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Posts tagged ‘Regeneración’

15
mar

La Perseverancia Final de los Santos

El Púlpito del Tabernáculo Metropolitano
La Perseverancia Final de los Santos

NO. 1361

Sermón predicado la Mañana del Domingo 24 de Junio de 1877

por Charles Haddon Spurgeon

En el Tabernáculo Metropolitano, Newington, Londres.

“No obstante, proseguirá el justo su camino.” — Job 17: 9

El hombre que es justo ante Dios tiene un camino propio. No es el camino de la carne, ni tampoco es el camino del mundo; es un camino que el mandato divino le ha señalado, y en el que él camina por fe. Es la calzada del Rey de la santidad, y el impío no transitará por ella: sólo los que son rescatados por el Señor caminarán por esa calzada, y éstos descubrirán que es un sendero de separación del mundo.

Una vez que ha entrado en el camino de vida, el peregrino debe perseverar en él o perecer, pues así ha dicho el Señor: “Y si retrocediere, no agradará a mi alma.” La perseverancia en el camino de fe y santidad es una necesidad del cristiano, pues solamente “el que persevere hasta el fin, éste será salvo.” Sería en vano brotar rápidamente como la semilla que es sembrada sobre la roca, para luego secarse rápidamente cuando el sol está en lo alto; eso solamente demostraría que una planta así no tiene raíces, pero “Se llenan de savia los árboles de Jehová,” y permanecen y continúan y dan fruto, aun en su ancianidad, para demostrar que el Señor es recto.

Hay una gran diferencia entre el cristianismo nominal y el cristianismo real, y esto generalmente se puede comprobar en el fracaso de uno y en la perseverancia del otro. Ahora, la declaración del texto es que el hombre verdaderamente justo proseguirá su camino; no regresará, no saltará los vallados ni se desviará a la derecha ni a la izquierda, no descansará quedándose sin hacer nada, ni tampoco desmayará ni dejará de andar su camino; sino que él “proseguirá su camino.” Frecuentemente le resultará muy difícil hacerlo, pero él tendrá tal resolución, tal poder de gracia interna que le ha sido otorgado, que él “proseguirá su camino,” con firme determinación, como si se sostuviera con sus dientes y no esté dispuesto a soltarse.

Es posible que no siempre viaje a la misma velocidad; no se dice que mantendrá su paso, sino que él proseguirá su camino. Hay momentos en los que corremos sin cansarnos, pero a menudo simplemente caminamos y estamos muy agradecidos porque no nos desmayamos; ay, y hay períodos cuando estamos contentos con gatear como un bebé y arrastrarnos hacia arriba con dolor; pero aun así demostramos que “proseguirá el justo su camino.” Bajo toda clase de dificultades el rostro del hombre a quien Dios ha justificado, está firmemente orientado hacia Jerusalén; y él no se desviará hasta que sus ojos hayan visto al Rey en Su belleza.

Esta es una gran maravilla. Es algo maravilloso simplemente que un hombre sea cristiano, y una maravilla aun mayor que continúe siéndolo. Consideren la debilidad de la carne, la fuerza de la corrupción interna, la furia de la tentación satánica, las seducciones de las riquezas y el orgullo de la vida, el mundo y sus caminos: todas estas cosas están en contra nuestra, y sin embargo, he aquí, “es más grande Quien está a favor nuestro que todos los que están en contra,” y desafiando al pecado, y a Satanás, y a la muerte, y al infierno, el justo prosigue su camino.

Yo interpreto que nuestro texto declara con precisión la doctrina de la perseverancia final de los santos. “No obstante, proseguirá el justo su camino.” Hace años, cuando hubo una encendida y amarga controversia entre calvinistas y arminianos, cada uno de los bandos tenía la costumbre de caricaturizar al otro bando. Mucho del peso de los argumentos no estaba orientado en contra del sentir real del bando opuesto, sino más bien en contra de lo que se le atribuía. Hicieron un muñeco de paja, y luego lo quemaron, cosa muy fácil de hacer, pero yo confío que este tipo de cosas ha quedado completamente atrás.

La gloriosa verdad de la perseverancia final de los santos ha sobrevivido la controversia, y de una forma u otra es una apreciada creencia de los hijos de Dios. Sin embargo, pongan mucho interés en entender en qué consiste. La Escritura no enseña que un hombre llegará al final de su jornada sin que continúe viajando a lo largo del camino; no es cierto que un acto de fe sea todo, y que no se requiera de fe, de oración, y de vigilancia cada día. Nuestra doctrina es exactamente lo opuesto a eso, es decir, que el justo proseguirá su camino; o, en otras palabras, continuará en fe, en arrepentimiento, en oración, y bajo la influencia de la gracia de Dios.

Nosotros no creemos en la salvación como una fuerza física que trata al hombre como un tronco muerto, y que lo transporta al cielo, ya sea contando con su aprobación o sin contar con ella. No, “él prosigue,” él está activamente involucrado en el asunto, y camina pesadamente cuesta arriba y luego desciende al valle hasta que llega al fin de su jornada.

Nunca hemos pensado, ni mucho menos hemos soñado, que simplemente porque un hombre supone que ha entrado alguna vez en este camino puede consecuentemente concluir que él tiene certeza de la salvación, aunque deje el camino inmediatamente después. No, sino que nosotros afirmamos que quien verdaderamente recibe el Espíritu Santo, de tal forma que cree en el Señor Jesucristo, no regresará, sino que perseverará en el camino de la fe.

Está escrito: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo,” y no podría ser salvo si se le permitiera que regresara y se deleitara en el pecado como lo hacía antes; y, por tanto, él será guardado por el poder de Dios a través de la fe para salvación. Aunque el creyente cometerá todavía muchos pecados, para su congoja, sin embargo el tenor de su vida será la santidad para Dios, y proseguirá en el camino de obediencia.

Nosotros detestamos la doctrina que establece que un hombre que alguna vez creyó en Jesús será salvo a pesar de haber abandonado el sendero de la obediencia. Nosotros negamos que tal desviación sea posible para el verdadero creyente, y por lo tanto la idea que nos ha imputado nuestro adversario es claramente una invención. No, amados hermanos, un hombre, si es verdaderamente un creyente en Cristo, no vivirá según la voluntad de la carne. Cuando en efecto cae en pecado, sentirá dolor y miseria, y no descansará nunca hasta que es lavado de la culpa; pero voy a afirmar esto acerca del creyente, que si él pudiera vivir como él quisiera vivir, entonces llevaría una vida perfecta.

Si le preguntaras, después que ha creído, si podría vivir como él quisiera, él respondería: “Quiera Dios que yo pudiera vivir como yo quisiera, pues deseo vivir completamente sin pecado. Quisiera ser perfecto, así como mi Padre celestial es perfecto.” Esta doctrina no es la idea licenciosa que un creyente puede vivir en pecado, sino que no puede ni quiere hacerlo.

Esta es la doctrina, y en primer lugar vamos a demostrarla; y en segundo lugar, en el sentido puritano de la palabra, vamos a aplicarla de manera breve, al extraer dos lecciones espirituales de ella.

I. DEMOSTREMOS ENTONCES LA DOCTRINA. Por favor sigan mi argumento con sus Biblias abiertas. La mayoría de ustedes, queridos amigos, han recibido como materia de fe las doctrinas de la gracia, y por tanto para ustedes la doctrina de la perseverancia final no requiere ninguna demostración, porque se deduce de todas las otras doctrinas. Nosotros creemos que Dios tiene un pueblo elegido al que Él ha escogido para vida eterna, y esa verdad necesariamente implica la perseverancia en la gracia.

Nosotros creemos en la redención especial, y esto asegura la salvación y la consiguiente perseverancia de los redimidos. Nosotros creemos en el llamamiento eficaz, que está ligado a la justificación, una justificación que asegura la glorificación. Las doctrinas de la gracia son como una cadena: si tú crees en una de ellas entonces debes creer la siguiente, pues cada una implica a las demás; por tanto, yo digo que, quienes aceptan cualquiera de las doctrinas de la gracia, deben recibir esta doctrina también, como inherente a ellas.

Pero voy a intentar demostrar esta doctrina para aquellos que no aceptan las doctrinas de la gracia; no quisiera argumentar en un círculo, demostrando algo que ustedes dudan por medio de otra cosa que ustedes también dudan, sino que “¡A la ley y al testimonio!” Vamos a remitir este asunto a las palabras reales de la Escritura.

Antes de avanzar al argumento, será bien que enfaticemos que aquellos que rechazan esta doctrina, nos dicen frecuentemente que hay muchas advertencias en la palabra de Dios en contra de la apostasía, y que esas advertencias no podrían tener algún significado si fuera cierto que el justo proseguirá su camino. Pero ¿qué pasa si esas advertencias son los instrumentos que utiliza la mano de Dios para evitar que Su pueblo se desvíe? ¿Qué pasa si esas advertencias son usadas para excitar un santo temor en las mentes de Sus hijos, convirtiéndose así en el medio de prevenir el mal que esas advertencias denuncian?

También quisiera recordarles que en la Epístola a los Hebreos, que contiene las advertencias más solemnes contra la apostasía, el apóstol siempre se cuida de añadir palabras que demuestran que él no creía que aquellos a quienes él advertía, realmente apostatarían. Veamos Hebreos 6: 9. Él les ha estado diciendo a estos hebreos que si los que una vez fueron iluminados, recayeran (apostataran), sería imposible que fueran otra vez renovados para arrepentimiento, y agrega: “Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así.” En el capítulo 10, el apóstol hace también una severa advertencia, declarando que aquellos que actúan de manera contraria al espíritu de gracia son dignos de un mayor castigo que los que violaron la ley de Moisés, pero concluye el capítulo con estas palabras: “Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.” De esta manera el apóstol muestra cuáles serían las consecuencias de la apostasía, pero él está convencido que ellos no elegirán incurrir en tan terrible condenación.

Adicionalmente, quienes objetan esta doctrina a veces citan algunos ejemplos de apostasía que son mencionados en la palabra de Dios, pero al mirar estos casos con detenimiento descubrimos que se trata de personas que simplemente profesaron conocer a Cristo, pero que realmente no eran poseedores de la vida divina. Juan, en su primera Epístola, 2: 19, describe plenamente a estos apóstatas: “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.”

Aquel memorable pasaje en el Evangelio de Juan es igualmente aplicable, donde nuestro Salvador habla de los pámpanos de la vid que no permanecen en ella, que son echados fuera y arrojados al fuego: estos son descritos como pámpanos en Cristo que no llevan fruto. ¿Son ellos verdaderos cristianos? ¿Cómo pueden serlo si no llevan fruto? “Por sus frutos los conoceréis.” El pámpano que lleva fruto es limpiado, pero nunca es echado fuera. Quienes no llevan fruto no son figuras de verdaderos cristianos, sino que representan adecuadamente a simples profesantes. Nuestro Señor, en Mateo 7:22, nos habla en relación a muchos que en ese día dirán: “Señor, Señor,” y que Él responderá: “Nunca os conocí.” No les dirá: “Os he olvidado,” sino más bien: “Nunca os conocí”: nunca fueron realmente Sus discípulos.

Pero ahora nos enfocaremos en el argumento mismo. En primer lugar sostenemos la perseverancia de los santos, de manera muy clara a partir de la naturaleza de la vida que es impartida en la regeneración. ¿Qué dijo Pedro en relación a esta vida? (1 Pedro 1: 23) Él habla del pueblo de Dios como “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.”

La nueva vida que es plantada en nosotros cuando nacemos de nuevo, no es como el fruto de nuestro primer nacimiento, pues ese está sujeto a la mortalidad, sino que es un principio divino, que no puede morir ni puede corromperse; y, si es así, entonces quien lo posee debe vivir para siempre, ciertamente debe ser para siempre aquello en lo que el Espíritu de Dios lo ha convertido.

Y en 1 Juan 3: 9 tenemos el mismo pensamiento planteado de otra forma: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.” Es decir, la inclinación de la vida del cristiano no es hacia el pecado. No sería una descripción justa de su vida decir que vive en pecado; por el contrario, lucha y contiende contra el pecado, porque posee un principio interno que no puede pecar. La nueva vida no peca; es nacida de Dios, y no puede transgredir; y aunque la vieja naturaleza está en guerra contra ella, sin embargo la nueva vida prevalece de tal manera en el cristiano, que es guardado de vivir en pecado.

Nuestro Salvador, en Su sencilla enseñanza del Evangelio a la mujer samaritana, le dijo (Juan 4: 13) “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” Ahora, si nuestro Salvador le enseñó esto a una mujer pecadora e ignorante, en Su primera entrevista con ella, yo entiendo que esta doctrina no está reservada al círculo interno de santos ya maduros, sino que debe predicarse ordinariamente entre la gente común, y que debe considerarse como un privilegio extremadamente bendito. Si ustedes reciben la gracia que Jesús imparte a sus almas, será como la mejor parte que María escogió, no les será arrebatada; morará en ustedes, no como el agua en una cisterna, sino como una fuente viva que salta para vida eterna.

Todos nosotros sabemos que la vida que es dada en el nuevo nacimiento está íntimamente conectada con la fe. Ahora, la fe es en sí misma un principio conquistador. En la Primera Epístola de Juan, que es un gran tesoro de argumentación (1 Juan 5: 4) se nos dice: “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” Vean, entonces, que lo que es nacido de Dios en nosotros, es decir, la nueva vida, es un principio conquistador; no se sugiere para nada que puede ser derrotada alguna vez: y la fe, que es un signo exterior, es en sí misma una eterna triunfadora.

Por lo tanto, necesariamente, porque Dios ha implantado una vida tan maravillosa en nosotros, sacándonos de las tinieblas y llevándonos a Su luz admirable, porque nos ha engendrado nuevamente a una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de los muertos, porque el eterno y siempre bendito Espíritu ha venido para habitar en nosotros, nosotros concluimos que la vida divina en nosotros, nunca morirá. “Proseguirá el justo su camino.”

El segundo argumento para el cual solicito la atención de ustedes se deduce de las declaraciones expresas del propio Señor. Aquí vamos a examinar nuevamente el Evangelio de Juan, y en su bendito capítulo tercero, donde nuestro Señor estaba explicando el Evangelio de la manera más sencilla posible a Nicodemo, y le encontramos poniendo mucho énfasis en el hecho que la vida que se recibe por la fe en Él, es eterna. Miren a ese precioso versículo, el catorce: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Por lo tanto, ¿acaso creen en Él los hombres y sin embargo perecen? ¿Acaso creen en Él y reciben una vida espiritual que llega a un final? No puede ser, pues “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda”: pero él se perdería si no perseverara hasta el fin; y por lo tanto debe perseverar hasta el fin. El creyente tiene vida eterna, ¿cómo entonces puede morir, y dejar de ser un creyente? Si no permanece en Cristo, evidentemente él no tiene vida eterna, por lo tanto permanecerá en Cristo hasta el fin. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Algunos replican a esto que un hombre puede tener vida eterna y sin embargo perderla. A eso respondemos que las palabras no pueden significar eso. Tal afirmación es una contradicción clara. Si se pierde la vida el hombre está muerto; entonces ¿cómo pudo tener vida eterna? Es claro que sólo tenía una vida que duró por un tiempo: ciertamente no tenía vida eterna, pues si la hubiera tenido, habría vivido eternamente. “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3: 36). Los santos en el cielo poseen vida eterna, y nadie espera que mueran. Su vida es eterna; pero la vida eterna es vida eterna, ya sea que la persona que la posea habite en la tierra o en el cielo.

No necesito leer todos los pasajes en los que se enseña la misma verdad; pero más adelante, en Juan 6: 47, nuestro Señor le dijo a los judíos: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.” No una vida temporal, sino “vida eterna.” Y en el versículo 51 dijo: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre.” Y luego viene esa famosa declaración del Señor Jesucristo, que, si no existiera ninguna otra, sería más que suficiente para demostrar nuestro punto. Juan 10: 28: “Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie (la palabra “hombre” no está en el original) las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. ¿Qué significado tiene sino éste: que Él ha agarrado a Su pueblo, y que tiene la intención de sostenerlo muy seguramente en Su poderosa mano?

“¿Dónde está el poder que puede alcanzarnos allí,
O, quién podrá arrebatarnos de Su mano?”
Por encima de la mano de Jesús que fue perforada viene la mano del Padre omnipotente como una especie de segundo agarre. “Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” Esto debe mostrar con toda seguridad que los santos están seguros de cualquier cosa y de todo lo que pudiera destruirlos, y por consiguiente están protegidos de la apostasía total.

Otro pasaje afirma también lo mismo, y es Mateo 24: 24, donde el Señor Jesús ha estado hablando de los falsos profetas que van a engañar a muchos. “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.” Y esto demuestra que es imposible que los escogidos sean engañados por ellos. De las ovejas de Cristo se dice: “Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños,” sino que por instinto divino ellos conocen la voz del Buen Pastor, y lo siguen.

De esta manera nuestro Salvador ha declarado, tan sencillamente como las palabras pueden expresarlo, que aquellas personas que son Su pueblo, poseen la vida eterna en ellos, y no perecerán, sino que entrarán en la felicidad eterna. “Proseguirá el justo su camino.”

Un argumento muy bendito para la seguridad del creyente se encuentra en la intercesión de nuestro Señor. No necesitan buscar la referencia bíblica, pues ustedes la conocen muy bien, que muestra la conexión entre la intercesión viva de Cristo y la perseverancia de Su pueblo: “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.” (Hebreos 7: 25)

Nuestro Señor Jesús no está muerto; Él ha resucitado, se ha elevado a la gloria y ahora intercede sobre la base del mérito de Su obra perfecta ante el eterno trono, y conforme intercede allí por todo Su pueblo, cuyos nombres están escritos en Su corazón, como los nombres de Israel estaban escritos en el pectoral del sumo sacerdote, Su intercesión salva a Su pueblo hasta lo sumo.

Si quisieran un ejemplo de esto, deben ver el caso de Pedro que está registrado en Lucas 22: 31, donde nuestro Señor dice: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.” La intercesión de Cristo no salva a Su pueblo de las pruebas, ni de las tentaciones, ni de ser sacudido hacia arriba y hacia abajo como el trigo en la criba, ni tampoco lo salva de una cierta medida de pecado y de dolor, pero sí lo salva de la apostasía total. Pedro fue conservado, y aunque él negó a su Señor, esto fue sólo una excepción a la grandiosa regla de su vida. Por gracia prosiguió en su camino, porque no sólo en ese momento, sino muchas otras veces, aunque pecó, tenía un abogado ante el Padre, Jesucristo el justo.

Si desean saber cómo intercede Jesús, lean con calma en sus respectivas casas ese maravilloso capítulo 17 de Juan, la oración del Señor. ¡Qué oración es esa! “Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.” Judas se perdió, pero Judas fue dado a Cristo como un apóstol y no como una de Sus ovejas. Él tenía una fe temporal, y mantuvo una profesión temporal, pero nunca tuvo vida eterna, pues de lo contrario hubiera vivido.

Esos gemidos y esos clamores del Salvador que acompañaron sus súplicas en Getsemaní, fueron escuchados en el cielo, y fueron respondidos. “Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre”; el Señor los guarda por medio de Su palabra y Su Espíritu, y los guardará. Si la oración de Cristo en Getsemaní fue respondida, con cuánta más razón es escuchada la que se eleva ahora desde el propio trono eterno.

“Con clamores y lágrimas Él ofreció
Su humilde súplica desde la tierra;
Pero con autoridad solicita ahora,
Entronado en Su gloria.

Para quienes vienen a Dios por Él,
Salvación Él demanda;
Señala sus nombres grabados en Su pecho,
Y extiende sus manos traspasadas.”
Ah, si mi Señor Jesús intercede por mí, no puedo tener temor ni de la tierra ni del infierno: Esa voz que vive y que intercede tiene poder para guardar a los santos, y también lo tiene el propio Señor viviente, pues Él ha dicho: “Porque yo vivo, vosotros también viviréis” (Juan 14:19).

Ahora tenemos un cuarto argumento. Acumulamos una segura confianza en la perseverancia de los santos por el carácter y la obra de Cristo. Voy a ser muy breve en esto, pues confío que ustedes conocen tan bien a mi Señor que no necesita ninguna palabra de recomendación de parte mía para ustedes; pero si lo conocen, dirán lo mismo que el apóstol dice en 2 Timoteo 1:12, “Porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.” Él no dijo: “yo sé en quién he creído,” como lo cita la mayor parte de la gente, sino, “yo sé a quién he creído.” Él conocía a Jesús, conocía Su corazón y Su fidelidad, conocía Su expiación y Su poder, conocía Su intercesión y Su fuerza; y él entregó su alma a Jesús por un acto de fe, y se sentía seguro.

Mi Señor es tan excelente en todas las cosas que sólo necesito darles un vislumbre de su carácter y ustedes verán lo que fue mientras habitó aquí entre los hombres. Al comienzo de Juan capítulo 13 leemos: “Como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.” Si no hubiera amado a Sus discípulos hasta el fin cuando estaba aquí, podríamos concluir que es cambiante ahora como lo fue entonces; pero si amó a Sus elegidos hasta el fin cuando todavía estaba en Su humillación aquí abajo, esto nos trae la dulce y bendita confianza que ahora que Él está en el cielo, Él amará hasta el fin a quienes confían en Él.

En quinto lugar, podemos deducir la perseverancia de los santos del tenor del pacto de gracia. ¿Les gustaría comprobarlo por ustedes mismos? Si es así, entonces vayamos al Antiguo Testamento, a Jeremías 32 y allí encontrarán el pacto de gracia expuesto bastante ampliamente. A nosotros nos bastará leer el versículo cuarenta: “Y haré con ellos pacto eterno, que no volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.” Él no se apartará de ellos, y ellos no se apartarán de Él. ¿Qué puede ser mayor garantía de su perseverancia hasta el fin? Ahora es muy claro que éste es el pacto de gracia bajo el cual vivimos, con base en la Epístola a los Hebreos, pues el apóstol cita ese pasaje con ese objetivo, en el capítulo 8. El tema va más o menos así: “He aquí vienen días, dice le Señor, en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo.”

El antiguo pacto tenía un “si” incorporado en él, y por lo tanto sufrió un naufragio; era “si ustedes obedecen entonces serán bendecidos”; y viene una falla de parte del hombre, y todo el pacto terminó en desastre. Era el pacto de obras, y bajo ese pacto estábamos en servidumbre, hasta que fuimos liberados de él e introducidos al pacto de la gracia, que no tiene ningún “si” incorporado, sino que manifiesta claramente el peso de la promesa; es “Yo haré” y ustedes “harán” en todo momento. “Seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo.”

Gloria sea dada a Dios, este pacto no dejará de tener vigencia, pues vean cómo el Señor declara su carácter durable en el libro de Isaías (54: 10): “Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti.” Y nuevamente en Isaías 55: 3: “Y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes de David.”

La idea de apartarse totalmente de la gracia es una reliquia del viejo espíritu legal, es una separación de la gracia para caer nuevamente bajo la ley, y yo les exhorto a ustedes que alguna vez que han sido esclavos emancipados, y han logrado que las cadenas de la servidumbre legal hayan sido soltadas de sus manos, nunca consientan llevar esas ataduras de nuevo. Cristo los ha salvado si en verdad ustedes creen el Él, y no los ha salvado por una semana, o un mes, o un trimestre, o un año, o veinte años, sino que Él les ha dado vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie los arrebatará de Su mano. Gócense en este bendito pacto de gracia.

El sexto argumento, que es muy poderoso, se deduce de la fidelidad de Dios. Miren a Romanos 11: 29. ¿Qué dijo el apóstol allí, hablando por el Espíritu Santo? “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios,” que quiere decir que Él no da vida ni perdona a un hombre y lo llama por gracia y luego se arrepiente de lo que ha hecho, y retira las buenas cosas que ha otorgado. “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta.” Cuando extiende Su mano para salvar no la retira hasta que la obra es consumada.

Su palabra es, “Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.” (Malaquías 3: 6). “Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá.” (1 Samuel 15: 29). El apóstol quiere que afirmemos nuestra confianza en la perseverancia sobre la confirmación que la fidelidad divina ciertamente nos la va a dar. Él dice en 1 Corintios 1: 8 “El cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.” Y nuevamente dice algo parecido en 1 Tesalonicenses 5: 24 “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.”

Desde tiempos antiguos era la voluntad de Dios salvar al pueblo que Él dio a Jesús, y de esto no se ha arrepentido, pues nuestro Señor dijo (Juan 6: 39), “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.” De esta manera se desprende de estos pasajes, y hay todavía muchos más, que la fidelidad de Dios asegura la preservación de Su pueblo, y “proseguirá el justo su camino.”

El séptimo y último argumento lo sacaremos de lo que ya ha sido hecho en nosotros. No haré más que citar las Escrituras, y dejar que penetren en sus mentes. Un bendito pasaje es el de Jeremías 31: 3: “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.” Su no hubiera querido que su amor fuera eterno, no nos habría prolongado Su misericordia, pero debido a que ese amor es eterno, por tanto nos ha prolongado Su misericordia.

El apóstol argumenta de manera muy elaborada en Romanos 5: 9, 10: “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliado con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.” No puedo detenerme para mostrarles cuán enfática es cada palabra en estos versículos, pero así es: si Dios nos reconcilió cuando éramos enemigos, Él ciertamente nos salvará ahora que somos Sus amigos, y si nuestro Señor Jesús nos ha reconciliado por Su muerte, mucho más nos salvará por Su vida; así que podemos estar seguros de que Él no dejará ni abandonará a quienes ha llamado.

¿Necesitan que traiga a sus mentes ese capítulo dorado, el octavo de Romanos, el más noble de cualquier lengua que jamás haya sido escrito por la pluma de un hombre? “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” No hay ningún rompimiento en la cadena entre justificación y glorificación: y ningún rompimiento que podamos suponer que puede ocurrir, pues el apóstol lo coloca fuera de cualquier peligro, cuando dice: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió: más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo?” Luego él nos presenta todas las cosas que podrían suponerse que separan, y dice: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”

De la misma manera, el apóstol escribe en Filipenses 1: 6. “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” No puedo detenerme para mencionar las muchas otras Escrituras en las que lo que ha sido hecho es utilizado como argumento que la obra será completada, sino que es de conformidad a la conducta del Señor terminar cualquier cosa que Él emprende. “Gracia y gloria dará Jehová,” y perfeccionará lo concerniente a nosotros.

Un maravilloso privilegio que nos ha sido otorgado es de especial significación: somos uno con Cristo por una unión íntima, vital, espiritual. El Espíritu nos enseña que gozamos de una unión de matrimonio con Cristo Jesús nuestro Señor. ¿Se disolverá esa unión? Estamos casados con Él. ¿Acaso ha dado Él alguna vez carta de divorcio? Nunca se ha dado el caso que el novio celestial haya divorciado de Su corazón a un alma elegida con quien se ha unido con los lazos de gracia.

Escuchen estas palabras del profeta Oseas 2: 19, 20. “Y te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia. Y te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás a Jehová.”

Esta maravillosa unión es explicada por medio de la figura de la cabeza y el cuerpo: nosotros somos miembros del cuerpo de Cristo. ¿Acaso los miembros de Su cuerpo pueden descomponerse? ¿Es amputado Cristo? ¿Se le pueden poner miembros nuevos cuando pierde los viejos? No, siendo miembros de Su cuerpo, no seremos separados de Él. “Pero el que se une al Señor,” dice el apóstol, “un espíritu es con él,” y si somos hechos un espíritu con Cristo, esa unión misteriosa no permite la suposición de una separación.

El Señor ha hecho otra grandiosa obra en nosotros, pues nos ha sellado con el Espíritu Santo. La posesión del Espíritu Santo es el sello divino que tarde o temprano es colocado en todos los elegidos. Hay muchos pasajes en los que se habla de ese sello, y es descrito como una prenda, una prenda de la herencia. Pero ¿cómo una prenda si después de recibirla, no alcanzamos la posesión adquirida?

Reflexionen en las palabras del apóstol en 1 Corintios 1: 21, 22: “Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría.”(1) Con el mismo objeto, el Espíritu Santo habla en Efesios 1: 13, 14: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.”

Amados hermanos, tenemos la certeza que si el Espíritu Santo habita en nosotros, Él que levantó a Jesucristo de los muertos, guardará nuestras almas y dará vida a nuestros cuerpos mortales y nos presentará perfectos ante la gloria de Su rostro en el último día. Por tanto hacemos un resumen de nuestro argumento con la expresión confiada del apóstol cuando dijo (2 Timoteo 4: 18), “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.”

II. Ahora, ¿cómo APLICAREMOS PRÁCTICAMENTE ESTA DOCTRINA? La primera aplicación es para animar al hombre que va camino al cielo. Proseguirá el justo su camino.” Si yo tuviera que realizar un viaje muy largo, digamos de Londres a John o’ Groats, confiando en que mis pobres piernas débiles me lleven, y con un peso que cargar también, podría comenzar a desesperarme, y, ciertamente, el propio primer día de camino me noquearía: pero si yo tuviera una seguridad divina que me afirma categóricamente: “Tú proseguirás tu camino, y llegarás a tu destino,” yo siento que me cobraría ánimos para alcanzar la tarea. Difícilmente alguien se lanzaría a una jornada difícil sino creyera que puede terminarla, pero la dulce seguridad que alcanzaremos nuestro hogar, nos lleva a cobrar ánimos.

El tiempo es lluvioso, húmedo, muy ventoso, pero debemos proseguir, pues el fin está garantizado. El camino es muy difícil, y corre por colinas y valles; respiramos agitadamente y nuestras piernas nos duelen; pero como vamos a llegar al fin de nuestro camino, proseguimos a la meta. Estamos a punto de arrastrarnos a cualquier casa y acostarnos para morir de cansancio, diciendo: “Nunca voy a completar mi tarea;” pero la confianza que hemos recibido nos pone de pie nuevamente, y proseguimos.

Para el hombre de corazón recto, la garantía de éxito es el mejor estímulo para trabajar. Si así es, que voy a vencer al mundo, que voy a conquistar el pecado, que no voy a ser un apóstata, que no voy a abandonar mi fe, que no voy a arrojar mi escudo, que voy a llegar a casa siendo un conquistador, entonces voy a actuar como un hombre y voy luchar como un héroe. Esta es la razón por la que las tropas británicas han ganado la batalla a menudo, porque los jóvenes que tocan los tambores no saben cómo llamar a retirada, y las tropas no creen en la posibilidad de la derrota. Muchas veces fueron derrotados por los franceses, eso dicen los franceses, pero ellos no querían creerlo, y por lo tanto no huían. Ellos sentían que ganaban, y por tanto permanecían como rocas sólidas en medio de la terrible artillería del enemigo hasta que se declaraba la victoria a su favor.

Hermanos, nosotros haremos lo mismo si nos damos cuenta que somos preservados en Cristo Jesús, guardados por el poder de Dios por medio de la fe para salvación. Cada creyente verdadero será un conquistador, y esta es la razón para pelear una buena guerra. Está preparada para nosotros una corona de vida en el cielo que no perderá su color. La corona está preparada para nosotros, y no para quienes vienen de manera imprevista. La corona reservada para mí es tal que nadie más puede usarla; y si es así, entonces voy a combatir y voy a esforzarme hasta el fin, hasta que el último enemigo sea vencido, y la muerte misma esté muerta.

Otra aplicación es esta: qué estímulo es este para los pecadores que desean la salvación. Debe guiarlos a venir y recibir esto con un deleite agradecido. Quienes niegan esta doctrina ofrecen a los pecadores una pobre salvación devaluada, que no vale la pena, y no es sorprendente que los pecadores no se queden con ella. Así como el Papa dio Inglaterra al rey de España (si hubiera podido obtener ese país) así ellos ofrecen la salvación de Cristo si un hombre puede merecerla por medio de su propia fidelidad.

De conformidad con algunas personas, la vida eterna es dada a ustedes, pero puede ser que no sea eterna; puedes perderla, puede durar sólo un poco de tiempo. Cuando yo no era más que niño, me preocupaba porque veía a algunos de mis jóvenes compañeros, que eran un poco mayores que yo, cuando se convertían en aprendices y llegaban a Londres, que se convertían en personas viciosas; he escuchado los lamentos de sus madres, y he visto sus lágrimas por sus hijos; he escuchado a sus padres que expresaban su amarga pena por esos muchachos, a quienes yo había conocido en mi clase, como muy buenas personas, como yo no hubiera podido serlo jamás, y me inquietaba con horror la idea que yo tal vez podría pecar como ellos. Ellos no guardaban el día del Señor; hubo un caso de un robo de una caja fuerte para irse de farra el domingo. Simplemente pensar en eso me aterraba; yo anhelaba mantener un carácter sin mancha y cuando escuché que si yo entregaba mi corazón a Cristo, Él me guardaría, eso fue precisamente lo que me conquistó; parecía un seguro de vida celestial para mi carácter, que si yo me entregaba verdaderamente a Cristo, Él me salvaría de los errores de la juventud, me preservaría en medio de la tentaciones de la edad adulta, y me guardaría hasta el fin. Me agradaba el pensamiento que si yo era hecho justo por la fe en Cristo Jesús, proseguiría mi camino por el poder del Espíritu Santo. Eso que me agradó en mi niñez es aún más atractivo para mí en mi edad adulta: yo estoy feliz de predicarles una salvación cierta y eterna.

Siento que tengo algo que ofrecerles el día de hoy, que es digno de la pronta aceptación de cada pecador. No tengo las condiciones de “si” ni “pero” para diluir el puro Evangelio de mi mensaje. Aquí está: “El que creyere y fuere bautizado será salvo.” Se me cayó un pedazo de hielo al piso ayer, y le dije a alguien que estaba conmigo en la habitación “¿acaso no es eso un diamante?” “Ah,” me respondió, “no lo dejarías en el piso, te lo garantizo, si fuera un diamante de ese tamaño.”

Pero yo tengo un diamante aquí, ¡vida eterna, vida para siempre! Me parece que se darán prisa para tomarlo de inmediato, para que sean salvos ahora, para ser salvados en la vida, para ser salvados en la muerte, para ser salvados en la resurrección, para siempre, por el poder eterno y el amor infinito de Dios. ¿Acaso no vale la pena tener esto? Pobre alma, agárralo; tú puedes tenerlo simplemente creyendo en Jesucristo, o, en otras palabras, confía tu alma a Él. Deposita tu eterno destino en este banco divino, y luego puedes decir, “Porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.” Que el Señor los bendiga, por Cristo nuestro Señor. Amén.

Nota del Traductor: En la publicación original del sermón está establecida esta cita sin embargo la fuente correcta es 2 Corintios 1: 21,22, favor de tomar nota y hacer sus cambios correspondientes.

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8
dic

No Por Obras

No Por Obras

Por Pastor Don Fortner

Traducido por Rommel José Antonio Flores

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Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo-Tito 3:5

Las buenas obras son muy importantes cuando uno las pone en su lugar, mientras más lo mejor. Es mi esperanza de promover buenas obras entre los santos de Dios. Pero las buenas obras no tienen absolutamente nada que hacer con la realización, la preservación o la consumación de nuestra Salvación, La Gracia y el Amor de nuestro Dios y Salvador hacia nosotros no es dependiente de nuestras buenas obras. Las buenas obras no son la causa, no sostiene, ni mejora la Salvación o la relación eterna del creyente con Dios.

sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.” Gálatas 2:16

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” Efesios 2:8-9

“quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” 2 Timoteo 1:9

La Salvación es por Gracia Solamente, por medio de Fe Solamente, en Jesucristo Solamente. Cada aspecto de nuestra Salvación, del principio hasta al fin, es la obra de la libre Gracia de Dios en Jesucristo. Nada es dependiente de la obra de los hombres para la Salvación.

La elección eterna de Dios de su pueblo para Salvación fue una Elección de Gracia Soberana, sin ninguna consideración a las buenas obras.

“Pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí” Romanos 9:11-13

“Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad” 2 Tesalonicenses 2:13

Nuestra Redención por la sangre de Jesucristo fue una compra de libre Gracia de nuestras almas hacia fuera de la maldición de la ley.

“Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” Efesios 1:6-7

“En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” 1 Juan 4:9-10

Todos los que creen en el Señor Jesucristo han sido regenerados, nacidos de nuevo y llamados por Gracia Solamente.

“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” Juan 1:11-13

Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” Efesios 2:1-5

Nosotros somos Justificados libremente por la Gracia de Dios por medio de la Redención encontrada en Jesucristo, sin las obras de la ley.

Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” Romanos 3:20-28

Como la elección, la Redención, la Justificación y la Santificación es completamente una obra de la Gracia Soberana Solamente.

“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.” Hebreos 10:10-14

“Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” 1 Corintios 1:30

No nos santificamos por nuestras obras más que podemos justificarnos por nuestras obras. Jesucristo es nuestro Santificador y nuestra Santificación.

“Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico.” Éxodo 31:13

Los Santos de Dios son preservados y son mantenidos por la Gracia Soberana de Dios Solamente, y nuestra preservación por Gracia no es dependiente de nuestras obras.

“y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios. Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí” Jeremías 32:38-40

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” Juan 10:27-29

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” Juan 10:27-29

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” Romanos 8:28-39

estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” Filipenses 1:6

que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” 1 Pedro 1:5

Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén” Judas 1:24-25

Y nuestra recompensa eterna en el cielo es la recompensa de la Gracia Soberana Solamente. En la gloria del cielo no nos recompensarán por nuestras obras, sino por las obras de Jesucristo nuestro Substituto, y esa recompensa de Vida Eterna nos será dada como el regalo libre de la Gracia eterna de Dios hacia nosotros en Jesucristo.

Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” Mateo 25:34

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo…En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad…que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” Efesios 1:3, 11, 14


“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” Romanos 8:17

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” Romanos 6:23

La Gloria y dicha de la Vida Eterna es la posesión comprada para cada creyente, concedida libremente sobre nosotros por la Gracia Soberana de Dios, sin ninguna obra u participación de nosotros.

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16
oct

¿Podría explicarme la doctrina de la Adopción?

¿Podría explicarme la doctrina de la Adopción?

Por Pablo Santomauro

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La Adopción es el acto originado en la gracia de Dios por el cual él establece una relación paternal/filial con los pecadores justificados, y a raíz de ello Dios los ve y los trata como Sus propios hijos en virtud de la relación de Dios Padre con  Jesús  confirmado como Mesías. En esta relación filial, Dios garantiza a todos sus hijos los privilegios, las bendiciones y las responsabilidades comprendidas en el estatus de hijo.

Quizá sea indicado volver atrás y explicar que cuando Adán y Eva fueron creados por Dios, ellos fueron creados en una relación filial hacia Dios, ellos lo consideraban como un Padre y él los consideraba como  hijos. Es por ello que Lucas 3:30 dice que Adán fue “hijo de Dios”. Adán y Eva no fueron meramente criaturas de Dios, sino hijos de Dios que tenían en ellos la imagen y semejanza de Dios en una forma que ninguna otra criatura tuvo o tiene.

A pesar del cuidado y el amor paternal que Dios derramó sin límites sobre ellos, Adán y Eva atendieron las palabras de Satanás y se rebelaron contra Dios. Al comprender la magnitud y profundidad que implica una relación filial, alcanzaremos a comprender la magnitud de la maldad, el horror, la traición y el misterio terrible del acto más trágico en toda la  historia del mundo, el pecado original.

Como directa consecuencia de la rebelión del hombre, Dios lo repudió (aunque algunos prefieren usar “desheredó”). Dios cesó de tratarlo como Su hijo. El simbolismo de este acto de juicio lo podemos ver en que Dios expulsó al hombre del Edén y quitó las bendiciones y privilegios incluidos en el previo estatus de hijo que poseía. (Gn. 3:19,23,24).

Los seres humanos perdieron su absoluto dominio sobre las criaturas. Los animales y los insectos ya no obedecerían voluntariamente al hombre. La sobrevivencia de la raza humana ahora dependería de su propio esfuerzo e inteligencia. El mundo, en lugar de ser un lugar cooperativo y subsirviente a los deseos y necesidades del hombre, era ahora un mundo hostil.

Aclaramos que el hombre retuvo la imagen de Dios en él, pero ahora era una imagen en ruinas, en detrimento, mermada. A pesar de ello, el hombre siguió reteniendo su distinción y superioridad sobre el resto de la creación precisamente por la presencia de la imagen y semejanza de Dios en él. Pero debe quedar claro que a partir del acto de traición al Padre por parte de Adán y Eva, Dios dejó de considerarlos y tratarlos como hijos suyos.

Dios pudo haber abandonado a la raza humana completamente y continuar siendo un Dios justo, pero en lugar de ello y en su misericordia,  diseñó un plan en el cual los pecadores podrían se restaurados a su pleno estatus de hijos, con sus privilegios y bendiciones incluidos. De acuerdo con este plan, el Verbo Eterno, la Segunda Persona de la Trinidad se encarnaría (Jn. 1:12,14). Jesucristo  lograría todo lo necesario para que nosotros fuéramos adoptados nuevamente en la familia de Dios. Para ello Dios preordenó que Jesucristo sería el que gestionara nuestra adopción:

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn. 1:12)

La forma en que los humanos pasamos a ser hijos de Dios ahora es recibiendo a Cristo como nuestro Señor y Salvador personal:

pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gá. 3:26)

Para finalizar, puntualizamos que la Adopción no debe ser confundida con la regeneración o la justificación. La regeneración trata con nuestra condición pecaminosa mediante la renovación de nuestro corazón, mientras que la adopción trata con nuestra posición delante de Dios y nos otorga una relación filial para con él. La justificación es el acto por el cual Dios nos declara justos y sin culpa delante de Dios, nuestro Juez, mientras que en la adopción somos escoltados, recibidos y abrazados por Dios, nuestro Padre. Como Juez, Dios nos justifica; como nuestro Padre, Dios nos considera Sus hijos.

Establecida la diferencia, digamos que la adopción está inseparablemente conectada con la regeneración y la justificación porque: Dios justifica  a los que él ha regenerado, y adopta sólo a aquellos a los que ha justificado. La Adopción es consecutiva a la regeneración y la justificación.

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11
ago

5 cosas esénciales para la Salvación

5 cosas esénciales para la Salvación

Por Pastor Don Fortner

Traducido Por Rommel José Antonio Flores


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1)      Resolución – Si usted y yo seremos Salvos, seremos Salvos NO por nuestra decisión, PERO por la decisión de Dios en su Soberana Elección y Predestinación antes del mundo (Efesios 1:3-6) NO hay una posibilidad de Salvación aparte del eterno Propósito de Dios en Jesucristo.

2)      Justicia-Dios demanda perfecta obediencia a su Ley y perfecta Justicia (Deuteronomio 10:12; Mateo 5:20) Sin embargo, No hay un Hombre que pueda hacer algo o una obra buena, mucho menos caminar en perfección con Dios (Salmos 14:3; Salmos 53:3; Romanos 3:10-12) Pero que bendición de Dios en ejecutar todo lo requerido de la Ley y otorgarlo a nosotros por medio de su Gracia en Jesucristo. El obedeció a Dios como nuestro representante, obrando una perfecta Justicia para cada una de su ovejas (Romanos 5:19-21)

3)      Redención-Nuestro Dios Santo demando una satisfacción por el Pecado cometido de nuestra parte, está escrito “El alma que peque, ésa moriráEzequiel 18:20. El no puede pasar ni tan siquiera en menor de los pecados, ¿entonces como él puede ser Justo en satisfacer su Ley y perdonar al pecador? Por medio de un Substituto, cuando Jesucristo murió por nosotros, nosotros morimos en el (Romanos 3:24-26; 2 Corintios 5:21; Gálatas 3:13-14) en la Persona de Jesucristo, Dios es “el Dios Justo y un Salvador“.

4)      Regeneración-No puede alguien obtener entrada al Reino de Dios sin antes haber nacido de nuevo, “Os es necesario nacer de NuevoJuan 3:7. Es necesario que un nuevo hombre sea creado y transformado a la imagen de Jesucristo en nosotros, una naturaleza de Santidad y Justicia, Jesucristo tiene que ser formado, “Cristo en vosotros, la esperanza de la Gloria” (Colosenses 1:27; 2 Corintios 3:18)

5)      Resurrección-Nuestros cuerpos tienen que ser cambiados, porque nuestros cuerpos también han sido corrompidos por el pecado, 1 Corintios 15:50-54Y esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni lo que se corrompe hereda lo incorruptible.    He aquí, os digo un misterio: no todos dormiremos, pero todos seremos transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Pero cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: DEVORADA HA SIDO LA MUERTE en victoria

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24
mar

Jesús-ismo

“Jesús-ismo”

Por Pastor Don Fortner

Traducido por SolaEscritura75

1- La elección es Dios eligiéndonos en Cristo Jesús antes de la Fundación del mundo (Efesios 1:4)

2- La Redención es Dios comprando a todos sus elegidos de las manos de su Ley por medio de la Sangre de Cristo Jesús (Mateo 26:27-29, 1 Pedro 1:18-20)

3- La regeneración es Dios dándoles vida a muertos pecadores en Cristo Jesús , y Cristo Jesús que vive en nosotros (Efesios 2:1-3, 1 Pedro 3:18, 1 Corintios 15:45, Romanos 4:17, Colosenses 1:26-28)

4- El Perdón es Dios perdonarnos nuestro pecados por medio de la Sangre de Cristo Jesús (1 Pedro 1:2, Hebreos 9:14, Romanos 3:21-31)

5- La Justificación es Dios vistiéndonos con y imputando la Justicia de Cristo Jesús (Romanos 3:21,22, Filipenses 3:8,9, 2 Corintios 5:21; 1 Corintios 1:30)

6- La Santificación es Dios conformándonos a la imagen de Cristo Jesús en nosotros y impartiendo su Justicia a nosotros (Jeremías 31:33-34, 2 Corintios 3:18)

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