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30
mar

APRESURANDO A LOT

Apuntes de Sermones

Charles H. Spurgeon

Sermón 1

APRESURANDO A LOT

«Y, al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot» Gén. 19:15

¿Eran estos personajes ángeles o apariencias visibles de las personas divinas? No importa, eran mensajeros de salvación enviados por el Todopoderoso Invisible, y nos enseñan cómo tenemos que tratar a los hombres para moverles y bendecirles. Imaginaos a los dos ángeles detrás del grupo familiar empujándolos, con sus dos brazos, por las espaldas para sacar a Lot, su esposa y sus dos hijas del gran peligro que ellos conocían estaban por llegar.

I. LOS JUSTOS NECESITAN SER EMPUJADOS

¿En qué cosas? En lo que se refiere a obediencia a su Señor. En sacarles del mundo (vers. 26). En buscar el bien de sus familias (vers. 12).

¿Por qué? La carne es débil. Lot era un anciano demasiado inclinado a las cosas mundanas. Sodoma tiene una influencia indolente.

¿Por qué medios? Recordándoles sus obligaciones y oportunidades. Llevándoles a considerar el correr del tiempo y la brevedad de la vida. Advirtiéndoles de su segura ruina.

II. LOS PECADORES NECESITAN SER APRESURADOS.

1. Los pecadores son muy lentos y propios a demorarse.

Se hallan establecidos en la Sodoma del pecado.

No creen nuestras advertencias (vers. 14).

Se entretienen en el gran engaño de Satanás para su ruina.

2. Es nuestro deber apresurarles.

Debemos ser nosotros insistentes como lo fueron los ángeles.

Debemos ser pacientes y repetir nuestros ruegos.

Debemos ser resueltos y apretarles de todas formas.

3. Tenemos muchos argumentos para hacerles apresurar.

Su inminente peligro si se entretienen.

El pecado de demorarse cuando Dios ordena apresurarse.

La suprema necesidad de inmediata decisión.

Cuando cierto joven hizo pública profesión de fe, su padre, muy resentido, le dio este consejo: «Jaime, deberías primeraente establecerte en un buen negocio y entonces entrar en asuntos de religión.» «Padre -dijo el muchacho-, Jesucristo me da un consejo totalmente diferente. El dice: “BUSCAD PRIMERAMENTE EL REINO DE DIOS”.

«Hermano –dijo cierto hombre moribundo—, ¿por qué no fuiste más insistente con respecto a mi alma?» «Querido Jaime -replicó el hermano-, yo le he hablado diversas veces.» «Sí -fue la respuesta-. No tengo que reprocharte esto. Pero siempre que me hablabas ¡era con tanta cautela! Yo quisiera que me hubieses cogido por el cuello y me hubieses hecho poner de rodillas, pues yo he sido tan descuidado que necesitaba esto para no despertar de mi sueño en el infierno.»

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15
mar

La Perseverancia Final de los Santos

El Púlpito del Tabernáculo Metropolitano
La Perseverancia Final de los Santos

NO. 1361

Sermón predicado la Mañana del Domingo 24 de Junio de 1877

por Charles Haddon Spurgeon

En el Tabernáculo Metropolitano, Newington, Londres.

“No obstante, proseguirá el justo su camino.” — Job 17: 9

El hombre que es justo ante Dios tiene un camino propio. No es el camino de la carne, ni tampoco es el camino del mundo; es un camino que el mandato divino le ha señalado, y en el que él camina por fe. Es la calzada del Rey de la santidad, y el impío no transitará por ella: sólo los que son rescatados por el Señor caminarán por esa calzada, y éstos descubrirán que es un sendero de separación del mundo.

Una vez que ha entrado en el camino de vida, el peregrino debe perseverar en él o perecer, pues así ha dicho el Señor: “Y si retrocediere, no agradará a mi alma.” La perseverancia en el camino de fe y santidad es una necesidad del cristiano, pues solamente “el que persevere hasta el fin, éste será salvo.” Sería en vano brotar rápidamente como la semilla que es sembrada sobre la roca, para luego secarse rápidamente cuando el sol está en lo alto; eso solamente demostraría que una planta así no tiene raíces, pero “Se llenan de savia los árboles de Jehová,” y permanecen y continúan y dan fruto, aun en su ancianidad, para demostrar que el Señor es recto.

Hay una gran diferencia entre el cristianismo nominal y el cristianismo real, y esto generalmente se puede comprobar en el fracaso de uno y en la perseverancia del otro. Ahora, la declaración del texto es que el hombre verdaderamente justo proseguirá su camino; no regresará, no saltará los vallados ni se desviará a la derecha ni a la izquierda, no descansará quedándose sin hacer nada, ni tampoco desmayará ni dejará de andar su camino; sino que él “proseguirá su camino.” Frecuentemente le resultará muy difícil hacerlo, pero él tendrá tal resolución, tal poder de gracia interna que le ha sido otorgado, que él “proseguirá su camino,” con firme determinación, como si se sostuviera con sus dientes y no esté dispuesto a soltarse.

Es posible que no siempre viaje a la misma velocidad; no se dice que mantendrá su paso, sino que él proseguirá su camino. Hay momentos en los que corremos sin cansarnos, pero a menudo simplemente caminamos y estamos muy agradecidos porque no nos desmayamos; ay, y hay períodos cuando estamos contentos con gatear como un bebé y arrastrarnos hacia arriba con dolor; pero aun así demostramos que “proseguirá el justo su camino.” Bajo toda clase de dificultades el rostro del hombre a quien Dios ha justificado, está firmemente orientado hacia Jerusalén; y él no se desviará hasta que sus ojos hayan visto al Rey en Su belleza.

Esta es una gran maravilla. Es algo maravilloso simplemente que un hombre sea cristiano, y una maravilla aun mayor que continúe siéndolo. Consideren la debilidad de la carne, la fuerza de la corrupción interna, la furia de la tentación satánica, las seducciones de las riquezas y el orgullo de la vida, el mundo y sus caminos: todas estas cosas están en contra nuestra, y sin embargo, he aquí, “es más grande Quien está a favor nuestro que todos los que están en contra,” y desafiando al pecado, y a Satanás, y a la muerte, y al infierno, el justo prosigue su camino.

Yo interpreto que nuestro texto declara con precisión la doctrina de la perseverancia final de los santos. “No obstante, proseguirá el justo su camino.” Hace años, cuando hubo una encendida y amarga controversia entre calvinistas y arminianos, cada uno de los bandos tenía la costumbre de caricaturizar al otro bando. Mucho del peso de los argumentos no estaba orientado en contra del sentir real del bando opuesto, sino más bien en contra de lo que se le atribuía. Hicieron un muñeco de paja, y luego lo quemaron, cosa muy fácil de hacer, pero yo confío que este tipo de cosas ha quedado completamente atrás.

La gloriosa verdad de la perseverancia final de los santos ha sobrevivido la controversia, y de una forma u otra es una apreciada creencia de los hijos de Dios. Sin embargo, pongan mucho interés en entender en qué consiste. La Escritura no enseña que un hombre llegará al final de su jornada sin que continúe viajando a lo largo del camino; no es cierto que un acto de fe sea todo, y que no se requiera de fe, de oración, y de vigilancia cada día. Nuestra doctrina es exactamente lo opuesto a eso, es decir, que el justo proseguirá su camino; o, en otras palabras, continuará en fe, en arrepentimiento, en oración, y bajo la influencia de la gracia de Dios.

Nosotros no creemos en la salvación como una fuerza física que trata al hombre como un tronco muerto, y que lo transporta al cielo, ya sea contando con su aprobación o sin contar con ella. No, “él prosigue,” él está activamente involucrado en el asunto, y camina pesadamente cuesta arriba y luego desciende al valle hasta que llega al fin de su jornada.

Nunca hemos pensado, ni mucho menos hemos soñado, que simplemente porque un hombre supone que ha entrado alguna vez en este camino puede consecuentemente concluir que él tiene certeza de la salvación, aunque deje el camino inmediatamente después. No, sino que nosotros afirmamos que quien verdaderamente recibe el Espíritu Santo, de tal forma que cree en el Señor Jesucristo, no regresará, sino que perseverará en el camino de la fe.

Está escrito: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo,” y no podría ser salvo si se le permitiera que regresara y se deleitara en el pecado como lo hacía antes; y, por tanto, él será guardado por el poder de Dios a través de la fe para salvación. Aunque el creyente cometerá todavía muchos pecados, para su congoja, sin embargo el tenor de su vida será la santidad para Dios, y proseguirá en el camino de obediencia.

Nosotros detestamos la doctrina que establece que un hombre que alguna vez creyó en Jesús será salvo a pesar de haber abandonado el sendero de la obediencia. Nosotros negamos que tal desviación sea posible para el verdadero creyente, y por lo tanto la idea que nos ha imputado nuestro adversario es claramente una invención. No, amados hermanos, un hombre, si es verdaderamente un creyente en Cristo, no vivirá según la voluntad de la carne. Cuando en efecto cae en pecado, sentirá dolor y miseria, y no descansará nunca hasta que es lavado de la culpa; pero voy a afirmar esto acerca del creyente, que si él pudiera vivir como él quisiera vivir, entonces llevaría una vida perfecta.

Si le preguntaras, después que ha creído, si podría vivir como él quisiera, él respondería: “Quiera Dios que yo pudiera vivir como yo quisiera, pues deseo vivir completamente sin pecado. Quisiera ser perfecto, así como mi Padre celestial es perfecto.” Esta doctrina no es la idea licenciosa que un creyente puede vivir en pecado, sino que no puede ni quiere hacerlo.

Esta es la doctrina, y en primer lugar vamos a demostrarla; y en segundo lugar, en el sentido puritano de la palabra, vamos a aplicarla de manera breve, al extraer dos lecciones espirituales de ella.

I. DEMOSTREMOS ENTONCES LA DOCTRINA. Por favor sigan mi argumento con sus Biblias abiertas. La mayoría de ustedes, queridos amigos, han recibido como materia de fe las doctrinas de la gracia, y por tanto para ustedes la doctrina de la perseverancia final no requiere ninguna demostración, porque se deduce de todas las otras doctrinas. Nosotros creemos que Dios tiene un pueblo elegido al que Él ha escogido para vida eterna, y esa verdad necesariamente implica la perseverancia en la gracia.

Nosotros creemos en la redención especial, y esto asegura la salvación y la consiguiente perseverancia de los redimidos. Nosotros creemos en el llamamiento eficaz, que está ligado a la justificación, una justificación que asegura la glorificación. Las doctrinas de la gracia son como una cadena: si tú crees en una de ellas entonces debes creer la siguiente, pues cada una implica a las demás; por tanto, yo digo que, quienes aceptan cualquiera de las doctrinas de la gracia, deben recibir esta doctrina también, como inherente a ellas.

Pero voy a intentar demostrar esta doctrina para aquellos que no aceptan las doctrinas de la gracia; no quisiera argumentar en un círculo, demostrando algo que ustedes dudan por medio de otra cosa que ustedes también dudan, sino que “¡A la ley y al testimonio!” Vamos a remitir este asunto a las palabras reales de la Escritura.

Antes de avanzar al argumento, será bien que enfaticemos que aquellos que rechazan esta doctrina, nos dicen frecuentemente que hay muchas advertencias en la palabra de Dios en contra de la apostasía, y que esas advertencias no podrían tener algún significado si fuera cierto que el justo proseguirá su camino. Pero ¿qué pasa si esas advertencias son los instrumentos que utiliza la mano de Dios para evitar que Su pueblo se desvíe? ¿Qué pasa si esas advertencias son usadas para excitar un santo temor en las mentes de Sus hijos, convirtiéndose así en el medio de prevenir el mal que esas advertencias denuncian?

También quisiera recordarles que en la Epístola a los Hebreos, que contiene las advertencias más solemnes contra la apostasía, el apóstol siempre se cuida de añadir palabras que demuestran que él no creía que aquellos a quienes él advertía, realmente apostatarían. Veamos Hebreos 6: 9. Él les ha estado diciendo a estos hebreos que si los que una vez fueron iluminados, recayeran (apostataran), sería imposible que fueran otra vez renovados para arrepentimiento, y agrega: “Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así.” En el capítulo 10, el apóstol hace también una severa advertencia, declarando que aquellos que actúan de manera contraria al espíritu de gracia son dignos de un mayor castigo que los que violaron la ley de Moisés, pero concluye el capítulo con estas palabras: “Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.” De esta manera el apóstol muestra cuáles serían las consecuencias de la apostasía, pero él está convencido que ellos no elegirán incurrir en tan terrible condenación.

Adicionalmente, quienes objetan esta doctrina a veces citan algunos ejemplos de apostasía que son mencionados en la palabra de Dios, pero al mirar estos casos con detenimiento descubrimos que se trata de personas que simplemente profesaron conocer a Cristo, pero que realmente no eran poseedores de la vida divina. Juan, en su primera Epístola, 2: 19, describe plenamente a estos apóstatas: “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.”

Aquel memorable pasaje en el Evangelio de Juan es igualmente aplicable, donde nuestro Salvador habla de los pámpanos de la vid que no permanecen en ella, que son echados fuera y arrojados al fuego: estos son descritos como pámpanos en Cristo que no llevan fruto. ¿Son ellos verdaderos cristianos? ¿Cómo pueden serlo si no llevan fruto? “Por sus frutos los conoceréis.” El pámpano que lleva fruto es limpiado, pero nunca es echado fuera. Quienes no llevan fruto no son figuras de verdaderos cristianos, sino que representan adecuadamente a simples profesantes. Nuestro Señor, en Mateo 7:22, nos habla en relación a muchos que en ese día dirán: “Señor, Señor,” y que Él responderá: “Nunca os conocí.” No les dirá: “Os he olvidado,” sino más bien: “Nunca os conocí”: nunca fueron realmente Sus discípulos.

Pero ahora nos enfocaremos en el argumento mismo. En primer lugar sostenemos la perseverancia de los santos, de manera muy clara a partir de la naturaleza de la vida que es impartida en la regeneración. ¿Qué dijo Pedro en relación a esta vida? (1 Pedro 1: 23) Él habla del pueblo de Dios como “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.”

La nueva vida que es plantada en nosotros cuando nacemos de nuevo, no es como el fruto de nuestro primer nacimiento, pues ese está sujeto a la mortalidad, sino que es un principio divino, que no puede morir ni puede corromperse; y, si es así, entonces quien lo posee debe vivir para siempre, ciertamente debe ser para siempre aquello en lo que el Espíritu de Dios lo ha convertido.

Y en 1 Juan 3: 9 tenemos el mismo pensamiento planteado de otra forma: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.” Es decir, la inclinación de la vida del cristiano no es hacia el pecado. No sería una descripción justa de su vida decir que vive en pecado; por el contrario, lucha y contiende contra el pecado, porque posee un principio interno que no puede pecar. La nueva vida no peca; es nacida de Dios, y no puede transgredir; y aunque la vieja naturaleza está en guerra contra ella, sin embargo la nueva vida prevalece de tal manera en el cristiano, que es guardado de vivir en pecado.

Nuestro Salvador, en Su sencilla enseñanza del Evangelio a la mujer samaritana, le dijo (Juan 4: 13) “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” Ahora, si nuestro Salvador le enseñó esto a una mujer pecadora e ignorante, en Su primera entrevista con ella, yo entiendo que esta doctrina no está reservada al círculo interno de santos ya maduros, sino que debe predicarse ordinariamente entre la gente común, y que debe considerarse como un privilegio extremadamente bendito. Si ustedes reciben la gracia que Jesús imparte a sus almas, será como la mejor parte que María escogió, no les será arrebatada; morará en ustedes, no como el agua en una cisterna, sino como una fuente viva que salta para vida eterna.

Todos nosotros sabemos que la vida que es dada en el nuevo nacimiento está íntimamente conectada con la fe. Ahora, la fe es en sí misma un principio conquistador. En la Primera Epístola de Juan, que es un gran tesoro de argumentación (1 Juan 5: 4) se nos dice: “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” Vean, entonces, que lo que es nacido de Dios en nosotros, es decir, la nueva vida, es un principio conquistador; no se sugiere para nada que puede ser derrotada alguna vez: y la fe, que es un signo exterior, es en sí misma una eterna triunfadora.

Por lo tanto, necesariamente, porque Dios ha implantado una vida tan maravillosa en nosotros, sacándonos de las tinieblas y llevándonos a Su luz admirable, porque nos ha engendrado nuevamente a una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de los muertos, porque el eterno y siempre bendito Espíritu ha venido para habitar en nosotros, nosotros concluimos que la vida divina en nosotros, nunca morirá. “Proseguirá el justo su camino.”

El segundo argumento para el cual solicito la atención de ustedes se deduce de las declaraciones expresas del propio Señor. Aquí vamos a examinar nuevamente el Evangelio de Juan, y en su bendito capítulo tercero, donde nuestro Señor estaba explicando el Evangelio de la manera más sencilla posible a Nicodemo, y le encontramos poniendo mucho énfasis en el hecho que la vida que se recibe por la fe en Él, es eterna. Miren a ese precioso versículo, el catorce: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Por lo tanto, ¿acaso creen en Él los hombres y sin embargo perecen? ¿Acaso creen en Él y reciben una vida espiritual que llega a un final? No puede ser, pues “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda”: pero él se perdería si no perseverara hasta el fin; y por lo tanto debe perseverar hasta el fin. El creyente tiene vida eterna, ¿cómo entonces puede morir, y dejar de ser un creyente? Si no permanece en Cristo, evidentemente él no tiene vida eterna, por lo tanto permanecerá en Cristo hasta el fin. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Algunos replican a esto que un hombre puede tener vida eterna y sin embargo perderla. A eso respondemos que las palabras no pueden significar eso. Tal afirmación es una contradicción clara. Si se pierde la vida el hombre está muerto; entonces ¿cómo pudo tener vida eterna? Es claro que sólo tenía una vida que duró por un tiempo: ciertamente no tenía vida eterna, pues si la hubiera tenido, habría vivido eternamente. “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3: 36). Los santos en el cielo poseen vida eterna, y nadie espera que mueran. Su vida es eterna; pero la vida eterna es vida eterna, ya sea que la persona que la posea habite en la tierra o en el cielo.

No necesito leer todos los pasajes en los que se enseña la misma verdad; pero más adelante, en Juan 6: 47, nuestro Señor le dijo a los judíos: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.” No una vida temporal, sino “vida eterna.” Y en el versículo 51 dijo: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre.” Y luego viene esa famosa declaración del Señor Jesucristo, que, si no existiera ninguna otra, sería más que suficiente para demostrar nuestro punto. Juan 10: 28: “Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie (la palabra “hombre” no está en el original) las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. ¿Qué significado tiene sino éste: que Él ha agarrado a Su pueblo, y que tiene la intención de sostenerlo muy seguramente en Su poderosa mano?

“¿Dónde está el poder que puede alcanzarnos allí,
O, quién podrá arrebatarnos de Su mano?”
Por encima de la mano de Jesús que fue perforada viene la mano del Padre omnipotente como una especie de segundo agarre. “Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” Esto debe mostrar con toda seguridad que los santos están seguros de cualquier cosa y de todo lo que pudiera destruirlos, y por consiguiente están protegidos de la apostasía total.

Otro pasaje afirma también lo mismo, y es Mateo 24: 24, donde el Señor Jesús ha estado hablando de los falsos profetas que van a engañar a muchos. “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.” Y esto demuestra que es imposible que los escogidos sean engañados por ellos. De las ovejas de Cristo se dice: “Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños,” sino que por instinto divino ellos conocen la voz del Buen Pastor, y lo siguen.

De esta manera nuestro Salvador ha declarado, tan sencillamente como las palabras pueden expresarlo, que aquellas personas que son Su pueblo, poseen la vida eterna en ellos, y no perecerán, sino que entrarán en la felicidad eterna. “Proseguirá el justo su camino.”

Un argumento muy bendito para la seguridad del creyente se encuentra en la intercesión de nuestro Señor. No necesitan buscar la referencia bíblica, pues ustedes la conocen muy bien, que muestra la conexión entre la intercesión viva de Cristo y la perseverancia de Su pueblo: “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.” (Hebreos 7: 25)

Nuestro Señor Jesús no está muerto; Él ha resucitado, se ha elevado a la gloria y ahora intercede sobre la base del mérito de Su obra perfecta ante el eterno trono, y conforme intercede allí por todo Su pueblo, cuyos nombres están escritos en Su corazón, como los nombres de Israel estaban escritos en el pectoral del sumo sacerdote, Su intercesión salva a Su pueblo hasta lo sumo.

Si quisieran un ejemplo de esto, deben ver el caso de Pedro que está registrado en Lucas 22: 31, donde nuestro Señor dice: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.” La intercesión de Cristo no salva a Su pueblo de las pruebas, ni de las tentaciones, ni de ser sacudido hacia arriba y hacia abajo como el trigo en la criba, ni tampoco lo salva de una cierta medida de pecado y de dolor, pero sí lo salva de la apostasía total. Pedro fue conservado, y aunque él negó a su Señor, esto fue sólo una excepción a la grandiosa regla de su vida. Por gracia prosiguió en su camino, porque no sólo en ese momento, sino muchas otras veces, aunque pecó, tenía un abogado ante el Padre, Jesucristo el justo.

Si desean saber cómo intercede Jesús, lean con calma en sus respectivas casas ese maravilloso capítulo 17 de Juan, la oración del Señor. ¡Qué oración es esa! “Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.” Judas se perdió, pero Judas fue dado a Cristo como un apóstol y no como una de Sus ovejas. Él tenía una fe temporal, y mantuvo una profesión temporal, pero nunca tuvo vida eterna, pues de lo contrario hubiera vivido.

Esos gemidos y esos clamores del Salvador que acompañaron sus súplicas en Getsemaní, fueron escuchados en el cielo, y fueron respondidos. “Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre”; el Señor los guarda por medio de Su palabra y Su Espíritu, y los guardará. Si la oración de Cristo en Getsemaní fue respondida, con cuánta más razón es escuchada la que se eleva ahora desde el propio trono eterno.

“Con clamores y lágrimas Él ofreció
Su humilde súplica desde la tierra;
Pero con autoridad solicita ahora,
Entronado en Su gloria.

Para quienes vienen a Dios por Él,
Salvación Él demanda;
Señala sus nombres grabados en Su pecho,
Y extiende sus manos traspasadas.”
Ah, si mi Señor Jesús intercede por mí, no puedo tener temor ni de la tierra ni del infierno: Esa voz que vive y que intercede tiene poder para guardar a los santos, y también lo tiene el propio Señor viviente, pues Él ha dicho: “Porque yo vivo, vosotros también viviréis” (Juan 14:19).

Ahora tenemos un cuarto argumento. Acumulamos una segura confianza en la perseverancia de los santos por el carácter y la obra de Cristo. Voy a ser muy breve en esto, pues confío que ustedes conocen tan bien a mi Señor que no necesita ninguna palabra de recomendación de parte mía para ustedes; pero si lo conocen, dirán lo mismo que el apóstol dice en 2 Timoteo 1:12, “Porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.” Él no dijo: “yo sé en quién he creído,” como lo cita la mayor parte de la gente, sino, “yo sé a quién he creído.” Él conocía a Jesús, conocía Su corazón y Su fidelidad, conocía Su expiación y Su poder, conocía Su intercesión y Su fuerza; y él entregó su alma a Jesús por un acto de fe, y se sentía seguro.

Mi Señor es tan excelente en todas las cosas que sólo necesito darles un vislumbre de su carácter y ustedes verán lo que fue mientras habitó aquí entre los hombres. Al comienzo de Juan capítulo 13 leemos: “Como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.” Si no hubiera amado a Sus discípulos hasta el fin cuando estaba aquí, podríamos concluir que es cambiante ahora como lo fue entonces; pero si amó a Sus elegidos hasta el fin cuando todavía estaba en Su humillación aquí abajo, esto nos trae la dulce y bendita confianza que ahora que Él está en el cielo, Él amará hasta el fin a quienes confían en Él.

En quinto lugar, podemos deducir la perseverancia de los santos del tenor del pacto de gracia. ¿Les gustaría comprobarlo por ustedes mismos? Si es así, entonces vayamos al Antiguo Testamento, a Jeremías 32 y allí encontrarán el pacto de gracia expuesto bastante ampliamente. A nosotros nos bastará leer el versículo cuarenta: “Y haré con ellos pacto eterno, que no volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.” Él no se apartará de ellos, y ellos no se apartarán de Él. ¿Qué puede ser mayor garantía de su perseverancia hasta el fin? Ahora es muy claro que éste es el pacto de gracia bajo el cual vivimos, con base en la Epístola a los Hebreos, pues el apóstol cita ese pasaje con ese objetivo, en el capítulo 8. El tema va más o menos así: “He aquí vienen días, dice le Señor, en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo.”

El antiguo pacto tenía un “si” incorporado en él, y por lo tanto sufrió un naufragio; era “si ustedes obedecen entonces serán bendecidos”; y viene una falla de parte del hombre, y todo el pacto terminó en desastre. Era el pacto de obras, y bajo ese pacto estábamos en servidumbre, hasta que fuimos liberados de él e introducidos al pacto de la gracia, que no tiene ningún “si” incorporado, sino que manifiesta claramente el peso de la promesa; es “Yo haré” y ustedes “harán” en todo momento. “Seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo.”

Gloria sea dada a Dios, este pacto no dejará de tener vigencia, pues vean cómo el Señor declara su carácter durable en el libro de Isaías (54: 10): “Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti.” Y nuevamente en Isaías 55: 3: “Y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes de David.”

La idea de apartarse totalmente de la gracia es una reliquia del viejo espíritu legal, es una separación de la gracia para caer nuevamente bajo la ley, y yo les exhorto a ustedes que alguna vez que han sido esclavos emancipados, y han logrado que las cadenas de la servidumbre legal hayan sido soltadas de sus manos, nunca consientan llevar esas ataduras de nuevo. Cristo los ha salvado si en verdad ustedes creen el Él, y no los ha salvado por una semana, o un mes, o un trimestre, o un año, o veinte años, sino que Él les ha dado vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie los arrebatará de Su mano. Gócense en este bendito pacto de gracia.

El sexto argumento, que es muy poderoso, se deduce de la fidelidad de Dios. Miren a Romanos 11: 29. ¿Qué dijo el apóstol allí, hablando por el Espíritu Santo? “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios,” que quiere decir que Él no da vida ni perdona a un hombre y lo llama por gracia y luego se arrepiente de lo que ha hecho, y retira las buenas cosas que ha otorgado. “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta.” Cuando extiende Su mano para salvar no la retira hasta que la obra es consumada.

Su palabra es, “Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.” (Malaquías 3: 6). “Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá.” (1 Samuel 15: 29). El apóstol quiere que afirmemos nuestra confianza en la perseverancia sobre la confirmación que la fidelidad divina ciertamente nos la va a dar. Él dice en 1 Corintios 1: 8 “El cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.” Y nuevamente dice algo parecido en 1 Tesalonicenses 5: 24 “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.”

Desde tiempos antiguos era la voluntad de Dios salvar al pueblo que Él dio a Jesús, y de esto no se ha arrepentido, pues nuestro Señor dijo (Juan 6: 39), “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.” De esta manera se desprende de estos pasajes, y hay todavía muchos más, que la fidelidad de Dios asegura la preservación de Su pueblo, y “proseguirá el justo su camino.”

El séptimo y último argumento lo sacaremos de lo que ya ha sido hecho en nosotros. No haré más que citar las Escrituras, y dejar que penetren en sus mentes. Un bendito pasaje es el de Jeremías 31: 3: “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.” Su no hubiera querido que su amor fuera eterno, no nos habría prolongado Su misericordia, pero debido a que ese amor es eterno, por tanto nos ha prolongado Su misericordia.

El apóstol argumenta de manera muy elaborada en Romanos 5: 9, 10: “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliado con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.” No puedo detenerme para mostrarles cuán enfática es cada palabra en estos versículos, pero así es: si Dios nos reconcilió cuando éramos enemigos, Él ciertamente nos salvará ahora que somos Sus amigos, y si nuestro Señor Jesús nos ha reconciliado por Su muerte, mucho más nos salvará por Su vida; así que podemos estar seguros de que Él no dejará ni abandonará a quienes ha llamado.

¿Necesitan que traiga a sus mentes ese capítulo dorado, el octavo de Romanos, el más noble de cualquier lengua que jamás haya sido escrito por la pluma de un hombre? “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” No hay ningún rompimiento en la cadena entre justificación y glorificación: y ningún rompimiento que podamos suponer que puede ocurrir, pues el apóstol lo coloca fuera de cualquier peligro, cuando dice: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió: más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo?” Luego él nos presenta todas las cosas que podrían suponerse que separan, y dice: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”

De la misma manera, el apóstol escribe en Filipenses 1: 6. “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” No puedo detenerme para mencionar las muchas otras Escrituras en las que lo que ha sido hecho es utilizado como argumento que la obra será completada, sino que es de conformidad a la conducta del Señor terminar cualquier cosa que Él emprende. “Gracia y gloria dará Jehová,” y perfeccionará lo concerniente a nosotros.

Un maravilloso privilegio que nos ha sido otorgado es de especial significación: somos uno con Cristo por una unión íntima, vital, espiritual. El Espíritu nos enseña que gozamos de una unión de matrimonio con Cristo Jesús nuestro Señor. ¿Se disolverá esa unión? Estamos casados con Él. ¿Acaso ha dado Él alguna vez carta de divorcio? Nunca se ha dado el caso que el novio celestial haya divorciado de Su corazón a un alma elegida con quien se ha unido con los lazos de gracia.

Escuchen estas palabras del profeta Oseas 2: 19, 20. “Y te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia. Y te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás a Jehová.”

Esta maravillosa unión es explicada por medio de la figura de la cabeza y el cuerpo: nosotros somos miembros del cuerpo de Cristo. ¿Acaso los miembros de Su cuerpo pueden descomponerse? ¿Es amputado Cristo? ¿Se le pueden poner miembros nuevos cuando pierde los viejos? No, siendo miembros de Su cuerpo, no seremos separados de Él. “Pero el que se une al Señor,” dice el apóstol, “un espíritu es con él,” y si somos hechos un espíritu con Cristo, esa unión misteriosa no permite la suposición de una separación.

El Señor ha hecho otra grandiosa obra en nosotros, pues nos ha sellado con el Espíritu Santo. La posesión del Espíritu Santo es el sello divino que tarde o temprano es colocado en todos los elegidos. Hay muchos pasajes en los que se habla de ese sello, y es descrito como una prenda, una prenda de la herencia. Pero ¿cómo una prenda si después de recibirla, no alcanzamos la posesión adquirida?

Reflexionen en las palabras del apóstol en 1 Corintios 1: 21, 22: “Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría.”(1) Con el mismo objeto, el Espíritu Santo habla en Efesios 1: 13, 14: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.”

Amados hermanos, tenemos la certeza que si el Espíritu Santo habita en nosotros, Él que levantó a Jesucristo de los muertos, guardará nuestras almas y dará vida a nuestros cuerpos mortales y nos presentará perfectos ante la gloria de Su rostro en el último día. Por tanto hacemos un resumen de nuestro argumento con la expresión confiada del apóstol cuando dijo (2 Timoteo 4: 18), “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.”

II. Ahora, ¿cómo APLICAREMOS PRÁCTICAMENTE ESTA DOCTRINA? La primera aplicación es para animar al hombre que va camino al cielo. Proseguirá el justo su camino.” Si yo tuviera que realizar un viaje muy largo, digamos de Londres a John o’ Groats, confiando en que mis pobres piernas débiles me lleven, y con un peso que cargar también, podría comenzar a desesperarme, y, ciertamente, el propio primer día de camino me noquearía: pero si yo tuviera una seguridad divina que me afirma categóricamente: “Tú proseguirás tu camino, y llegarás a tu destino,” yo siento que me cobraría ánimos para alcanzar la tarea. Difícilmente alguien se lanzaría a una jornada difícil sino creyera que puede terminarla, pero la dulce seguridad que alcanzaremos nuestro hogar, nos lleva a cobrar ánimos.

El tiempo es lluvioso, húmedo, muy ventoso, pero debemos proseguir, pues el fin está garantizado. El camino es muy difícil, y corre por colinas y valles; respiramos agitadamente y nuestras piernas nos duelen; pero como vamos a llegar al fin de nuestro camino, proseguimos a la meta. Estamos a punto de arrastrarnos a cualquier casa y acostarnos para morir de cansancio, diciendo: “Nunca voy a completar mi tarea;” pero la confianza que hemos recibido nos pone de pie nuevamente, y proseguimos.

Para el hombre de corazón recto, la garantía de éxito es el mejor estímulo para trabajar. Si así es, que voy a vencer al mundo, que voy a conquistar el pecado, que no voy a ser un apóstata, que no voy a abandonar mi fe, que no voy a arrojar mi escudo, que voy a llegar a casa siendo un conquistador, entonces voy a actuar como un hombre y voy luchar como un héroe. Esta es la razón por la que las tropas británicas han ganado la batalla a menudo, porque los jóvenes que tocan los tambores no saben cómo llamar a retirada, y las tropas no creen en la posibilidad de la derrota. Muchas veces fueron derrotados por los franceses, eso dicen los franceses, pero ellos no querían creerlo, y por lo tanto no huían. Ellos sentían que ganaban, y por tanto permanecían como rocas sólidas en medio de la terrible artillería del enemigo hasta que se declaraba la victoria a su favor.

Hermanos, nosotros haremos lo mismo si nos damos cuenta que somos preservados en Cristo Jesús, guardados por el poder de Dios por medio de la fe para salvación. Cada creyente verdadero será un conquistador, y esta es la razón para pelear una buena guerra. Está preparada para nosotros una corona de vida en el cielo que no perderá su color. La corona está preparada para nosotros, y no para quienes vienen de manera imprevista. La corona reservada para mí es tal que nadie más puede usarla; y si es así, entonces voy a combatir y voy a esforzarme hasta el fin, hasta que el último enemigo sea vencido, y la muerte misma esté muerta.

Otra aplicación es esta: qué estímulo es este para los pecadores que desean la salvación. Debe guiarlos a venir y recibir esto con un deleite agradecido. Quienes niegan esta doctrina ofrecen a los pecadores una pobre salvación devaluada, que no vale la pena, y no es sorprendente que los pecadores no se queden con ella. Así como el Papa dio Inglaterra al rey de España (si hubiera podido obtener ese país) así ellos ofrecen la salvación de Cristo si un hombre puede merecerla por medio de su propia fidelidad.

De conformidad con algunas personas, la vida eterna es dada a ustedes, pero puede ser que no sea eterna; puedes perderla, puede durar sólo un poco de tiempo. Cuando yo no era más que niño, me preocupaba porque veía a algunos de mis jóvenes compañeros, que eran un poco mayores que yo, cuando se convertían en aprendices y llegaban a Londres, que se convertían en personas viciosas; he escuchado los lamentos de sus madres, y he visto sus lágrimas por sus hijos; he escuchado a sus padres que expresaban su amarga pena por esos muchachos, a quienes yo había conocido en mi clase, como muy buenas personas, como yo no hubiera podido serlo jamás, y me inquietaba con horror la idea que yo tal vez podría pecar como ellos. Ellos no guardaban el día del Señor; hubo un caso de un robo de una caja fuerte para irse de farra el domingo. Simplemente pensar en eso me aterraba; yo anhelaba mantener un carácter sin mancha y cuando escuché que si yo entregaba mi corazón a Cristo, Él me guardaría, eso fue precisamente lo que me conquistó; parecía un seguro de vida celestial para mi carácter, que si yo me entregaba verdaderamente a Cristo, Él me salvaría de los errores de la juventud, me preservaría en medio de la tentaciones de la edad adulta, y me guardaría hasta el fin. Me agradaba el pensamiento que si yo era hecho justo por la fe en Cristo Jesús, proseguiría mi camino por el poder del Espíritu Santo. Eso que me agradó en mi niñez es aún más atractivo para mí en mi edad adulta: yo estoy feliz de predicarles una salvación cierta y eterna.

Siento que tengo algo que ofrecerles el día de hoy, que es digno de la pronta aceptación de cada pecador. No tengo las condiciones de “si” ni “pero” para diluir el puro Evangelio de mi mensaje. Aquí está: “El que creyere y fuere bautizado será salvo.” Se me cayó un pedazo de hielo al piso ayer, y le dije a alguien que estaba conmigo en la habitación “¿acaso no es eso un diamante?” “Ah,” me respondió, “no lo dejarías en el piso, te lo garantizo, si fuera un diamante de ese tamaño.”

Pero yo tengo un diamante aquí, ¡vida eterna, vida para siempre! Me parece que se darán prisa para tomarlo de inmediato, para que sean salvos ahora, para ser salvados en la vida, para ser salvados en la muerte, para ser salvados en la resurrección, para siempre, por el poder eterno y el amor infinito de Dios. ¿Acaso no vale la pena tener esto? Pobre alma, agárralo; tú puedes tenerlo simplemente creyendo en Jesucristo, o, en otras palabras, confía tu alma a Él. Deposita tu eterno destino en este banco divino, y luego puedes decir, “Porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.” Que el Señor los bendiga, por Cristo nuestro Señor. Amén.

Nota del Traductor: En la publicación original del sermón está establecida esta cita sin embargo la fuente correcta es 2 Corintios 1: 21,22, favor de tomar nota y hacer sus cambios correspondientes.

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10
mar

CRISTO Y EL CREYENTE

CRISTO Y EL CREYENTE

Por Robert Murray M’Cheyne

«Como el lirio entre las espinas, as! es mi amiga entre las doncellas. Como el manzano entre los árboles silvestres, as! es mi amado entre los mancebos: bajo la sombra del deseado me senté con gran deleite y su fruto fue dulce a mi paladar» (Cantar de los Cantares 2:2‑3).

Si una persona no convertida fuese llevada al cielo, don­de está Cristo sentado en gloria, y oyese las palabras de amor que Cristo, lleno de admiración, dirige al creyente, he podría entenderlas; no podría comprender cómo Cristo pue­de descubrir belleza alguna en la despreciable gente religiosa a quien él, en el fondo de su corazón, menosprecia. Y si un inconverso pudiese oír a un cristiano en sus devociones cuan­do realmente ha transpuesto el velo y se enterase de sus pala­bras de admiración y amor hacia Cristo, tampoco podría en modo alguno comprenderlas; no le sería posible entender cómo el creyente puede tener tan encendido amor hacia un ser que no ha visto, en quien él mismo no ve atractivo ni her­mosura. Tan cierto es ‑las Sagradas Escrituras lo declaran ­que el hombre natural no conoce las cosas del Espíritu de Dios, ni las puede entender, porque le son locura.

Quizá algunos de los que me oyen sienten un profundo desprecio hacia el pueblo piadoso ‑¡están tan cargados de manías, tienen escrúpulos de conciencia por tales nimieda­des, parecen siempre tan graves y poco amigos de la diver­sión!‑ que no pueden soportar su compañía. Bien, veamos, pues aquí lo que Cristo piensa acerca de ellos: “Como el lirio entre las espinas, así es mi amor entre las doncellas”. ¡Cuán diferentes sois vosotros de Cristo! Hay aquí quizá alguno de los que me oyen que no tiene ningún deseo por Cristo, que nunca piensan en Él con placer. Muchos de vos­otros no veis en Él atractivo ni hermosura, ni belleza algu­na que os le haga desear, ni amáis la melodía de su nombre, ni podéis orar a Él continuamente. Veamos ahora lo que el creyente piensa de Cristo: “Como el manzano entre los ár­boles silvestres, así es mi amado entre los mancebos; bajo la sombra del deseado me senté y su fruto fue dulce a mi paladar”. ¡Oh, que al pensar vosotros en lo diferentes que sois de Cristo y del creyente, despertarais a la triste reali­dad de que todavía os encontráis en la condición perdida del hombre natural, del hombre no nacido de nuevo y, por consiguiente, estáis bajo la ira de Dios!

Doctrina. ‑ El creyente es inefablemente precioso a los ojos de Cristo y Cristo inefablemente precioso a los ojos del creyente.

I. CONOCED LO QUE CRISTO PIENSA DEL CRE­YENTE. ‑ “Como el lirio entre las espinas, así es mi ami­ga entre las doncellas.”

Cristo no ve nada tan suave y hermoso en todo este mundo, como el creyente. El resto del mundo es como espi­nas, pero el creyente es como un bello lirio en sus ojos. Si mientras andamos por un desierto vemos que todo lo que crece son cardos y espinas, pero nuestros ojos tropiezan con alguna fina flor, pequeña y blanca, pura y fragante, que crece en medio de las espinas, nos parece peculiarmente bella. Si fuese en medio de un jardín entre muchas otras flores, entonces su valor no resaltaría de forma tan nota­ble. Pero cuando se halla rodeada por todos los lados de es­pinas, entonces llama nuestra atención. Tal es el creyente a los ojos de Cristo: “Como el lirio entre las espinas, así es mi amiga entre las doncellas”.

1. Ved lo que Cristo piensa del mundo no convertido a Dios. Es como un campo lleno de cardos y espinas. Pri­meramente, a causa de su esterilidad, su falta de fruto. “¿Cógense uvas de los espinos o higos de los abrojos?” Así Cristo no halla fruto del mundo no convertido. Todo él le es como un desierto espinoso.

En segundo lugar, porque cuando la palabra de Dios les es anunciada, es como cuando se siembra entre espinas. “Haced barbecho para vosotros y no sembréis sobre espi­nas” (Jeremías, 4:3). Cuando el sembrador ha sembrado, parte de su simiente ha caído entre espinas y las espinas la ahogan cuando empiezan a brotar. Tal es el resultado de la pre­dicación en los inconversos.

En tercer lugar, porque su fin será como el fin de las espinas. Son secas y solamente sirven para ser quemadas. “,Como las espinas, se cortarán, y serán arrojadas al fuego”. “P rque la tierra que embebe el agua que muchas veces vino sobre ella y produce solamente espinas y abrojos, es reprobada y cercana de maldición, cuyo fin será el ser abra­sada’.

Mis amigos, si vosotros estáis sin Cristo, ved lo que sois ante los ojos de Cristo; espinas. Pensáis que tenéis cualidades admirables, que sois miembros valiosos de la so­ciedad en que vivis, y tenéis la esperanza de que en la eter­nidad todo os irá bien. Ved lo que dice Cristo: “Vosotros sois espinas y cardos, inútiles en este mundo y aprovecha­bles tan sólo para ser quemados”.

2. Ved lo que Cristo piensa del creyente. “Como el lirio entre las espinas, así es mi amada entre las doncellas”. El creyente es como una fina flor a los ojos de Cristo. Pri­meramente, porque está justificado ante los ojos de Cristo, purificado con su sangre y limpio como puro y blanco lirio. Cristo no puede descubrir mancha alguna en su propia jus­ticia y, por ello, ve mancha en el creyente. “Tú eres her­mosa, amiga mía; como el lirio entre las espinas, así es mi amada”.

En segundo lugar, porque el creyente ha experimenta­do un cambio de naturaleza, es ‑‑‑en términos bíblicos‑‑ una nueva criatura, ha nacido de nuevo. En un tiempo fue como un estéril y espinoso cardo, cuyo único fin era el ser que­mado. Sin embargo, ahora Cristo ha puesto un nuevo espíritu en él; la semilla ha sido puesta en él y crece como lirio. Cristo ama la nueva criatura. “Toda mi delicia está en ellos”. “Como el lirio entre las espinas, así es mi amada entre las doncellas”. ¿Eres cristiano? Entonces nunca olvides que aunque el mundo te desprecie, aunque te insulte y se burle, recuerda: Cristo te ama; Él te llama “mi amiga”. Habita en Él y habitarás en su amor. “Si permaneciereis en mi pa­labra, seréis verdaderamente mis discípulos”.

En tercer lugar, a causa de los pocos que sois en el mun­do. Observad que hay un solo lirio y muchas e4pinas. Hay un gran desierto lleno de espinas y sólo una solitaria flor. Así hay un mundo puesto en maldad y un pequeño rebaño que cree en Jesús. Algunos creyentes están apesadumbra­dos por el hecho de sentirse solos, e incluso llegan a dudar de si en verdad caminan por los senderos de la justicia. No os desaniméis. Es precisamente una nota característica del pueblo de Cristo el sentirse solos en el mundo, pero en reali­dad no estáis solos.

Ésta es precisamente una de las muchas bellezas que Cristo encuentra en su pueblo. Que se halla solo en medio de un mundo de espinas. “Como el lirio entre las espinas”.

No te desanimes, no desfallezcas. Este mundo es un mundo de solitarios. Cuando seas trasplantado allí al jar­dín de Dios, nunca más estarás solo y además serán elimi­nadas todas las espinas. Como las flores en un bello jardín despiden todas sus miles de perfumes para enriquecer con su olor el ambiente, así en el paraíso celestial tú te unirás a los miles de redimidos exhalando con ellos la fragancia de tu alabanza.

II. CONOCED LO QUE EL CREYENTE PIENSA DE CRISTO. ‑ “Como el manzano entre los árboles sil­vestres, así es mi amado entre los mancebos, bajo la som­bra del deseado me senté y su fruto fue dulce a mi paladar”.

1. Cristo es para el creyente más precioso que todos los demás salvadores, ya que, aunque no los hay, muchos los consideran como a tales. Como un viajero prefiere un manzano a todo otro árbol silvestre porque halla en él refu­gio y alimento nutritivo, así el creyente prefiere a Cristo a todo otro Salvador. Cuando un hombre viaja a través de países meridionales a menudo se cobija bajo un árbol para guarecerse de los ardientes rayos del sol, y i qué refrigerio halla cuando llega a un bosque! Cuando los israelitas andu­vieron peregrinando a través del desierto, vinieron a Elim, en donde había doce pozos de agua y setenta palmeras y acamparon allí porque había agua. Se gozaron bajo la som­bra del refrescante palmeral. Así Ezequiel promete que el pueblo de Dios “habitará en el desierto en seguridad y dor­mirá en los bosques”.

Pero si el viajero siente hambre y necesita alimento, entonces no puede quedar contento con ningún árbol del bos­que, sino que prefiere un árbol fruta], bajo el cual pueda sentarse y hallar tanto alimento, como sombra y cobijo. Si ve un manzano, por ejemplo, él lo preferirá a cualquier otro árbol del bosque, pues de él y bajo de él comerá su delicio­so fruto y hallará sombra. Así sucede con el alma desper­tada por Dios. Ve cómo se cierne amenazadora sobre su ca­beza la ira de Dios, descubre que reside en un mundo mal­dito, es llevada al desierto y está a punto de perecer; enton­ces acude a un bosque, y muchos árboles le ofrecen su som­bra: ¿dónde se sentará? ¿bajo algún abeto? Pero ¡ay! ¿Qué fruto le ofrece el árbol? Morirá allí. ¿Se cobijará bajo el cedro ‑de poderosas ramas? ¡Ay! que también allí perece­rá, por cuanto también carece de fruto. El alma que ha aprendido de Dios, anhela y busca una salvación completa en un completo Salvador. El manzano, siguiendo la figura, es entonces revelado al alma. El alma hambrienta siempre escoge esto. Necesita ser salvada del infierno y nutrida para el cielo. “Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los mancebos”.

Almas despertadas, recordad que no debéis sentaros bajo todo árbol que se os ofrece. “Mirad que nadie os enga­ñe, porque vendrán muchos en mi nombre diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán”. Hay muchas mane­ras de decir “Paz, paz” no habiendo paz. Seréis tentados a buscar la paz en el mundo, en el mérito del propio arre­pentimiento o en las penitencias, en una reforma fruto de vuestra carne. Recordad que debéis elegir el árbol que os ofrezca sombra y alimento. “Como el manzano entre los árbo­les silvestres, así es mi amado entre los mancebos”. Rogad a Dios que os enseñe a escoger vuestra fe, invocad a Dios os conceda un ojo que pueda discernir cuál es el manzano. i Oli, no hay descanso para el alma sino sólo bajo el árbol que Dios ha plantado! El deseo y la oración de mi corazón en favor vuestro, es que todos podáis hallar descanso bajo ted árbol.

2. ¿Por qué tiene el creyente tan alta estima de Cristo?

Primeramente, porque el creyente ha gustado a Cris­to. “Bajo la sombra del deseado me senté y su fruto fue dul­ce a mi paladar”. Todos ‑los verdaderos creyentes se han sentado bajo la sombra de Cristo. Muchas personas se creen que porque tienen un conocimiento intelectual de Cristo, ya son salvas. Leen de Cristo en la Biblia, oyen de Cristo en el templo de Dios, y piensan que son cristianas. ¡Cuida­do, mis Amigos! ¿De qué os aprovechará lograr un conoci­miento de la existencia del manzano? ¿Os hago, acaso, sólo su descripción refiriéndoos su belleza y quizá hablándoos fría y. amargamente de su delicado fruto? ¿No os ¡noto a comer de él y no lo hago como uno que ha probado espiri­tualmente su dulce sabor? Si yo fuese enviado a vosotros para enseñaros. sólo un cuadro del árbol, o mi misión con­sistiese en solo mostrarnos dónde se halla el árbol para que lo miraseis solamente de lejos, ¿no os quejaríais de que no os serviría de ningún provecho? No disfrutaríais ni de su buena sombra, ni de su delicioso fruto. Pero os anuncio un árbol, un manzano que está a vuestro alcance, y a vuestra disposición.

Del mismo modo queridos hermanos, ¿qué bien podréis obtener de Cristo si solamente oís de Él en los libros o ser­mones, o é1 solamente le veis en dibujos y vuestra visión de Él es la visión que sólo se puede lograr con el ojo corpo­ral? ¿De qué os aprovechará todo ello si no os sentáis bajo su sombra? ¡Oh, amigos míos, debe haber un sentarse per­sonal bajo la sombra de Cristo, si queréis ser salvos! Cris­to es la zarza ardiente, que, aunque quemada, no ha sido consumida. Es, amigos, un lugar seguro para descansar toda aliná que estaba reservada para el infierno.

Hay muchos que, al oírme, podrían decirme: “Yo me senté bajo su sombra” aun cuando ahora parecen haberlo olvidado. ¿No es cierto que, vueltos de Cristo, han ido tras los amantes? Y ¿no ha sembrado Dios vuestros caminos de espinas para haceros volver? “Vuélvete, vuélvete, oh, sunamita”. No hay otro refugio para tu alma. Ven y siéntate otra vez bajo la sombra del Salvador.

En segundo lugar, porque su fruto fue dulce a su pa­ladar. “Bajo la sombra del deseado me senté y su fruto fue dulce a mi paladar”.

La mayoría de las personas piensan que no hay gozo en la religión, que es algo triste o trágico. Cuando se con­vierte un joven, muchos dicen de él: ¡Ay de él! ya puede despedirse de los placeres, de las alegrías de la juventud, y decir adiós al corazón alegre. Habrá de cambiar estos pla­ceres por la lectura de la Biblia y por los áridos sermones, así como también por una vida de gravedad y piadosos ac­tos de rectitud extrema”. Esto es lo que el mundo dice.

¿Qué dice, no obstante, la Biblia? “Su fruto fue dulce a mi paladar”. ¡Ah, sea Dios verdadero y todo hombre men­tiroso, aunque nadie pueda creer esto, excepto sólo quienes ya lo han probado! No os engañéis, vosotros, jóvenes; el mundo tiene muchas delicias sensuales y pecani1nosas. las delicias de las comidas y bebidas ‑‑digamos banquetes y banqueteos‑‑‑, las delicias de ir a la moda hasta el extremo de vivir esclavos de. ella, las delicias de las fiestas y del bai­le. Nadie que sea sabio ‑ni yo mismo‑ negará que estas cosas son cosas deliciosas al corazón natural, pero ¡oh! pe­recerán y terminarán con el castigo eterno. Sentarse bajo la sombra de Cristo, apesadumbrado y quebrantado por el temor de la ira de Dios, entristecido por el cansancio de una estéril búsqueda de la salvación que ofrecen quienes no son salvadores y encontrar al fin descanso verdadero bajo la sombra de Cristo, ¡ah, esto id que es una gran delicia! ¡Señor, que siempre permanezca cobijado bajo esta sombra!

Hay personas que abrigan sus temores con respecto al gozo cristiano. Ellas mismas no lo tienen y les desagrada ver­lo en otros. Su religión es algo así como las estrellas, muy altas y muy claras, pero también muy frías. Cuando en otros ven lágrimas de ansiedad o lágrimas de gozo, protes­tan diciendo: ¡entusiasmo, entusiasmo! Bien, entonces ape­lemos “a la ley y al testimonio”. “Su fruto fue dulce, agra­dable a mi paladar” o como traducen otros textos: “bajo su sombra me senté con gran delicia”. ¿ Es entusiasmo esto?

¡Que el Señor pueda henchirnos con el gozo y la paz inefables de la le! Si ellos, el gozo y la paz, realmente tienen como fundamento la palabra de Dios y están amparados bajo la sombra de Cristo, nada habrá que impida vuestro gozo. no habrá ataduras para vuestra alegría. ¡Oh, si Dios abriese solamente vuestros ojos y os diese una fe sencilla, infantil, para mirar a Cristo, para sentaros bajo su sombra, entonarías entonces himnos de gozo que brotarían de vuestras entrañas. “Gozáos en el Señor siempre; otra vez os digo que os gocéis”.

En tercero y último lugar, porque el fruto de Cristo es dulce al paladar. Todos los verdaderos creyentes no sólo se sientan bajo la sombra de Cristo, sino que además partici­pan de su delicioso fruto. Del mismo modo que cuando vos­otros os sentáis debajo de un manzano, el fruto pende sobre vosotros y en derredor. vuestro a vuestro alcance y os invi­ta a alargar la mano para llevároslo a la boca, así también cuando venís a someteros a la justicia de Dios y os halláis, inclinada vuestra cabeza, sentados bajo la sombra de Cristo, todas las demás cosas os son añadidas. Las misericordias de que nos rodea Dios, las que podríamos llamar tempora­les, son dulces al paladar. Solamente en aquellos de vos­otros que sois verdaderamente cristianos y que os sentáis bajo la sombra de las bendiciones temporales de Cristo y de las misericordias del pacto, se cumplirá aquella promesa bíblica que dice: “Se le dará su pan y sus aguas serán cier­tas”. Éstas son dulces manzanas del árbol de Cristo. ¡Oh, cristianos! decidme, ¿no os es el pan más dulce cuando lo coméis así, con tal confianza? ¿No es el agua más deliciosa que el vino, y las legumbres de Daniel mejor que las golo­sinas de la mesa del rey?

Las aflicciones son dulces al paladar. Toda buena man­zana tiene algo de amargor. As! sucede con las manzanas del árbol de Cristo. Él nos rodea de aflicciones, tanto como de misericordias y bienes; así hace que a veces nuestros dientes tengan dentera con el amargor. Sin embargo, aun esto constituye una bendición, aunque oculta, y forma parte de los dones que nos han sido legados con su bendito pacto. ¡Oh! la aflicción es una tragedia cuando no se está bajo la sombra de Cristo. Pero ¿sois cristianos? Mirad, pues, a vuestras penas como manzanas del bendito árbol. Si supie­seis cuán saludables os han de resultar, en modo alguno de­searíais que os faltasen. “El dolor que es según Dios, obra arrepentimiento saludable, de que no hay que arrepentir­se; mas el dolor del siglo obra muerte” (II Cor. 7:10). Al­gunos de vosotros sabéis que no digo ninguna contradicción al afirmar: “Estas manzanas, aunque amargas, son dul­ces a mi paladar”.

Los dones del Espíritu son dulces al paladar. ¡Ah? he aquí el mejor fruto que produce el árbol, he aquí las más finas y sabrosas manzanas colocadas en las ramas más altas del árbol. Los creyentes saben cuán a menudo su alma des­fallece. He aquí ahora alimento para vuestra alma decaída. Todo lo que necesitáis está en Cristo. “Bástate mi gracia”. Querido hermano, siéntate mucho bajo aquel árbol, con­fórtate mucho con su alimento. “Sustentadme con frascos, corroboradme con manzanas, porque estoy enferma de amor”.

Las promesas de la gloria son dulces al paladar. Al­gunas de las manzanas tienen ‑diríamos‑‑‑ sabor “a cielo”. Comed de ellas, amados creyentes. Algunas dé las manza­nas de Cristo os harán disfrutar tanto como se deleitaron los israelitas al comer de la fruta de Canaán, al comer los deliciosos racimos de Escol. “¡Señor, dame siempre de estas manzanas, porque son dulces a mi paladar!”

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9
mar

La Soberanía de Dios en la Salvación (Romanos 9:1-24)

La Soberanía de Dios en la Salvación

(Romanos 9:1-24)

Por Robert Deffinbaugh

Traducido por Juanita Contesse G.

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Introducción

Al acercarse el tiempo en que mi seminario de entrenamiento llegaba a su fin, tenía que pensar en lo que haría después de la graduación y dónde desarrollaría aquello que deseaba hacer.  En mi mente había determinado que Houston, Texas, era uno de los lugares donde no deseaba ir.  Aunque siempre decía que Houston estaba fuera de mi planes, de alguna manera pensé seriamente que no consideraría ninguna solicitud que viniera de allí.  En ese tiempo, internamente saqué a Houston de la lista negra que había hecho en mi corazón:  “Está bien, Dios.  Incluso consideraré Houston”, suspiré.  Esa noche, un grupo de Houston me telefoneó, a quienes nunca había contactado.  Aún cuando consideré la oportunidad de ministrar allí, debo admitir que sentí bastante alivio cuando no se materializó.

Aunque nos gusta creer que estamos completamente sometidos a la soberanía de Dios, virtualmente todos tenemos algunas áreas que conciente o inconcientemente hemos rodeado con una reja, como si Dios pudiera ser ‘soberano’ sólo en algunas áreas de nuestra vida y no en otras.  La mayoría de los cristianos profesan creer en la soberanía de Dios, pero se rehúsan a concederle que obre en algunas áreas.  Generalmente, la muerte es asignada a la categoría de la soberanía de dios, pues no tenemos control alguna sobre ella.  Los desastres son considerados materia de la soberanía divina sobre los cuales incluso los incrédulos se refieren a ellos, como ‘obras de Dios’.

La mayoría del evangelicalismo se rehúsan a otorgar su obra a la soberanía de Dios cuando llegan a la salvación de los pecadores,  aunque ese rechazo podría cambiar el hecho de Su soberanía.  Están deseando conceder a Dios la gran parte del crédito por el trabajo de Cristo en la cruz y la del Espíritu Santo, en llevar a los hombres a la fe.  Pero no admiten que Dios está en completo control (pues esto es precisamente la soberanía -el completo control) de la salvación de los pecadores perdidos.  Aunque asintamos que los hombres tienen un rol en este proceso, está absolutamente claro que Dios tiene el control, el completo control del proceso.

Este debate sobre la relación entre el rol que tiene Dios en la salvación y el que tiene el hombre, puede parecer como que está reservado sólo para los académicos.  Pero esto no es verdad, pues la soberanía de Dios en la salvación es un doctrina demasiado importante, como lo señaló Martín Lutero:

“Por lo tanto, para el cristiano no es irreverente, inquisitivo o trivial, sino que útil y necesario determinar si la voluntad se involucra algo o nada en los asuntos relacionados con la salvación eterna…  Si desconocemos estas cosas, no sabremos nada del resto de los asuntos cristianos, y serán peores que cualquier pagano…  Por lo tanto, cualquiera que no las conoce, puede confesar que no es un cristiano.  Pues si ignoro lo que puedo hacer, cómo hacerlo y cuán lejos puedo llegar en mi relación con Dios, será igualmente incierto y desconocido lo que Dios puede hacer conmigo, cuánto puede hacer Él por mí y cuán lejos puede llegar en relación conmigo…  Y cuando la obra y el poder de Dios son desconocidos por mí, no puedo alabarlo, adorarlo, agradecerle y servirle, por cuanto desconozco lo que debo atribuirme a mí mismo y lo que debo atribuirle a Dios.  Por lo tanto, nos corresponde a nosotros saber distinguir con certeza entre el poder de Dios el nuestro.  Entre la obra de Dios y la nuestra, si deseamos vivir una vida en Él”[1]

¿Qué significa cuando decimos que Dios es soberano en la salvación?  Charles H. Spurgeon lo ha señalado, al igual que puede ser señalado por los hombres:

“Primero, entonces, la Soberanía Divina Ejemplificada en la Salvación.  Si cualquier hombre es salvo, lo es por la gracia divina y sólo por la gracia divina; la razón de su salvación no se encuentra en él, sino en Dios.  No somos salvos como resultado de algo que hagamos o que deseemos, sino que haremos y desearemos como resultado de la buena voluntad de Dios y de la obra de Su gracia en nuestros corazones.  Ningún pecador puede obstruir a Dios; es decir, el hombre no puede adelantársele, no puede anticipársele.  Dios está siempre primero en la salvación.  Él está antes que nuestras convicciones, antes que nuestros deseos, antes que nuestros temores y esperanza.  Todo lo que es bueno en nosotros o lo  será bueno, está precedido por la gracia de Dios y es el efecto de una causa divina en ella”[2]

“Nuevamente, la gracia de Dios es soberana.  Lo que significa que Dios tiene el derecho absoluto de otorgar esa gracia donde Él quiera y para quitarla cuando Él quiera.  No está limitado a darla a algún hombre determinado y menos a todos los hombres; si Él determina otorgarla a alguien en especial y no a otro, Su respuesta es:  “¿Es tu ojo ruin porque el mío es malo?  ¿No puedo hacer lo que yo deseo?  Tendré misericordia con el que tendré misericordia”"[3]

Las Escrituras dicen lo mismo, enfática y claramente:

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero”  (Juan 6:44).

“Y dijo:  Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre”  (Juan 6:65).

“Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna”  (Hechos 13:48).

“Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía”  (Hechos 16:14).

“Porque, ¿quién entendió la mente del Señor?  ¿O quién fue su consejero?  ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?  Porque del, y por él, y para él, son todas las cosas.  A él sea la gloria por los siglos.  Amén”  (Hechos 11:34-36).

“Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito:  El que se gloría, gloríese en el Señor”  (1ª Corintios 30:31).

“…porque estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”  (Filipenses 1:6).

“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”  (Tito 3:5).

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”  (Hebreos 12:2).

Aquellos que son salvos, los son porque Dios les ha elegido para salvación.  El Espíritu Santo ha dado vida a un espíritu muerto y comprensión a una mente cegada por el pecado y por Satanás.  Los que son salvos pueden decir que han elegido a Dios; pero sólo después que Dios les ha elegido para salvación:

“No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé”  (Juan 15:16).

El otro lado de la ecuación, también es verdad.  Aquellos que están perdidos eternamente, lo son porque Dios no los eligió para salvación:

“Después oí la voz del Señor, que decía:  ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?  Entonces respondí yo:  Heme aquí, envíame a mí.  Y dijo:  Anda, y di a este pueblo:  Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis.  Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad”  (Isaías 6:8-10).

“Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia y adoraron a la bestia, diciendo:  ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?  También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses.  Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo.  Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos.  También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación.  Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida de Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo”  (Apocalipsis 13:3-8).

“La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será”  (Apocalipsis 17:8).

Se debe comprender bien lo que aquí se dice.  Para ser salvos, los hombres deben confiar en Jesucristo, como la provisión de Dios para salvar a los pecadores que estaban perdidos.  Y cuando lo hacen, es porque Dios les ha dado el corazón para hacerlo.  Hombres que han ejercitado la fe fuera del corazón, Dios les ha hecho creer:

“Y circuncidará Jehová tu Dios t corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con  toda tu alma, a fin de que vivas”  (Deuteronomio 30:6).

“Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová:  Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo”  (Jeremías 31:33).

De la misma manera, cuando los hombres están eternamente perdidos, se debe a que han elegido rechazar la revelación de Dios (Romanos 1:8ss) y Su provisión para la salvación en Jesucristo.  ¿Por qué los pecadores se van al infierno?  Mueren porque no han elegido a Dios.  También porque Dios no les ha elegido para rescatarlos de su pecado y de su rebelión.  En términos más simples, los hombres no sólo van al infierno porque Dios lo ha decretado, sino porque lo merecen (ver Apocalipsis 16:4-7).[4]

Muchos textos como los citados anteriormente, reflejan claramente que la salvación no es obra nuestra, sino de Dios y que nosotros no contribuimos en nada a lo que Él todavía no nos hada dado mediante Su gracia.  En esta lección, prestaremos nuestra atención que establece con mayor fuerza que los ya leídos, la soberanía de Dios en la salvación.  La soberanía de Dios en la salvación, se puede inferir de varios textos bíblicos y se establece claramente en otros.  Pero el Capítulo 9 de Romanos, está dedicado a establecer la soberanía de Dios en la salvación.  Es el tema del texto y la conclusión de todo el Capítulo.  No está simplemente implícita o levemente señalada; sino que es declarada, probada e incluso defendida en contra de las objeciones populares de esta verdad.  Es por esta razón, que veremos la inspirada lógica de Pablo a través de los primeros 24 versículos de Romanos 9.

La Deplorable Promesa de Israel

(Romanos 9:1-5)

“Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón,  Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, bendito por los siglos.  Amén”

En los primeros ocho Capítulos del Libro de Romanos, Pablo establece la explicación más detallada y racional del evangelio de Jesucristo.  Entre Romanos 1:18-3:20, Pablo establece la doctrina de la depravación humana -esa condición pecadora y caída de todo ser humano, sin excepción- que ubica a los pecadores bajo la sentencia de la condenación divina, sin esperanza de salvación aparte de la intervención divina.  Entre Romanos 3:21-5_21, Pablo explica la provisión divina en la los pecadores pueden ser justificados por fe en Cristo.  En los Capítulos 6-8, Pablo habla de las implicaciones presentes y futuras de esta justificación por fe.

Hasta ahora, Pablo ha hablado tanto de judíos como gentiles como los receptores de la justificación por fe.  En los Capítulos 9-11, demuestra que la incredulidad de los judíos y la salvación de los gentiles, no son evidencias de un error de la Palabra de dios, sino más bien a un cumplimiento inesperado; pero preciso, de Su Palabra.  En el Capítulo 9, Pablo da a conocer que la doctrina de la elección es una manifestación de la soberanía de Dios en la salvación y que explica la incredulidad de muchos judíos y también la conversión de muchos gentiles.  Para decirlo con simplicidad, aquellos muchos judíos (y gentiles) que han rechazado la obra de Jesucristo y que por lo tanto, están perdidos eternamente, son una ilustración de la soberanía de Dios en la salvación.  Y aquellos gentiles (y judíos) que han llegado a la fe en Jesús, como el Mesías prometido, son salvos por la obra externa de la soberanía de Dios en la salvación.

Dos Observaciones Muy Importantes

Antes de considerar los detalles de este pasaje, se deben considerar dos observaciones muy importantes concernientes al texto como un todo.  Estas observaciones son necesarias, debido a aquellos que no quieren reconocer la soberanía de Dios en la salvación (incluyendo especialmente la doctrina de la elección).  Evitan evitar el tema, insistiendo que Pablo está hablando aquí de una elección corporativa y no individual, y que esta elección no está dirigida a la salvación o al tormento eterno, sino más bien a ciertas bendiciones.  El texto nos obliga fuertemente a diferir con este punto de vista y a oponernos.

Primero, deberíamos observar que los versículos 1-5, reforzados por los versículos 22-23, insisten que se trata de la salvación y de nada menos.  En términos simples, Pablo está hablando acerca del cielo y del infierno, quienes van allá y porqué.  Pablo está muy desesperado porque sus hermanos israelitas están perdidos y bajo la condenación divina.  ¿Por qué entonces dice que desea ser maldito, separado de Cristo, a favor de sus hermanos (Romanos 9:3)?  La curación no debe ser más grave que la enfermedad y es así que vemos que la enfermedad es la de los condenados eternos.

Segundo, observamos que el texto no se trata acerca de una salvación colectiva, sino que de una individual.  Decir que la salvación es colectiva, es no comprender que esto es precisamente lo que el pasaje rechaza.  Los judíos amaban la doctrina de la elección, porque aplicaban equivocadamente la elección corporativa a la descendencia de Abraham.[5]   Creían que ellos eran los elegidos de Dios  y todo el resto los no elegidos.  Creían que todos los judíos irían al cielo y todos los gentiles al infierno.  A unos pocos gentiles que primero tendrían que hacerse prosélitos, se les podría otorgar la bendición de irse al cielo.  La elección, vista de esta forma, era un deleite para los judíos.  Pero esta no es la elección que enseña la Palabra de Dios.

Esta es exactamente la clase de ‘elección’ a la que Pablo se opone.  En Romanos 9, Pablo prueba que la elección de Dios no es corporativa y que no todos los descendientes físicos de Abraham y de Jacob (también llamado Israel), eran receptores de las prometidas bendiciones de Dios.  El fallo de la nación de Israel con relación al Mesías, no fue un error de la Palabra de Dios, sino el de aquellos que presumieron que las benditas promesas de Dios, eran colectivas -con lo que se incluían en ellas a todos los judíos y excluían a todos los gentiles.  Por lo tanto, en Romanos 9:6-18, Pablo cita tres ilustraciones de la elección individual de Dios:  Isaac y no Ismael (9:6-9); Jacob y no Esaú (9:10-13) y Moisés y no el Faraón (9:14-18).

De acuerdo a lo que Pablo dice, el problema de la incredulidad judía (en Jesús como el Mesías) y de la creencia de los gentiles no se debe considerar como que si las promesas de Dios hubieran fracasado.  Más bien, la bendición de salvación de Dios jamás se ha concedido sobre la base de lo que son o hacen los hombres.  La salvación siempre ha sido sobre la base de la elección divina.  Tampoco son elegidas las personas que son ‘merecedores’, porque las que ‘no lo merecen’, no lo son.  Los que han sido elegidos, son los que no son merecedores de haberlo sido, los que cuya salvación se debe solamente a la soberana gracia de Dios.  En este Capítulo de Romanos, Pablo insiste en que Dios por último determina el destino eterno de los hombres.  Sólo aquellos que Él ha escogido le escogerán a Él.  Aquellos a quienes Él ha rechazado, le rechazarán persistentemente.  Dios elige a algunos para ser salvos y ordena la condenación eterna para el resto.  En Romanos 9, Pablo no sólo demuestra la verdad de esta afirmación a partir del Antiguo Testamente; también manifiesta las objeciones que la doctrina de la elección provoca.  Entonces las responde de un modo que defiende la doctrina de la soberanía de Dios en la salvación.

En los versículos 15, Pablo revela lo que su corazón siente con relación a sus hermanos israelitas.  No escribe como un traidor a su nación, sino como un verdadero patriota.  Él ama a sus hermanos israelitas y si pudiera, estaría dispuesto a sacrificar su vida por su salvación.  Escribe con un corazón quebrantado y con un deseo sincero de ver a su pueblo salvo.

La condición espiritual deplorable de la nación de Israel, no se debe a una falta de exposición a Dios, sino que más bien es a pesar de los privilegios espirituales no paralelos que Dios se prodiga con los judíos.  Su incredulidad, a pesar de tantos privilegios que Dios les ha otorgado, les separó de Él.  Consideremos algunos de estos privilegios:

(1)    Su adopción como hijos (su llamado a ejercitar que la soberanía de Dios gobierna sobre la tierra -Éxodo 4:22-23; 2 Samuel 7:12-6; Salmo 2:1-9; comparar con Romanos 8:18-25).

(2)    La gloria (la revelación de la gloria de Dios a los israelitas -Éxodo 40:34-35; 1 Reyes 8:10-11).

(3)    Los pactos (Génesis 12:1-3; 17:2; Deuteronomio 28-31).

(4)    La entrega de la Ley (Éxodo 20ss; Deuteronomio 5ss; Salmo 147:19).

(5)    El servicio del templo (Deuteronomio 7:6; 14:1ss; Hebreos 9:1-10).

(6)    Las promesas de Dios (Hechos 2:39; 13:32-33; Gálatas 3:13-22; Efesios 2:12).

(7)    Los patriarcas (Deuteronomio 7:8; 10:15; Hechos 3:13; Romanos 11:28).

(8)    Los judíos (específicamente la tribu de Judá) son el pueblo del cual saldrá el Mesías (Génesis 12:1-3; 2 Samuel 7:14; Mateo 1:1-16; Lucas 1:26-33).

A pesar de sus tantos privilegios, la condición de Israel ilustra un principio muy relacionado con la doctrina de la soberanía de Dios en la salvación o, más sencillo, la elección divina:  La salvación de Dios no está dirigida hacia los privilegiados, a quienes podríamos juzgar merecedores de la salvación, sino a aquellas almas patéticas que no son merecedoras de la salvación, a quienes el mundo incrédulo considera no merecedores de ella.

Los escribas y los fariseos no podían comprender la razón porqué Jesús les asociaba con los ‘pecadores’.  La respuesta de nuestro Señor, no era la que querían oír:

“Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos.  Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo:  ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?  Respondiendo Jesús, les dijo:  Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.  No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento”  (Lucas 5:29-32).

Las palabras de Pablo a los cristianos corintios, tampoco adulan a los santos, pues enfatizan que la salvación es el resultado de la elección de Dios y que aquellos que Él elige no son los que nosotros esperaríamos:

“Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil de mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia.  Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación y redención; para que, como está escrito:  El que se gloría, gloríese en el Señor”  (1ª Corintios 1:26-32).

En este texto se dicen dos cosas que debiera evitar que un cristiano se enorgullezca o crea que él tiene algo que ver en su salvación.  Primero, es Dios quien lo ha hecho todo.  Es ‘por Su obra’ que alguien es salvo (versículo 30).  Es Él quien nos ha elegido (primero), no nosotros que le hayamos escogido a Él (Juan 15:16).  Segundo, no nos atrevamos a jactarnos en nosotros mismos como cristianos, porque por lo general la gente que Dios elige es aquella que ha sido necia, débil y deshonesto (versículos 27-28).  Si alguien se jacta en su salvación, se debe jactar en el Señor, pues la salvación es del Señor.

El error del judaísmo es haber pretendido que al haber tomado parte de los privilegios nacionales de Israel (los que se detallan en los versículos 4-5), les asegura de tomar parte en forma individual de la bendición de la salvación eterna.  Juan el Bautista, atacó este error en los primeros tiempos del Evangelio:

“Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos:  A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aún de estas piedras.  Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego”  (Mateo 3:8-10).

La salvación no está determinada por sus ancestros o por su raza; no está determinada sobre la base de algún privilegio que hayamos recibido.  La salvación está basada solamente en la elección individual de Dios, que resulta en tener fe en Jesucristo, para el perdón de los pecados y el don de la vida eterna.

Hay quienes asumen erróneamente que el crecer en un hogar cristiano, les asegura la bendición de la salvación.  Existen privilegios en el hecho de ser parte de una familia cristiana (ver 1ª Corintios 7:12-14); pero no hay seguridad en que por el hecho de haber crecido en una familia cristiana, le haga salvo.  Muchos padres cristianos se sienten culpables si sus hijos no creen en Cristo; pero ellos no tienen control alguno sobre este asunto.  Todo lo que pueden hacer es vivir su fe en obediencia a las Escrituras en el contexto familiar y reconocer que la salvación es del Señor.  El crecimiento en medio de cristianos, no es garantía de salvación, de la misma manera que crecer en un ambiente pagano no le condena a uno a ser un incrédulo.  De la misma forma como no debemos enorgullecernos de nuestra propia salvación, o de la de alguien más, tampoco debemos culparnos a nosotros mismos cuando aquellos que amamos rechazan el evangelio que nosotros hemos abrazado.

¿Salió Algo Mal en el Plan?

(Romanos 9:6-13)

“No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino:  En Isaac te será llamada descendencia.  Esto es:  no los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes. Porque la palabra de la promesa es esta:  Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo.  Y no sólo esto, sin también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre.(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo:  El mayor servirá al menor.  Como está escrito:  A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí”

Isaac, no Ismael

(Romanos 9:6-9)

Una primera mirada, nos sugiere que algo ha ido mal.  Si muchos judíos están rechazando a Jesús como el Mesías y muchos gentiles están llegando a Él por medio de la fe, ¿no es lo contrario de lo que Dios prometió?  ¿Ha ido algo mal en el plan de Dios?  Con más precisión, ¿han fallado las promesas de Dios?  ¿Ha fallado la Palabra de Dios (versículo 6)?  Pablo nos informa inmediatamente que no ha habido falla alguna en la Palabra de Dios.  Está pronto a probar que la Palabra se ha cumplido en lo que respecta a los judíos y gentiles.  El plan de Dios de la salvación de los hombres, se está cumpliendo no como lo esperaríamos nosotros (ver Romanos 11:33-35); sino como lo ha prometido Dios.

La doctrina de la elección divina es la única explicación adecuada para el alejamiento de los judíos incrédulos y para el acercamiento a la fe de los gentiles.  Esto es importante para nosotros, porque en el análisis final, la última explicación para los no creyentes y la fe, es la elección divina.  ¿Cómo podemos explicar la incredulidad y el consiguiente juicio de los hombres?  La respuesta tiene dos caras.  Primero, los hombres se pierden porque no han elegido aceptar la provisión de salvación de Dios, en Jesucristo. Segundo, están perdidos porque Dios no los ha escogido.  En Romanos 9, el énfasis  de Pablo está puesto en esta segunda razón.

El error de los judíos, que todos los judíos son elegidos y por lo tanto deben ser salvos, estaba basado en su errada suposición que todos los israelitas son escogidos por Dios, el verdadero Dios de Israel.  Los judíos conjeturaron que debido a que eran descendientes físicos de Abraham, se les garantizaba un lugar en el reino de Dios.  Pablo corrige este concepto errado, informándonos que sólo por el hecho de ser descendiente de Jacob (o Israel), él o ella no es necesariamente un israelita verdadero.[6]  Tampoco todos los hijos de Abraham son ‘hijos de Dios’.

Si al ser un descendiente físico de Abraham no es la base de nuestra entrada a las bendiciones de la salvación, ¿qué determina quién recibe estas bendiciones?  La respuesta es simple:  la elección divina.  Los ‘hijos de Dios’ son los ‘hijos de la promesa’ (9:8).  Dios prometió a Abraham que tendría un hijo y que aún teniéndolo, las promesas de Dios se cumplirían.  Ismael no fue aquel hijo.  Ismael fue el resultado de los esfuerzos de Abraham y Sara de concebir un hijo por métodos que no eran los que Dios pretendía -una esposa y madre subrrogante, Agar.  De estos dos ‘hijos’ de Abraham, sólo uno era el hijo de la promesa -Isaac.  Y, por lo tanto, no todos los descendientes de Abraham eran los receptores de las bendiciones prometidas por Dios.  Dios eligió a Isaac y rechazó a Ismael.  ¿Falló la Palabra de Dios porque eligió a Isaac y rechazó a Ismael?  De ninguna manera, porque la promesa de Dios sólo le fue dada a Isaac.

Jacob y no Esaú

(Romanos 9:10-13)

Algunos podrán objetar que el principio de la elección difícilmente se puede establecer en la evidencia de la elección que Dios hizo por Isaac y de Su rechazo a Ismael.  Después de todo, estos hijos tuvieron al mismo padre; pero a distintas madres y la madre de Ismael era una concubina.  No nos sorprende porqué Ismael fue rechazado e Isaac elegido.  Por lo tanto, Pablo señala su segunda ilustración de la elección.  La elección de Dios por Jacob y su rechazo a Esaú (versículos 10-13).  Estos dos hijos nacieron de los mismos padres e incluso son el producto de la misma unión.  Eran mellizos.  No hay dos hermanos que pudieran ser más parecidos y  aún así, Dios rechazó a uno y escogió al otro.

La elección de Dios de Jacob y no de Esaú, es contraria a todo lo que pudiéramos esperar.  Por costumbre, el hijo que nacía primero, recibía la primogenitura y aún así Dios indicó Su elección por el hijo más joven de Rebeca, antes que Jacob y Esaú nacieran:

“Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer.  Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo:  Si es así, ¿para qué  vivo yo?  Y fue a consultar a Jehová; y le respondió Jehová:  Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor”  (Génesis 25:21-23).

Dios señaló Su elección por Jacob por sobre Esaú antes de su nacimiento, sin considerar las obras que cualquiera de ellos hiciera.  Algunos insisten en que Dios elige a quien eligen, porque Él sabe de antemano quién le elegirá a Él.  Suponen que Dios elige a aquellos que beneficiarán Su obra.  Con mucha frecuencia escucho a gente comentar qué dinámica cristiana convendría para que alguien se salvara.  Deberían considerar las palabras de Pablo que indican que la elección que Dios hizo por Jacob por sobre Esaú se hizo sin tomar en cuenta lo que podrían hacer, aparte de sus obras.   No es que Dios ignorara lo que estos dos harían; más bien Su elección se hizo sin considerar sus obras.  Su elección fue una declaración y una demostración de Su soberanía:

“…(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo:  El mayor servirá al menor”  (Romanos 9:11-12).

No debemos dejar de notar que cuando Dios eligió a Jacob por sobre Esaú, lo hizo a pesar de la fuerte preferencia que Isaac tenía por Esaú (era Rebeca quien favorecía a Jacob, mientras que Isaac prefería a Esaú, Génesis 27).  Antes de comenzar, Jacob fue la elección de Dios y Esaú fue rechazado.  Al finalizar, Jacob fue el hijo que recibió las bendiciones de Dios y no Esaú.  Para que no pensemos que la elección de Dios por Jacob no incluyera también el rechazo por Esaú, Pablo nos recuerda:

“Como está escrito:  A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí”  (Romanos 9:13).

La soberanía de Dios es demostrada en la elección que hizo de Jacob y el rechazo de Esaú.

Moisés y no Faraón

(Romanos 9:14-18)

“¿Qué, pues, diremos?  ¿Qué hay injusticia en Dios?  En ninguna manera.  Pues a Moisés dice:  Tendré misericordia del que yo tenga misericordia , y me compadeceré del que yo me compadezca.  Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.  Porque la Escritura dice a Faraón:  Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.  De manera que  de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece”

Pablo emite una pregunta que espera una respuesta negativa:  “¿Qué hay injusticia en Dios?”  Si dudamos en la respuesta que se espera (el texto griego lo expresa claramente), la respuesta de Pablo saca toda duda:  “En ninguna manera”.  Prefiero la antigua traducción de la versión King James:  “¡Que Dios no lo permita!”  Por supuesto, que Dios está libre de acusación alguna por injusticia.  Si esta pregunta presupone una respuesta, también presupone la razón de formular esta pregunta.  Pablo está enseñando la elección divina.  Dios elige a uno y rechaza a otro y cuando Él elige a alguien para salvación, siempre lo hace cobre la base de la gracia, concedida por Su elección soberana y no sobre la base de las obras.  Si Pablo no estuviera enseñando la doctrina de la elección, la pregunta sería inapropiada y ni siquiera merecería una respuesta.  Pero Pablo estaba enseñando la elección, que es la razón por la que formula la pregunta sobre la justicia.

¿Cómo entonces puede Dios decidir salvar a un hombre y endurecer a otro sin ser acusado de injusticia?  La respuesta es muy sencilla:  gracia.  La salvación es un asunto de la gracia soberana divina, concedida sobre aquellos que Dios elige como sus receptores.  La gracia es algo maravilloso que Dios concede a los pecadores culpables que no son merecedores de las bendiciones de Dios.  La justicia está relacionada con lo que la gente recibe lo que merece.  Es injusticia cuando un hombre trabaja para su empleador y no se le paga.  Es injusticia cuando un criminal culpable no recibe su castigo.  Dios no es injusto al condenar a pecadores al tormento eterno, porque están obteniendo precisamente lo que merecen.  Más aún, Dios no injusto cuando salva a gente.  El castigo para los pecadores a quienes Dios ha salvado, ha sido cargado por el Señor Jesucristo, quien murió en lugar del pecador, trayendo sobre Sí la ira de Dios.  Por lo tanto, Dios es justo al condenar a los hombres a cargar la penalidad que merecen y es justo al salvar a los hombres, cuya penalidad ha cargado Cristo.

“Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él.  Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”  (Romanos 3:21-26).

Observen el tono de las palabras de Pablo en Romanos 9:14-18.  No son apologéticas.  Pablo no está dudando en la respuesta.  Es valiente y está confiado.  Se irrita ante la posibilidad que alguien pudiera sugerir que Dios es injusto con respecto a la elección.  No tiene interés en defender a Dios, sino más bien en declarar la soberanía de Dios.

Dios no es injusto en la salvación de los pecadores que merecen la ira eterna de Dios (versículos 15-16).  Tampoco es injusto en la condenación de pecadores como el Faraón, cuyo corazón fue endurecido por Dios (versículos 17-18).  Moisés y el Faraón son más contemporáneos que se encontraron cara a cara durante el éxodo.  Moisés fue el hombre que se ve que estuvo muy próximo a ser Faraón de Egipto.  Dios envió fuera a Moisés, indicándole que debía guiar a Su pueblo fuera de los límites de Egipto.  Y Dios señaló a Faraón para ser el que se rehusaría a dejar salir al pueblo fuera de los límites de Egipto y cuya resistencia proveería la oportunidad para que se manifestara el poder de Dios, en toda la tierra.

A través de Moisés, Dios desplegó Su gracia.  Cuando Dios comenzó a revelar Su gloria a Moisés en Éxodo 13 (cuyo clímax se encuentra en el Capítulo 34), Él declaró que Su misericordia sería otorgada soberanamente a quienes Él quisiera.  La razón por la que alguna persona recibió Su gracia, no debía encontrarse en la persona, la receptora de Sus bendiciones, sino en Dios, el que bendice.  La gracia es un don no merecido y por lo tanto, debe ser concedido soberanamente, pues nunca seremos merecedores de ella.  Si alguien pudiera ser merecedor del favor de Dios (algo que nadie puede), las bendiciones de Dios no serían entregadas sobre la base de la gracia, sino de las obras.  Pero por cuanto nadie es merecedor del favor divino, cada una de las bendiciones de Dios es otorgada sobre la base de la gracia, sin otro factor de decisión que la soberana elección de Dios.

Dios habló directamente a Moisés (versículo 15) e indirectamente con el Faraón (a través de Moisés y de las Escrituras) (versículo 17).  El Faraón también fue elegido; pero para un rol y destino muy diferentes.  Él fue considerado para que el poder de Dios pudiera ser demostrado debido a su oposición contumaz.  La victoria de Dios sobre el Faraón, por medio de las plagas y después por medio de la separación del Mar Rojo, fue ampliamente proclamada (ver Éxodo 15:14-16).  Dios fue glorificado a través del endurecimiento del corazón del Faraón, de la misma manera que fue glorificado a través de Moisés.

Aquí tenemos una verdad muy importante, que al parecer desconocen varios cristianos.  Aparentemente, muchos piensan que Dios sufre un tipo de derrota cuando los pecadores no se arrepienten y no tienen fe en Él.  Suponen que Dios sólo es glorificado a través de la salvación de los perdidos y no en la condenación de los pecadores que se resisten tozudamente.  De hecho, Dios es glorificado a través de la salvación de los pecadores y de la condenación de los mismos.  Dios revela Su misericordia al salvar a los pecadores y Su poder triunfando sobre quienes se oponen a Él.  Dios no es avergonzado por quienes lo rechazan.  Él no ‘necesita’ salvar hombres para ser glorificados por ellos.

Otra Objeción

(Romanos 9:19-23)

“Pero me dirás:  ¿Por qué, pues, inculpa?  Porque ¿quién ha resistido a su voluntad?  Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios?  ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó:  ¿Por qué me has hecho así?  ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?  ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria”

Hay una respuesta para esta pregunta; pero Pablo no la responderá hasta que no haya señalado un punto de mucha importancia.  El versículo 19, no es  sólo una pregunta; es un insulto porque pone en duda la integridad de Dios.  En realidad es una acusación en contra de Dios.  No espera recibir una respuesta; da la impresión que al formular la pregunta, Dios será silenciado.

En este Capítulo, Pablo ha estado enseñando la soberanía de Dios.  Siglos antes que Pablo viviera, Dios llevó hasta Sus rodillas a un rey babilónico.  Este gran rey aprendió algunas lecciones muy importantes acerca de la soberanía.  Lo primero que aprendió Nabucodonosor, fue que aunque Dios concede a los hombres cierto grado de soberanía sobre la tierra (ver Daniel 2:37, 9:18ss.), en última instancia, sólo Él es soberano:

“Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades.  Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga:  ¿Qué haces?  En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida.  Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia”  (Daniel 4:34-37).

Para la respuesta de Pablo en Romanos 9:2′-21, es esencialmente importante lo que se lee en Daniel 4:35:

“…y no hay quien detenga su mano, y le diga:  ¿Qué haces?”  (Daniel 4:35).

Soberanía significa que aquel que es soberano está en completo control de todo, está por sobre todo cuestionamiento que pueda hacer algún subordinado.  Pablo es muy sensible a este hecho y por lo tanto, reaccionan en forma inmediata, censurando la actitud del que pregunta.  ¿Quién es el hombre para cuestionar a Dios?  Dios es el Creador y es Su prerrogativa que los hombres usen Su creación de alguna forma.  Él elige.  Los hombres son Su creación y ellos no tienen derecho alguno a cuestionar a su Creador.  Si Dios elige uno de sus vasos para que le dé gloria siendo un vaso preparado para destrucción, es Su derecho.  Si Dios elige recibir gloria haciendo que otro vaso sea de misericordia, un vaso que Él salvará, también es Su prerrogativa.

El poder de Dios está demostrado por el derramamiento de Su ira sobre los pecadores, como lo fue durante el Éxodo.  La misericordia y la gracia de Dios se demuestran por el derramamiento de Su gracia sobre pecadores que no la merecen, salvándolos a pesar de su pecado.  Su atraso en destruir “los vasos de la ira”, es a propósito, permitiéndole tiempo para demostrar Su gracia a “los vasos de misericordia”.  Y estos “vasos de misericordia” incluyen a algunos que eran judíos y otros, gentiles.

Gentiles y No Sólo Judíos

(Romanos 9:24-29)

Siempre me asombro la lentitud con que los discípulos (¡y yo también!) comprendieron las enseñanzas del Señor.  Incluso después de la muerte, del entierro, de la resurrección y de la ascensión de nuestro Señor, vemos que los apóstoles fueron lentos a abrazar las enseñanzas del Antiguo Testamento y de Jesús, en el Libro de los Hechos.  En Hechos 1:8, Jesús les dijo:

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”  (Hechos 1:8).

Esto no fue sino una repetición de lo que Jesús ya les había ordenado a Sus discípulos antes de Su muerte:

“Y Jesús se acercó y les habló diciendo:  Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.  Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”  (Mateo 28:18-20; énfasis del autor).

¿Se dispusieron los discípulos a evangelizar en forma inmediata a los gentiles en el Libro de los Hechos?  Ciertamente, no.  En realidad, se resistieron.  La evangelización de los gentiles se produjo a pesar de los apóstoles, más que debido a ellos -otra evidencia de la soberanía de Dios en la salvación.  Tuvo que producirse una intensa persecución para dispersar a los judíos desde Jerusalén (Hechos 8:1ss.).  Pedro tuvo que tener una visión dramática y reiterada para que fuera a la casa de Cornelio, un gentil, para predicar el evangelio (ver Hechos 10:1ss.).  Y cuando la palabra alcanzó los oídos de los líderes judíos de la iglesia de Jerusalén, Pedro fue llamado y censurado por predicarle a los gentiles (Hechos 11:1-3).

El argumento de Pedro fue muy apremiante.  Tuvieron que admitir que Dios también tenía la intención de salvar a los gentiles; pero observen lo que hicieron cuando oyeron esto -nada:

“Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio.  Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo:  Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo.  Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?  Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo:  ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!  Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución, que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos.  Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús.  Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor”  (Hechos 11:15-21)

Si no hubiera sido por ese grupo anónimo de judíos helénicos, que no sabían nada mejor que compartir su fe con los gentiles, la iglesia gentil de Antioquía jamás se hubiera establecido (humanamente hablando, por supuesto).

Cuando llegamos al versículo 24 de Romanos 9, Pablo desea que sus lectores comprendan que la salvación de muchos gentiles y la incredulidad de muchos judíos, no debieran sorprendernos.  Ahora, él se refiere al Antiguo Testamento para demostrar que lejos de que las promesas habían fracasado por la fe de los gentiles y por la incredulidad de los judíos, Sus promesas han sido cumplidas:

“…y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?  Como también en Oseas dice:  Llamaré pueblo al que no era mi pueblo, y a la no amada, amada.  Y en el lugar donde se les dijo:  Vosotros no sois pueblo mío, allí serán llamados hijos del Dios viviente.  También Isaías clama tocante a Israel:  Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo; porque el Señor ejecutará su sentencia sobre la tierra en justicia y con prontitud.  Y como antes dijo Isaías:  Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado descendencia, como Sodoma habríamos venido a ser, y a Gomorra seríamos semejantes.  ¿Qué, pues, diremos?  Que los gentiles, que no iban tras la justicia, es decir, la justicia que es por fe; mas Israel, que iba tras una ley de justicia que es por fe; mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó.  ¿Por qué?  Porque iban tras ellas no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo, como está escrito:  He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída; y el que creyere en él, no será avergonzado”  (Romanos 9:23-33).

Conclusión

Todos los que Dios elige para ser salvos, son pecadores perdidos, muertos en sus iniquidades y pecados, cautivos no sólo en sus propios pecados, sino que en Satanás mismo, sin ninguna diferencia con aquellos que han pasado una eternidad en el infierno (ver Efesios 2:1-3).  Aquellos que Dios salva, no le buscan a Él; son salvos sin considerar si habían buscado lo justo (Romanos 9:30-33).  No son salvos por lo que son, por lo que serán o por lo que podrían ser (Romanos 9:11).  Han sido escogidos y salvados, no por alguna decisión que hayan hecho; más bien la decisión de confiar en Dios es el resultado de Su obra y no de la del hombre (Juan 1:12; Hechos 13:48; 16:14; Filipenses 1:29; 2:12-13).  A través de Su Espíritu, Dios regenera al que está muerto en sus transgresiones y pecados, dándole tanto vida como fe de manera que el individuo es ahora atraído a Él (Juan 6:44) y expresa su fe en Jesucristo para su salvación; una fe que también viene de Dios (Efesios 2:8-9; 1ª Corintios 4:7); es así que la salvación es considerada como la obra de la soberanía de Dios -no de los hombres (Romanos 9:11, 15-16; 11:36; 1ª Corintios 1:30-31; Hebreos 12:2).

¿Se afligen algunos porque Dios elige a algunos y a otros no?  ¡No debieran!  Cuando Dios elige salvar a alguien, ese alguien nunca lo hubiera elegido a Él.  Michael Horton lo describe así:

“Esencialmente, la elección es un acto en el que Dios toma la decisión por nosotros; una decisión que nunca la habríamos hecho por Él”[7]

Debiéramos estar agradecidos que Dios elige a algunos para ser salvos; de otra forma, nadie podría haber sido salvo.  Si Dios miró hacia abajo al corredor del tiempo y eligiera a aquellos que lo hubieran elegido a Él, no hubiera podido elegir a nadie, pues nadie lo hubiera elegido a Él.  (ver Romanos 3:10-18).

Si Dios hubiera elegido a aquellos que eran merecedores de Su salvación, no hubiera elegido a nadie.  La elección es la prerrogativa de un Dios soberano de elegir a algunos.  La elección está basada solamente en la gracia de Dios y no en nuestros propios méritos.  La elección es la obra externa de la gracia y el único medio por el cual los pecadores pueden ser salvos.  No es una doctrina que deba angustiarnos, sino una doctrina en la cual deberíamos gozarnos.  Es la base de la gratitud y de la adoración.  Tal como Pablo lo expresó en el Capítulo 12:

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.  No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”  (Romanos 12:1-2; énfasis del autor).

La conclusión de los Capítulos 9-11 de Romanos, es no escatimar el reconocimiento de la soberanía de Dios, sino una adoración gozosa de Su soberanía:

“¡O, profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!  ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!  Porque, ¿quién entendió la mente del Señor?  ¿O quién fue su consejero?  ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?  Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas.  A él sea la gloria por los siglos.  Amén”  (Romanos 11:33-36)

La soberanía de Dios es un incentivo para orar por la salvación de los perdidos y una fuente de consuelo cuando alguien rechaza Su ofrecimiento de salvación en Cristo.  El saber que Dios es soberano en la salvación, es un gran incentivo para ser testigo, porque sé que Dios cumplirá Su propósito.  A pesar de mis fracasos al presentar el evangelio y de la ceguera de aquellos a quien se les predica, Dios es el Único que salva.  Mi tarea y la suya en la evangelización, jamás es en vano.  Incluso cuando los hombres rechazan el evangelio, Dios es glorificado en la predicación de Su evangelio, crean o no los hombres en esa palabra.  Él es glorificado tanto por la salvación de los pecadores como por el castigo eterno de los pecadores.

Por último, los hombres no son salvos porque los hayamos convencido o incluso porque decidieron (ellos primero) creer en Dios.  Los hombres son salvos porque Dios los ha elegido, los ha iluminado mediante Su Espíritu para que comprendan el evangelio y los ha llamado eficazmente abriéndoles sus corazones para que respondan al evangelio.  ¿A quién consideraría usted que tiene el control del destino eterno de los hombres, a hombres pecadores o a un Dios amante, misericordioso y soberano?  ¿A quién clamaría para la salvación de los hombres?  Él es un Dios que nos ama y que se deleita en contestar nuestras oraciones.  Regocijémonos en que la salvación de nuestros seres queridos está en Sus manos y que podemos suplicarle que los salve.  Y cuando nuestros seres queridos rechazan el evangelio, sabemos que Él es capaz de salvarlos.  Cuando nuestros seres queridos mueren sin haber llegado a tener fe, sabemos que esto no toma a Dios por sorpresa, sino que es parte de Su gran y eterno plan.

A menudo en nuestra presentación del evangelio, temo que no representamos completamente a Dios y degradamos Su gloria en el cuadro que mostramos a los perdidos.  El evangelio no debe ser visto como a Dios suplicando y argumentando desesperadamente para que le elijan.  El evangelio es un mandato y así lo debemos proclamar a los pecadores perdidos.  Sabemos que no podemos convencer a los hombres de su pecado o hacer que se vuelvan a Cristo; pero Dios puede y lo hace con todos los que Él a elegido.  Nunca retratemos a un Dios débil, dependiente de las decisiones de los hombres; más bien debemos proclamar al verdadero Dios, que siempre consigue lo que se propone.

No nos asombra que el evangelio es ofensivo para los pecadores perdidos que quieren pensar que son ‘víctimas de su destino’, los ‘capitanes de sus almas’.  No tenemos el control.  Los hombres perdidos son pecadores, que han ofendido al Dios recto y santo y que están destinados al infierno eterno.  No pueden hacer nada para salvarse a sí mismos.  Deben reconocer sus pecados y someterse a la misericordia de Dios para hacerse merecedores en la sangre vertida de Jesucristo, quien pagó la pena por los pecados de los hombres y que ofreció a los pecadores no merecedores, Su justicia.  El evangelio es una oferta gloriosa para los pecadores perdidos, quienes saben que no pueden hacer nada por salvarse a sí mismos.  El evangelio es una ofensa para los que se creen justos por sí mismos, quienes piensan que pueden salvarse a sí mismos, por sus propios méritos.

¿Ha reconocido usted su pecado y su culpa?  ¿Se ha sometido al Dios soberano del universo y ha aceptado Su provisión para su salvación?  Yo no puedo convencerlo o convertirlo.  Le puedo decir que por sus pecados merece una eternidad en el infierno y que Dios, por Su gracia, ha enviado a Su Hijo Jesucristo, para tomar el lugar del pecador y darle a los hombres Su justicia.  Él ha prometido que Su Espíritu convencerá a los pecadores perdidos de su pecado, de Su justicia y del juicio eterno.  ¿Se someterá usted a Dios aceptando Su forma de salvación, la única manera de salvación?  Oro para que lo haga.

¿Cuál es la Relación entre Regeneración y Creer?

Considere estos pensamientos en la relación entre la regeneración y creer:

Todos los hombres están muertos en sus transgresiones y pecados, indiferentes frente a Dios e incapaces de hacer algo para cambiar su condición (ver Efesios 2:1-3).  Los que están muertos en sus transgresiones y pecados, no comprenden a Dios; no tienen en consideración el evangelio ni buscan a Dios.  Están destinados a enfrentarse con la ira de Dios, apartados desesperanzadamente de la intervención de la gracia divina.

La regeneración es la obra sobrenatural de Dios, que da vida a los hombres muertos (Efesios 2:5; Tito 3:5).

La fe es un don que da Dios a quienes Su Espíritu Santo ha regenerado, permitiendo así que los elegidos por Él respondan al evangelio, confiando en Jesucristo para su salvación (Efesios 2:8-9).

La regeneración precede al creer.  La regeneración es la obra del Espíritu Santo, mediante la cual concede vida al que está espiritualmente muerto.  Esta nueva vida es expresada por la fe en la persona y en la obra de Jesucristo.  Dios es el que la inicia -la causa inicial- y por lo tanto, la fe del hombre es el resultado de la obra de Dios en el hombre.

Esto significa que la salvación es, por último, obra de Dios.  Él es el que la inicia y nosotros respondemos (ver 1ª Juan 4:19).  Él es el autor y el que perfeccionador de nuestra fe (Hebreos 12:1-2).  Él completará lo que ha comenzado en nosotros (Filipenses 1:6).  En consecuencia, vemos que Dios se describe como la fe de los hombres (Hechos 13:48; 16:14).

La otra visión (la incorrecta), es que el hombre actúa primero, confiando en Dios y después Dios responde concediéndole la salvación, en respuesta a la fe del hombre.  En este caso, el hombre es la primera causa.  El problema con este punto de vista es que se contradice con las Escrituras.  Niega la soberanía de Dios y niega la depravación del hombre.  ¿Cómo puede un hombre muerto, que odia a Dios y no le busca, repentinamente y por propia iniciativa volverse a Dios con fe?  (ver Romanos 3:9-18).

Objeciones a la Soberanía Divina

Existen muchas objeciones a la soberanía divina.  Veamos algunas de ellas y ofreceremos respuestas bíblicas:

La elección de Dios está basada en Su preconocimiento [presciencia] y este preconocimiento es el conocimiento de Dios de antemano, de quiénes le elegirán.  (Se basan en pasajes como Romanos 8:29, como prueba).

(1)    El conocimiento previo se refiere a veces al conocimiento previo que se tiene de alguien.  En las Escrituras también se usa como una elección hecha de antemano.  Y ‘conocer’, a veces se usa como ‘elegir’ (Génesis 18:19, ver nota marginal; Jeremías 1:5) y ‘conocer de antemano’, a veces significa ‘elegir antes de tiempo’.  En Romanos 11:2 y 1ª Pedro 1:20, ‘conocer de antemano’ no puede significar simplemente ‘conocer antes de tiempo’.  Debe significar:  ‘elegido o seleccionado antes de tiempo’.

(2)    Si la elección que hizo Dios de aquellos a quienes Él quería salvar estuviera basada en su conocimiento previo de aquellos que lo elegirían a Él, nadie sería salvo debido a la depravación del hombre (ver Juan 6:37, 44; Romanos 3:9-18).  Nadie elegiría a Dios a no ser que Él nos elija primero, regenerándonos y dándonos la fe para responder al evangelio.

(3)    Si la elección de Dios estuviera determinada por haberlo elegido a Él nosotros, seríamos los iniciadores de la salvación y Dios quien respondería a ella.  Esto contradice a las Escrituras (Hebreos 12:1-2; Filipenses 1:6; etc.) y es inconsistente tanto con la soberanía de Dios como con la naturaleza de la gracia.

(4)    Las Escrituras enseñan que Dios es el que inicia la fe y la salvación y no los hombres (Juan 6:44; Hechos 13:48; 16:13; ver también Deuteronomio 30:6; Jeremías 31:31-34).

Y, ¿qué de aquellos textos que llaman al hombre a creer y aquellos que hablan de la elección que hacen los hombres como si fueran Dios?

(1)    Los hombres son llamados a arrepentirse y a creer en Jesucristo, para salvarse.  Los hombres son salvos por su fe.  Todos los que vinieron a Él, los que proclaman el nombre del Señor, serán salvos (Juan 6:37; Romanos 10:13).  Pero esta respuesta que es necesaria que los hombres manifiesten, es el resultado de la obra salvadora y soberana de Dios y no su causa (Juan 1:12).

La soberanía divina impide o excluye la responsabilidad humana.

(1)    De ninguna manera.  La soberanía divina es la base de la responsabilidad humana.

“Muchos han dicho neciamente que es bastante imposible demostrar dónde termina la soberanía de Dios y dónde comienza la responsabilidad de las criaturas.  Aquí es donde comienza la responsabilidad humana:  en la disposición soberana del Creador.  ¡Con respecto a Su soberanía, no existe y jamás existirá un fin![8]

“Dios es un caballero y no fuerza a nadie a venir a Él”

(1)    Esta declaración expresa una visión retorcida de la soberanía de Dios y de la depravación del hombre.  Si Dios no interviniera y no obviara nuestra enfermedad letal de pecado y rebeldía, nadie sería jamás salvo.  El evangelio es imposible para el hombre, separado de la intervención divina y la habilitación que Él nos concede.  Cuando Dios nos salva, Él permite que los muertos vivan; Él elimina nuestra ceguera espiritual, dándonos visión; Él abre nuestro corazón para responder y Él nos da una nueva naturaleza que es la que Dios desea.  Si técnicamente es incorrecto decir que Dios pasa por encima de nuestra voluntad, ciertamente Él cambia nuestra naturaleza y nuestra voluntad.

Sugerencias y Aplicaciones de la Soberanía Divina en la Salvación

El tema de la soberanía de Dios en la salvación, es vitalmente importante:

“Por lo tanto, no es irreverente, inquisitivo o trivial, sino necesaria para los cristianos averiguar si la voluntad [humana] tiene alguna acción o no en los asuntos relacionados con la salvación eterna…  Si no sabemos estas cosas, no sabremos absolutamente nada de lo que debemos conocer como cristianos y seremos peores que cualquier incrédulo…  Por lo tanto, que todo aquel que no esté de acuerdo con esto, que confiese que no es un cristiano.  Pues si ignoro lo que puedo hacer y cuánto puedo hacer con respecto a Dios, será igualmente incierto y desconocido para mí lo que Él puede hacer en mí y cuánto puede hacer en mí…  Pero cuando desconozco la obra y el poder de Dios, soy incapaz de adorarle, alabarle, agradecerle y servirle, por cuanto no sé cuánto debo atribuir de mi vida a mí mismo o cuánto a Él.  Por lo tanto, nos compete a nosotros tener una certeza en saber las diferencias entre el poder de Dios y el nuestro, entre la obra de Dios y la nuestra, si es que deseamos vivir una vida en Él”[9]

La soberanía es diametralmente opuesta a todo lo natural y caído que hay en nosotros y es completamente consecuente con lo que la Biblia enseña.  Los hombres, en forma natural, rechazan la soberanía de Dios y la reciben sólo en forma sobrenatural.  ¿Se resiste usted a ella?  No deberíamos sorprendernos.  La doctrina de la soberanía de Dios es una doctrina en la que nadie creería en forma natural a no ser que las Escrituras la enseñen claramente y sin que el Espíritu de Dios cambie nuestros corazones para abrazarla.  ¿Desea conocer la verdad de este asunto?  Estudie las Escrituras y pídale a Dios que le dé comprensión.

“La razón por la que la gente se opone a ella [la elección], se debe a que desean que Dios se cualquier cosa, excepto Dios.  Él puede ser un siquiatra cósmico, un pastor útil, un líder, un maestro, cualquier cosa… pero no Dios.  Por una razón muy simple -ellos quieren ser Dios”[10]

“Si despreciamos a Dios por amarnos antes que nosotros le amemos a Él, es una actitud egocéntrica”[11]

Rechazar o resistir la soberanía de Dios en la salvación, es un asunto muy serio:

“Esta doctrina [la soberanía de Dios], demuestra la irracionalidad y la espantosa maldad de su rechazo de corazón a poseer la soberanía de Dios en este asunto.  Demuestra que usted desconoce que Dios es Dios.  Si supiera esto, estaría internamente muy quieto y en silencio; humilde y calmadamente se postraría en el polvo delante de un Dios soberano y sería para usted una razón suficiente.

Al objetar y pelear con respecto a la justicia de las leyes de Dios, a Sus amenazas y a las dispensaciones soberanas que Él le concede a usted y a otros, se está oponiendo a Su divinidad; muestra así su ignorancia con relación a Su grandeza y excelencia divinas y que usted no soporta que Él es el que debe recibir la honra divina.  Su mente se opone a la soberanía de Dios, a partir de pensamientos tan bajos y ruines que no tiene conciencia de cuán peligrosa puede ser su conducta y de cuánta audacia tiene siendo una criatura que contiende con el Hacedor”[12]

En la Biblia, la soberanía de Dios no es una verdad negativa, una doctrina problemática que en lo posible debiéramos evitar; es una doctrina positiva que nos anima, nos consuela y nos motiva.

El señor Spurgeon se refirió correctamente en su sermón basado en Mateo 20:15:  “No existe atributo más consolador para Sus hijos que la Soberanía de Dios.  Bajo las circunstancias más adversas, en los desafíos más severos, ellos creen que la Soberanía ordenó su aflicción, que la Soberanía los domina y que la Soberanía les santificará a todos.  No existe otra cosa por la que Sus hijos deban contender más que la doctrina de su Maestro de la creación -la Majestad de Dios sobre toda la obra de Sus manos- el Trono de Dios y Su derecho a sentarse en aquel Trono.  Por otra parte, no existe doctrina más odiada por los mundanos, no existe otra verdad de la cual hayan hecho un juego, como la grande, estupenda; pero más verdadera que la doctrina de la Soberanía del infinito Jehová.  Los hombres aceptarán que Dios esté en todas partes, excepto en Su trono.  Le permitirán estar en los lugares en que se le adore con palabras de moda y exuberantes.  Le permitirán estar en donde se dan las limosnas para que Él las conceda y entregue Su gracia.  Le permitirán sostener la tierra y sus pilares, o las luces del cielo, o regir sobre las olas del océano; pero cuando Dios asciende a Su trono, entonces Sus criaturas hacen rechinar sus dientes y cuando proclamamos a un Dios entronado y Su derecho a hacer como Él quiere con lo que es Suyo, a disponer de Sus criaturas de la forma como Él quiere, sin consultarles, entonces es cuando somos silbados y detestados  y entonces es cuando los hombres se vuelven sordos, pues Dios en Su trono no es el Dios que aman.  Pero a nosotros nos encanta predicar sobre el Dios que está en Su trono.  Es en el Dios sentado en Su trono en quien confiamos”[13]

Preguntas para Examinar con Relación a la Soberanía de Dios en la Salvación

¿Por qué cree que los hombres se resisten o rechazan la doctrina de la soberanía de Dios en la Salvación?  ¿Por qué los cristianos resisten o rechazan la soberanía de Dios en la salvación, en circunstancias que la aceptan en otros ámbitos?

¿Cuál es la relación entre la soberanía de Dios en la salvación y la gracia?  ¿Entre la soberanía de Dios en la salvación y la depravación humana?  ¿Por qué la gracia de Dios debe ser una gracia soberana?

¿Cómo afecta al evangelio la soberanía de Dios en la salvación?  ¿Cómo afecta al evangelio la depravación del hombre y su resistencia a la soberanía de Dios en la Salvación?  [En otras palabras, ¿cómo podría obtener el evangelio el hombre natural o no salvo de otra forma?]

¿Cómo cree que le ayudó a Pablo (tal como está descrita en Hechos 9, 22, 26) su conversión a tratar el tema de la soberanía de Dios en la salvación?

¿Cómo debiera afectar nuestras oraciones por los que están perdidos, el punto de vista bíblico de la soberanía de Dios en la salvación?  ¿Nuestra motivación por la evangelización?  ¿Nuestros métodos de evangelización?  ¿El mensaje que proclamamos en la evangelización?

La soberanía de Dios en la salvación, ¿significa que usted sea uno de los no elegidos y que podría no serlo incluso deseándolo?  ¿Significa que nunca podremos saber si somos salvos, por cuanto la salvación depende de Dios y no de nosotros?

Citas Citables

“Las Escrituras dan muchos ejemplos de la libertad de Dios en la gracia selectiva.  Cerca de un estanque en Jerusalén, ser reunía “una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos” (Juan 3:5).  Así, Cristo se hace lugar entre la gente y se acerca a un hombre -sólo una persona- y le sana de su parálisis.  Ahora bien, debemos comprender que este era un lugar habitual para mucha gente que tenían la esperanza en que cada día era su día para que se hiciera el milagro.  Podríamos pensar que había algún tipo de turno para ser sanado; pero Jesús sólo trató de sanar ese día, a una sola persona.  ¿Por qué no los sanó a todos?  Podría haberlo hecho; tenía el poder.  Pero no lo hizo.  Sin embargo, sigo oyendo en cuán injusto fue que Jesús sanara a sólo un hombre que estaba cerca del estanque ese día.  ¿Por qué la elección tiene que ser diferente en el ámbito de nuestra salvación?”[14]

“En la elección, llegamos hasta el Dios de Abraham, Isaac y Jacob; el Dios del desierto; el Dios de la encarnación, de la muerte y de la resurrección de Cristo; el Dios que es todo menos una deidad frustrada que ‘no tiene otras manos, sino las nuestras’ y debe caminar por los suelos del cielo mientras hace sonar sus dedos esperando que los hombres ‘le permitan hacer como Él quiere’.  Este es el Dios que es todo menos un copiloto.  ‘Dios resiste a los soberbios, y da gracias a los humildes’  (Santiago 4:6)”[15]

“Podrían estar pensando:  ‘Elección y evangelismo -¿en el mismo saco?  ¡Se me ha dicho que son mutuamente excluyentes!  Pero honestamente puedo decir que el evangelismo nunca significó lo que realmente es después de haber comprendido la elección.  Compartir la fe con los no creyentes, ha llegado a ser una carga para muchos y también lo fue para mí, hasta que esta verdad cambió mi manera de pensar.  La elección cambia nuestro evangelismo en tres niveles:  nuestro mensaje, nuestros métodos y nuestra motivación”[16]

“Pero puede ser objetada.  ¿No leemos una y otra vez en las Escrituras cómo los hombres desafiaron a Dios, resistieron Su voluntad, quebrantaron Sus mandamientos, no consideraron Sus advertencias y se volvieron sordos a todas Sus exhortaciones?  Ciertamente lo hemos leído.  ¿Y esto anula todo lo que hemos dicho antes?  Si es así, entonces ciertamente la Biblia se contradice a sí misma. Pero esto no puede ser.  A lo que se refiere el que objeta, es simplemente la maldad del hombre hacia la palabra externa de Dios, mientras que lo que hemos mencionado antes es lo que Dios se ha propuesto a Sí mismo.  La regla de conducta que Él nos ha dado, está perfectamente incumplida por todos nosotros; Sus propios ‘consejos’ eternos se han cumplido hasta en los detalles más mínimos”[17]

“Estando infinitamente elevado por sobre la criatura más alta, Él es el Altísimo, Señor de los cielos y de la tierra.  Sin estar sujeto a nadie, absolutamente independiente; Dios obra como Él quiere  y sólo como Él quiere y siempre como Él quiere.  Nadie puede obstruirlo; nadie puede esconderse de Él.  Es así que Su propia Palabra lo declara expresamente:  “Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero”  (Isaías 46:10); “…y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano…”  (Daniel 4:35b).  La soberanía divina significa que Dios es Dios tanto de hecho como de nombre, que Él es el que está en el Trono del universo, dirigiendo todas las cosas, obrando en todas las cosas “según el designio de su voluntad”  (Efesios 4:11b)”[18]

“Esta doctrina [la soberanía de Dios], demuestra la irracionalidad y la espantosa maldad de su rechazo de corazón a poseer la soberanía de Dios en este asunto.  Demuestra que usted desconoce que Dios es Dios.  Si supiera esto, estaría internamente muy quieto y en silencio; humilde y calmadamente se postraría en el polvo delante de un Dios soberano y sería para usted una razón suficiente.

Lo más insanamente osado que un hombre puede hacer, lo más excesivamente necio que un puede hacer, la cosa más desesperadamente malvado que un hombre puede hacer, es replicarle a Dios, entrar en controversias con Dios, criticar a Dios, condenar a Dios.  Pero eso es lo mucha gente está haciendo”[19]

“¿Qué somos todos nosotros?  Viles -el mejor de nosotros, no es más que un repugnante pecador.  Es posible que aún no estemos conscientes de ello; pero es verdad.  Nuestras vidas han sido penetradas una y otra vez por el pecado.  Aún así usted pretende estar ante la presencia de este Dios Santo, en cuya presencia los serafines se cubren sus rostros y sus pies, contendiendo con Él sugiriéndole lo que debe hacer; entra en controversia con Él, le critica las cosas que Él ha hecho y que ha resuelto que son las que deben ser y murmura contra Dios”[20]

“Él es… un Ser de sabiduría infinita.  Miramos hacia los cielos estrellados que están sobre nuestras cabezas, miramos esos hermosos mundos de luz que repletan los cielos en la noche.  Pensamos en las cosas que nos abruman por su inmensidad y en la increíble velocidad de sus movimientos al cruzar el espacio y mientras los observamos, como si fuésemos sabios, exclamamos:  ‘Oh, Dios, qué Ser de más infinita sabiduría y majestad eres, que puedes guiar esos mundos inconcebiblemente enormes mientras cruzan el espacio con tal increíble velocidad’”

“Y aún así, muchos de ustedes que está aquí esta noche, no dudan mirar al Dios infinito quien hizo estas magníficas esferas de luz, que guían a todo el universo en su curso maravilloso, estupendo y que nos deja perplejos, ¡e intentan decirle lo que debe hacer!  Necios, ¿estáis locos?  Ningún paciente de algún manicomio haría algo más insano que eso.  ‘¿Quiénes sois?’  El hombre más sabio de la tierra, no es más que un niño; el filósofo más sabio no sabe tanto; el hombre de ciencia más grande no sabe casi nada.  Lo que sabe es casi nada comparado con lo que no sabe.  Lo que sabe, incluso acerca del universo material, es como nada comparado con lo que no sabe”[21]

“Supongamos que algunos niños de trece o catorce años, deben tomar un libro de filosofía que trata el último producto del mejor pensamiento filosófico de hoy día y comienza a criticarlo, página por página.  ¿Qué pensaríamos?  ¿Nos detendríamos a mirar al niño y decir con admiración ilimitada:  ‘Qué muchacho tan inteligente’?  No, diríamos:  ‘¡Qué idiota más vanidoso este muchacho, que se atreve a su edad a criticar el mejor pensamiento filosófico de nuestros días!’  Pero no es tan idiota como usted o como yo cuando intentamos criticar a un Dios infinitamente sabio, pues somos mucho menos que niños comparados con el Dios infinito.

El filósofo más profundo de nuestros días, no es sino un niño comparado con el Dios Infinito.  E incluso ustedes, que no tienen en absoluto alguna pretensión de ser filósofos, toman el Libro de Dios, ustedes como niños, como infantes, toman este Libro que representa la mejor sabiduría de Dios, se sientan, vuelven las páginas una a una y pretenden criticarlo y la gente se para a vuestro lado con admiración y dicen:  ‘¡Qué conocimientos!’  Pero los ángeles miran hacia abajo y dicen:  ‘¡Qué necio!’  Y, ¿qué dice Dios?  “Oh, hombre, ¿quién eres que altercas con Dios?  El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos”  (Salmo 2:4)”[22]

“Nunca se le ha ocurrido a alguien que incluso Dios podía por alguna posibilidad, saber más que ellos.  Tampoco se me ocurrió a mí durante años en los cuales yo era un universalista.  Pensaba que todos los hombres al final, serían salvos.  Eran un universalista porque tenía un argumento para la salvación última de todos los hombres, al que pensaba jamás podrían destruir.  Pensaba que si yo no tenía una respuesta, porqué nadie la tenía.  Por lo tanto, desafié a cualquiera a responderme ese argumento.  Iba dando vueltas por allí con mi preciosa y altiva cabeza, diciendo:  ‘He encontrado una razón incontestable para el universalismo’.  Pensé que era un universalista para siempre y que cualquiera que no lo fuera, era porque no estaba en sus cabales.

Un día se me ocurrió que un Dios infinitamente sabio, podía saber más que yo.  Lo que nunca se me había ocurrido pensar antes.  También pensé que era bastante posible que un Dios de infinita sabiduría podría tener miles de buenas razones para hacer alguna cosa mientras que yo, en mi infinita necedad, ni siquiera tenía una.  Y fue entonces cuando mi querido y acariciado universalismo, se transformó en humo.

Si aceptamos y comprendemos el pensamiento que es posible que un Dios infinitamente sabio sabe más que nosotros y que Dios en su infinita sabiduría pudiera tener mil buenas razones para hacer algo en circunstancias que nosotros no tenemos ni siquiera una, habremos aprendido una de las verdades teológicas más grandes del día -una que resolverá muchos de los problemas de la Biblia que nos dejan perplejos.

Los hombres pretenden tener una sabiduría infinita y fantasean que pueden hacer uso de ella de acuerdo a las capacidades limitadas de sus mentes.  Pero debido a que son incapaces de llegar a esa sabiduría infinita en sus mentes estrechas, dicen:  ‘No creo que es Libro sea la Palabra de Dios, porque no hay nada en él que me impida comprender su filosofía’.  ¿Por qué tenemos que comprender su filosofía?  ¿Quiénes somos?  ¿Cuál es el tamaño de nuestras mentes?  ¿Por cuánto tiempo la hemos tenido?  ¿Por cuánto tiempo la mantendremos?  ¿Quién nos la dio?”[23]

“No es de nuestra incumbencia conocer la filosofía de las cosas; no es de nuestra incumbencia conocer la razón de las cosas.  Sí lo es oir lo que Dios tiene que decir y cuando lo dice, creer en ello, ya sea que comprendamos Su filosofía o no”[24]

“Existe una clase más de hombres que altercan con Dios; los hombres que en vez de aceptar a Jesucristo como su Salvador y rendirse ante él como Señor y Maestro, confesándose abiertamente frente a él de la misma manera que lo hacen frente al mundo, están dando excusas por no hacerlo.   Jesús dice en Juan 6:37:  “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera”.  Dios dice en Apocalipsis 22:17:  “…y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”.  Cualquiera puede ir a Cristo y cualquiera que lo hace, será recibido y será salvo.  Pero muchos de ustedes, en lugar de ir, dan excusas para no hacerlo.  En toda excusa que se haga para no hacerlo, estará entrando en controversia con Dios, estará condenando a Dios, quien le está invitando.  No podemos esgrimir alguna excusa por no ir y aceptar a Dios, que no esté condenando a Dios.  Cada excusa que cualquier mortal haga para no aceptar a Cristo, en su último análisis, condena a Dios”[25]

[1] Martín Lutero, The Bondage of the Will (Philadelphia:  Westminster, 1975), p. 117, de acuerdo a lo citado por Michael Scott Horton, Putting Back Into Grace (Nashville:  Thomas Nelson Publishers, 1991), p. 60.

[2] Charles Haddon Spurgeon, The New Park Street Pulpit, vol. 4 (mensaje predicado el 1º Agosto de 1858, en el Music Hall, Royal Surrey Gardens, de acuerdo a lo citado por Warren Wiersbe, Classic Sermons on the Sovereignity of God (Grand Rapids:  Kregel Publications, 1994), pp. 114-115.

[3] Spurgeon, de acuerdo a lo citado por Wiersbe, pp. 116-117

[4] También debemos recordar que Satanás tiene su parte en la incredulidad de los perdidos, pues él está siempre intentando apartar a los hombres del evangelio (Marcos 4:3-4, 13-14), enceguecer a los hombres frente al evangelio (2ª Corintios 4:3-4) y también por corromper y distorsionar el evangelio (2ª Corintios 11:14; 13-15).

[5] Juan Bautista reconoció y consignó el error, cuando les dijo a los escribas y a los fariseos:  “…y no penséis decir dentro de vosotros mismos:  A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aún de estas piedras”  (Mateo 3:9).

[6] En ningún otro lugar, Pablo explica que un verdadero israelita es un hijo de Dios por fe en Cristo, ya sea judío o gentil (ver Romanos 4:16-17; Gálatas 6:16).  A propósito, en Romanos 4, Pablo señala que Abraham era en realidad un gentil (incircunciso) cuando llego a ser un creyente (ver 4:10-12).

[7] Michael Scott Horton, Putting Amazing Back Into Grace, p. 45.

[8] A.W. Pink, The Attributes of God, p. 29.

[9] Martín Lutero, The Bondage of the Will (Philadelphia:  Westminster, 1975), p. 117, según cita de Michael Scott Horton, Putting Amazing Back Into Grace (Nashville:  Thomas Nelson Publishers, 1991), p. 60.

[10] D. James Kennedy, Truths That Transform (Old Tappan, NJ:  Revell, 1974), según cita de Michael S. Horton, Putting Amazing Back Into Grace (Nashville:  Thomas Nelson Publishers, 1991), p. 43.

[11] Michael Horton, p. 45.

[12] Jonathan Edwards, tomado de The Words of Jonathan Edwards (vol. 2, 1976), publicado por Banner of Truth Trust, según cita de Warren Wiersbe, Classic Sermons on The Sovereignity of God (Grand Rapids:  Kregel Publications, 1994), p.107.

[13] A.W. Pink, The Attributes of God, p. 27.

[14] Horton, p. 59.

[15] Michael Horton, Putting The Amazing Back Into Grace, pp. 58-59.

[16] Horton, p. 66.

[17] Pink, p. 25.

[18] Pink, p. 27.

[19] Torrey, Wiersby, p. 45.

[20] Torrey, p. 47.

[21] Torrey, p. 48.

[22] Torrey, p. 49.

[23] Torrey, p. 57.

[24] Torrey, p. 58.

[25] Torrey, p. 58.

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2
mar

Cristo murio por los impíos

Cristo murio por los impíos

Por Rev. Horatius Bonar (1808-1889)

Traducido por Pedro B Durik

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«Y vio Jehová que la malicia de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.» Génesis 6:5 RVR 1909

El testimonio divino acerca del hombre es, que él es un pecador. Dios da testimonio contra él; y testifica que «no hay justo, ni aun uno;» que «no hay quien haga lo bueno;» «no hay quien entienda;» «no hay quien busque a Dios,» y, nadie que le ame a Él (Sal. 14:1-3; Rom. 3:10-12). Dios habla del hombre amablemente, pero severamente; así como uno que suspira por su niño perdido, pero uno que no se compromete con el pecado, y de ninguna manera hará libre al culpable. Él declara al hombre ser un perdido, un desviado, un rebelde, un «aborrecedor de Dios» (Rom. 1:30); no un pecador ocasional, pero un pecador siempre; no un pecador en parte, con muchas cosas buenas acerca de él; pero completamente un pecador, sin ninguna bondad compensatoria; malo de corazón y de vida, muerto «en delitos y pecados» (Ef. 2:1); un hacedor de maldad, y por lo tanto bajo condenación; un enemigo de Dios, y por lo tanto «bajo ira;» un violador de la justa ley, y por lo tanto bajo «maldición» de la ley (Gál. 3:10). El pecador no sólo trae a luz pecado, pero él lo carga consigo mismo, como su segundo de sí mismo; él es un cuerpo o una masa del pecado (Rom. 6:6), un «cuerpo de muerte,» sujeto no a la ley de Dios, pero a «la ley del pecado» (Rom. 7:23, 24).

Hay otro y todavía peor cargo contra él. El no cree en el nombre del Hijo de Dios, ni ama al Cristo de Dios. Este es su pecado de pecados. Que su corazón no está bien con Dios es el primer cargo contra él. Que si corazón no está bien con el Hijo de Dios es el segundo. Y es el segundo que es el culminante, compresivo pecado, cargando consigo más terrible damnación que todos los otros pecados puestos juntos. «El que en Él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios.» (Juan 3:18). «El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo: el que no cree á Dios, le ha hecho mentiroso; porque no ha creído en el testimonio que Dios ha testificado de su Hijo» (1 Juan 5:10). «El que no creyere, será condenado» (Marcos 16:16). Y aquí es el primer pecado que el Espíritu Santo redarguye al hombre que es la incredulidad; «Y cuando Él (el Espíritu Santo) viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio: De pecado ciertamente, por cuanto no creen en mí» (Juan 16:8-9).

El hombre no necesita tratar de poner una buena palabra a favor de si mismo, o confesar que no es culpable, a menos que él puede demostrar que ama, y siempre ha amado, a Dios con todo su corazón y alma. Si él puede verdaderamente decir eso, él totalmente está bien, no es un pecador, y no necesita el perdón. Él encontrará su camino al reino sin la cruz y sin el Salvador. Pero, si él no puede decir eso, su boca se calla y él queda convicto ante Dios. Sin embargo, no importa cuan favorable su vida exterior lo presente a él y otros vean su caso justo ahora, el veredicto será contra él en el estado venidero. Este es el día del hombre, cuando los juicios del hombre prevalecen; pero el día de Dios viene, cuando el caso será juzgado por sus méritos reales. Entonces el Juez de toda la tierra hará correcto, y el pecador será puesto a vergüenza.

Este es un veredicto divino, no humano. Es Dios, no el hombre, quien condena; y Dios no es hombre para que mienta. Este es el testimonio de Dios acerca del hombre, y sabemos que su testimonio es verdadero. Concierne mucho a nosotros para recibirlo tal como es, y obrar a impulso de ello.

«Mirad á mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra: porque yo soy Dios, y no hay más» (Isa. 45:22), un «Dios justo y Salvador» (v.21). «Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase á Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar» (Isa. 55:7).

Fije su ojo, el ojo de fe, en la cruz y vea estas dos cosas – los crucificadotes y el Crucificado. Vea los crucificadotes, los aborrecedores de Dios y de Su Hijo. Ellos son usted mismo. Lea en ellos su propio carácter. Vea al Crucificado. Es Dios manifiesto en carne, sufriendo, muriendo por los impíos. ¿Puede conjeturar Su gracia? ¿Puede estimar pensamientos malos acerca de Él? ¿Puede usted pedir algo más, para despertar en usted la más completa y no reservada confianza? ¿Mal interpretaría usted aquella agonía y muerte, sea diciendo que ellas no significan gracia, o que la gracia que ellas significan no son para usted? Traiga a su mente lo que está escrito — «En esto hemos conocido el amor, porque Él puso su vida por nosotros: también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos» (1 Juan 3:16). «En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado á Dios, sino que Él nos amó á nosotros, y ha enviado á su Hijo en propiciación por nuestros pecados» (1 Juan 4:10).

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19
ene

Cristo Crucificado por Charles H. Spurgeon

Cristo Crucificado por Charles H. Spurgeon

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11
ene

Los Altibajos de Dagón Por Charles Haddon Spurgeon

Los Altibajos de Dagón

NO. 1342

Un sermón predicado

por Charles Haddon Spurgeon

En el Tabernáculo Metropolitano, Newington, Londres.

“Y tomaron los filisteos el arca de Dios, y la metieron en la casa de Dagón, y la pusieron junto a Dagón. Y cuando al siguiente día los de Asdod se levantaron de mañana, he aquí Dagón postrado en tierra delante del arca de Jehová; y tomaron a Dagón y lo volvieron a su lugar. Y volviéndose a levantar de mañana el siguiente día, he aquí que Dagón había caído postrado en tierra delante del arca de Jehová; y la cabeza de Dagón y las dos palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral, habiéndole quedado a Dagón el tronco solamente.” 1 Samuel 5: 2-4.

El arca de Jehová fue capturada por los filisteos, aunque estaba custodiada por todos los hombres armados que Israel pudo juntar para la batalla. Cuando estuvo protegida por sacerdotes desarmados, no sufrió ningún daño. Y a lo largo de todo el funesto período de los Jueces, aunque los tiempos habían sido sobremanera alborotados y peligrosos, el arca nunca fue capturada. Sólo fue capturada cuando estuvo protegida por el arma carnal. Cuando la tuvieron a su cargo aquellos a quienes Dios había ordenado que cuidaran el arca del pacto, estuvo segura; pero cuando los altivos estandartes del Estado y los escuadrones de la nación ordenados en batalla, formaron el cuerpo de guardias del sagrado santuario del arca de Dios, ésta fue tomada. Cuando el poder civil se unió al espiritual, y el brazo de carne se entrometió para apoyar y para vincularse al brazo de la fortaleza de Dios, entonces el arca fue transportada en triunfo por sus enemigos.

A lo largo de toda la historia de la humanidad encontrarán la explicación de este hecho instructivo: dejen sola a la verdad de Dios y se cuidará a sí misma, sin ayuda de reyes ni de príncipes, leyes o instituciones, fundaciones o privilegios. Basta que expongan la verdad pura de la revelación y se abrirá su propio camino. Por otro lado, atavíenla y adórnenla con su elocuente lenguaje, o protéjanla y guárdenla con su sabiduría y prudencia carnales, y la verdad entrará en cautiverio. Dejen a la iglesia sola, oh ustedes, reyes y príncipes, o persíganla si quieren, pues se reirá hasta el escarnio de la oposición de ustedes; pero no pretendan propagar sus doctrinas por medio del poder civil, pues esta es la peor maldición que podría sobrevenirle. Tómenla bajo su protección, y el simple contacto con sus reales manos transmitirá enfermedad a su interior. La así llamada “iglesia” ha decaído casi hasta la muerte cuando sus ministros, como Ofni y Finees, se han aliado con el poder temporal; pues Dios obrará por Sus propios instrumentos, y a Su manera. No aceptará estar endeudado con el poderío de la carne. Defenderá Su propia gloria por medio de Su propio poder misterioso. Él usa como instrumentos a Sus consagrados, vestidos de lino fino, que es la justicia de los santos, y no a los hombres manchados de sangre, guarnecidos con sus cotas de malla y sus petos de acero reluciente.

Podemos aprender otra lección del incidente que estamos considerando. Cuando los filisteos derrotaron a los israelitas en la batalla, capturando el cofre llamado arca, se jactaron y se gloriaron como si hubiesen derrotado a Dios mismo. Ellos evidentemente consideraban el estuche de oro como la parte más preciosa del botín, y lo colocaron como un trofeo en el templo principal de su dios Dagón, para mostrar que él era más poderoso que Jehová Dios, que fue incapaz, según ellos, de proteger a Su pueblo. Esto lesionó al instante el honor de Jehová, y como Él es un Dios celoso, eso auguraba el bien para Israel. El hecho de que Dios es un Dios celoso, a menudo tiene un lado terrible para nosotros, pues nos conduce a nuestro castigo cuando le agraviamos: esto, en verdad, llevó a la derrota a Israel. Pero tiene también un lado brillante para nosotros, pues Su celo se inflama en contra de Sus enemigos de manera más terrible que contra Sus amigos; y cuando Su nombre es blasfemado, y los honores que se deben a Él son atribuidos a un simple ídolo, o cuando se declara que Él ha sido derrotado por un falso dios, entonces Sus celos arden como brasas de enebro, y desnuda Su diestra para golpear a Sus adversarios, como lo hizo en esta ocasión.

Él considera conveniente castigar a Su pueblo que le ha ofendido, pero cuando Filistea dice, “Dagón ha derrotado a Jehová,” entonces el Señor no tolerará más que Filistea triunfe. La respuesta de Jehová para Sus enemigos fue que Dagón fue hecho pedazos ante Su arca, y los filisteos fueron heridos con tumores hasta que, en su desesperado dolor y horrenda desgracia, dejaron libre el arca, no pudiendo soportar por más tiempo su presencia en ninguna de sus ciudades. Así, desde entonces, los judíos acostumbraban a exasperar a los filisteos, recordándoles la enfermedad que tan penosamente les había atribulado; y hay un rasgo de esto en el Salmo que dice del Señor, “E hirió a sus enemigos por detrás; les dio perpetua afrenta.” Jamás nación jactanciosa alguna sufrió una más profunda deshonra a los ojos de sus vecinos, para quienes se volvieron el hazmerreír, y nunca imagen alguna sufrió peor desgracia que la que recayó sobre su dios Dagón.

Ahora, entonces, siempre que en cualquier momento la infidelidad o la superstición prevalezcan al punto de desalentar sus mentes, reciban consuelo de esto: que el honor de Dios está comprometido en todas estas situaciones. ¿Han blasfemado Su nombre? Entonces Él protegerá ese nombre. ¿Se han sobrepasado más que nunca en sus sucias expresiones contra Él? Entonces le provocarán, y Él desnudará Su santo brazo. ¡Yo ruego para que le provoquen así! Toda Su iglesia dirá “¡Amén!” a eso, así que Él se levantará y consumará las gloriosas obras de Su fuerza y de Su amor en medio de los hijos de los hombres, y confundirá a los adversarios demostrando que todavía está con Su pueblo, y que es el Dios todopoderoso como lo fue en los días de antaño.

Entonces, díganse ustedes: “nuestro Señor no siempre soportará este papismo idólatra, que está multiplicando a sus sacerdotes dentro de nuestra iglesia nacional. Su pueblo no puede soportarlo; mucho menos Él. No siempre tolerará estas teorías blasfemas, por las cuales hombres eruditos y presumidos, juntamente con escépticos vanagloriosos, buscan sacar a Dios del mundo. Ellos le provocarán. Él se moverá; se mostrará fuerte a favor de Su verdad, descorrerá las olas del pecado, y hará saber a las edades que Él es todavía el grandioso YO SOY, el Dios victorioso sobre todo, bendito para siempre.” Me parece que esas dos verdades yacen sobre la superficie de este pasaje.

Y ahora, aunque sería muy erróneo considerar la palabra de Dios como un simple conjunto de alegorías, y así negar que registra hechos (y esto, confío, nunca lo haremos) sin embargo, el apóstol Pablo nos ha mostrado que muchos de los eventos del Antiguo Testamento son una alegoría, y como estas cosas son evidentemente tipos, y deben considerarse como emblemas y modelos de cosas que ocurren todavía, usaremos este pasaje de una manera espiritual, convirtiéndolo en un canal de enseñanza práctica. Cuando el Dios vivo viene al alma, Dagón, el dios-ídolo del pecado y de la mundanalidad, debe caer. Ese es el pensamiento que enfatizaremos en este momento.

I. Entonces, para comenzar: LA LLEGADA DEL ARCA AL TEMPLO DE DAGÓN ES UN SÍMIL ADECUADO DE LA LLEGADA DE CRISTO AL ALMA.

De acuerdo a la mejor información disponible, Dagón era el dios-pez de Filistea, tal vez tomado de los sidonios y de los hombres de Tiro, cuya actividad principal radicaba en el mar, y que, por tanto, inventaron una deidad marina. La parte superior de Dagón era un hombre o una mujer, y la parte inferior del ídolo estaba tallada como un pez. Podemos tener una idea aproximada de él, partiendo de la idea común de la fabulosa criatura ficticia llamada sirena. Dagón era simplemente un ser con un cuerpo pisciforme o una sirena; sólo que, por supuesto, no se tenía la pretensión que viviera. Era una imagen tallada, como esas que los papistas adoran y llaman la Bendita Virgen, o San Pedro o san Remigio. El templo de Asdod era, tal vez, la catedral de Dagón, el santuario principal de su adoración; y allí se sentaba erguido sobre el elevado altar, rodeado de pompas.

El arca del pacto de Jehová de los ejércitos era una pequeña caja de madera, recubierta de oro. De ninguna manera era un objeto pesado o voluminoso, mas sin embargo era muy sagrado, pues tenía un carácter representativo, y simbolizaba el pacto de Dios: su captura fue ciertamente dolorosa para los israelitas piadosos, pues sintieron que la gloria de Israel había sido traspasada cuando el arca fue tomada. La urna sagrada fue cargada en triunfo por los filisteos, y llevada al templo donde permanecía Dagón. Con el ojo de su mente podrán imaginarse al dios-pez, alto en su trono, y el incienso ardiendo ante él y los sacerdotes reunidos a su alrededor, y los príncipes de Filistea, con sus pendones triunfantes, inclinados ante su altar. Oímos los gritos de los príncipes filisteos cuando llevan el cofre de oro con sus varas de oro, y lo colocan al pie de Dagón, y cantan sus himnos victoriosos. Óyelos tocando sus trompetas y cantando sus himnos blasfemos: “¡Gloria a ti, oh Dagón! ¡Tú has triunfado en este día, oh poderoso dios de la tierra y del mar! ¡Glorioso dios-pez, tú has vencido a quienes vencieron a los cananeos; y aunque su Dios despojó de su vida a los egipcios de antes, tú los has matado por millares. Gloria sea a ti, poderoso dios!” Así enaltecerían a su deidad, derramando su desprecio sobre el arca capturada que pusieron junto a la imagen.

Luego, cuando el servicio terminó, y ya habían adorado a Dagón hasta saciar sus corazones, cerraron el templo, y hubo oscuridad en el lugar santo, o lugar impío: ¿cómo habremos de llamarle? El arca no permaneció allí por mucho tiempo, con Dagón en aparente supremacía, pero la simple entrada del arca en el templo del ídolo fue un cuadro adecuado de la introducción de la gracia de Dios en el corazón humano. Los filisteos introdujeron el arca del Señor, pero únicamente un acto del poder divino puede traer la gracia de Dios al alma. Por diversos medios, la verdad que es en Jesús es leída, es oída, es traída a la memoria, es vista impresa en las vidas de los hombres, y así entra en el templo del hombre interior. Cuando entra por primera vez en el corazón, encuentra al pecado entronizado allí; y el Príncipe de las Tinieblas reina supremo. La primera gracia que entra en el alma la encuentra en la oscuridad y en la muerte, bajo el dominio del pecado.

Hermanos, nosotros no tenemos que liberarnos del pecado y de la muerte y de la oscuridad, para entonces obtener la gracia; sino que, cuando aún estamos muertos, la gracia nos visita; cuando somos todavía esclavos, el libertador llega; en nuestra media noche más oscura, se levanta el sol de justicia. Mientras el Dagón del pecado se sienta firmemente sobre su trono, como si no pudiese ser perturbado, y su hórrida figura está sola y es vista señoreando sobre todos los pensamientos y las imaginaciones del corazón, en ese momento es que “Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados,” envía Su gracia poderosa para que more en nosotros. Cuando esa gracia entra en el alma, lo hace sin ser vista, y el pecado inicialmente sabe lo mismo acerca de la gracia entrante, que lo que Dagón sabía acerca del arca. La gracia, la luz, la verdad, el amor de Dios entran en el alma, y el hombre no sabe todavía lo que el Señor ha hecho por él. Está únicamente consciente de alguna impresión, de una cierta necesidad de reflexión que no había conocido antes, de un estado de ánimo en calma, de un deseo de considerar las cosas eternas; y eso es todo lo que percibe de la obra del Señor en él. Su Dagón parece estar allí en su acostumbrada majestad suprema, excepto que algo extraño está también en la mente, pero el hombre no sabe qué es. Es el principio del fin: de un fin bendito y glorioso.

Tenemos ahora a Dagón y al arca en el mismo templo, al pecado y la gracia en el mismo corazón, pero este estado de cosas no puede durar largo tiempo. Nadie puede servir a dos señores, y si pudiera, ninguno de los dos señores estaría de acuerdo en ser servido de esa manera. Los dos grandes principios del pecado y la gracia no habitarán en paz entre ellos, pues son tan opuestos como el fuego y el agua. Habrá un conflicto y una victoria, y sabemos quién vencerá, pues como siempre, cuando la gracia de Dios entra en el alma, el pecado recibe el aviso de marcharse.

Esa noche, cuando los filisteos habían terminado con sus ceremonias exultantes, pensaron que habían dejado a Dagón revestido de gloria, reinando y triunfando sobre el arca del Señor. Escasamente habrían cerrado las puertas y salido, antes de que Dagón cayera postrado en tierra delante del arca. Cayó postrado. No se inclinó, sino que cayó, y no cayó de costado, sino que se le hizo hacer reverencia delante del arca, pues quedó postrado; y no fue una caída a medias simplemente, sino que cayó postrado en tierra delante del arca: ¡un cambio de posiciones muy significativo para sus adoradores! El arca fue colocada al pie de la imagen de Dagón, y ahora Dagón está ante el arca como si se postrara en adoración ante el grandioso y poderoso Dios. De igual manera, la gracia no tarda mucho en echar fuera al pecado. ¡La gracia pone las cosas al revés! El santo y seña es: “echar abajo, echar abajo, echar abajo.” El Quebrantador ha subido, y las imágenes inventadas por el hombre deben ser hechas añicos.

Muy probablemente su Dagón tenga la forma de la justicia propia. La llamaré Dagón pues viene siendo lo mismo: uno de los peores ídolos en el mundo entero es el ídolo del ego. El hombre que tiene justicia propia se jacta diciendo que es tan bueno como los demás, si es que no es mejor, aunque no sea cristiano. Que él sepa, nunca ha hecho nada verdaderamente malo, y siente que en él hay mucho que es muy bueno y hasta excelente, y por tanto espera que las cosas le salgan bien al final. Tiene un hermoso mascarón de proa por su dios, y aunque su carácter pueda tener una cola “resbalosa,” él mantiene eso fuera de la vista en tanto que sea posible, y la encubre con excusas. El dios de su confianza en sí mismo es una cosa muy hermosa, tomada en su conjunto; es hermosa como una sirena, y él está fascinado con su belleza. Se inclina ante su ídolo y canta delante de él ese viejo cántico de los filisteos (quiero decir de los fariseos) que comienza, “¡Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres!” Cuando la gracia entra en el alma, el dominio del autocontrol llega a un fin, y al suelo va el dios-pez postrado delante del arca del Señor, y el hombre descubre que no tiene esa justicia en la que confiaba. Comienza a deplorar sus pecados y a lamentar sus deficiencias. Le ha sobrevenido un perfecto cambio de sentir. Ahora se desprecia a sí mismo tanto como antes se admiraba a sí mismo; y ahora, en vez de tomar el asiento más alto en la sinagoga, está anuente a ser portero en la casa del Señor. “¡Ah,” dice, “cuán gran pecador soy! ¡Cuán vil soy a los ojos de Dios!” ¿No pueden ver cómo este valeroso Dagón está postrado en tierra delante del arca?

Tal vez el hombre no poseyó nunca mucho de esta justicia propia llena de vanagloria, pero sirvió al Dagón del amado pecado que obsesiona. El hombre era un borracho, y Baco imperaba en él: pero tan pronto como la gracia de Dios fue traída al alma, acabó con el dios-bebida. El horrible Dagón de la borrachera es destronado por la gracia. El hombre no puede soportar cuando recuerda cómo se deshonró a sí mismo para ser un apasionado del desenfreno, y del sexo, y del exceso, y de la borrachera, y de pecados abominables semejantes, que llevan a la humanidad por debajo del nivel de las bestias. Aquél que es verdaderamente un penitente, odia el simple nombre de estos pecados inmundos.

Si un hombre ha sido culpable de usar un lenguaje sucio y juramentos blasfemos, la gracia de Dios generalmente lo cura de inmediato. He oído de hombres que habían vivido en la práctica de jurar durante muchos años, que han dicho que, desde el momento de su conversión, nunca tuvieron la tentación de hacerlo de nuevo; ese negro pecado salió por completo de ellos de inmediato. A algunos otros pecados les toma tiempo morir, pero el lenguaje blasfemo generalmente entrega el alma sin pelear. John Bunyan dice que una piedra del ariete mató al señor Profano fracturando su cráneo, de tal forma que pronto murió en el sitio de Almahumana; sería bueno que más pecados engañosos murieran de esa manera. Las ofensas externas más indecorosas, como Dagón, son abatidas pronto delante del arca.

Pecados de cualquier índole son abatidos delante de la gracia triunfante. Sí, y el hombre que recibe la gracia de Dios, siente que el amor de cualquier pecado y de todo pecado es arrojado fuera del lugar que ocupaba en su corazón. Ahora desea ser liberado de él por completo, y clama ansiosamente: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” Ya no buscará ni vivirá en el pecado, como lo hacía antes, y al igual que Pablo, no seguirá siendo un perseguidor del Señor, pues Jesús se le ha aparecido en el camino. ¡Qué caída, estilo Dagón, experimentó el orgullo del apóstol a las puertas de Damasco! Ese tipo de caídas se da en el corazón de cada individuo en quien la gracia de Dios llega con poder.

Ahora podemos avanzar con el paralelismo. Esta caída de Dagón comenzó a ser percibida muy pronto, pues “Cuando al siguiente día los de Asdod se levantaron de mañana, he aquí Dagón postrado en tierra.” Después de la entrada de la gracia, muy pronto se presenta esta señal, y no pasa mucho tiempo sin que sea vista y conocida. Que nadie conciba que hay gracia en su alma, si Dagón está sentado todavía en el trono. Esta es una de las primeras señales de la entrada de la vida de Dios en el alma: que el pecado se derrumba de su elevado sitio, y ya no es tenido por más tiempo en honor.

Al mismo tiempo, observen que Dagón no estaba quebrado. Había caído postrado, pero eso fue todo; de tal manera que al día siguiente, sus insensatos adoradores lo volvieron a su lugar. Algunas veces, a la primera entrada de la gracia hay una caída del pecado, pero nada parecido a una quebradura o destrucción del pecado en el alma, como las habrá después. Cuando la vida divina ha entrado, el pecado es destronado, y ya no se sienta más allí arriba, en el lugar que le corresponde a Dios; sin embargo, a pesar de ello, hay un tremendo poder que permanece en la naturaleza corrupta, una tendencia mortal a pecar, una poderosa ley en los miembros que sujeta al alma a la cautividad. Pero aun así, el ídolo es abatido, aunque no sea quebrado: no puede reinar, aunque puede permanecer para hostigarnos.

Ahora, ¿qué ocurrió en la noche mencionada en el texto? Dagón cayó delante del arca cuando todo estaba quieto y apacible en el templo. Mientras los adoradores se encontraban allí, durante el día, había ruido y gritos, y el falso de dios estaba en lo alto; entonces era muy difícil discernir que había un poder misterioso relacionado con el arca. Fue en la quietud de la noche que esta obra fue realizada, y así a menudo, al escuchar la palabra, la gracia es introducida en el corazón, pero ustedes no sabrían que se ha obrado algún cambio, pues es únicamente cuando el hombre se ha alejado del negocio del mundo (cuando se aísla y comienza a considerar) que un poder divinamente misterioso es manifestado por la gracia interior, para hundir al pecado, y abatir el poder del mal.

¡Quiera Dios que nuestros lectores aprovechen más oportunidades para considerar con quietud la palabra de Dios! ¡Cuánta mayor bendición se obtendría a menudo de los sermones y de los libros, si hubiese más meditación! Ustedes reciben las uvas, pero no las pisan en el lagar. Hacen un mayor esfuerzo en recoger las gavillas del sermón, del que luego invierten en desgranarlas. El poder que hirió a Dagón se manifestó en la quietud de la noche; y cuando la gracia de Dios ha entrado en sus almas, es probable que el abatimiento del pecado sea efectivamente consumado en tiempos de quietud de pensamiento y búsqueda de corazón, más que en cualquier otro período. El pensamiento es el canal de inmensa bendición para el alma. Cierren las puertas del templo y dejen que todo esté en calma, y entonces el Espíritu Santo obrará maravillas en el alma.

II. Ahora, en segundo lugar, QUE VOLVIERAN A DAGÓN A SU LUGAR LA SEGUNDA VEZ, Y SU SEGUNDA CAÍDA, REPRESENTAN MUY BIEN LA BATALLA QUE TIENE LUGAR EN EL ALMA, ENTRE EL PECADO Y LA GRACIA.

Cuán insensatos eran estos filisteos al seguir adorando a un dios que, cuando tropezaba y caía al suelo, no se podía levantar otra vez. Adorar a un dios que cayó postrado en tierra era ya suficientemente malo, pero adorar a un dios que no pudo levantarse cuando cayó, sino que necesitó de manos humanas que lo volvieran a su lugar, era ciertamente una vil fatuidad: pero levantaron a su valiosa deidad, y la volvieron a su lugar, y sin duda cantaron una especial “misa mayor” en su honor, y luego siguieron su camino, cada quien a su hogar, sin soñar siquiera que su hermoso dios-pez necesitaría de su ayuda otra vez y muy pronto.

De la misma manera Satán y la carne vienen a nuestras almas y tratan de volver al caído Dagón a su lugar, con algún grado de éxito. Sucede a menudo que en jóvenes convertidos llega un período en que, daría la impresión que han apostatado completamente y han regresado a su forma de vida anterior. Parecería como si la obra de Dios no fuera real en sus almas, y la gracia no fuera triunfante. ¿Se sorprenden de ello? Yo ya no me sorprendo. El Evangelio es predicado, y el hombre lo acepta, y hay un maravilloso cambio en él; pero cuando va con sus antiguos compañeros, aunque tenga la determinación de no caer en sus pecados anteriores, lo tientan muy severamente. ¡Es asediado de mil maneras! Algunos de nuestros jóvenes, si nos contaran su historia, perturbarían los sentimientos de ustedes al referir la forma en que todo tipo de burlas e insinuaciones y vituperios son arrojados contra ellos, y eso por personas influyentes: sus padres, sus hermanos y hermanas mayores, y quienes supervisan su trabajo; son acosados en el frente y en la retaguardia, de tal manera que si no transgreden de una manera, es muy probable que el diablo astutamente los haga tropezar de otra.

He conocido a un hombre que fue tentado para unirse a malas compañías, rehusando hacerlo una y otra vez. Sus tentadores se reían de él, y lo soportó estoicamente, pero al fin perdió su compostura; y tan pronto como sus enemigos vieron su pasión hirviendo, clamaron: “¡Ah, allí está! ¡Te agarramos!” En un momento como ese, el pobre hombre estaría inclinado a gritar: “Ay, no puedo ser un creyente, pues de lo contrario no habría hecho esto.” Ahora, todo eso es un violento intento de Satán y de la carne para volver a Dagón a su lugar. Ellos saben que el Señor lo ha derribado y no pueden soportarlo, y anhelan restablecer en el trono al dios-pez. Algunas veces vuelven a Dagón a su lugar y causan gran aflicción en el alma.

He conocido a una pobre oveja perdida que fue encontrada y vuelta al redil; pero se extravió miserablemente por un tiempo, y el diablo pensó que, en verdad, había recuperado esa oveja, y quería hacerla pedazos, pero estaba engañado, después de todo. Dagón fue vuelto a su lugar únicamente por un tiempo, y fue derribado de nuevo; y así sucede siempre que la gracia entra en el corazón. Los extraviados han regresado, llorando y suspirando, reconociendo que han deshonrado su profesión de fe: y ¿cuál ha sido el resultado a la larga? Bueno, que han tenido más humildad, más suavidad de corazón, más amor a Cristo, más gratitud, de lo que hayan tenido antes; y me ha alegrado (no me ha alegrado que se extraviaran, pero me ha alegrado) que la gracia de Dios, cuando los ha traído de regreso más plenamente, les ha dado una conversión más profunda, y una obra de gracia más duradera y sustancial, de tal manera que después, han continuado, por la gracia de Dios, como útiles y honorables cristianos hasta el fin.

Se da el caso muy a menudo, y hablo ahora a cualquier joven converso que diga en su corazón: “Oh, señor, yo ciertamente amo al Señor, pero he sido un gran rebelde. Yo verdaderamente confío en Jesús. Deseo ser cristiano, pero he sido derrotado por los enemigos, y me temo que no debo unirme a una iglesia cristiana, porque si no puedo resistir la tentación por seis semanas, ¿cómo podré esperar permanecer firme durante toda mi vida? Soy una criatura tan débil y tan pobre, tan inclinada al extravío, ¿qué será de mí?” Querido amigo, me duele pensar que hayas sido tan insensato, pero no dudo del poder del Espíritu Santo de Dios para ayudarte, y hacer trizas al enemigo, que aparentemente ha retomado su poder en ti.

Ahora, observen que aunque volvieron a Dagón a su lugar, fue derribado de nuevo y sufrió una peor caída. No dudo que les tomó un buen tirón y un buen jadeo para alzar el desagradable bulto de mármol y ponerlo otra vez en su lugar. Muchos fuertes músculos estaban cansados, y había miembros torcidos, por haber levantado al enorme dios, y haberlo colocado en su pedestal; pero no hubo ningún problema para que el Señor derribara la fea piedra. No se necesitó ninguna cuerda ni ningún esfuerzo de estirar o torcer músculos, “Se postró Bel, se abatió Nebo” cuando Jehová se yergue. Sólo cierren las puertas del templo, y dejen que el arca y Dagón diriman sus asuntos, y Dagón se llevará la peor parte. Únicamente fíjense en esto: Dagón no había ganado mucho al ser restablecido, pues esta vez, al caer al suelo, he aquí que había caído postrado en tierra delante del arca de Jehová, “y la cabeza de Dagón y las dos palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral.” La cabeza del ídolo estaba cortada, y así el poder reinante del pecado es quebrantado y destruido por completo, y su belleza y su astucia y su gloria son reducidos a átomos. Este es el resultado de la gracia de Dios, y además su resultado seguro, si viene una vez al alma, independientemente de cuánto dure el conflicto, y de cuán desesperados sean los esfuerzos de Satán para recuperar su imperio.

Oh, creyente, el pecado puede hostigarte, pero no se volverá tu tirano. “El pecado no se enseñoreará de vosotros,” dice el Espíritu Santo, “pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” Si el poder del mal es colocado en alto por un tiempo, es únicamente para que caiga con mayor fuerza, y su cabeza sea cortada.

Luego, también, las manos de Dagón estaban cortadas, y de esa misma manera, el poder activo, el poder operante del pecado, es quitado. Las dos palmas de las manos del ídolo estaban cortadas sobre el umbral, de tal forma que se quedó sin manos. Ni el pecado de la diestra ni el pecado de la siniestra permanecerán en el creyente, cuando la gracia santificante de Dios derrumbe a Dagón. El secreto poder reinante es quebrantado, y de igual manera lo es el poder operante. El cristiano es guardado de estirar su mano a la iniquidad. Es crucificado con Cristo, y así ambas manos son clavadas a la cruz y atadas de esa manera no pueden hacer esas obras de maldad a las que las concupiscencias de la carne le impulsan.

Esto ocurrió, también, si lo observan, muy rápidamente; pues se nos informa una segunda vez que, cuando los filisteos se volvieron a levantar de mañana el siguiente día, he aquí, Dagón había caído postrado. No le toma mucho tiempo a la gracia, una vez que está en el alma, para derrumbar al poder reinante y a la energía activa del pecado, cuando por un tiempo éstos parecían haber llevado la ventaja. Hermanos y hermanas, espero que sepan esto. Espero que el Espíritu de Dios que está en ustedes, y el amor de Cristo que reina en ustedes, hayan destruido el poder que el pecado tuvo una vez en sus almas. Si no es así, entonces pregúntense si el Espíritu de Dios está en ustedes del todo. No es posible que el arca esté en el templo y que Dagón permanezca intacto allí. El mal no permanecerá inconmovible y sin rival sobre el trono hasta la mañana siguiente. No es posible que tú, querido amigo, puedas vivir y deleitarte en el pecado, y sin embargo seas un hijo de Dios. Si tu corazón está puesto en la iniquidad, donde está tu corazón allí está tu tesoro, y si el pecado es tu tesoro, no eres heredero del cielo. Lo que gobierna tu corazón es tu señor y tu dios; y serás juzgado por lo que ama tu corazón, y si amas el mal, serás condenado. Podemos pecar, ¡ah, quiera Dios que no lo hiciéramos! Pero no está en el creyente amar al pecado. Hay un antagonismo mortal entre la gracia y el pecado; y donde llega la vida de la gracia, la vida perversa debe caer. No puede haber una alianza entre Dagón y el arca, entre Dios y el mundo, entre Cristo y el pecado.

III. Y ahora, en tercer lugar, el paralelo es válido aún en un punto adicional, es decir, que AUNQUE EL DIOS-PEZ FUE DE ESTA MANERA MUTILADO Y QUEBRADO, EL TRONCO LE FUE DEJADO.

El original hebreo es, “Sólo Dagón le fue dejado,” o “únicamente el pez:” sólo la parte pisciforme permaneció. La cabeza y las porciones superiores fueron quebradas y separadas, y permaneció únicamente la cola de pez de Dagón, y eso fue todo; pero esa parte no se quebró. Ahora, este es el asunto que nos trae tanto infortunio: que le quedó el tronco. Yo desearía que no fuera así. He oído que algunas personas dicen que en ellos no permanece ningún pecado. Bien, querido hermano, ¡que el Señor te convierta! No diré nada más aparte de eso, pues si hubiese en ti suficiente luz para que percibieras tus tinieblas, sería diferente la forma en que hablarías. Todo hijo de Dios que sabe algo acerca de sí mismo y de la experiencia de un creyente real, sabe que hay pecado que mora en él, y eso en un grado tan temible, que hace que su alma misma clame en agonía, “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” No podría llegar al extremo de cantar, con Ralph Erskine, como una descripción de mí mismo, los versos escritos por él en sus “Sonetos del Creyente:”

“Al bien y al mal, la misma propensión,
Y a la vez un diablo y un santo.”
Mas sin embargo, tomado con un puñado de sal, hay mucho de verdad en esa expresión incauta. Está la vieja corrupción dentro de nosotros, y no tiene sentido que la neguemos, pues negarlo nos hará bajar la guardia, hará que muchos de los rompecabezas de la vida se queden sin respuesta, y a menudo nos acarreará gran confusión de alma. La otra ley está en nosotros, así como la ley de la gracia. ¿Puedes acercarte a Dios, hermano mío, y no ver que Él puede justamente acusarte de insensatez? ¿Puedes estar en Su presencia, como lo hizo Job, y contemplar Su gloria, y no decir: “Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza.”? ¿Acaso puedes tener tratos con la perfección, sin percibir tu falta? ¿Acaso puedes acercarte al atrio más céntrico del templo, y estar bajo esa excesiva luz de comunión que es la porción de los elegidos de Dios, y no ver en ti manchas y arrugas, sí, miles de ellas, tantas, que te inducen a cubrirte el rostro avergonzado, y adorar la gracia sorprendente que a pesar de eso te ama? ¿Acaso no puedes ver lo suficiente en tu vida diaria para condenarte, y arrojarte en el infierno, si no fuera porque Dios todavía te ve en Cristo, y no te imputa tu iniquidad, sino que te acepta en el Amado? ¡Oh, así es, así es, ciertamente!

El tronco de Dagón permanece todavía; y como permanece, queridos amigos, es algo que debe vigilarse, pues aunque ese tronco de piedra de Dagón no volvería a tomar su forma en el templo filisteo, ellos harían una nueva imagen, y la exaltarían de nuevo, y se inclinarían ante ella como antes. Ay, el tronco del pecado que está en nosotros no es una losa de piedra, sino que está lleno de vitalidad, como el árbol cortado, del que Job dijo: “Al percibir el agua reverdecerá.” Si abandonaras a sí mismo al pecado que mora en ti, y dejaras que entre la tentación, verías algo que dejaría ciegos de llanto a tus ojos. Es algo bueno que te veas al espejo, pero tu rostro no es tu ego; ningún espejo puede mostrarte tu ego. Hay una cierta tentación que tiene una afinidad con el mal que mora dentro de ti, y si Satán trae esa tentación cerca de ti, te verás a ti mismo, para tu horror y vergüenza. Entonces mirará hacia fuera de la ventana de tu cara un hombre al que no viste cuando te miraste en el espejo, pues sólo viste la casa en la que vivías. Tan feo es ese hombre que hace que la propia casa en que vive se mire horrible. Cuando el hombre airado se levanta, y se vuelve visible al ojo desnudo, ¡cómo deforma el rostro! Cuando el viejo Adán obstinado se pone junto a la ventana, ¡qué rostro tan repugnante muestra! Cuando ese espíritu envidioso se levanta, ¡qué mirada tan malvada hay en sus ojos! Cuando el espíritu incrédulo atisba a través de la celosía, ¡qué cara tan miserable enseña, comparada con el rostro de la fe y de la confianza infantil en Dios! No hay nadie en este mundo, amado hermano, a quien debas temer más que a ti mismo.

Agustín solía orar, “Señor, líbrame de ese hombre malvado, líbrame de mí mismo.” Es también una oración muy apropiada para una mujer: “Señor, sálvame de mí misma.” Si eres salvado de ti mismo, serás salvado del diablo; pues, ¿qué puede hacer el diablo a menos que el ego junte sus manos con él, en una impía alianza? ¡Oh, pero cuánta vigilancia requerirá! ¡Aquí hay ciertamente espacio para la fe! La fe no rehuye el conflicto, ni nos infla con la noción que la lucha ha terminado; al contrario, se viste de toda la armadura de Dios, porque ve que la batalla todavía es encarnizada. La fe es necesaria como el escudo que protege de los dardos encendidos, y la espada con la que podemos matar al enemigo. Esta es la esfera en la que la fe debe operar; no habla de una guerra terminada, sino que continúa la campaña de toda la vida hasta lograr la victoria final. La fe no dice: “he terminado con el conflicto”: ella sabe que no: la fe dice, “estoy en medio del conflicto, luchando en contra de mil enemigos, y esperando la victoria por medio de Jesucristo, mi Señor.” Oh, hermanos y hermanas, sean fuertes en la fe por el poder del Espíritu Santo, pues lo necesitan, ya que el tronco de Dagón permanece todavía. La concupiscencia de la carne mora todavía en el regenerado.

Consideren este asunto de nuevo. Ese tronco de Dagón que permaneció era una cosa vil: era una pieza de un ídolo, un fragmento de una imagen monstruosa que había sido adorada en lugar de Dios. Ahora, el pecado que mora en ustedes no debe ser considerado nunca por ustedes de ninguna otra manera que una cosa horrible, aborrecible y detestable. Que después del amor que tú y yo hemos conocido, haya todavía poder en nosotros para ser malagradecidos, debería horrorizarnos; después de la prueba de Su verdad que Dios nos ha mostrado, después de tal fidelidad y tan abundantes evidencias de fidelidad, que seamos todavía capaces de incredulidad, debería ser motivo de aflicción para nosotros. Oh, yo desearía no poder pecar otra vez a través del tiempo ni de la eternidad. Oh, que cada partícula de la yesca de la depravación en la que el diablo pudiera dejar caer una chispa, desapareciera de mi naturaleza. Es una misericordia que las chispas sean apagadas, pero es lástima que todavía se quede la mecha; y hay abundancia de esta yesca en nosotros. ¿Yesca? Ay, pólvora, tan rápida es para prenderse en el fuego que Satán está listo a provocar. Cargamos en nuestro corazón una bomba, y mejor sería que nos mantuviéramos lejos de las candelas del diablo para evitar una explosión del pecado flagrante. Estas candelas son lo suficientemente comunes en la forma de algún amigo plausible pero escéptico, o en la forma de diversiones que son cuestionables. Manténganse alejados de los cerillos de Lucifer. Tienen suficiente maldad en su corazón sin necesidad que vayan donde conseguirán más. Si alguien aquí piensa que es tan bondadoso y bueno que puede entrar sin problemas en tentación, estoy seguro que está laborando bajo un grandísimo error. Yo le diría, hermano, hay suficiente demonio en ti para que le envíes tarjetas de invitación a siete más. Acude a Aquél que arroja demonios. Acude a la compañía donde los poderes del mal son encadenados y atados; pero no vayas donde otros diablos tan malvados como él, llamarán al demonio que ahora te asedia y le motivarán para que obre maldad. El tronco de Dagón permanece. Sé cuidadoso, vigilante, lleno de oración, y detesta al pecado con toda tu alma.

IV. Pero ahora, finalmente, aquí encontramos la misericordia, porque AUNQUE EL TRONCO DE DAGÓN NO FUE SACADO DEL TEMPLO FILISTEO, PODEMOS IR MÁS ALLÁ DE LA HISTORIA Y REGOCIJARNOS PORQUE VA A SER SACADO DE NUESTROS CORAZONES. Viene el día, hermano, hermana, en el que no habrá más inclinación en ustedes a pecar de la que hay en un ángel. Viene el día en que su naturaleza estará tan firme en la verdad y la justicia y la santidad que todos los diablos del infierno no serán capaces de hacerlos pensar un pensamiento pecaminoso. “Oh,” dirá alguien, “yo quisiera que ese tiempo venga pronto.” Vendrá, hermano. El Señor te mantendrá todavía peleando y haciendo la guerra; pero vendrá el día cuando un mensajero esperará a tu puerta, y dirá: “el cántaro está quebrado junto a la fuente, y la rueda está rota sobre el pozo; tu carne debe volver a la tierra, y tu espíritu a Dios que lo dio,” y entonces tu espíritu abrirá sus ojos con agradable sorpresa y se encontrará liberado del cuerpo, y al mismo tiempo liberado de todo pecado. Vendrá muy pronto el sonido de la trompeta de la resurrección, y el cuerpo se levantará; y una de las principales características del cuerpo resucitado será que al tiempo de levantarse quedará libre de la servidumbre de la corrupción, y no tendrá ninguna tendencia a llevarnos al pecado. Cuando nuestro espíritu perfeccionado entre en nuestro cuerpo perfecto, entonces nuestra humanidad completa, cuerpo, alma y espíritu no mostrará ninguna suciedad, ni mancha, ni mácula. Todo su pecado pasado habrá sido lavado, es más, es lavado, en la sangre del Cordero, y todas sus propensiones, tendencias e inclinaciones a pecar se habrán ido para siempre, y las simples posibilidades de pecar serán quitadas eternamente.

“Esas regiones de bienaventuranza no conocen una nube,
Por siempre son hermosas y brillantes;
Pues el pecado, fuente de infortunio mortal,
No puede entrar allí jamás.”
John Bunyan representa a Misericordia como riendo en su sueño. Ella tuvo un sueño, dijo; y se reía por causa de los grandes favores que habrían de ser todavía dispensados sobre ella. Bien, si algunos de ustedes soñaran esta noche que la cosa grandiosa de la que he hablado, les sucederá a ustedes, de tal forma que estarían completamente libres de toda tendencia a pecar, ¿no estarían también ustedes como esos que sueñan y se ríen de puro gozo? Piénsenlo: no más motivo de vigilancia, no más necesidad de llorar a causa del pecado diario, antes que se duerman por la noche; no más pecado que confesar, ningún demonio que los tiente, ningún afán mundano, ninguna concupiscencia, ninguna envidia, ninguna depresión de espíritu, ninguna incredulidad, nada semejante a eso. ¿Acaso no será esto una gran parte del gozo del cielo? Bien, yo estoy listo para gritar de gozo al pensar que esto me sucederá a mí, sin importar cuán indigno soy. “Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre.” Así será, hermano, tanto para ti como para mí. Tan cierto como que hemos confiado en Cristo, Él perfeccionará todo lo que nos concierne.

“El santo más débil ganará el día,
Aunque la muerte y el infierno obstruyan el camino.”
El Señor ha tomado a Su cargo nuestra perfecta santificación, y Él la consumará. Él ha derribado al viejo Dagón, y ha quebrado su cabeza y sus manos, y lo hará pedazos antes de que pase mucho tiempo. Sí, Él se llevará el arca del Señor lejos, donde Dagón no entre en contacto con ella nunca más. Él te llevará (la parte de ti que tiene la gracia, tu verdadero y mejor yo) lejos, a la gloria, para que mores con Él por la eternidad. Piensa en esto y canta. Sí, hermano, canta con todo poder, pues todo esto puede ocurrir en el término de una semana. ¿Una semana? Puede suceder en un día. Puede suceder antes de que llegues a casa hoy por la noche. Estamos tan cerca del cielo, que si no fuésemos tan sordos, y nuestros oídos tan pesados, podríamos oír de inmediato a los ángeles cantando sus interminables aleluyas. Algunos de los santos de Dios (algunos de aquí, tal vez) casi tienen su pie puesto en el umbral de la ciudad eterna, y no lo saben. Están más cerca del arpa y de las palmas, de lo que piensan. No se angustiarían acerca de qué harán el año entrante, ni se preocuparían acerca de la siguiente estación del año, si supieran que estarán entre las realezas del cielo para entonces. Ni siquiera se preocuparían del mañana si supieran cuán pronto habrá terminado todo, y cuán pronto comenzará el gozo eterno.

Que Dios los bendiga, queridos amigos. Que la gracia del Señor reine sobre todos en el poder del Espíritu Santo; y que Jesucristo venga a aquellos pecadores en quienes triunfa el pecado, y que entre Su gracia, y entonces sus pecados amados serán derribados. Al único Dios vivo y verdadero sea la gloria por siempre jamás. Amén.

Porción de la Escritura leída antes del sermón: Romanos 7: 18-25 y Romanos 8: 1-14.

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31
dic

FELIZ AÑO NUEVO 2010 !!

Por la Gracia y Misericordia de Dios que sea nuestra meta buscad primeramente el reino de Dios y su justicia (Mateo 6:33) y puestos los ojos en Jesús (Hebreos 12:2), entremos al descanso que el verdadero Evangelio llama a nuestras almas (Mateo 11:28) y recordemos que el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Romanos 14:17)

FELIZ AÑO NUEVO 2010 !!

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21
dic

Doctrina Bíblica ¿Será importante?

Doctrina Bíblica

¿Será importante?

Por Pablo Santomauro

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La pregunta vino como un flechazo. El joven levantó su mano y preguntó porqué yo le daba tanta importancia a la doctrina. Yo sabía que el muchacho venía leyendo desde hace tiempo material de escritores de la iglesia emergente que hablaban de cómo la iglesia evangélica tradicional ha fracasado en alcanzar a la “generación emergente”. Las mentes jóvenes son susceptibles a este tipo de material que se origina en autores ingeniosos que acusan a las iglesias evangélicas de la actualidad de seguir el modelo americano, de encerrarse en sí mismas, de ser legalistas, no permitir a las mujeres predicar, no renovarse musicalmente, no entender la dinámica del siglo XXI y no darle lugar a la nueva generación de jóvenes (que aparentemente son muy especiales y son los que alcanzarán el mundo con el evangelio). Me he resignado a que parte de hacer apologética consiste en lidiar a través del tiempo con esta clase de pseudo reformistas que se la pasan reinventando y re-imaginando la iglesia constantemente. Parte del paquete que le venden a sus seguidores es que la forma de influenciar a la generación moderna es identificarnos con su estilo de vida, escuchar la música que ellos escuchan, hablar con su mismo lenguaje, participar en sus actividades y ver las mismas películas (no importa cuan inmorales sean).

La pregunta del joven se comprende. El movimiento emergente no cree en doctrina alguna ni en ninguna clase de teología, la Biblia no es clara en una serie de temas y por lo tanto no podemos tomar posición respecto a ellos. Por supuesto que no hay lugar para la apologética en esta clase de pensamiento, porque en realidad no hay nada que defender. Un escritor emergente latinoamericano lo puso de esta forma: “Hoy en día el teólogo tiene que ser un poeta. Porque ya no se trata del debate, sino que es acerca de la metáfora. Se trata de la belleza del evangelio y no de la defensa de éste”. Mientras él divaga en estas cosas, nosotros preferimos la verdad del evangelio antes que su belleza (no que no sea bello) y la doctrina bíblica y su defensa antes que sus metáforas.

¿Cuál es el papel de la doctrina en la vida de la iglesia? Muy sencillo, la doctrina cumple la tarea de dividir, y éste es exactamente el propósito que Dios tuvo para ella. La función de la doctrina es separar:

La verdad del error

La luz de las tinieblas

La justicia de la perversión

La ortodoxia (enseñanza correcta) de la herejía

El bien del mal

Los salvos de los perdidos

La Iglesia del mundo

Principio: Nunca se avergüence del evangelio ni de la doctrina de Dios. Tampoco esconda su testimonio. Al mundo no se le alcanza viviendo igual que ellos. El objetivo del cristiano no es que los paganos modernos le confundan con uno de ellos, sino que el incrédulo note la diferencia que la presencia de Cristo hace en usted. (Ef. 5:6-17). Tampoco debemos traer el mundo a nuestras iglesias – me refiero a adoptar sus modelos o incorporar a la iglesia elementos mundanos para que el inconverso se sientra atraído. Todo lo que se necesita es predicar la Palabra de Dios. Lo demás, las ondas nuevas, los modelos, los estilos, etc., vienen y se van, pero la Palabra de Dios permanece para siempre (Is. 40:8; 1 P. 1:25).

Y ya que estamos, digámoslo de una vez. Todos los líderes de la iglesia deben ser titanes en doctrina. Esto es parte de los requisitos para ejercer su posición y un aspecto esencial de sus ministerios (Tit. 1:9; 1 Ti. 1:3-11; 1 Ti. 4:16; 1 Ti. 3:9).

Problema: Muy pocos líderes de la iglesia conocen doctrina y están dispuestos a defender su fe contra las herejías. ¿Por qué? Dos razones:

1.    Son ignorantes de la Palabra de Dios.

2.    Son desobedientes a la Palabra de Dios

¿Por qué no obedecen a Dios?

a.    Nunca fueron llamados por Dios.

b.    No son pastores sino asalariados.

c.    Buscan popularidad.

d.    Quieren proyectar una imagen positiva.

Cuando los líderes no obedecen a Dios, él levanta a otros para que sí lo hagan. Dios levantó a los profetas y a los apóstoles porque los sacerdotes le desobedieron (ejemplo: Jer. 1: 17-19). Todos los cristianos son llamados a defender la fe (Jud. 3; 1 P. 3:15). Cuando los apóstoles no obedecieron (Hch. 1:8), Dios levantó a otros para que sí lo hicieran (Hch. 8:1-14).

La Fuente de Toda Doctrina

Principio núm. 1:

Sólo puede haber una sola fuente de autoridad máxima y final. No existe tribunal de apelaciones más allá de ella. Es la Biblia.  El intento de tener dos, tres, o más autoridades finales, es un imposible. Así como sólo puede haber un capitán en un barco y una sola cabeza en el hogar, del mismo modo sólo existe lugar en el universo para una sola autoridad máxima (Mt. 6:24).

Principio núm. 2:

Dios es la única autoridad, absoluta y final. El es Señor de todo porque es el Creador y Sustentador de todas las cosas (Mt. 28:18).

Principio núm.  3:

Dios ha revelado Su mente y Su voluntad en la Escritura. Por lo tanto, la Escritura es la única autoridad absoluta y final.

Principio núm.  4:

Nada en absoluto puede ponerse por encima o a la par de la Escritura, en lo que a autoridad e infalibilidad se refiere. Iglesias, denominaciones, Papas, obispos, pastores, curas, tradiciones humanas, humanismo religioso (iglesia emergente, por ejemplo), reyes, presidentes, congresos, jueces civiles, tribunales supremos y todas las autoridades humanas deberían doblar rodilla ante la eterna Palabra del Todopoderoso. Nada puede ser agregado o sustraído de la Palabra de Dios (Dt. 4:2; 12:32; Pr. 30:5-6; Jn. 10:35; Ap. 22:18-19).

Principio núm.  5:

Nunca debemos derivar o crear doctrina a partir de la razón (racionalismo), las experiencias (empiricismo), o misticismo (sentimientos).

Conclusión

Nada supera la importancia de la doctrina. Ella viene a nosotros en la Revelación de Dios plasmada en la Escritura. En ella tenemos toda la instrucción necesaria para la piedad y la vida (2 Ti. 3:16-17; 2 P. 1:3). Cuidémonos de cualquier modelo o pretendido líder que nos quiere decir lo que debemos hacer, en lugar de ayudarnos a vivir en comunión y obediencia a Cristo. ¡Por supuesto que hay buenos líderes en el cuerpo de Cristo en estos días!  Pero no se encuentran liderando movimientos en una posición exaltada ni planificando o diseñando modelos, ni re-imaginando la iglesia. En realidad están ayudando a los creyentes a conocer y seguir a Cristo en una forma bíblica, equilibrada, independientemente del modelo o sistema eclesiológico en que se muevan. En el análisis final, no interesa si usted usa técnicas de espectáculo moderno, si usa corbata o no usa corbata, camisetas playeras, blue jeans con agujeros en las rodillas, un traje azul, etc. Lo único que interesa es que usted proclame la Palabra de Dios fielmente.

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21
dic

La Iglesia Emergente

La Iglesia Emergente

Falacias y Estrategias

Por Pablo Santomauro

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Como era de esperarse, la corriente emergente (o surgente) está llegando a Latinoamérica. Este movimiento, originario de los EEUU, pretende edificar su agenda sobre las supuestas ruinas de la iglesia evangélica tradicional. Primero intenta tirar abajo la estructura, la metodología y el mensaje de la Iglesia actual acusándola de obsoleta, exclusivista, separatista y carente de relevancia para las generaciones modernas. Luego de aparentemente destruir las bases de la iglesia evangélica, el movimiento emergente pasa a ofrecer la solución al estancamiento en que, según ellos, ésta se encuentra.

Es claro que para lograr el primer paso, los líderes  del movimiento emergente (casi todos prolíficos escritores) tienen que recurrir a la falacia del monigote de paja (strawman). Proceden entonces a presentar una imagen distorsionada del cristianismo “moderno” y de cada una de sus enseñanzas y prácticas. Acto seguido, pasan a ofrecer su solución como la única alternativa posible, cometiendo también la falacia de la falsa antítesis (o falso dilema). Por ejemplo: en materia de evangelismo, el mensaje que se transmite es que en lugar de tratar de convencer arrogantemente a los inconversos con nuestras verdades proposicionales (o sea, “golpearles en la cabeza con la Biblia”), debemos ser amigos para que de esa forma se unan a nuestra comunidad”. Vemos aquí un ejemplo de la falacia del falso dilema porque la única opción posible que dan al monigote de paja planteado es la de abandonar las verdades proposicionales de la Biblia y en su lugar dedicarnos a vivir entre ellos y como ellos. La verdad es que existe otra alternativa: vivir entre ellos (algo que es parte de la vida misma), ser amables (mostrar el amor de Cristo) y proclamar el mensaje del evangelio. [1]

Otro ejemplo: Acabo de escuchar el vídeo de la entrevista a un conocido emergente de Centro América durante Expolit 2009. Este acusa a la iglesia evangélica de encerrarse en sí misma y haber perdido el contacto con el mundo exterior, de hablar “cristianese” de modo que los de afuera no nos entienden, y de no dejar a los cantantes cristianos que vayan a cantar en grupos musicales del mundo. La estrategia correcta, según el escritor en cuestión, es salir al mundo y ser una influencia positiva. En realidad nuestro amigo no está diciendo nada nuevo. Por decenios la iglesia evangélica de sana doctrina ha predicado que nuestro cristianismo debe brillar entre nuestros amigos del mundo, en nuestro testimonio y la presentación articulada del evangelio. Por años se han venido haciendo campañas evangelísticas, saliendo a las calles y enviando misioneros. Pero nuestro amigo tiene que pintar la imagen de una iglesia reclusa a la que no le interesa propagar su mensaje, de otro modo todo lo que él dice quedaría en evidencia como lo que es, puro viento. Respecto a los cantantes cristianos, deseo acotar que un gran número de ellos ya está con un pie en el mundo, de modo que la acusación a la iglesia de no dejarlos salir al mundo es absurda.

Otra estrategia empleada por los emergentes con total impunidad es la auto-contradicción descarada. Afirman claramente que es imposible conocer la verdad absoluta o con seguridad, pero curiosamente parecen estar absolutamente seguros de lo que dicen. Aducen que es incorrecto que los cristianos reclamemos tener un mejor  entendimiento de la doctrinas y prácticas correctas que otros, pero al mismo tiempo reclaman tener un entendimiento superior de estas cosas que los evangélicos conservadores. Así mismo, por un lado nos acusan de querer imponer sobre otros nuestros estándares morales, y por el otro insisten que debemos abrazar causas sociales de clara identificación liberal o socialista. Debido a la naturaleza auto-contradictoria de su relativismo, los libros de escritores emergentes abundan en errores flagrantes. [2]

Una tercer artimaña de la cual debemos cuidarnos es el uso de palabras comunes a los emergentes y conservadores. Ellos podrán estar utilizando los mismos términos pero el significado detrás de los vocablos es totalmente diferente. A continuación muestro esto con algunos términos tomados de otra página [3], y aunque existe sarcasmo en la definiciones de estas palabras, ellas ilustran en forma real su significado en el contexto emergente.

Dios – Un ser que está más allá de ser entendido, con la excepción de que sí sabemos que es demasiado amoroso para manifestar ira.

Cristo – Un maravilloso y excepcional hombre en la Biblia que nos dejó una valiosa historia que nos permitte hacer del mundo un mejor lugar. Alguna gente (incluyendo algunos en la conversación emergente) dicen que él es un ser divino, pero este concepto está sujeto a la deconstrucción.

Cielo - Un lugar al que los modernistas egocéntricos aspiran a llegar mientras nosotros creamos el paraíso en la tierra.

Fe – La condición de estar orgulloso de la ignorancia y confusión propia.

Reino de Dios – El maravilloso nuevo mundo que estamos construyendo donde todo será políticamente correcto y ambientalmente puro para la gente de todas las creencias.

Pecado – palabra que es pecado pronunciar.

Homosexuales – Gente a la que los fundamentalistas odian y excluyen de la comunidad de los fieles.

Absolutos – Un concepto que nosotros debemos evitar absolutamente.

Doctrina -  En círculos evangélicos representa las creencias de aquellos que han sido tan insensibles y groseros como para triunfar en las batallas históricas a favor de la ortodoxia.

Escatología – La meta hacia la cual la iglesia se mueve – la llegada de la utopía política liberal en la tierra. No tiene nada que ver con la la vida en el más allá o la eternidad.

Humildad – Enfatizar los defectos de los cristianos ante el mundo.

Evangélicos – 1) Por lo regular, gente molesta y de mente estrecha encerrados en sus rígidas doctrinas y extrañas ideas sobre la santidad. 2) Algo que  a veces decimos ser (dependiendo de la audiencia que nos escuche. 3) Un término que desearíamos secuestrar para nosotros mismos.

Juicio – Experiencias desagradables que tenemos en esta vida. Es probable que no tenga nada que ver con la eternidad.

Chiflado – Un cristiano conservador.

Verdad – Cualquier cosa que nosotros digamos que es.

Amable – 1) Algo que nosotros somos aunque hablemos directo y bruscamente.  2) Algo que los no emergentes no son aun cuando digan directa y bruscamente que nosotros estamos equivocados.

Para finalizar, conviene conocer algunos de los métodos que los emergentes usan para propagar su mensaje:

1)      Comunicar su mensaje en forma impresa

Los líderes de la Iglesia Emergente son escritores fecundos, prolíficos. Sus libros son populares y lamentablemente son bien mirados y presentados en las revistas cristianas y las publicaciones académicas.

2)    Comunicar su mensaje a través de la red

Tienen multiples websites y blogs.

3)    Comunicar su mensaje en los institutos bíblicos, seminarios y universidades

Muchos líderes del Movimiento Emergente forman parte del cuerpo académico de muchos seminarios e instituciones educativas. Otros son frecuentes oradores invitados en estos institutos.

4)    Organizan conferencias o charlas por todo el mundo

El movimiento le da alta prioridad a los seminarios. Los participantes del movimiento son motivados a atender estas conferencias.

5)    Influenciar el liderazgo y la membresía de iglesias establecidas

A través de sus métodos de comunicación, el movimiento está logrando influenciar a pastores, cristianos e iglesias en general con sus postulados aberrantes.

6)    Establecer iglesias, grupos base y líderes con los valores del movimiento

Aunque sin mucho éxito todavía, este propósito va tomando forma con un puñado de iglesias y grupos en la actualidad.

7) Involucrarse en el activismo social

Aunque los líderes de la corriente a menudo insisten en que la Iglesia no debe esta involucrada en política, la mayoría de sus iglesias están relacionadas con la agenda política liberal o de izquierda.

Reflexión final

Por supuesto que muchos cristianos estamos decepcionados por la forma en que algunos pastores conducen sus iglesias, con las falsas doctrinas que propagan, con sus autoproclamaciones de apóstoles, profetas y salmistas, con sus supuestas visiones, sus evangelios diluídos a gusto del consumidor, etc. También estamos desilusionados porque cada vez menos gente está acercándose a Cristo y hasta los mismos cristianos se van tras líderes que les hacen cosquillas en sus oídos. Iglesias y pastores de sana doctrina encuentran que cada vez hay menos oídos atentos al verdadero evangelio de Cristo, pero, ¿No es esto lo que la Biblia anuncia para los últimos tiempos? La utopía o el sueño vano de un avivamiento moderno es algo que sólo algunos ilusos abrigan y algo que por lo general se origina en una doctrina estrafalaria (ej: Teología del Dominio) o en las mentes delirantes fuera de contacto con la realidad de la condición humana (ej; emergentes, teología de la liberación). Pero cuidémosnos de aquellos que pintan con brocha gorda a todo el evangelicalismo, (usando para ello la falacia de generalización) a fin de erigirse como los paladines de la solución con nuevas ideas. Los dirigentes del movimiento emergente toman ventaja de la situación precaria en que se encuentran los evangélicos para seducir mentes doctrinalmente anémicas, edificar sus propios reinos, propagar sus valores morales en detrimento de los valores bíblicos y conseguir militantes para su agenda política y causas sociales. No hay Evangelio en la Iglesia Emergente.

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1)    http://www.apologeticsindex.org/293-emerging-church-communication-strategies

2)    Ibid.

3)    http://calvaryadvisor.org/22.html

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