana los perfumes más sua­ves para Dios. Aquel solo sacrificio exhala una fragancia eterna e ilimitada.

Acerquémonos más y veamos el deleite infinito de Dios. Cuando contemplamos a Dios en su majestad, po­demos ver sobre su cabeza las incontables coronas de su pura y santa excelencia. Todas ellas brillan armoniosa­mente con gloria infinita e inmutable. Son inseparables y no pueden existir solas. Están unidas con lazos que sólo Dios podía atar, y que Dios nunca deshará. Siendo así, se podría preguntar: ¿Cómo, entonces, pueden todas ellas contribuir para hacer que un pecador participe del trono del Eterno?

Que hable, primero, la justicia. Sus reclamaciones nos llenan de terror. Tiene derecho a exigir una obediencia ininterrumpida durante toda la vida. Cada pensamiento que se desvía del amor perfecto, incurre en una deuda infinita. En su mano lleva un rollo escrito, contra nos­otros, por dentro y por fuera. Si se relajara equivaldría a tolerar el mal, y Dios cesaría de ser Dios. Por lo tanto, clama con insistencia: Paga lo que debes. Pero ¿cómo podrá pagar el que no posee nada sino su propio pecado? Contempla la cruz. Allí pagó Jesús con su muerte, y no hay lengua que pueda expresar su valor. La Justicia sos­tiene la balanza, que chirría con el peso de tanta iniqui­dad. Pero aquel sacrificio colma, con creces, la diferencia. La justicia se regocija ahora, porque ha sido infinitamente honrada, pues, aunque toda la raza humana hubiese sido precipitada en la celda del tormento y allí se hubiese retorcido eternamente pagando el castigo infernal, con todo la deuda no se hubiera cancelado. Pero muere Jesús y la justicia queda, de inmediato, coronada con satisfac­ción eterna.

Un ejemplo de la vida diaria, aunque sólo refleja la verdad en parte, pudiera ayudarnos a verlo más claro. Cierto hombre tiene una deuda que asciende a miles. Sus medios sólo le permiten pagar un céntimo cada día. El acreedor manda arrestarlo y empieza a cobrar el débito diario. Pasan los años pero la cantidad apenas decrece, pues el quitar un grano de arena cada día nunca extingui­rá las arenas del océano. Pero, hete aquí, un hombre rico viene y, con un solo pago, cancela la deuda. La acu­sación se retira; el prisionero sale libre; y el acreedor se regocija con el pago, que es una ganancia inesperada. Del mismo modo, la copa de expiación que 1a justicia recibe en la cruz está tan llena que no puede contener más. La justicia se goza con la dulzura de su sabor.

Considera las maravillas que así se obran: La Justi­cia descansa su espada vengadora y se envuelve en son­risa de amor aprobatorio. Cesa de ser el adversario que exige la condena, y se transforma en abogado que, insis­tente, pide la absolución. El mismo principio que con tanta rigidez demanda la muerte por cada pecado, se niega, con igual rigidez, a recibir el pago dos veces. Afé­rrate, pues, a la cruz. La Justicia establece allí, con peti­ción poderosa, tu derecho al cielo.

Veamos ahora el dulce sabor que desprende la Ver­dad de Dios. Si la justicia es inflexible, también lo es la Verdad. Su sí es sí; su no es no. Cuando habla, su pala­bra debe cumplirse. Los cielos y la tierra pasarán, pero ella no puede retroceder. Su voz ya se ha dejado oír anunciando la ira eterna que cada pecado provoca. Por ello ha cerrado las puertas del cielo con barras de duro diamante. Lágrimas, penitencias y súplicas son en vano. La Verdad sería falsa si el pecado escapase impune. Pero Jesús viene a beber la copa de venganza; cada amenaza recae sobre ÉI. La Verdad no necesita más. Bate sus alas con gozo, y veloz vuela al cielo para anunciar que ni una palabra ha dejado de cumplirse.

Tomemos otro ejemplo imperfecto. Un rey proclama un edicto y declara bajo juramento que la desobediencia será seguida por la muerte.

Un súbdito se rebela y es hallado culpable. Se im­pone la ejecución. Si el rey vacilase ahora, ¿dónde para­rían su fidelidad y la majestad de su imperio? Pero ima­ginemos que el hijo del rey se ofrece para sufrir la pena en lugar del ofensor. De este modo la ley sería honrada, el edicto no se violaría, y el orden se gozaría, a la par que el culpable seguiría viviendo. Así también, cuando Jesús sufre, la Verdad se reviste de honor y percibe el aroma suave de la satisfacción.

Gózate en la cruz, creyente. La misma ley que había forjado tan fuertes cadenas, halla que, sólo allí, puede acceder a hacer de tu vida su morada. Ahora demanda tu salvación porque no tiene nada contra ti sino, por el contrario, todo te lo ofrece con la promesa… “para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Debo añadir que Jesús es olor grato a la Santidad de Dios. Este atributo es la planta sensitiva del cielo que se retrae ante la presencia del pecado. No puede resistir la impureza y sólo acepta una rectitud inmaculada. Sólo respira donde todo es puro. Pues bien, en la cruz suce­de algo maravilloso que hace vibrar de gozo cada fibra del corazón. Brota de ella una corriente que limpia toda culpa hasta hacerla desaparecer. Y esto no es todo. Cuan­do el pecador la contempla, su pasión por el pecado se marchita, y florece el amor de Dios. Por ello, la cruz presenta a la Santidad… “una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante.”

¿Quisieras, lector, obtener un salvoconducto y aptitud para el cielo? Mora junto a la cruz. Allí adquirirás el derecho de heredar el cielo y la libertad de gozar.

¿Quisierais, ministros de Cristo, debilitar el poder de Satanás? Predicad la cruz. Sólo morirán al pecado los que mueran primero, en Cristo, a su castigo. La única fuerza santificante es la fe en Cristo.

También la Misericordia inhala dulce aroma. La Mi­sericordia llora al contemplar la miseria humana. Se aflige ante la aflicción. Prueba la gota más amarga de la copa de dolor. Pero su triunfo es grande cuando se evita la angustia, cuando se perdona al culpable, cuando se rescata al que perece. ¡Cuán intenso es su gozo cuando ve la inmensa multitud que ha sido arrancada de la amarguísima agonía, y llevada a la gloria celestial! Su deleite se desborda al oír las voces de los que cantan las victorias del Cordero, y al entender que esta adoración resonará con melodía más potente a través de las edades sin fin. Pero sólo en la cruz puede la misericordia erguir la cabeza en triunfo.

Con dolor me doy cuenta de que muchos hijos del pecado tiene una vaga esperanza de hallar misericordia sin haber hallado a Cristo. ¡Oh, si pudiesen comprender a tiempo que la misericordia de Dios nunca se aleja del Calvario!

Confío, lector, que ahora podrás ver con claridad en qué forma todos estos atributos cantan, se gozan, dan gracias y gloria por ese Jesús que da satisfacción por todo. Su incienso asciende y el cielo se extasía con su perfume. Por eso el Padre presenta al Hijo diciendo fe­liz: “He aquí… mi escogido, en quien mi alma tiene con­tentamiento”. Y también: “Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”.

Lector, ¿piensas igual? ¿Es el gozo del cielo tu propio gozo? ¿Es su frescor el frescor de tu corazón, y su per­fume el perfume de tu espíritu? ¿Se recrean y reposan todas tus facultades en Jesús? ¿Es Él tu paraíso de las más bellas flores y fragantes especies?

Créeme, todo dulce aroma está en Él. Créeme, fuera de Él no existe aroma de dulzura. El mundo es un de­sierto impuro. El vapor de su maldad es corrupción y podredumbre. Apártate de sus espinos. Ven y paséate por las verdes alamedas del Evangelio, y participa de sus delicias abundantes. Los redimidos cantan por los cami­nos del Señor: “Su nombre es como óleo derramado.” “Es la rosa de Sarón.” “Mi amado es para mí un manojito de mirra.” “Él es como un racimo de flores de alheña.”

«Mirra, áloe y casia exhalan todos tus vestidos.” Si, Él es el olor grato que nunca se desvanece.

¿Y quién puede oír esto y persistir en una vida sin Cristo? Te suplico, hijo del pecado, que hagas una pausa. Sin Cristo estás bajo maldición; tus méritos son trapos sucios; tu oración es abominación; tu alabanza un insul­to; tu servicio una burla. Cada día te lleva un paso más lejos de Dios, y tu muerte será tu caída en el infierno. Dime, ¿no es mucho mejor ser olor grato de Cristo para Dios? ¡Piénsalo! Una vida con el perfume de Cristo será como una fragancia eterna en el reino de luz. Pero una vida que despide el olor de las corrupciones terrenas se convierte por fin en el humo aborrecible del sepulcro de las tinieblas.

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18
ene

EL ALTAR

EL ALTAR

Por Henry Law


Y edificó Noé un altar a Jehová.” GÉNESIS 8:20.

Para llegar a conocer el poder santificador de la gra­cia, debemos investigar su obra en hombres de piedad. Una máquina complicada parece un rompecabezas inso­luble hasta que se entiende cómo trabaja cada una de sus piezas. Del mismo modo, con un estudio cuidadoso de bue­nos modelos, llegamos a comprender cómo se pueden le­vantar templos espirituales con los viles materiales de la tierra, y cómo pobres pecadores, como nosotros, pueden hacer proezas en el campo de las aflicciones.

La escena puede variar según las circunstancias, pero hay ciertas señales que no pueden oscurecerse. El hijo de Dios debe exhibir siempre una obediencia total a la vo­luntad del Padre celestial, una firme confianza en Su Pa­labra, una dulce sumisión a Su dirección y un constante aproximarse a Él por medio de la sangre reconciliadora, con el gozo de la oración y la alabanza. El verdadero ár­bol de la fe debe estar cargado de estos frutos. El alma nacida de nuevo debe probar su ascendencia con estas características, y un andar celestial debe ser a lo largo de este camino consagrado.

Esta verdad está claramente escrita en los anales de Noé. Dios le dijo: “Hazte un arca.” Y aunque la obra era rara se empezó inmediatamente. Luego Dios ordenó: “Entra tú y toda tu casa en el arca.” Noé entró con gran confianza sin ignorar que, si bien había peligros fuera, también podía haberlos dentro; pero siguiendo al Señor sin reservas se encontró a salvo y en paz. La misma voz tabla de nuevo: “Sal del arca.” Y salió de su refugio para posarse sobre la tumba de un mundo enterrado. Una soledad silenciosa reinaba en aquella tierra que él conoció cundo era la guarida del mal. El epitafio del pecado estaba escrito sobre aquellas vastas ruinas.

Se puede creer, con razón, que su primer acto fue ado­rar, y el complejo momento en que se encontraba da más realce a su actitud. “Y edificó Noé un altar a Jehová.” Muchos asuntos requerían su cuidado. No tenia casa; no habían corrales para el ganado, y él lo tenia que hacer todo. Tenia que pensar, planear, arreglar, esforzarse y trabajar. Si ha habido un hombre que podía haber excluido a Dios por causa de sus muchas ocupaciones, este hombre era Noé. Si ha existido un momento demasiado ajetreado para pensar en el cielo, aquél era el momento. Pero no; todo debe rendirse a Aquel que es sobre todo, lo primero debe ser para Aquel cuyo nombre es Primero. El primer edificio sobre aquella tierra fue un altar para su Hacedor, y la primera actitud del patriarca fue la de arrodillado sobre el suelo con sus manos alzadas al ciclo.

Si parece que franqueo los limites de mi tema es por­que sé que Satán detiene a menudo la mano que se dis­pone a llamar a las puertas de la misericordia persua­diéndola de que aún no es hora, de que este rato debe dedicarse a la familia, al trabajo, al solaz. Pero no le escuches. No es desperdiciado el tiempo cuando se le da a Dios. No hay obra provechosa si no empieza, continúa y termina en Él. Dedícale tu primera y última hora. Nunca estará en deuda contigo.

El altar se edificó para sacrificar ofrendas sobre él. No se puede dudar que aquella víctima y su sangre de­rramada bosquejaban la muerte del Cordero de Dios. Es también cierto, aunque no sea tan evidente, que el altar también proclama a Aquel que es la suma y sustancia del milagro de la redención. Jesús constituye cada parte de la expiación del pecado. Del mismo modo que es el verdadero Sacerdote y la verdadera Víctima, así también es el verdadero Altar. Se ofrece para morir sobre Sí mismo.

Por ello, creyente, ese sacrificio por ti es perfecto, por ser completamente divino. Tienes un Sacerdote, y sólo uno, que entró en los cielos y se sienta a la diestra de la Majestad en las alturas. Tienes un Cordero, y sólo uno, porque no se necesita más, que murió una vez, pues­to que una vez fue absolutamente suficiente para pagar la culpa y salvar del pecado. Así también tienes un Altar, y sólo uno, que está ante el trono de Dios. Jesús es el Altar.

Esto no es un sueño fantástico, sino el pronunciamien­to fiel de nuestro Dios. El mismo Espíritu nos lleva hasta el altar y nos hace leer en él esta lección evangélica, que los labios del Apóstol pronunciaron bajo Su dirección: “Tenemos un altar” (Hebreos 13:10). Por consiguiente, tenemos un altar entre nuestros tesoros. Pero, ¿dónde está? Tiene que estar donde está el Sacerdote, y donde está la sangre. No está aquí, sino tras el velo del cielo, y por ello sólo puede ser el Señor Jesús. Éste es el pozo de verdad que el Espíritu nos abre. Saquemos agua de él con gozo.

El altar tiene diversos usos, pero el principal es el de servir de lecho de muerte de la víctima. Por ello, cuando Jesús vino a morir, tuvo que poseer tal lecho. Vaya­mos con fe al Calvario, que es la cuna de nuestras espe­ranzas. Allí, en la plenitud de los tiempos, vemos a nues­tro Sumo Sacerdote que lleva un manso Cordero, y el cordero es él mismo. Su carga no es corriente… “mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.” El peso de un solo pecado arrojaría un alma en las profundida­des inmensas del abismo de condenación eterna. Pero, ¿quién podría contar los pecados bajo cuyo peso gime Jesús? Su número es infinito y su gravedad inconmensu­rable.

Así pues, ¿sobre qué altar se puede presentar este so­brecargado varón de dolores? Si los ángeles desplegasen toda su fortaleza para sostenerle, se quebrarían como cañas. Si los mundos se amontonasen quedarían como polvo. Ni el cielo mismo podía ayudar; todo eran tinie­blas en lo alto cuando Jesús clamó: “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?” La tierra toda había buido, y, al mirar, Cristo no vio a nadie.

Pero todo lo que necesitaba lo tenía en Sí mismo. Su divinidad es el altar de su humanidad expirante. Él es su propio socorro y ayuda, y no flaquea bajo el diluvio de la ira de Jehová. Con mano serena bebe hasta las heces 1 i. copa de la furia divina, y así paga por el pecado hasta que la misma justicia dice basta. Fuerte en su propio po­der, satisface hasta que la satisfacción sobreabunda. Ba­sado inconmoviblemente en su divinidad, borra la ini­quidad hasta que la iniquidad desaparece.

Lector, deseo exaltar a Jesús mostrándolo como el altar de la expiación para que entiendas que Él es el todo en el rescate de un alma de la muerte. Créeme, no es fácil ni común el ver esta verdad en su límpida gloria. Satán y todo el infierno se esfuerzan sin descanso para empañarla con nieblas. Nuestra pobre naturaleza está pronta a beber la poción que hace creer que con un poco de ayuda de Cristo todo irá bien. El yo, engañándose a si mismo con sus propios actos, llega a creer que los mé­ritos del hombre, recubiertos con los méritos de Cristo, son la llave del cielo. Pero esto no es sino construir un altar de basuras humanas con herramientas humanas, y luego colocar a Cristo sobre él.

Esta mentira, colocando a Cristo delante, se pasa por toda la tierra matando a miles. Esto es el árbol venenoso bajo cuya sombra descansan muchos soñando que han he­cho de Cristo su única esperanza, cuando en realidad han puesto su confianza en si mismos. Este es el espíritu que se burla de los perdidos mostrándoles demasiado tar­de que el Cristo exaltado de palabra no es necesariamente el Cristo que reina en el corazón. Este es el enemigo que tan a menudo hace del ministerio un campe estéril. Los hombres imaginan que oír de Cristo y alabar este nom­bre, equivale a la gracia que salva. Así pues, el yo, en alguna de sus formas, es el altar preferido de la tierra pecadora.

Éste es el gran engaño de la iglesia de Roma. Ésta es la red que el poder de las tinieblas ha extendido de for­ma tan ingeniosa. Esta herejía admite lo suficiente de Cristo para calmar la conciencia, pero retiene lo sufi­ciente del yo para matar el alma. No niega que Jesús vivió y murió para salvar, pero tampoco admite que Je­sús solo sea suficiente. Por ello levanta muchos altares altos y cautivadores de los sentidos y de la imaginación, haciendo de ellos la verdadera base de la esperanza del pecador. Luego los corona con Cristo y, como los hom­bres de Babel, cree que alcanzarán el cielo. En todo esto existe cierta semejanza de exaltación de Cristo. Pero es Cristo añadido a los ángeles, Cristo añadido a los san­tos, Cristo añadido a una lista interminable de mediado­res e intercesores, Cristo añadido a la iglesia, a las peni­tencias, al purgatorio y, en fin, Cristo sirviendo de pi­náculo a la pirámide de las ideas humanas.

Este es el evangelio papal. Pero los pies de esta ima­gen son de barro y no se puede sostener; en su caída se deshará como el templo de Dagón.

Hay otros, que también adoran este ídolo, que aun­que no son papistas de nombre lo son de corazón. Su al­tar consiste en ritos y cultos, abnegaciones y supersticio­nes. Edifican sobre unos fundamentos propios y luego ponen a Cristo para adornar la estructura. Dicen que, sin r 1; la balanza no puede pesar, y acceden a poner Sus méritos para equilibrar el defecto. Esta creencia pa­rece conducir a la vida, pero es la senda del infierno, porque la Palabra dice: “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído” (Gálatas 5:4).

Pero el verdadero altar tiene múltiples usos. Allí se recibían las ofrendas y primeros frutos del adorador. De él se sacaba la provisión de alimentos. Allí huía el culpa­ble; su terreno era un santuario, sus cornijales un refugio. Jesús es todo esto.

Lector, el llamamiento que se te hace es que presentes tu alma, tu cuerpo, todo lo que eres, todo lo que tienes, todo lo que puedes hacer, en sacrificio a Dios. No pue­des regatearle nada a Quien ha dado, para rescate, más de lo que el cielo es. Incrusta esta verdad en tu mente: Excepto en el Amado no hay persona ni servicio acep­table. Palabras y obras carecen de valor si no se ofrecen por fe, y por los méritos y en el nombre de Jesús. El fruto que no está santificado por Su sangre y dedicado para Su gloria, es sólo podredumbre. Es únicamente el rico incienso que se eleva de este altar lo que puede hacer de ti y de tu vida una ofrenda suave a Dios.

Lector, ora mucho. Esto es el respirar del alma, por­que cada momento constituye una necesidad que debe crear un clamor que ascienda al cielo. Pero sólo hay un altar donde las peticiones adquieren el poder de la vic­toria. Los que suplican en el nombre de Cristo hallan contestación en el cielo. Pero la oración desligada de Cristo es como humo que se desvanece en el aire.

Que tu agradecimiento sea, también, abundante, por­que el mandamiento es: “Dad gracias en todo”. El río de sus misericordias fluye incesante, y ¿cómo puede extin­guirse el arroyo de nuestro amor agradecido? Pero no hay alabanza aceptable si no se eleva de este altar.

El alma necesita alimentación regular, y sólo aquí la puede encontrar. ¡El Evangelio nos invita a un gran ban­quete! La palabra, las promesas, las ordenanzas y los sím­bolos están preparados para este banquete abundante. Pero Cristo es la esencia del alimento y, sin Él, los me­dios de la gracia no son más que cáscaras secas.

El altar tenia, además, cornijales. El ofensor aferraba a ellos estaba salvo; la mano vengadora que se no po­día tocarle. Así también, todo el que se refugia en Cristo puede despreocuparse de todo enemigo. Ni las amenazas de la ley, ni la, espada justiciera, ni el furor del per­seguidor pueden dañarle.

¡Cuán feliz es el creyente que ha hecho de este altar su hogar seguro y deleitoso! Bajo su protección pensará con frecuencia: Aquí he descargado el peso de mis pe­cados; aquí viviré, con el poder del Espíritu, una vida entregada y de adoración. Aquel que es el Altar donde muero al pecado, será el Altar donde viviré para Dios. Cristo lo es todo para mi perdón y para mi santidad.

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