Justificación y Santificación
Justificación y Santificación
Por Thomas Watson
Traducido Por Rommel José Antonio Flores
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Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios-1 Corintios 6:11
Nuestra Justificación y Santificación no son la misma cosa. La Justificación es sin ninguna obra nuestra y es una obra gratuita por nosotros por Dios afuera de nosotros. Nuestra Santificación es una obra de Dios en nosotros y es todo por Gracia Soberana. La primera es por la Justicia imputada y la otra es por Justicia impartida en nuestras vidas. Estas dos obras son basadas en los meritos de nuestro amado Dios y Salvador Jesucristo.
Nuestra Justificación está basada en la perfecta Justicia y Obediencia de Jesucristo, Nuestra Santificación está basada en la obra del Espíritu Santo, la Biblia nunca indica que nuestra Santificación este basada por algo que nosotros hacemos e mantenemos. Tal como indica la Biblia nuestra Santificación y nuestra Justificación es todo por Gracia.
Hay una distinción entre Justificación y Santificación, no obstante, estas no están separadas. Dios no para cuando perdona y justifica a un pecador, no, Él también lo Santifica.
Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad-1 Juan 5:6
Jesucristo viene al alma por Su sangre, la cual denota la remisión del pecado; y por el agua, la cual denota Santificación. Ningún hombre puede proclamar ser perdonado el cual no es santificado. Esto declaro a la persona que dice ser un creyente, indica que sus pecados han sido perdonados y que él está cubierto con la Justicia de Jesucristo pero él cual está todavía viviendo en el excremento del pecado.
La persona que Dios perdona, Él también purifica. Quienquiera Dios perdona, Él transforma. Un hombre no puede proclamar ser perdonado si una obra de santidad no se encuentra en su corazón.
Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra-Ezequiel 36:27
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¿Podría explicarme la doctrina de la Adopción?
¿Podría explicarme la doctrina de la Adopción?
Por Pablo Santomauro
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La Adopción es el acto originado en la gracia de Dios por el cual él establece una relación paternal/filial con los pecadores justificados, y a raíz de ello Dios los ve y los trata como Sus propios hijos en virtud de la relación de Dios Padre con Jesús confirmado como Mesías. En esta relación filial, Dios garantiza a todos sus hijos los privilegios, las bendiciones y las responsabilidades comprendidas en el estatus de hijo.
Quizá sea indicado volver atrás y explicar que cuando Adán y Eva fueron creados por Dios, ellos fueron creados en una relación filial hacia Dios, ellos lo consideraban como un Padre y él los consideraba como hijos. Es por ello que Lucas 3:30 dice que Adán fue “hijo de Dios”. Adán y Eva no fueron meramente criaturas de Dios, sino hijos de Dios que tenían en ellos la imagen y semejanza de Dios en una forma que ninguna otra criatura tuvo o tiene.
A pesar del cuidado y el amor paternal que Dios derramó sin límites sobre ellos, Adán y Eva atendieron las palabras de Satanás y se rebelaron contra Dios. Al comprender la magnitud y profundidad que implica una relación filial, alcanzaremos a comprender la magnitud de la maldad, el horror, la traición y el misterio terrible del acto más trágico en toda la historia del mundo, el pecado original.
Como directa consecuencia de la rebelión del hombre, Dios lo repudió (aunque algunos prefieren usar “desheredó”). Dios cesó de tratarlo como Su hijo. El simbolismo de este acto de juicio lo podemos ver en que Dios expulsó al hombre del Edén y quitó las bendiciones y privilegios incluidos en el previo estatus de hijo que poseía. (Gn. 3:19,23,24).
Los seres humanos perdieron su absoluto dominio sobre las criaturas. Los animales y los insectos ya no obedecerían voluntariamente al hombre. La sobrevivencia de la raza humana ahora dependería de su propio esfuerzo e inteligencia. El mundo, en lugar de ser un lugar cooperativo y subsirviente a los deseos y necesidades del hombre, era ahora un mundo hostil.
Aclaramos que el hombre retuvo la imagen de Dios en él, pero ahora era una imagen en ruinas, en detrimento, mermada. A pesar de ello, el hombre siguió reteniendo su distinción y superioridad sobre el resto de la creación precisamente por la presencia de la imagen y semejanza de Dios en él. Pero debe quedar claro que a partir del acto de traición al Padre por parte de Adán y Eva, Dios dejó de considerarlos y tratarlos como hijos suyos.
Dios pudo haber abandonado a la raza humana completamente y continuar siendo un Dios justo, pero en lugar de ello y en su misericordia, diseñó un plan en el cual los pecadores podrían se restaurados a su pleno estatus de hijos, con sus privilegios y bendiciones incluidos. De acuerdo con este plan, el Verbo Eterno, la Segunda Persona de la Trinidad se encarnaría (Jn. 1:12,14). Jesucristo lograría todo lo necesario para que nosotros fuéramos adoptados nuevamente en la familia de Dios. Para ello Dios preordenó que Jesucristo sería el que gestionara nuestra adopción:
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn. 1:12)
La forma en que los humanos pasamos a ser hijos de Dios ahora es recibiendo a Cristo como nuestro Señor y Salvador personal:
“pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gá. 3:26)
Para finalizar, puntualizamos que la Adopción no debe ser confundida con la regeneración o la justificación. La regeneración trata con nuestra condición pecaminosa mediante la renovación de nuestro corazón, mientras que la adopción trata con nuestra posición delante de Dios y nos otorga una relación filial para con él. La justificación es el acto por el cual Dios nos declara justos y sin culpa delante de Dios, nuestro Juez, mientras que en la adopción somos escoltados, recibidos y abrazados por Dios, nuestro Padre. Como Juez, Dios nos justifica; como nuestro Padre, Dios nos considera Sus hijos.
Establecida la diferencia, digamos que la adopción está inseparablemente conectada con la regeneración y la justificación porque: Dios justifica a los que él ha regenerado, y adopta sólo a aquellos a los que ha justificado. La Adopción es consecutiva a la regeneración y la justificación.
¿Quién será Justificado ante Dios?
¿Quién será Justificado ante Dios?
Por Rommel José Antonio Flores
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Si usted le pregunta a la mayoría de personas en cualquier religión en este día, ¿quién será justificado ante Dios en el Día que Jesucristo Juzgue a todos? Y la repuesta será: “Yo creo que todas las personas que son buenas irán al cielo” esto sin duda hace que la justificación sea basada en buenas obras, estos que profesan ser cristianos proclaman algo totalmente erróneo cuando lo comparamos a la Verdad (La Biblia).
Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: MALDITO TODO EL QUE NO PERMANECE EN TODAS LAS COSAS ESCRITAS EN EL LIBRO DE LA LEY, PARA HACERLAS- Gálatas 3:10
La declaración que Dios es Santo y todos los Hombres (raza humana) son pecadores, lo mejor producido del hombre NUNCA puede satisfacer lo requerido de Dios “Todos nosotros somos como el inmundo, y como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas; todos nos marchitamos como una hoja, y nuestras iniquidades, como el viento, nos arrastran” Isaías 64:6. La Biblia claramente y poderosamente declaran que “NO HAY JUSTO, NI AUN UNO…NO HAY QUIEN HAGA LO BUENO, NO HAY NI SIQUIERA UNO” Romanos 3:9-12
Ciertamente una persona que es razonable puede llegar a entender que sus buenas obras nunca pondrán satisfacer la Ley de Dios y que todo buen merito de parte de Él o Ella está excluida de la Salvación que Dios provee. La única manera en la cual un Pecador puede estar Justificado ante Dios es tener una perfecta Justicia, la cual Dios mismo provee sin la mínima contribución del pecador “¿Qué diremos, entonces, que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué jactarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Y CREYO ABRAHAM A DIOS, Y LE FUE CONTADO POR JUSTICIA. Ahora bien, al que trabaja, el salario no se le cuenta como favor, sino como deuda; mas al que no trabaja, pero cree en aquel que justifica al impío, su fe se le cuenta por justicia. Como también David habla de la bendición que viene sobre el hombre a quien Dios atribuye justicia aparte de las obras: BIENAVENTURADOS AQUELLOS CUYAS INIQUIDADES HAN SIDO PERDONADAS, Y CUYOS PECADOS HAN SIDO CUBIERTOS.” Romanos 4:1-7
Esta sin duda es la más Maravillosa y Buena Noticia del Evangelio del Señor Jesucristo. La Salvación está basada en sus Meritos y no los nuestros “Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que todo lo hace para mí” Salmos 57:2. Él avenido y a Vivido y a Muerto, para que Dios el Padre pueda ser Justo y Justificador, en Él, “para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús” Romanos 3:26
RC Sproul – Justificación e Imputación de la justicia de Cristo (subtítulos)
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Jesús-ismo
“Jesús-ismo”
Por Pastor Don Fortner
Traducido por SolaEscritura75
1- La elección es Dios eligiéndonos en Cristo Jesús antes de la Fundación del mundo (Efesios 1:4)
2- La Redención es Dios comprando a todos sus elegidos de las manos de su Ley por medio de la Sangre de Cristo Jesús (Mateo 26:27-29, 1 Pedro 1:18-20)
3- La regeneración es Dios dándoles vida a muertos pecadores en Cristo Jesús , y Cristo Jesús que vive en nosotros (Efesios 2:1-3, 1 Pedro 3:18, 1 Corintios 15:45, Romanos 4:17, Colosenses 1:26-28)
4- El Perdón es Dios perdonarnos nuestro pecados por medio de la Sangre de Cristo Jesús (1 Pedro 1:2, Hebreos 9:14, Romanos 3:21-31)
5- La Justificación es Dios vistiéndonos con y imputando la Justicia de Cristo Jesús (Romanos 3:21,22, Filipenses 3:8,9, 2 Corintios 5:21; 1 Corintios 1:30)
6- La Santificación es Dios conformándonos a la imagen de Cristo Jesús en nosotros y impartiendo su Justicia a nosotros (Jeremías 31:33-34, 2 Corintios 3:18)
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