Características de un Orden de Gobierno Bíblico
Quería compartir algo que estaba leyendo en contra-mundum y espero que sea de mucha ayuda (para leer el completo articulo click aqui) :
Características de un Orden de Gobierno Bíblico
1. Gobierno Constitucional Limitado
La mentalidad humanista entrena las mentes de los hombres para que busquen en el hombre el origen, naturaleza, carácter y contenido del Gobierno. Las sociedades con elevada influencia Cristiana tomaron del Cristianismo el concepto de personalismo cósmico y lo extendieron (tal y como debe hacerse) a su teoría social de Gobierno. De manera que fue en Dios que los hombres encontraron el origen, naturaleza, carácter y contenido del Gobierno. Y, puesto que este Dios nos ha dejado un registro escrito de su voluntad que no se contradice con su naturaleza, de la misma manera la Constitución se establece como la más alta autoridad en lo relativo al Gobierno.
El humanismo nos quiere hacer pensar que el presidente, o el comisario, o el comandante, o el general, o una persona en particular es la más alta autoridad. La suprema autoridad siempre se encuentra en la persona de Dios. De allí que sea necesario—en toda sociedad que desee ser reedificada en términos de la Ley Bíblica—el estudio diligente de los principios constitucionales que dieron origen a su Constitución en particular y el Orden que tal Constitución pretende originar, desarrollar, mantener y expandir.
Esta característica señala a su corolario lógico que es la limitación del Gobierno. Puesto que la autoridad suprema se encuentra en la persona de Dios ninguna institución puede reclamar la prerrogativa de poseer más o mayor medida de autoridad. Todas las instituciones están sujetas al mismo Dios y a la misma Ley trascendental que emana de ese Dios que les hacen responsables de sus acciones y funciones delimitadas por esa misma Ley.
De manera que por este hecho nos damos cuenta que el Orden que la Ley Bíblica pretende crear requiere el crecimiento en entendimiento por parte de las instituciones pactales de su llamado particular para proveer su parte en el impulso de ese Orden.
2. Una Unión Compuesta de Miembros Libres e Independientes.
La unión pactal no elimina la individualidad de los miembros firmantes o pactantes. Cada uno de ellos permanece libre, aún siendo un firmante del pacto. De hecho, solamente los hombres libres pueden comprometerse pactalmente.
Esta es una verdad con respecto al carácter ontológico (relativo al ser) de quienes participan del pacto ciudadano de una nación en particular. Lo mismo debe decirse con respecto a la Iglesia y con respecto a la Familia. Cada miembro de la Iglesia es totalmente individual aún cuando están unidos pactalmente entre sí. El reconocimiento de autoridad en el seno de esa Iglesia no hace que el resto de los miembros pierda su individualidad (dando por hecho que tanto ese miembro como las autoridades de tal Iglesia están sujetos a la misma Ley trascendente—la Biblia).
Dios creó naciones. Los hombres crean imperios. El único Imperio legítimo es el Imperio del Reino de Dios: con un solo Dios, una sola fe (Ley trascendental), un bautismo (acto pactal), un solo Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos (Efe 4:5-6). Los hombres, para mantener sus imperios, crean leyes imperiales. La individualidad es socavada y si es posible, destruida, en tal tipo de sociedades. La antigua Grecia es un ejemplo de tal sociedad.
De manera que un distintivo del pacto es que sus miembros, aún cuando comprometidos, continúan ontológicamente libres e independientes. Esta es la base teológica que ha de ser recuperada para entender la función del municipio en nuestras naciones.
3. Recelo por la Democracia.
“Sobre esta roca edificaré mi Iglesia” es la declaración de Mateo 16:18. Todos conocemos que “la roca” se refiere a la declaración de Pedro (dada por revelación por parte de Dios el Padre) “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente” (16:16). La Biblia Textual de la Sociedad Iberoamericana traduce este pasaje: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente“.
Obsérvese que la legitimidad de la Iglesia no depende de cuántos hagan la declaración o de cuántos estén de acuerdo con la declaración. La legitimidad de la Iglesia descansa sobre la realidad afirmada por la declaración.
Siendo esto así la forma de Gobierno enseñada por las Escrituras contiene un elevado recelo por la forma democrática de gobierno. La democracia funciona cuando los que participan de esa democracia (individuos e instituciones), son conscientes de su llamado y responsabilidad para con Dios. De manera que en nuestra sociedad contemporánea tenemos una democracia con apellido: Una democracia secularizada. La “democracia” de la Biblia (tomándonos la licencia de llamarla así) es una democracia de responsabilidad bajo el gobierno de Dios.
El problema de la democracia no son los votos, sino los votantes. La Biblia no separa la condición de los gobernados y el modelo de Gobierno centrado en los principios bíblicos. Tampoco la Biblia separa la condición de aquellos que ejercen gobierno y el modelo de Gobierno bíblico. No es posible que el modelo de gobierno bíblico pretenda edificar y desarrollar un orden bíblico mientras el gobernante—gobernado por valores y principios anti-Cristianos—pretende edificar y desarrollar un orden rival al propuesto por las Escrituras.
Así que en el modelo bíblico de gobierno no solamente se cuentan los votos sino que se miran los rostros—quiénes son—de los votantes. El carácter de los votantes (o proponentes de una línea de acción particular) pesa tremendamente en un marco de gobierno bíblico constitucional. De allí que los requisitos—por ejemplo—para aquellos que gobernarán la Iglesia se centren en cualidades de carácter más que en habilidades de desempeño (1 Timoteo 3; Tito 1).
Vale la pena mencionar aquí a la institución que equipa tempranamente en las habilidades de gobierno: la Familia. Conocemos muy bien el texto de 1 Timoteo 3:4, “que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la Iglesia de Dios?)”. Este orden familiar ha de ser producido por el carácter, “con toda honestidad“, y no con la intimidación, la opresión, el engaño o la manipulación. Es un orden producto de la aplicación diligente y disciplinada de las normas bíblicas.
No se puede establecer un orden bíblico constitucional por medio de la manipulación política, económica, social o legislativa.
4. Doctrina de la Separación de Poderes.
La autoridad suprema se encuentra solamente en Dios. Las instituciones pactales tampoco son autónomas en sí mismas sino que se limitan la una a la otra. Sirven como entes reguladores entre sí mismas. Así que el orden bíblico exige la separación de poderes. Ninguna rama del gobierno está capacitada para sustentar todo el poder.
En la Iglesia el modelo de gobierno es múltiple, es decir, varios individuos con una medida de carácter particular, con un nivel de entendimiento particular de la Ley trascendente y una claridad del propósito por el cual gobernar (el orden). En un Reino y Visión futuro explicaré porqué prefiero la palabra “múltiple” a la palabra “pluralista“.
Esto es todo un desafío a la mentalidad individualista contemporánea. El concepto de Cuerpo y de Comunidad deben emerger nuevamente desde su clara perspectiva Bíblica. A nuestros niños y a nuestra juventud Cristiana se les ha de enseñar cómo el problema del “uno y los muchos” encuentra su total balance y claridad a partir de la doctrina Trinitaria.
Las sociedades no-Cristianas lucharán por siempre con estos conceptos: O exaltarán al individuo a expensas de la comunidad, o levantarán la comunidad a expensas del individuo. Solamente en la Trinidad (“el Uno y los Muchos”) el hombre encuentra plena realización como individuo y como miembro de una Comunidad. La Comunidad primaria está marcada por la FE. Gálatas 6:10 dice: “Así que, según tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y especialmente a los de la familia de la fe“.
El desafío es hacer de las familias auténticas comunidades de fe, lo mismo que de las Iglesias locales. La palabra clave es FE, pues el vínculo adherente de una comunidad es su fe común. Comunidad significa “unidad en lo común“. Y en el caso de los creyentes lo común es la declaración hecha por Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente“.
Dejaremos para otra oportunidad otras dos características del orden de gobierno bíblico: la estricta adherencia a la Constitución y las reglas de justicia.
AÑOS DE LIBERTAD
AÑOS DE LIBERTAD
PARA ESTUDIO: Levítico 25.
LECTURA DEVOCIONAL: Lucas 4:14-21.
TEXTO PARA MEMORIZAR: Lucas 4:18.
PROPÓSITO
Comprender el año de libertad y su cumplimiento en nuestro Señor Jesucristo quien nos libertó del pecado.
A. EL SÁBADO DE AÑOS (Capítulo 25:1-7)
Esta es una ley que los judíos no podían poner en práctica, sino hasta llegar a la tierra prometida. Servía para mostrarles que la tierra pertenecía siempre a Dios; el tiempo y los productos de la tierra eran de Él. Los israelitas tenían que dejar en descanso la tierra cada séptimo año, y lo que producía por sí misma era para los pobres. Dios les prometió suficiente producto en los otros años para suplir su necesidad para el séptimo año. Este año exigía confianza en Dios para obtener las provisiones durante el año. Esto cultivaba una dependencia de Dios y sus provisiones. También daba descanso a la tierra, una práctica que ayuda a mantener la fertilidad de la tierra. Esto muestra que Dios se preocupa por toda su creación. Nosotros no deberíamos abusar de la creación de Dios. Podemos decir que en este capítulo tenemos leyes en cuanto a la tierra santa. Otras referencias a este año se encuentran en Éxodo 23:10-11, donde se muestra la preocupación por los pobres (véase también Deuteronomio 31:10; II Reyes 19:29; Nehemías 10:31).
Cada séptimo año también se hacía remisión de las deudas. A la vez era el año en el cual se daba libertad a los siervos que se habían vendido para pagar una deuda (véase Deuteronomio 15:1-3, 7-18). De esta manera se evitaba la injusticia social y se daba una segunda oportunidad a los pobres.
B. EL AÑO DE JUBILEO (Levítico 25:8-55)
En esta ley vemos más claramente que toda la tierra es de Dios, y que ellos eran como gerentes o inquilinos de ella. Como el Día del Pentecostés venía después de siete sábados de días, el Año de Jubileo venía después de siete sábados de años; comenzaba después del Día de Expiación del año cuarenta y nueve. Su punto principal era pregonar libertad en la tierra a todos sus moradores (v. 10). No se sabe si en la historia de Israel se celebró este año o no. Parece que Zedequías, último rey de Judá promulgó el Año de Jubileo, pero más tarde renunció o faltó a su palabra dada (Jeremías 34:8-22). Algunos creen que los 70 años del cautiverio fueron para dar a la tierra su reposo que nunca había gozado (véase Levítico 26:34 y 43; II Crónicas 36:21).
El principio básico de esta ley era que la tierra no podía ser vendida para siempre, o sea, en perpetuidad; era de Dios. Solamente podía ser hipotecada por el dueño, a quien Dios la dio por suerte después de la conquista, por un tiempo limitado: los años que faltaban para el próximo Año de Jubileo. En ese año toda la tierra tenía que volver al dueño original o a sus herederos. Hay referencia a la ley de pertenencia perpetua en I Reyes 21:3, cuando Acab quiso comprar la viña de Nabot.
Los precios de venta tenían que ser ajustados según los años que faltaban hasta el Jubileo. Esto se aplicaba también a las casas en las aldeas que no tenían muro. El dueño de una tierra podía redimirla en cualquier tiempo en que podía juntar el dinero; y el que se la había comprado tenía que devolver la tierra al recibir el dinero. También un pariente podía redimir la tierra en lugar de uno que había tenido que venderla por pobreza. La persona que lo hacía se llamaba el redentor (Heb. go’el). Se entendía que ninguno vendería su tierra si no fuera por pobreza. Llegó a ser costumbre y obligación del pariente cercano redimir la tierra de uno que la había vendido por pobreza; y en caso de una viuda sin hijos, el pariente debía casarse con ella. La historia de Rut es un ejemplo. Este libro de la Biblia ilustra la ley de redención. La familia de Noemí tuvo que vender su tierra cuando fue a Moab. Cuando ella regresó a Belén, sin nada, un pariente cercano, Booz, redimió la tierra y con la tierra recibió a Rut. Ellos dos tuvieron un hijo. Él era considerado heredero de Noemí y de su esposo; y así la tierra continuaba perteneciendo a la familia de ellos.
En las ciudades amuralladas, las casas podían ser vendidas en perpetuidad; no se consideraban como parte de la tierra. El dueño podía redimirla en el término de un año desde la venta; si después del año, la casa no era redimida, pasaba a ser propiedad para siempre del que la había comprado. Se hacía una excepción en el caso de las ciudades de los levitas; ellos siempre podían redimir sus casas, y de todos modos regresaban a ellos en el Año de Jubileo. Esta ley servía para evitar la riqueza excesiva y la pobreza extrema. Siempre se reconocían los derechos de propiedad privada.
Era año de libertad para los siervos que eran israelitas. (Deuteronomio 15:12-18 altera un poco esta ley). Esta provisión se introduce con un párrafo que estimula la bondad hacia los necesitados que tenían que prestar dinero. No podían exigirles intereses por el dinero prestado (Deuteronomio 15:7-11). Tenían que recordar que ellos habían sido esclavos en Egipto no mucho tiempo antes. Todo siervo tenía que ser liberado en este año y restaurado a su familia. Esclavos provenientes de otras naciones que servían a los israelitas no tenían el derecho de libertad en el Jubileo. El Antiguo Testamento permitía la esclavitud, pero con límites. La esclavitud de los israelitas era voluntaria; una persona podía venderse a sí misma para pagar una deuda. Pero su tiempo de esclavitud no podía pasar siete años, a menos que la persona no quería salirse de la casa de su amo. Las enseñanzas del Nuevo Testamento eliminan la institución de la esclavitud con la regla de oro y cuando dan énfasis a la hermandad entre personas. El amo siempre tenía la obligación de tratar con bondad a sus siervos o esclavos (véase Deuteronomio 15:12-15; Efesios 6:9; Colosenses 4:1).
Algunos comentaristas creen, también, que Jesús promulgó el Jubileo cuando leyó de Isaías en la sinagoga de Nazaret (Lucas 4:18-19; Isaías 61:1-3; véase también Romanos 8:19-21).
Este año representa un tiempo de restauración y completa libertad de todo mal. Este año comenzaba con el Día de Expiación. El verdadero Año de Jubileo es resultado de la expiación hecha por Cristo. Puede tipificar, también, el tiempo del milenio, o puede representar la eternidad en los cielos con Dios (Hechos 3:21).
CONCLUSIÓN
Estas leyes tenían un doble propósito: 1) Ayudaban a mantener la justicia social. Con este medio se le daba la oportunidad a los hijos de salir de la pobreza. Los hijos no tenían que seguir en la pobreza porque su padre o abuelo lo perdió todo. Se evitaba la acumulación de grandes terrenos en el poder de un pequeño grupo de ricos, mientras que las masas sufrían sin propiedad. La acumulación de tierra es un problema que tenemos presente en el día de hoy. Redistribuir la propiedad cada cincuenta años, evitaba el establecimiento de clases de personas con grandes extensiones de tierras y clases de personas sin nada. Aunque esta ley es parte de la ley civil, que no se le demanda a la Iglesia, ¿Sería una buena idea ponerla en práctica en nuestra era? 2) El segundo propósito de esta ley era el de simbolizar la libertad que el cristiano disfruta en Cristo. Tenemos libertad de nuestras deudas espirituales, y tenemos la certidumbre de una herencia que no desaparece.
PREGUNTAS PARA DISCUTIR
¿Qué podemos hacer hoy en día para promover la justicia social? ¿Cómo podemos guardar mejor el día del Señor? ¿Habrá tiempos cuando debemos hacer remisión y perdonar deudas?
Por el Dr. Gene Pickard
El libro de Jonás parte 1
El libro de Jonás parte 1 (Tipo de la redención a través de Cristo Jesús)
Por Pastor Jesse Gistand
Traducido por Rommel José Antonio Flores
Capítulo 1 – Substitución
El primer capítulo de Jonás es una ilustración gloriosa de la doctrina de la substitución. Un hombre que perece para salvar a muchos. Nuestro principal para dar la credibilidad a este libro increíble, que esta lleno de milagro y más milagros, señalando al milagro de su Gracia que Salva, directamente la experiencia de Jonás apunta al gran sacrificio que Cristo Jesús vino a preformar para ésos que él vino a Salvar. No falte de entender esto. No tropiece en la piedra, al tropezar como lo hacen muchos quién no beberá del agua de la vida “Jesús Cristo” de la roca cuya historia de la redención se encuentra en las escrituras.
“Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.” Mateo 12:40
Jonás está como tipo claro de Cristo Jesús de varias maneras:
1) Su nombre significa Paloma u pichón, Era el sacrificio de un judío pobre que no podría producir traer un cordero al sacerdote para expiar su pecado (Levítico 5:7). Este sacrificio señala a Jesús Cristo el gran sacrificio de los pobres pecadores que no pueden traer cualquier cosa a la tabla de la justicia para satisfacción (2 Corintios 8:9)
2) Jonás nació en las regiones de Galilea como nuestro Salvador (Josué 19:10-13). Gith-hepher era una cuidad en Neftalí, cuál alternadamente estaba en la región de Galilea. Los fariseos pensando que sabían las escrituras afirmaron con confianza que ningún profeta se levanto afuera de Galilea (Juan 7:52). Faltaron de mirar al único profeta que salio de Galilea. Y la teología de la mayoría del cristianismo falta hoy de mirar a ese profeta que salio de Galilea.
La nave de los marineros a que Jonás tomó para huir de la presencia del SEÑOR, representa no el mundo, sino los elegidos de Dios. Es para ellos que Cristo entró en este mundo tempestuoso del pecado y del caos “Mas Jehová hizo levantar un gran viento en la mar, é hízose una tan gran tempestad en la mar, que pensóse se rompería la nave. Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno llamaba á su dios: y echaron á la mar los enseres que había en la nave, para descargarla de ellos. Jonás empero se había bajado á los lados del buque, y se había echado á dormir” Jonás 1:4,5
El Espíritu Santo en orden para atar este acontecimiento histórico al la redención de los creyentes en Cristo Jesús, registro para nosotros en el evangelio de Mateo una anécdota similar tan llamativa a Cristo Jesús y a sus discípulos que uno tendría ser ignorante de la cuenta, ciego o rebelde para no ver la intención de nuestro amo para demostrar que El mismo es El mayor y el antitipo de Jonás (Mateo 8:24-27).
Como los discípulos de nuestro SEÑOR así estos marineros fueron hechos para ver el peligro en que sus vidas estaban. Este apuro enviado por la providencia divina las condujo a la búsqueda de Jonás. Así conociéndose de él aprenden sobre el Dios verdadero y vivo, y la manera de la salvación con la muerte sustitutiva de otro “El les respondió: Tomadme, y echadme á la mar, y la mar se os quietará: porque yo sé que por mí ha venido esta grande tempestad sobre vosotros.” Jonás 1:12. Aquí está tu substitución. ¡Aquí está el Evangelio! ¡Aquí está la única manera de Salvación para los Pecadores! Cristo debe ser levantado para arriba (Isaías 53:5, Juan 3:13,14; Juan 12:31-32)
Sus respuesta es típica de los hombres y de las mujeres que son justos del uno mismo que todavía no se convencen de su estado arruinado espiritual “Y aquellos hombres trabajaron por tornar la nave á tierra; mas no pudieron, porque la mar iba á más, y se embravecía sobre ellos” Jonás 1:13. Es insensatez a la mente carnal para pensar que su seguridad eterna debe venir con la muerte de otro, mientras que no hacen una pausa y hacen nada. Cuando el Dios ha convencido al pecador de que la seguridad mienta en la creencia, el no hacer, no esforzándose, no trabajando contra las mareas y los vientos del pecado y de la carne; ellos, por el milagro de la fe, ellos mismos se lanzan sobre el mandamiento gracioso a creer en él al que Dios ha enviado, y encuentran reposo para sus almas “Así que tomaron a Jonás y lo lanzaron al agua, y la furia del mar se aplacó” Jonás 1:15.
El resultado de la creencia, que es la obediencia de la fe, ordenado a todos (Romanos 16:25,26). Es un conocimiento y una devoción al Dios verdadero y vivo “Y temieron aquellos hombres á Jehová con gran temor; y ofrecieron sacrificio á Jehová, y prometieron votos” Jonás 1:16
¿Dios te ha Salvado así? Mi oración es que él le ha Salvado así. “MAS Jehová había prevenido un gran pez que tragase á Jonás: y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches” Jonás 1:17. Deje saber al mundo que la muerte de Cristo Jesús no era ningún accidente. No era ninguna tragedia o martirio como los hombres suponen, solamente el acto de un Dios Soberano que estaba completamente en control de cada acontecimiento en el mundo, del concepto de la oficina de Cristo Jesús como el cordero matado de la fundación del mundo, a la caída del hombre, a la cruz del calvario en donde el hijo de Dios aparecía traer la luz y la inmortalidad de la luz a través del evangelio. “A éste, entregado por determinado consejo y providencia de Dios, prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole” Hechos 2:23.¡Que Dios le de ayuda para ver a mi SEÑOR Jesús Cristo el venir en el volumen del libro, esta escrito de él!
“Entonces dije: He aquí, vengo; En el envoltorio del libro está escrito de mí” Salmos 40:7
(Lea Juan 5:46, Juan 5:39, Lucas 24:27)
¡Bendita Trinidad! Por STUART OLYOTT
¡Bendita Trinidad!
Por STUART OLYOTT
La evidencia de la Escritura, pues, nos conduce a la Trinidad: no hay sino un Dios; hay tres que son Dios: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; estos tres son distintos, y están diferenciados entre sí por sus cualidades personales. La generación es un acto del Padre solamente. Solamente del Hijo se puede decir que es engendrado. La procesión sólo puede atribuirse al Espíritu Santo. De esta manera hemos presentado casi todos los principales puntos de la doctrina de la Trinidad. Solamente unos pocos quedan por clarificar, lo cual haremos ahora.
La Trinidad ontológica
Libros más complicados que éste hablan de «la Trinidad ontológica» (o algunas veces de la «Trinidad esencial»). Esto significa simplemente que dentro de la Divinidad hay un cierto orden definido. El Padre es primero; el Hijo, segundo; y el Espíritu Santo, tercero. Esto no significa que uno haya existido antes que otro, pues cada Persona es eternamente Dios. Tampoco significa que uno es mayor, el segundo menor, y el tercero inferior, pues cada Persona es Dios por derecho propio, y las Personas son iguales. Es sencillamente un reconocimiento de las eternas relaciones que existen entre las Personas de la Divinidad.
El Padre no es engendrado por ninguna otra Persona. Ni tampoco procede de cualquier otra Persona. El es el Padre del Hijo, al que ha engendrado desde la eternidad. El Espíritu procede de El y es su Espíritu. El envía y opera a través tanto del Hijo como del Hijo y el Espíritu Santo, y nunca ocurre lo contrario.
El Hijo es eternamente el Unigénito del Padre, es enviado por El y le revela. También envía al Espíritu Santo y opera por medio de El, que es su Espíritu, y nunca ocurre lo contrario.
El Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo, y actúa para ambos y los revela.
Cada uno es igualmente Dios y, por tanto, igual en honra, poder y gloria. Uno no es Dios más que el otro. Ninguno es más sabio o más santo que las otras Personas. Ninguno esta subordinado al otro: en otras palabras, no tienen diferente rango. Sin embargo, en lo que respecta a las relaciones personales entre ellos, existe este orden concreto, y en este sentido, y solamente éste, está implícita una cierta subordinación. Hay una prioridad, pero no una superioridad. Hay un orden en la Divinidad, pero no hay rangos. Cuando usamos la expresión «Trinidad ontológica», estamos teniendo en cuenta simplemente este hecho. Así es dentro de la Divinidad. Así son las cosas entre las Personas de la Trinidad.
La Trinidad económica
Estas relaciones dentro de la Divinidad se reflejan en la manera en que Dios actúa. Esto es lo que significa el término «Trinidad económica». Todo lo que Dios hace procede del Padre: El es primero. Se lleva a cabo a través del Hijo: El es segundo. Y es efectuado por el Espíritu: El es tercero. Todas las obras de Dios son obras de las tres Personas conjuntamente. Es cierto que algunos versículos de la Escritura señalan a la creación como la obra del Padre, la redención como la obra del Hijo y la santificación como la obra del Espíritu. Sin embargo, cuando observamos todo lo que la Escritura tiene que decir, vemos que en cada caso el Padre es la Causa, el Hijo el Mediador, y el Espíritu Santo el que aplica y completa. Por supuesto, hemos de enfatizar de nuevo que las Personas de la Trinidad son co‑iguales. No hay superior ni inferior. Sin embargo, hay este orden armónico de las Personas cuando actúa la Divinidad. Así obra Dios.
Podemos ver esto claramente cuando consideramos la obra creadora de Dios. «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Génesis 1:1). Sin embargo, fue su Hijo «por quien… hizo el universo» (Hebreos 1:2), y está muy claro que fue el Espíritu Santo quien efectuó la obra (Génesis 12), pues a El se le describe a menudo como el Agente de la creación (Salmo 104:30). Dios el Padre lo hizo, a través del Hijo, por medio del Espíritu Santo.
Lo vemos en la obra salvadora de Dios. Fue Dios el Padre quien eternamente dio un pueblo escogido a su Hijo, al cual envió al mundo para salvarlos (Juan 6:37‑40). Fue Dios el Hijo el que fue entregado a la muerte por sus transgresiones, y resucitado para su justificación (Romanos 4:24,25). Es Dios el Espíritu Santo el que los hace partícipes de los beneficios que Cristo ha obtenido para ellos (1 Corintios 2:1‑5; 1 Tesalonicenses 1: 5‑ 10). La obra del Espíritu Santo sigue a la obra del Hijo, de la misma manera que la obra del Hijo sigue a la del Padre. No existe exactamente un orden definido dentro de la Divinidad. Esto se refleja externamente por la manera en que Dios obra. Cuando usamos la expresión «Trinidad económica», sencillamente tenemos en cuenta esta verdad.
Sin analogía
No estamos más próximos a explicar el incomprensible misterio de la Trinidad, pero al menos hemos podido observar lo que de hecho dicen las Escrituras acerca del mismo. La verdadera dificultad reside en comprender cómo cada Persona puede ser Dios mismo y, sin embargo, tener esa relación particular con las otras dos Personas. La dificultad continúa, y nunca podrá ser salvada. Está fuera del alcance de la mente humana.
No obstante, desde el primer siglo hasta nuestros días, son muchísimos los que han tratado de descubrir y usar diferentes analogías e ilustraciones para hacer comprensible la verdad de la Trinidad (por ejemplo: las tres hojas de un trébol; mente, emociones y voluntad en un hombre; el sol, sus rayos y su calor, etc.). Cada una de ellas es defectuosa de una u otra manera. 0 bien expresa algo menos de lo que la Biblia dice, o algo más, o algo diferente. Debemos reconocerlo: la doctrina de la Trinidad no tiene analogía. No hay manera en absoluto en que podamos ilustrarla. No hay nada comparable en ninguna parte. Es el primer y gran misterio de todos. ¿Cómo puede una ilustración finita describir al Dios infinito? Es el ser de Dios lo que estamos considerando, y El está, por definición, fuera del alcance del entendimiento de los mortales.
La mejor manera de explicarlo
Es imposible saber la verdad acerca de Dios sin estudiar su Palabra. Por consiguiente, no podemos ayudar a la gente a creer este misterio a menos que estén dispuestos a que se les explique la Biblia, o a abrirla por sí mismos. Si tenemos la oportunidad de hablar acerca de este tema con un amigo que muestre interés, ¿por qué no seguir el método y orden de este libro con la Biblia abierta?
Si las circunstancias no permiten una larga explicación, lo mejor que podemos hacer es llevar a nuestros amigos a un versículo bíblico que examinamos en el capítulo 6. Al menos, esto les ayudará a empezar a pensar acerca del tema. El versículo en cuestión es Mateo 28:19, donde Jesús nos manda que vayamos y hagamos discípulos a todas las naciones, «bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo». El no dijo «nombres» sino «nombre». Esto aclara que se está refiriendo a un solo Ser. Solamente hay un Dios. Tampoco dijo: «del Padre, Hijo y Espíritu Santo», como si estos fueran meramente tres términos con el mismo significado, algo así como «yo, mí y mí mismo». Tiene cuidado en señalar que cada uno tiene su propia identidad, y distingue entre ellos diciendo «del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo». Solamente hay un Dios. Hay tres que son Dios. Estos son uno, en cierto sentido; y tres, en un sentido totalmente diferente. El Padre es primero, el Hijo es segundo y el Espíritu Santo es tercero. Hay, por supuesto, mucho más que decir (como hemos visto). Sin embargo, ésta, en esencia, es la doctrina de la Trinidad.
La Soberanía de Dios en la Salvación (Romanos 9:1-24)
La Soberanía de Dios en la Salvación
(Romanos 9:1-24)
Por Robert Deffinbaugh
Traducido por Juanita Contesse G.
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Introducción
Al acercarse el tiempo en que mi seminario de entrenamiento llegaba a su fin, tenía que pensar en lo que haría después de la graduación y dónde desarrollaría aquello que deseaba hacer. En mi mente había determinado que Houston, Texas, era uno de los lugares donde no deseaba ir. Aunque siempre decía que Houston estaba fuera de mi planes, de alguna manera pensé seriamente que no consideraría ninguna solicitud que viniera de allí. En ese tiempo, internamente saqué a Houston de la lista negra que había hecho en mi corazón: “Está bien, Dios. Incluso consideraré Houston”, suspiré. Esa noche, un grupo de Houston me telefoneó, a quienes nunca había contactado. Aún cuando consideré la oportunidad de ministrar allí, debo admitir que sentí bastante alivio cuando no se materializó.
Aunque nos gusta creer que estamos completamente sometidos a la soberanía de Dios, virtualmente todos tenemos algunas áreas que conciente o inconcientemente hemos rodeado con una reja, como si Dios pudiera ser ‘soberano’ sólo en algunas áreas de nuestra vida y no en otras. La mayoría de los cristianos profesan creer en la soberanía de Dios, pero se rehúsan a concederle que obre en algunas áreas. Generalmente, la muerte es asignada a la categoría de la soberanía de dios, pues no tenemos control alguna sobre ella. Los desastres son considerados materia de la soberanía divina sobre los cuales incluso los incrédulos se refieren a ellos, como ‘obras de Dios’.
La mayoría del evangelicalismo se rehúsan a otorgar su obra a la soberanía de Dios cuando llegan a la salvación de los pecadores, aunque ese rechazo podría cambiar el hecho de Su soberanía. Están deseando conceder a Dios la gran parte del crédito por el trabajo de Cristo en la cruz y la del Espíritu Santo, en llevar a los hombres a la fe. Pero no admiten que Dios está en completo control (pues esto es precisamente la soberanía -el completo control) de la salvación de los pecadores perdidos. Aunque asintamos que los hombres tienen un rol en este proceso, está absolutamente claro que Dios tiene el control, el completo control del proceso.
Este debate sobre la relación entre el rol que tiene Dios en la salvación y el que tiene el hombre, puede parecer como que está reservado sólo para los académicos. Pero esto no es verdad, pues la soberanía de Dios en la salvación es un doctrina demasiado importante, como lo señaló Martín Lutero:
“Por lo tanto, para el cristiano no es irreverente, inquisitivo o trivial, sino que útil y necesario determinar si la voluntad se involucra algo o nada en los asuntos relacionados con la salvación eterna… Si desconocemos estas cosas, no sabremos nada del resto de los asuntos cristianos, y serán peores que cualquier pagano… Por lo tanto, cualquiera que no las conoce, puede confesar que no es un cristiano. Pues si ignoro lo que puedo hacer, cómo hacerlo y cuán lejos puedo llegar en mi relación con Dios, será igualmente incierto y desconocido lo que Dios puede hacer conmigo, cuánto puede hacer Él por mí y cuán lejos puede llegar en relación conmigo… Y cuando la obra y el poder de Dios son desconocidos por mí, no puedo alabarlo, adorarlo, agradecerle y servirle, por cuanto desconozco lo que debo atribuirme a mí mismo y lo que debo atribuirle a Dios. Por lo tanto, nos corresponde a nosotros saber distinguir con certeza entre el poder de Dios el nuestro. Entre la obra de Dios y la nuestra, si deseamos vivir una vida en Él”[1]
¿Qué significa cuando decimos que Dios es soberano en la salvación? Charles H. Spurgeon lo ha señalado, al igual que puede ser señalado por los hombres:
“Primero, entonces, la Soberanía Divina Ejemplificada en la Salvación. Si cualquier hombre es salvo, lo es por la gracia divina y sólo por la gracia divina; la razón de su salvación no se encuentra en él, sino en Dios. No somos salvos como resultado de algo que hagamos o que deseemos, sino que haremos y desearemos como resultado de la buena voluntad de Dios y de la obra de Su gracia en nuestros corazones. Ningún pecador puede obstruir a Dios; es decir, el hombre no puede adelantársele, no puede anticipársele. Dios está siempre primero en la salvación. Él está antes que nuestras convicciones, antes que nuestros deseos, antes que nuestros temores y esperanza. Todo lo que es bueno en nosotros o lo será bueno, está precedido por la gracia de Dios y es el efecto de una causa divina en ella”[2]
“Nuevamente, la gracia de Dios es soberana. Lo que significa que Dios tiene el derecho absoluto de otorgar esa gracia donde Él quiera y para quitarla cuando Él quiera. No está limitado a darla a algún hombre determinado y menos a todos los hombres; si Él determina otorgarla a alguien en especial y no a otro, Su respuesta es: “¿Es tu ojo ruin porque el mío es malo? ¿No puedo hacer lo que yo deseo? Tendré misericordia con el que tendré misericordia”"[3]
Las Escrituras dicen lo mismo, enfática y claramente:
“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:44).
“Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre” (Juan 6:65).
“Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna” (Hechos 13:48).
“Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía” (Hechos 16:14).
“Porque, ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque del, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Hechos 11:34-36).
“Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (1ª Corintios 30:31).
“…porque estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).
“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5).
“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2).
Aquellos que son salvos, los son porque Dios les ha elegido para salvación. El Espíritu Santo ha dado vida a un espíritu muerto y comprensión a una mente cegada por el pecado y por Satanás. Los que son salvos pueden decir que han elegido a Dios; pero sólo después que Dios les ha elegido para salvación:
“No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (Juan 15:16).
El otro lado de la ecuación, también es verdad. Aquellos que están perdidos eternamente, lo son porque Dios no los eligió para salvación:
“Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí. Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad” (Isaías 6:8-10).
“Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella? También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo. Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida de Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:3-8).
“La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será” (Apocalipsis 17:8).
Se debe comprender bien lo que aquí se dice. Para ser salvos, los hombres deben confiar en Jesucristo, como la provisión de Dios para salvar a los pecadores que estaban perdidos. Y cuando lo hacen, es porque Dios les ha dado el corazón para hacerlo. Hombres que han ejercitado la fe fuera del corazón, Dios les ha hecho creer:
“Y circuncidará Jehová tu Dios t corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas” (Deuteronomio 30:6).
“Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jeremías 31:33).
De la misma manera, cuando los hombres están eternamente perdidos, se debe a que han elegido rechazar la revelación de Dios (Romanos 1:8ss) y Su provisión para la salvación en Jesucristo. ¿Por qué los pecadores se van al infierno? Mueren porque no han elegido a Dios. También porque Dios no les ha elegido para rescatarlos de su pecado y de su rebelión. En términos más simples, los hombres no sólo van al infierno porque Dios lo ha decretado, sino porque lo merecen (ver Apocalipsis 16:4-7).[4]
Muchos textos como los citados anteriormente, reflejan claramente que la salvación no es obra nuestra, sino de Dios y que nosotros no contribuimos en nada a lo que Él todavía no nos hada dado mediante Su gracia. En esta lección, prestaremos nuestra atención que establece con mayor fuerza que los ya leídos, la soberanía de Dios en la salvación. La soberanía de Dios en la salvación, se puede inferir de varios textos bíblicos y se establece claramente en otros. Pero el Capítulo 9 de Romanos, está dedicado a establecer la soberanía de Dios en la salvación. Es el tema del texto y la conclusión de todo el Capítulo. No está simplemente implícita o levemente señalada; sino que es declarada, probada e incluso defendida en contra de las objeciones populares de esta verdad. Es por esta razón, que veremos la inspirada lógica de Pablo a través de los primeros 24 versículos de Romanos 9.
La Deplorable Promesa de Israel
(Romanos 9:1-5)
“Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón, Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, bendito por los siglos. Amén”
En los primeros ocho Capítulos del Libro de Romanos, Pablo establece la explicación más detallada y racional del evangelio de Jesucristo. Entre Romanos 1:18-3:20, Pablo establece la doctrina de la depravación humana -esa condición pecadora y caída de todo ser humano, sin excepción- que ubica a los pecadores bajo la sentencia de la condenación divina, sin esperanza de salvación aparte de la intervención divina. Entre Romanos 3:21-5_21, Pablo explica la provisión divina en la los pecadores pueden ser justificados por fe en Cristo. En los Capítulos 6-8, Pablo habla de las implicaciones presentes y futuras de esta justificación por fe.
Hasta ahora, Pablo ha hablado tanto de judíos como gentiles como los receptores de la justificación por fe. En los Capítulos 9-11, demuestra que la incredulidad de los judíos y la salvación de los gentiles, no son evidencias de un error de la Palabra de dios, sino más bien a un cumplimiento inesperado; pero preciso, de Su Palabra. En el Capítulo 9, Pablo da a conocer que la doctrina de la elección es una manifestación de la soberanía de Dios en la salvación y que explica la incredulidad de muchos judíos y también la conversión de muchos gentiles. Para decirlo con simplicidad, aquellos muchos judíos (y gentiles) que han rechazado la obra de Jesucristo y que por lo tanto, están perdidos eternamente, son una ilustración de la soberanía de Dios en la salvación. Y aquellos gentiles (y judíos) que han llegado a la fe en Jesús, como el Mesías prometido, son salvos por la obra externa de la soberanía de Dios en la salvación.
Dos Observaciones Muy Importantes
Antes de considerar los detalles de este pasaje, se deben considerar dos observaciones muy importantes concernientes al texto como un todo. Estas observaciones son necesarias, debido a aquellos que no quieren reconocer la soberanía de Dios en la salvación (incluyendo especialmente la doctrina de la elección). Evitan evitar el tema, insistiendo que Pablo está hablando aquí de una elección corporativa y no individual, y que esta elección no está dirigida a la salvación o al tormento eterno, sino más bien a ciertas bendiciones. El texto nos obliga fuertemente a diferir con este punto de vista y a oponernos.
Primero, deberíamos observar que los versículos 1-5, reforzados por los versículos 22-23, insisten que se trata de la salvación y de nada menos. En términos simples, Pablo está hablando acerca del cielo y del infierno, quienes van allá y porqué. Pablo está muy desesperado porque sus hermanos israelitas están perdidos y bajo la condenación divina. ¿Por qué entonces dice que desea ser maldito, separado de Cristo, a favor de sus hermanos (Romanos 9:3)? La curación no debe ser más grave que la enfermedad y es así que vemos que la enfermedad es la de los condenados eternos.
Segundo, observamos que el texto no se trata acerca de una salvación colectiva, sino que de una individual. Decir que la salvación es colectiva, es no comprender que esto es precisamente lo que el pasaje rechaza. Los judíos amaban la doctrina de la elección, porque aplicaban equivocadamente la elección corporativa a la descendencia de Abraham.[5] Creían que ellos eran los elegidos de Dios y todo el resto los no elegidos. Creían que todos los judíos irían al cielo y todos los gentiles al infierno. A unos pocos gentiles que primero tendrían que hacerse prosélitos, se les podría otorgar la bendición de irse al cielo. La elección, vista de esta forma, era un deleite para los judíos. Pero esta no es la elección que enseña la Palabra de Dios.
Esta es exactamente la clase de ‘elección’ a la que Pablo se opone. En Romanos 9, Pablo prueba que la elección de Dios no es corporativa y que no todos los descendientes físicos de Abraham y de Jacob (también llamado Israel), eran receptores de las prometidas bendiciones de Dios. El fallo de la nación de Israel con relación al Mesías, no fue un error de la Palabra de Dios, sino el de aquellos que presumieron que las benditas promesas de Dios, eran colectivas -con lo que se incluían en ellas a todos los judíos y excluían a todos los gentiles. Por lo tanto, en Romanos 9:6-18, Pablo cita tres ilustraciones de la elección individual de Dios: Isaac y no Ismael (9:6-9); Jacob y no Esaú (9:10-13) y Moisés y no el Faraón (9:14-18).
De acuerdo a lo que Pablo dice, el problema de la incredulidad judía (en Jesús como el Mesías) y de la creencia de los gentiles no se debe considerar como que si las promesas de Dios hubieran fracasado. Más bien, la bendición de salvación de Dios jamás se ha concedido sobre la base de lo que son o hacen los hombres. La salvación siempre ha sido sobre la base de la elección divina. Tampoco son elegidas las personas que son ‘merecedores’, porque las que ‘no lo merecen’, no lo son. Los que han sido elegidos, son los que no son merecedores de haberlo sido, los que cuya salvación se debe solamente a la soberana gracia de Dios. En este Capítulo de Romanos, Pablo insiste en que Dios por último determina el destino eterno de los hombres. Sólo aquellos que Él ha escogido le escogerán a Él. Aquellos a quienes Él ha rechazado, le rechazarán persistentemente. Dios elige a algunos para ser salvos y ordena la condenación eterna para el resto. En Romanos 9, Pablo no sólo demuestra la verdad de esta afirmación a partir del Antiguo Testamente; también manifiesta las objeciones que la doctrina de la elección provoca. Entonces las responde de un modo que defiende la doctrina de la soberanía de Dios en la salvación.
En los versículos 15, Pablo revela lo que su corazón siente con relación a sus hermanos israelitas. No escribe como un traidor a su nación, sino como un verdadero patriota. Él ama a sus hermanos israelitas y si pudiera, estaría dispuesto a sacrificar su vida por su salvación. Escribe con un corazón quebrantado y con un deseo sincero de ver a su pueblo salvo.
La condición espiritual deplorable de la nación de Israel, no se debe a una falta de exposición a Dios, sino que más bien es a pesar de los privilegios espirituales no paralelos que Dios se prodiga con los judíos. Su incredulidad, a pesar de tantos privilegios que Dios les ha otorgado, les separó de Él. Consideremos algunos de estos privilegios:
(1) Su adopción como hijos (su llamado a ejercitar que la soberanía de Dios gobierna sobre la tierra -Éxodo 4:22-23; 2 Samuel 7:12-6; Salmo 2:1-9; comparar con Romanos 8:18-25).
(2) La gloria (la revelación de la gloria de Dios a los israelitas -Éxodo 40:34-35; 1 Reyes 8:10-11).
(3) Los pactos (Génesis 12:1-3; 17:2; Deuteronomio 28-31).
(4) La entrega de la Ley (Éxodo 20ss; Deuteronomio 5ss; Salmo 147:19).
(5) El servicio del templo (Deuteronomio 7:6; 14:1ss; Hebreos 9:1-10).
(6) Las promesas de Dios (Hechos 2:39; 13:32-33; Gálatas 3:13-22; Efesios 2:12).
(7) Los patriarcas (Deuteronomio 7:8; 10:15; Hechos 3:13; Romanos 11:28).
(8) Los judíos (específicamente la tribu de Judá) son el pueblo del cual saldrá el Mesías (Génesis 12:1-3; 2 Samuel 7:14; Mateo 1:1-16; Lucas 1:26-33).
A pesar de sus tantos privilegios, la condición de Israel ilustra un principio muy relacionado con la doctrina de la soberanía de Dios en la salvación o, más sencillo, la elección divina: La salvación de Dios no está dirigida hacia los privilegiados, a quienes podríamos juzgar merecedores de la salvación, sino a aquellas almas patéticas que no son merecedoras de la salvación, a quienes el mundo incrédulo considera no merecedores de ella.
Los escribas y los fariseos no podían comprender la razón porqué Jesús les asociaba con los ‘pecadores’. La respuesta de nuestro Señor, no era la que querían oír:
“Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos. Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:29-32).
Las palabras de Pablo a los cristianos corintios, tampoco adulan a los santos, pues enfatizan que la salvación es el resultado de la elección de Dios y que aquellos que Él elige no son los que nosotros esperaríamos:
“Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil de mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (1ª Corintios 1:26-32).
En este texto se dicen dos cosas que debiera evitar que un cristiano se enorgullezca o crea que él tiene algo que ver en su salvación. Primero, es Dios quien lo ha hecho todo. Es ‘por Su obra’ que alguien es salvo (versículo 30). Es Él quien nos ha elegido (primero), no nosotros que le hayamos escogido a Él (Juan 15:16). Segundo, no nos atrevamos a jactarnos en nosotros mismos como cristianos, porque por lo general la gente que Dios elige es aquella que ha sido necia, débil y deshonesto (versículos 27-28). Si alguien se jacta en su salvación, se debe jactar en el Señor, pues la salvación es del Señor.
El error del judaísmo es haber pretendido que al haber tomado parte de los privilegios nacionales de Israel (los que se detallan en los versículos 4-5), les asegura de tomar parte en forma individual de la bendición de la salvación eterna. Juan el Bautista, atacó este error en los primeros tiempos del Evangelio:
“Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aún de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego” (Mateo 3:8-10).
La salvación no está determinada por sus ancestros o por su raza; no está determinada sobre la base de algún privilegio que hayamos recibido. La salvación está basada solamente en la elección individual de Dios, que resulta en tener fe en Jesucristo, para el perdón de los pecados y el don de la vida eterna.
Hay quienes asumen erróneamente que el crecer en un hogar cristiano, les asegura la bendición de la salvación. Existen privilegios en el hecho de ser parte de una familia cristiana (ver 1ª Corintios 7:12-14); pero no hay seguridad en que por el hecho de haber crecido en una familia cristiana, le haga salvo. Muchos padres cristianos se sienten culpables si sus hijos no creen en Cristo; pero ellos no tienen control alguno sobre este asunto. Todo lo que pueden hacer es vivir su fe en obediencia a las Escrituras en el contexto familiar y reconocer que la salvación es del Señor. El crecimiento en medio de cristianos, no es garantía de salvación, de la misma manera que crecer en un ambiente pagano no le condena a uno a ser un incrédulo. De la misma forma como no debemos enorgullecernos de nuestra propia salvación, o de la de alguien más, tampoco debemos culparnos a nosotros mismos cuando aquellos que amamos rechazan el evangelio que nosotros hemos abrazado.
¿Salió Algo Mal en el Plan?
(Romanos 9:6-13)
“No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: no los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes. Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo. Y no sólo esto, sin también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre.(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí”
Isaac, no Ismael
(Romanos 9:6-9)
Una primera mirada, nos sugiere que algo ha ido mal. Si muchos judíos están rechazando a Jesús como el Mesías y muchos gentiles están llegando a Él por medio de la fe, ¿no es lo contrario de lo que Dios prometió? ¿Ha ido algo mal en el plan de Dios? Con más precisión, ¿han fallado las promesas de Dios? ¿Ha fallado la Palabra de Dios (versículo 6)? Pablo nos informa inmediatamente que no ha habido falla alguna en la Palabra de Dios. Está pronto a probar que la Palabra se ha cumplido en lo que respecta a los judíos y gentiles. El plan de Dios de la salvación de los hombres, se está cumpliendo no como lo esperaríamos nosotros (ver Romanos 11:33-35); sino como lo ha prometido Dios.
La doctrina de la elección divina es la única explicación adecuada para el alejamiento de los judíos incrédulos y para el acercamiento a la fe de los gentiles. Esto es importante para nosotros, porque en el análisis final, la última explicación para los no creyentes y la fe, es la elección divina. ¿Cómo podemos explicar la incredulidad y el consiguiente juicio de los hombres? La respuesta tiene dos caras. Primero, los hombres se pierden porque no han elegido aceptar la provisión de salvación de Dios, en Jesucristo. Segundo, están perdidos porque Dios no los ha escogido. En Romanos 9, el énfasis de Pablo está puesto en esta segunda razón.
El error de los judíos, que todos los judíos son elegidos y por lo tanto deben ser salvos, estaba basado en su errada suposición que todos los israelitas son escogidos por Dios, el verdadero Dios de Israel. Los judíos conjeturaron que debido a que eran descendientes físicos de Abraham, se les garantizaba un lugar en el reino de Dios. Pablo corrige este concepto errado, informándonos que sólo por el hecho de ser descendiente de Jacob (o Israel), él o ella no es necesariamente un israelita verdadero.[6] Tampoco todos los hijos de Abraham son ‘hijos de Dios’.
Si al ser un descendiente físico de Abraham no es la base de nuestra entrada a las bendiciones de la salvación, ¿qué determina quién recibe estas bendiciones? La respuesta es simple: la elección divina. Los ‘hijos de Dios’ son los ‘hijos de la promesa’ (9:8). Dios prometió a Abraham que tendría un hijo y que aún teniéndolo, las promesas de Dios se cumplirían. Ismael no fue aquel hijo. Ismael fue el resultado de los esfuerzos de Abraham y Sara de concebir un hijo por métodos que no eran los que Dios pretendía -una esposa y madre subrrogante, Agar. De estos dos ‘hijos’ de Abraham, sólo uno era el hijo de la promesa -Isaac. Y, por lo tanto, no todos los descendientes de Abraham eran los receptores de las bendiciones prometidas por Dios. Dios eligió a Isaac y rechazó a Ismael. ¿Falló la Palabra de Dios porque eligió a Isaac y rechazó a Ismael? De ninguna manera, porque la promesa de Dios sólo le fue dada a Isaac.
Jacob y no Esaú
(Romanos 9:10-13)
Algunos podrán objetar que el principio de la elección difícilmente se puede establecer en la evidencia de la elección que Dios hizo por Isaac y de Su rechazo a Ismael. Después de todo, estos hijos tuvieron al mismo padre; pero a distintas madres y la madre de Ismael era una concubina. No nos sorprende porqué Ismael fue rechazado e Isaac elegido. Por lo tanto, Pablo señala su segunda ilustración de la elección. La elección de Dios por Jacob y su rechazo a Esaú (versículos 10-13). Estos dos hijos nacieron de los mismos padres e incluso son el producto de la misma unión. Eran mellizos. No hay dos hermanos que pudieran ser más parecidos y aún así, Dios rechazó a uno y escogió al otro.
La elección de Dios de Jacob y no de Esaú, es contraria a todo lo que pudiéramos esperar. Por costumbre, el hijo que nacía primero, recibía la primogenitura y aún así Dios indicó Su elección por el hijo más joven de Rebeca, antes que Jacob y Esaú nacieran:
“Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer. Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová; y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor” (Génesis 25:21-23).
Dios señaló Su elección por Jacob por sobre Esaú antes de su nacimiento, sin considerar las obras que cualquiera de ellos hiciera. Algunos insisten en que Dios elige a quien eligen, porque Él sabe de antemano quién le elegirá a Él. Suponen que Dios elige a aquellos que beneficiarán Su obra. Con mucha frecuencia escucho a gente comentar qué dinámica cristiana convendría para que alguien se salvara. Deberían considerar las palabras de Pablo que indican que la elección que Dios hizo por Jacob por sobre Esaú se hizo sin tomar en cuenta lo que podrían hacer, aparte de sus obras. No es que Dios ignorara lo que estos dos harían; más bien Su elección se hizo sin considerar sus obras. Su elección fue una declaración y una demostración de Su soberanía:
“…(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor” (Romanos 9:11-12).
No debemos dejar de notar que cuando Dios eligió a Jacob por sobre Esaú, lo hizo a pesar de la fuerte preferencia que Isaac tenía por Esaú (era Rebeca quien favorecía a Jacob, mientras que Isaac prefería a Esaú, Génesis 27). Antes de comenzar, Jacob fue la elección de Dios y Esaú fue rechazado. Al finalizar, Jacob fue el hijo que recibió las bendiciones de Dios y no Esaú. Para que no pensemos que la elección de Dios por Jacob no incluyera también el rechazo por Esaú, Pablo nos recuerda:
“Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí” (Romanos 9:13).
La soberanía de Dios es demostrada en la elección que hizo de Jacob y el rechazo de Esaú.
Moisés y no Faraón
(Romanos 9:14-18)
“¿Qué, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia , y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece”
Pablo emite una pregunta que espera una respuesta negativa: “¿Qué hay injusticia en Dios?” Si dudamos en la respuesta que se espera (el texto griego lo expresa claramente), la respuesta de Pablo saca toda duda: “En ninguna manera”. Prefiero la antigua traducción de la versión King James: “¡Que Dios no lo permita!” Por supuesto, que Dios está libre de acusación alguna por injusticia. Si esta pregunta presupone una respuesta, también presupone la razón de formular esta pregunta. Pablo está enseñando la elección divina. Dios elige a uno y rechaza a otro y cuando Él elige a alguien para salvación, siempre lo hace cobre la base de la gracia, concedida por Su elección soberana y no sobre la base de las obras. Si Pablo no estuviera enseñando la doctrina de la elección, la pregunta sería inapropiada y ni siquiera merecería una respuesta. Pero Pablo estaba enseñando la elección, que es la razón por la que formula la pregunta sobre la justicia.
¿Cómo entonces puede Dios decidir salvar a un hombre y endurecer a otro sin ser acusado de injusticia? La respuesta es muy sencilla: gracia. La salvación es un asunto de la gracia soberana divina, concedida sobre aquellos que Dios elige como sus receptores. La gracia es algo maravilloso que Dios concede a los pecadores culpables que no son merecedores de las bendiciones de Dios. La justicia está relacionada con lo que la gente recibe lo que merece. Es injusticia cuando un hombre trabaja para su empleador y no se le paga. Es injusticia cuando un criminal culpable no recibe su castigo. Dios no es injusto al condenar a pecadores al tormento eterno, porque están obteniendo precisamente lo que merecen. Más aún, Dios no injusto cuando salva a gente. El castigo para los pecadores a quienes Dios ha salvado, ha sido cargado por el Señor Jesucristo, quien murió en lugar del pecador, trayendo sobre Sí la ira de Dios. Por lo tanto, Dios es justo al condenar a los hombres a cargar la penalidad que merecen y es justo al salvar a los hombres, cuya penalidad ha cargado Cristo.
“Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Romanos 3:21-26).
Observen el tono de las palabras de Pablo en Romanos 9:14-18. No son apologéticas. Pablo no está dudando en la respuesta. Es valiente y está confiado. Se irrita ante la posibilidad que alguien pudiera sugerir que Dios es injusto con respecto a la elección. No tiene interés en defender a Dios, sino más bien en declarar la soberanía de Dios.
Dios no es injusto en la salvación de los pecadores que merecen la ira eterna de Dios (versículos 15-16). Tampoco es injusto en la condenación de pecadores como el Faraón, cuyo corazón fue endurecido por Dios (versículos 17-18). Moisés y el Faraón son más contemporáneos que se encontraron cara a cara durante el éxodo. Moisés fue el hombre que se ve que estuvo muy próximo a ser Faraón de Egipto. Dios envió fuera a Moisés, indicándole que debía guiar a Su pueblo fuera de los límites de Egipto. Y Dios señaló a Faraón para ser el que se rehusaría a dejar salir al pueblo fuera de los límites de Egipto y cuya resistencia proveería la oportunidad para que se manifestara el poder de Dios, en toda la tierra.
A través de Moisés, Dios desplegó Su gracia. Cuando Dios comenzó a revelar Su gloria a Moisés en Éxodo 13 (cuyo clímax se encuentra en el Capítulo 34), Él declaró que Su misericordia sería otorgada soberanamente a quienes Él quisiera. La razón por la que alguna persona recibió Su gracia, no debía encontrarse en la persona, la receptora de Sus bendiciones, sino en Dios, el que bendice. La gracia es un don no merecido y por lo tanto, debe ser concedido soberanamente, pues nunca seremos merecedores de ella. Si alguien pudiera ser merecedor del favor de Dios (algo que nadie puede), las bendiciones de Dios no serían entregadas sobre la base de la gracia, sino de las obras. Pero por cuanto nadie es merecedor del favor divino, cada una de las bendiciones de Dios es otorgada sobre la base de la gracia, sin otro factor de decisión que la soberana elección de Dios.
Dios habló directamente a Moisés (versículo 15) e indirectamente con el Faraón (a través de Moisés y de las Escrituras) (versículo 17). El Faraón también fue elegido; pero para un rol y destino muy diferentes. Él fue considerado para que el poder de Dios pudiera ser demostrado debido a su oposición contumaz. La victoria de Dios sobre el Faraón, por medio de las plagas y después por medio de la separación del Mar Rojo, fue ampliamente proclamada (ver Éxodo 15:14-16). Dios fue glorificado a través del endurecimiento del corazón del Faraón, de la misma manera que fue glorificado a través de Moisés.
Aquí tenemos una verdad muy importante, que al parecer desconocen varios cristianos. Aparentemente, muchos piensan que Dios sufre un tipo de derrota cuando los pecadores no se arrepienten y no tienen fe en Él. Suponen que Dios sólo es glorificado a través de la salvación de los perdidos y no en la condenación de los pecadores que se resisten tozudamente. De hecho, Dios es glorificado a través de la salvación de los pecadores y de la condenación de los mismos. Dios revela Su misericordia al salvar a los pecadores y Su poder triunfando sobre quienes se oponen a Él. Dios no es avergonzado por quienes lo rechazan. Él no ‘necesita’ salvar hombres para ser glorificados por ellos.
Otra Objeción
(Romanos 9:19-23)
“Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? Porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria”
Hay una respuesta para esta pregunta; pero Pablo no la responderá hasta que no haya señalado un punto de mucha importancia. El versículo 19, no es sólo una pregunta; es un insulto porque pone en duda la integridad de Dios. En realidad es una acusación en contra de Dios. No espera recibir una respuesta; da la impresión que al formular la pregunta, Dios será silenciado.
En este Capítulo, Pablo ha estado enseñando la soberanía de Dios. Siglos antes que Pablo viviera, Dios llevó hasta Sus rodillas a un rey babilónico. Este gran rey aprendió algunas lecciones muy importantes acerca de la soberanía. Lo primero que aprendió Nabucodonosor, fue que aunque Dios concede a los hombres cierto grado de soberanía sobre la tierra (ver Daniel 2:37, 9:18ss.), en última instancia, sólo Él es soberano:
“Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia” (Daniel 4:34-37).
Para la respuesta de Pablo en Romanos 9:2′-21, es esencialmente importante lo que se lee en Daniel 4:35:
“…y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?” (Daniel 4:35).
Soberanía significa que aquel que es soberano está en completo control de todo, está por sobre todo cuestionamiento que pueda hacer algún subordinado. Pablo es muy sensible a este hecho y por lo tanto, reaccionan en forma inmediata, censurando la actitud del que pregunta. ¿Quién es el hombre para cuestionar a Dios? Dios es el Creador y es Su prerrogativa que los hombres usen Su creación de alguna forma. Él elige. Los hombres son Su creación y ellos no tienen derecho alguno a cuestionar a su Creador. Si Dios elige uno de sus vasos para que le dé gloria siendo un vaso preparado para destrucción, es Su derecho. Si Dios elige recibir gloria haciendo que otro vaso sea de misericordia, un vaso que Él salvará, también es Su prerrogativa.
El poder de Dios está demostrado por el derramamiento de Su ira sobre los pecadores, como lo fue durante el Éxodo. La misericordia y la gracia de Dios se demuestran por el derramamiento de Su gracia sobre pecadores que no la merecen, salvándolos a pesar de su pecado. Su atraso en destruir “los vasos de la ira”, es a propósito, permitiéndole tiempo para demostrar Su gracia a “los vasos de misericordia”. Y estos “vasos de misericordia” incluyen a algunos que eran judíos y otros, gentiles.
Gentiles y No Sólo Judíos
(Romanos 9:24-29)
Siempre me asombro la lentitud con que los discípulos (¡y yo también!) comprendieron las enseñanzas del Señor. Incluso después de la muerte, del entierro, de la resurrección y de la ascensión de nuestro Señor, vemos que los apóstoles fueron lentos a abrazar las enseñanzas del Antiguo Testamento y de Jesús, en el Libro de los Hechos. En Hechos 1:8, Jesús les dijo:
“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).
Esto no fue sino una repetición de lo que Jesús ya les había ordenado a Sus discípulos antes de Su muerte:
“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-20; énfasis del autor).
¿Se dispusieron los discípulos a evangelizar en forma inmediata a los gentiles en el Libro de los Hechos? Ciertamente, no. En realidad, se resistieron. La evangelización de los gentiles se produjo a pesar de los apóstoles, más que debido a ellos -otra evidencia de la soberanía de Dios en la salvación. Tuvo que producirse una intensa persecución para dispersar a los judíos desde Jerusalén (Hechos 8:1ss.). Pedro tuvo que tener una visión dramática y reiterada para que fuera a la casa de Cornelio, un gentil, para predicar el evangelio (ver Hechos 10:1ss.). Y cuando la palabra alcanzó los oídos de los líderes judíos de la iglesia de Jerusalén, Pedro fue llamado y censurado por predicarle a los gentiles (Hechos 11:1-3).
El argumento de Pedro fue muy apremiante. Tuvieron que admitir que Dios también tenía la intención de salvar a los gentiles; pero observen lo que hicieron cuando oyeron esto -nada:
“Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios? Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida! Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución, que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos. Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor” (Hechos 11:15-21)
Si no hubiera sido por ese grupo anónimo de judíos helénicos, que no sabían nada mejor que compartir su fe con los gentiles, la iglesia gentil de Antioquía jamás se hubiera establecido (humanamente hablando, por supuesto).
Cuando llegamos al versículo 24 de Romanos 9, Pablo desea que sus lectores comprendan que la salvación de muchos gentiles y la incredulidad de muchos judíos, no debieran sorprendernos. Ahora, él se refiere al Antiguo Testamento para demostrar que lejos de que las promesas habían fracasado por la fe de los gentiles y por la incredulidad de los judíos, Sus promesas han sido cumplidas:
“…y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles? Como también en Oseas dice: Llamaré pueblo al que no era mi pueblo, y a la no amada, amada. Y en el lugar donde se les dijo: Vosotros no sois pueblo mío, allí serán llamados hijos del Dios viviente. También Isaías clama tocante a Israel: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo; porque el Señor ejecutará su sentencia sobre la tierra en justicia y con prontitud. Y como antes dijo Isaías: Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado descendencia, como Sodoma habríamos venido a ser, y a Gomorra seríamos semejantes. ¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, es decir, la justicia que es por fe; mas Israel, que iba tras una ley de justicia que es por fe; mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ellas no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo, como está escrito: He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída; y el que creyere en él, no será avergonzado” (Romanos 9:23-33).
Conclusión
Todos los que Dios elige para ser salvos, son pecadores perdidos, muertos en sus iniquidades y pecados, cautivos no sólo en sus propios pecados, sino que en Satanás mismo, sin ninguna diferencia con aquellos que han pasado una eternidad en el infierno (ver Efesios 2:1-3). Aquellos que Dios salva, no le buscan a Él; son salvos sin considerar si habían buscado lo justo (Romanos 9:30-33). No son salvos por lo que son, por lo que serán o por lo que podrían ser (Romanos 9:11). Han sido escogidos y salvados, no por alguna decisión que hayan hecho; más bien la decisión de confiar en Dios es el resultado de Su obra y no de la del hombre (Juan 1:12; Hechos 13:48; 16:14; Filipenses 1:29; 2:12-13). A través de Su Espíritu, Dios regenera al que está muerto en sus transgresiones y pecados, dándole tanto vida como fe de manera que el individuo es ahora atraído a Él (Juan 6:44) y expresa su fe en Jesucristo para su salvación; una fe que también viene de Dios (Efesios 2:8-9; 1ª Corintios 4:7); es así que la salvación es considerada como la obra de la soberanía de Dios -no de los hombres (Romanos 9:11, 15-16; 11:36; 1ª Corintios 1:30-31; Hebreos 12:2).
¿Se afligen algunos porque Dios elige a algunos y a otros no? ¡No debieran! Cuando Dios elige salvar a alguien, ese alguien nunca lo hubiera elegido a Él. Michael Horton lo describe así:
“Esencialmente, la elección es un acto en el que Dios toma la decisión por nosotros; una decisión que nunca la habríamos hecho por Él”[7]
Debiéramos estar agradecidos que Dios elige a algunos para ser salvos; de otra forma, nadie podría haber sido salvo. Si Dios miró hacia abajo al corredor del tiempo y eligiera a aquellos que lo hubieran elegido a Él, no hubiera podido elegir a nadie, pues nadie lo hubiera elegido a Él. (ver Romanos 3:10-18).
Si Dios hubiera elegido a aquellos que eran merecedores de Su salvación, no hubiera elegido a nadie. La elección es la prerrogativa de un Dios soberano de elegir a algunos. La elección está basada solamente en la gracia de Dios y no en nuestros propios méritos. La elección es la obra externa de la gracia y el único medio por el cual los pecadores pueden ser salvos. No es una doctrina que deba angustiarnos, sino una doctrina en la cual deberíamos gozarnos. Es la base de la gratitud y de la adoración. Tal como Pablo lo expresó en el Capítulo 12:
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2; énfasis del autor).
La conclusión de los Capítulos 9-11 de Romanos, es no escatimar el reconocimiento de la soberanía de Dios, sino una adoración gozosa de Su soberanía:
“¡O, profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque, ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Romanos 11:33-36)
La soberanía de Dios es un incentivo para orar por la salvación de los perdidos y una fuente de consuelo cuando alguien rechaza Su ofrecimiento de salvación en Cristo. El saber que Dios es soberano en la salvación, es un gran incentivo para ser testigo, porque sé que Dios cumplirá Su propósito. A pesar de mis fracasos al presentar el evangelio y de la ceguera de aquellos a quien se les predica, Dios es el Único que salva. Mi tarea y la suya en la evangelización, jamás es en vano. Incluso cuando los hombres rechazan el evangelio, Dios es glorificado en la predicación de Su evangelio, crean o no los hombres en esa palabra. Él es glorificado tanto por la salvación de los pecadores como por el castigo eterno de los pecadores.
Por último, los hombres no son salvos porque los hayamos convencido o incluso porque decidieron (ellos primero) creer en Dios. Los hombres son salvos porque Dios los ha elegido, los ha iluminado mediante Su Espíritu para que comprendan el evangelio y los ha llamado eficazmente abriéndoles sus corazones para que respondan al evangelio. ¿A quién consideraría usted que tiene el control del destino eterno de los hombres, a hombres pecadores o a un Dios amante, misericordioso y soberano? ¿A quién clamaría para la salvación de los hombres? Él es un Dios que nos ama y que se deleita en contestar nuestras oraciones. Regocijémonos en que la salvación de nuestros seres queridos está en Sus manos y que podemos suplicarle que los salve. Y cuando nuestros seres queridos rechazan el evangelio, sabemos que Él es capaz de salvarlos. Cuando nuestros seres queridos mueren sin haber llegado a tener fe, sabemos que esto no toma a Dios por sorpresa, sino que es parte de Su gran y eterno plan.
A menudo en nuestra presentación del evangelio, temo que no representamos completamente a Dios y degradamos Su gloria en el cuadro que mostramos a los perdidos. El evangelio no debe ser visto como a Dios suplicando y argumentando desesperadamente para que le elijan. El evangelio es un mandato y así lo debemos proclamar a los pecadores perdidos. Sabemos que no podemos convencer a los hombres de su pecado o hacer que se vuelvan a Cristo; pero Dios puede y lo hace con todos los que Él a elegido. Nunca retratemos a un Dios débil, dependiente de las decisiones de los hombres; más bien debemos proclamar al verdadero Dios, que siempre consigue lo que se propone.
No nos asombra que el evangelio es ofensivo para los pecadores perdidos que quieren pensar que son ‘víctimas de su destino’, los ‘capitanes de sus almas’. No tenemos el control. Los hombres perdidos son pecadores, que han ofendido al Dios recto y santo y que están destinados al infierno eterno. No pueden hacer nada para salvarse a sí mismos. Deben reconocer sus pecados y someterse a la misericordia de Dios para hacerse merecedores en la sangre vertida de Jesucristo, quien pagó la pena por los pecados de los hombres y que ofreció a los pecadores no merecedores, Su justicia. El evangelio es una oferta gloriosa para los pecadores perdidos, quienes saben que no pueden hacer nada por salvarse a sí mismos. El evangelio es una ofensa para los que se creen justos por sí mismos, quienes piensan que pueden salvarse a sí mismos, por sus propios méritos.
¿Ha reconocido usted su pecado y su culpa? ¿Se ha sometido al Dios soberano del universo y ha aceptado Su provisión para su salvación? Yo no puedo convencerlo o convertirlo. Le puedo decir que por sus pecados merece una eternidad en el infierno y que Dios, por Su gracia, ha enviado a Su Hijo Jesucristo, para tomar el lugar del pecador y darle a los hombres Su justicia. Él ha prometido que Su Espíritu convencerá a los pecadores perdidos de su pecado, de Su justicia y del juicio eterno. ¿Se someterá usted a Dios aceptando Su forma de salvación, la única manera de salvación? Oro para que lo haga.
¿Cuál es la Relación entre Regeneración y Creer?
Considere estos pensamientos en la relación entre la regeneración y creer:
Todos los hombres están muertos en sus transgresiones y pecados, indiferentes frente a Dios e incapaces de hacer algo para cambiar su condición (ver Efesios 2:1-3). Los que están muertos en sus transgresiones y pecados, no comprenden a Dios; no tienen en consideración el evangelio ni buscan a Dios. Están destinados a enfrentarse con la ira de Dios, apartados desesperanzadamente de la intervención de la gracia divina.
La regeneración es la obra sobrenatural de Dios, que da vida a los hombres muertos (Efesios 2:5; Tito 3:5).
La fe es un don que da Dios a quienes Su Espíritu Santo ha regenerado, permitiendo así que los elegidos por Él respondan al evangelio, confiando en Jesucristo para su salvación (Efesios 2:8-9).
La regeneración precede al creer. La regeneración es la obra del Espíritu Santo, mediante la cual concede vida al que está espiritualmente muerto. Esta nueva vida es expresada por la fe en la persona y en la obra de Jesucristo. Dios es el que la inicia -la causa inicial- y por lo tanto, la fe del hombre es el resultado de la obra de Dios en el hombre.
Esto significa que la salvación es, por último, obra de Dios. Él es el que la inicia y nosotros respondemos (ver 1ª Juan 4:19). Él es el autor y el que perfeccionador de nuestra fe (Hebreos 12:1-2). Él completará lo que ha comenzado en nosotros (Filipenses 1:6). En consecuencia, vemos que Dios se describe como la fe de los hombres (Hechos 13:48; 16:14).
La otra visión (la incorrecta), es que el hombre actúa primero, confiando en Dios y después Dios responde concediéndole la salvación, en respuesta a la fe del hombre. En este caso, el hombre es la primera causa. El problema con este punto de vista es que se contradice con las Escrituras. Niega la soberanía de Dios y niega la depravación del hombre. ¿Cómo puede un hombre muerto, que odia a Dios y no le busca, repentinamente y por propia iniciativa volverse a Dios con fe? (ver Romanos 3:9-18).
Objeciones a la Soberanía Divina
Existen muchas objeciones a la soberanía divina. Veamos algunas de ellas y ofreceremos respuestas bíblicas:
La elección de Dios está basada en Su preconocimiento [presciencia] y este preconocimiento es el conocimiento de Dios de antemano, de quiénes le elegirán. (Se basan en pasajes como Romanos 8:29, como prueba).
(1) El conocimiento previo se refiere a veces al conocimiento previo que se tiene de alguien. En las Escrituras también se usa como una elección hecha de antemano. Y ‘conocer’, a veces se usa como ‘elegir’ (Génesis 18:19, ver nota marginal; Jeremías 1:5) y ‘conocer de antemano’, a veces significa ‘elegir antes de tiempo’. En Romanos 11:2 y 1ª Pedro 1:20, ‘conocer de antemano’ no puede significar simplemente ‘conocer antes de tiempo’. Debe significar: ‘elegido o seleccionado antes de tiempo’.
(2) Si la elección que hizo Dios de aquellos a quienes Él quería salvar estuviera basada en su conocimiento previo de aquellos que lo elegirían a Él, nadie sería salvo debido a la depravación del hombre (ver Juan 6:37, 44; Romanos 3:9-18). Nadie elegiría a Dios a no ser que Él nos elija primero, regenerándonos y dándonos la fe para responder al evangelio.
(3) Si la elección de Dios estuviera determinada por haberlo elegido a Él nosotros, seríamos los iniciadores de la salvación y Dios quien respondería a ella. Esto contradice a las Escrituras (Hebreos 12:1-2; Filipenses 1:6; etc.) y es inconsistente tanto con la soberanía de Dios como con la naturaleza de la gracia.
(4) Las Escrituras enseñan que Dios es el que inicia la fe y la salvación y no los hombres (Juan 6:44; Hechos 13:48; 16:13; ver también Deuteronomio 30:6; Jeremías 31:31-34).
Y, ¿qué de aquellos textos que llaman al hombre a creer y aquellos que hablan de la elección que hacen los hombres como si fueran Dios?
(1) Los hombres son llamados a arrepentirse y a creer en Jesucristo, para salvarse. Los hombres son salvos por su fe. Todos los que vinieron a Él, los que proclaman el nombre del Señor, serán salvos (Juan 6:37; Romanos 10:13). Pero esta respuesta que es necesaria que los hombres manifiesten, es el resultado de la obra salvadora y soberana de Dios y no su causa (Juan 1:12).
La soberanía divina impide o excluye la responsabilidad humana.
(1) De ninguna manera. La soberanía divina es la base de la responsabilidad humana.
“Muchos han dicho neciamente que es bastante imposible demostrar dónde termina la soberanía de Dios y dónde comienza la responsabilidad de las criaturas. Aquí es donde comienza la responsabilidad humana: en la disposición soberana del Creador. ¡Con respecto a Su soberanía, no existe y jamás existirá un fin![8]
“Dios es un caballero y no fuerza a nadie a venir a Él”
(1) Esta declaración expresa una visión retorcida de la soberanía de Dios y de la depravación del hombre. Si Dios no interviniera y no obviara nuestra enfermedad letal de pecado y rebeldía, nadie sería jamás salvo. El evangelio es imposible para el hombre, separado de la intervención divina y la habilitación que Él nos concede. Cuando Dios nos salva, Él permite que los muertos vivan; Él elimina nuestra ceguera espiritual, dándonos visión; Él abre nuestro corazón para responder y Él nos da una nueva naturaleza que es la que Dios desea. Si técnicamente es incorrecto decir que Dios pasa por encima de nuestra voluntad, ciertamente Él cambia nuestra naturaleza y nuestra voluntad.
Sugerencias y Aplicaciones de la Soberanía Divina en la Salvación
El tema de la soberanía de Dios en la salvación, es vitalmente importante:
“Por lo tanto, no es irreverente, inquisitivo o trivial, sino necesaria para los cristianos averiguar si la voluntad [humana] tiene alguna acción o no en los asuntos relacionados con la salvación eterna… Si no sabemos estas cosas, no sabremos absolutamente nada de lo que debemos conocer como cristianos y seremos peores que cualquier incrédulo… Por lo tanto, que todo aquel que no esté de acuerdo con esto, que confiese que no es un cristiano. Pues si ignoro lo que puedo hacer y cuánto puedo hacer con respecto a Dios, será igualmente incierto y desconocido para mí lo que Él puede hacer en mí y cuánto puede hacer en mí… Pero cuando desconozco la obra y el poder de Dios, soy incapaz de adorarle, alabarle, agradecerle y servirle, por cuanto no sé cuánto debo atribuir de mi vida a mí mismo o cuánto a Él. Por lo tanto, nos compete a nosotros tener una certeza en saber las diferencias entre el poder de Dios y el nuestro, entre la obra de Dios y la nuestra, si es que deseamos vivir una vida en Él”[9]
La soberanía es diametralmente opuesta a todo lo natural y caído que hay en nosotros y es completamente consecuente con lo que la Biblia enseña. Los hombres, en forma natural, rechazan la soberanía de Dios y la reciben sólo en forma sobrenatural. ¿Se resiste usted a ella? No deberíamos sorprendernos. La doctrina de la soberanía de Dios es una doctrina en la que nadie creería en forma natural a no ser que las Escrituras la enseñen claramente y sin que el Espíritu de Dios cambie nuestros corazones para abrazarla. ¿Desea conocer la verdad de este asunto? Estudie las Escrituras y pídale a Dios que le dé comprensión.
“La razón por la que la gente se opone a ella [la elección], se debe a que desean que Dios se cualquier cosa, excepto Dios. Él puede ser un siquiatra cósmico, un pastor útil, un líder, un maestro, cualquier cosa… pero no Dios. Por una razón muy simple -ellos quieren ser Dios”[10]
“Si despreciamos a Dios por amarnos antes que nosotros le amemos a Él, es una actitud egocéntrica”[11]
Rechazar o resistir la soberanía de Dios en la salvación, es un asunto muy serio:
“Esta doctrina [la soberanía de Dios], demuestra la irracionalidad y la espantosa maldad de su rechazo de corazón a poseer la soberanía de Dios en este asunto. Demuestra que usted desconoce que Dios es Dios. Si supiera esto, estaría internamente muy quieto y en silencio; humilde y calmadamente se postraría en el polvo delante de un Dios soberano y sería para usted una razón suficiente.
Al objetar y pelear con respecto a la justicia de las leyes de Dios, a Sus amenazas y a las dispensaciones soberanas que Él le concede a usted y a otros, se está oponiendo a Su divinidad; muestra así su ignorancia con relación a Su grandeza y excelencia divinas y que usted no soporta que Él es el que debe recibir la honra divina. Su mente se opone a la soberanía de Dios, a partir de pensamientos tan bajos y ruines que no tiene conciencia de cuán peligrosa puede ser su conducta y de cuánta audacia tiene siendo una criatura que contiende con el Hacedor”[12]
En la Biblia, la soberanía de Dios no es una verdad negativa, una doctrina problemática que en lo posible debiéramos evitar; es una doctrina positiva que nos anima, nos consuela y nos motiva.
El señor Spurgeon se refirió correctamente en su sermón basado en Mateo 20:15: “No existe atributo más consolador para Sus hijos que la Soberanía de Dios. Bajo las circunstancias más adversas, en los desafíos más severos, ellos creen que la Soberanía ordenó su aflicción, que la Soberanía los domina y que la Soberanía les santificará a todos. No existe otra cosa por la que Sus hijos deban contender más que la doctrina de su Maestro de la creación -la Majestad de Dios sobre toda la obra de Sus manos- el Trono de Dios y Su derecho a sentarse en aquel Trono. Por otra parte, no existe doctrina más odiada por los mundanos, no existe otra verdad de la cual hayan hecho un juego, como la grande, estupenda; pero más verdadera que la doctrina de la Soberanía del infinito Jehová. Los hombres aceptarán que Dios esté en todas partes, excepto en Su trono. Le permitirán estar en los lugares en que se le adore con palabras de moda y exuberantes. Le permitirán estar en donde se dan las limosnas para que Él las conceda y entregue Su gracia. Le permitirán sostener la tierra y sus pilares, o las luces del cielo, o regir sobre las olas del océano; pero cuando Dios asciende a Su trono, entonces Sus criaturas hacen rechinar sus dientes y cuando proclamamos a un Dios entronado y Su derecho a hacer como Él quiere con lo que es Suyo, a disponer de Sus criaturas de la forma como Él quiere, sin consultarles, entonces es cuando somos silbados y detestados y entonces es cuando los hombres se vuelven sordos, pues Dios en Su trono no es el Dios que aman. Pero a nosotros nos encanta predicar sobre el Dios que está en Su trono. Es en el Dios sentado en Su trono en quien confiamos”[13]
Preguntas para Examinar con Relación a la Soberanía de Dios en la Salvación
¿Por qué cree que los hombres se resisten o rechazan la doctrina de la soberanía de Dios en la Salvación? ¿Por qué los cristianos resisten o rechazan la soberanía de Dios en la salvación, en circunstancias que la aceptan en otros ámbitos?
¿Cuál es la relación entre la soberanía de Dios en la salvación y la gracia? ¿Entre la soberanía de Dios en la salvación y la depravación humana? ¿Por qué la gracia de Dios debe ser una gracia soberana?
¿Cómo afecta al evangelio la soberanía de Dios en la salvación? ¿Cómo afecta al evangelio la depravación del hombre y su resistencia a la soberanía de Dios en la Salvación? [En otras palabras, ¿cómo podría obtener el evangelio el hombre natural o no salvo de otra forma?]
¿Cómo cree que le ayudó a Pablo (tal como está descrita en Hechos 9, 22, 26) su conversión a tratar el tema de la soberanía de Dios en la salvación?
¿Cómo debiera afectar nuestras oraciones por los que están perdidos, el punto de vista bíblico de la soberanía de Dios en la salvación? ¿Nuestra motivación por la evangelización? ¿Nuestros métodos de evangelización? ¿El mensaje que proclamamos en la evangelización?
La soberanía de Dios en la salvación, ¿significa que usted sea uno de los no elegidos y que podría no serlo incluso deseándolo? ¿Significa que nunca podremos saber si somos salvos, por cuanto la salvación depende de Dios y no de nosotros?
Citas Citables
“Las Escrituras dan muchos ejemplos de la libertad de Dios en la gracia selectiva. Cerca de un estanque en Jerusalén, ser reunía “una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos” (Juan 3:5). Así, Cristo se hace lugar entre la gente y se acerca a un hombre -sólo una persona- y le sana de su parálisis. Ahora bien, debemos comprender que este era un lugar habitual para mucha gente que tenían la esperanza en que cada día era su día para que se hiciera el milagro. Podríamos pensar que había algún tipo de turno para ser sanado; pero Jesús sólo trató de sanar ese día, a una sola persona. ¿Por qué no los sanó a todos? Podría haberlo hecho; tenía el poder. Pero no lo hizo. Sin embargo, sigo oyendo en cuán injusto fue que Jesús sanara a sólo un hombre que estaba cerca del estanque ese día. ¿Por qué la elección tiene que ser diferente en el ámbito de nuestra salvación?”[14]
“En la elección, llegamos hasta el Dios de Abraham, Isaac y Jacob; el Dios del desierto; el Dios de la encarnación, de la muerte y de la resurrección de Cristo; el Dios que es todo menos una deidad frustrada que ‘no tiene otras manos, sino las nuestras’ y debe caminar por los suelos del cielo mientras hace sonar sus dedos esperando que los hombres ‘le permitan hacer como Él quiere’. Este es el Dios que es todo menos un copiloto. ‘Dios resiste a los soberbios, y da gracias a los humildes’ (Santiago 4:6)”[15]
“Podrían estar pensando: ‘Elección y evangelismo -¿en el mismo saco? ¡Se me ha dicho que son mutuamente excluyentes! Pero honestamente puedo decir que el evangelismo nunca significó lo que realmente es después de haber comprendido la elección. Compartir la fe con los no creyentes, ha llegado a ser una carga para muchos y también lo fue para mí, hasta que esta verdad cambió mi manera de pensar. La elección cambia nuestro evangelismo en tres niveles: nuestro mensaje, nuestros métodos y nuestra motivación”[16]
“Pero puede ser objetada. ¿No leemos una y otra vez en las Escrituras cómo los hombres desafiaron a Dios, resistieron Su voluntad, quebrantaron Sus mandamientos, no consideraron Sus advertencias y se volvieron sordos a todas Sus exhortaciones? Ciertamente lo hemos leído. ¿Y esto anula todo lo que hemos dicho antes? Si es así, entonces ciertamente la Biblia se contradice a sí misma. Pero esto no puede ser. A lo que se refiere el que objeta, es simplemente la maldad del hombre hacia la palabra externa de Dios, mientras que lo que hemos mencionado antes es lo que Dios se ha propuesto a Sí mismo. La regla de conducta que Él nos ha dado, está perfectamente incumplida por todos nosotros; Sus propios ‘consejos’ eternos se han cumplido hasta en los detalles más mínimos”[17]
“Estando infinitamente elevado por sobre la criatura más alta, Él es el Altísimo, Señor de los cielos y de la tierra. Sin estar sujeto a nadie, absolutamente independiente; Dios obra como Él quiere y sólo como Él quiere y siempre como Él quiere. Nadie puede obstruirlo; nadie puede esconderse de Él. Es así que Su propia Palabra lo declara expresamente: “Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” (Isaías 46:10); “…y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano…” (Daniel 4:35b). La soberanía divina significa que Dios es Dios tanto de hecho como de nombre, que Él es el que está en el Trono del universo, dirigiendo todas las cosas, obrando en todas las cosas “según el designio de su voluntad” (Efesios 4:11b)”[18]
“Esta doctrina [la soberanía de Dios], demuestra la irracionalidad y la espantosa maldad de su rechazo de corazón a poseer la soberanía de Dios en este asunto. Demuestra que usted desconoce que Dios es Dios. Si supiera esto, estaría internamente muy quieto y en silencio; humilde y calmadamente se postraría en el polvo delante de un Dios soberano y sería para usted una razón suficiente.
Lo más insanamente osado que un hombre puede hacer, lo más excesivamente necio que un puede hacer, la cosa más desesperadamente malvado que un hombre puede hacer, es replicarle a Dios, entrar en controversias con Dios, criticar a Dios, condenar a Dios. Pero eso es lo mucha gente está haciendo”[19]
“¿Qué somos todos nosotros? Viles -el mejor de nosotros, no es más que un repugnante pecador. Es posible que aún no estemos conscientes de ello; pero es verdad. Nuestras vidas han sido penetradas una y otra vez por el pecado. Aún así usted pretende estar ante la presencia de este Dios Santo, en cuya presencia los serafines se cubren sus rostros y sus pies, contendiendo con Él sugiriéndole lo que debe hacer; entra en controversia con Él, le critica las cosas que Él ha hecho y que ha resuelto que son las que deben ser y murmura contra Dios”[20]
“Él es… un Ser de sabiduría infinita. Miramos hacia los cielos estrellados que están sobre nuestras cabezas, miramos esos hermosos mundos de luz que repletan los cielos en la noche. Pensamos en las cosas que nos abruman por su inmensidad y en la increíble velocidad de sus movimientos al cruzar el espacio y mientras los observamos, como si fuésemos sabios, exclamamos: ‘Oh, Dios, qué Ser de más infinita sabiduría y majestad eres, que puedes guiar esos mundos inconcebiblemente enormes mientras cruzan el espacio con tal increíble velocidad’”
“Y aún así, muchos de ustedes que está aquí esta noche, no dudan mirar al Dios infinito quien hizo estas magníficas esferas de luz, que guían a todo el universo en su curso maravilloso, estupendo y que nos deja perplejos, ¡e intentan decirle lo que debe hacer! Necios, ¿estáis locos? Ningún paciente de algún manicomio haría algo más insano que eso. ‘¿Quiénes sois?’ El hombre más sabio de la tierra, no es más que un niño; el filósofo más sabio no sabe tanto; el hombre de ciencia más grande no sabe casi nada. Lo que sabe es casi nada comparado con lo que no sabe. Lo que sabe, incluso acerca del universo material, es como nada comparado con lo que no sabe”[21]
“Supongamos que algunos niños de trece o catorce años, deben tomar un libro de filosofía que trata el último producto del mejor pensamiento filosófico de hoy día y comienza a criticarlo, página por página. ¿Qué pensaríamos? ¿Nos detendríamos a mirar al niño y decir con admiración ilimitada: ‘Qué muchacho tan inteligente’? No, diríamos: ‘¡Qué idiota más vanidoso este muchacho, que se atreve a su edad a criticar el mejor pensamiento filosófico de nuestros días!’ Pero no es tan idiota como usted o como yo cuando intentamos criticar a un Dios infinitamente sabio, pues somos mucho menos que niños comparados con el Dios infinito.
El filósofo más profundo de nuestros días, no es sino un niño comparado con el Dios Infinito. E incluso ustedes, que no tienen en absoluto alguna pretensión de ser filósofos, toman el Libro de Dios, ustedes como niños, como infantes, toman este Libro que representa la mejor sabiduría de Dios, se sientan, vuelven las páginas una a una y pretenden criticarlo y la gente se para a vuestro lado con admiración y dicen: ‘¡Qué conocimientos!’ Pero los ángeles miran hacia abajo y dicen: ‘¡Qué necio!’ Y, ¿qué dice Dios? “Oh, hombre, ¿quién eres que altercas con Dios? El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos” (Salmo 2:4)”[22]
“Nunca se le ha ocurrido a alguien que incluso Dios podía por alguna posibilidad, saber más que ellos. Tampoco se me ocurrió a mí durante años en los cuales yo era un universalista. Pensaba que todos los hombres al final, serían salvos. Eran un universalista porque tenía un argumento para la salvación última de todos los hombres, al que pensaba jamás podrían destruir. Pensaba que si yo no tenía una respuesta, porqué nadie la tenía. Por lo tanto, desafié a cualquiera a responderme ese argumento. Iba dando vueltas por allí con mi preciosa y altiva cabeza, diciendo: ‘He encontrado una razón incontestable para el universalismo’. Pensé que era un universalista para siempre y que cualquiera que no lo fuera, era porque no estaba en sus cabales.
Un día se me ocurrió que un Dios infinitamente sabio, podía saber más que yo. Lo que nunca se me había ocurrido pensar antes. También pensé que era bastante posible que un Dios de infinita sabiduría podría tener miles de buenas razones para hacer alguna cosa mientras que yo, en mi infinita necedad, ni siquiera tenía una. Y fue entonces cuando mi querido y acariciado universalismo, se transformó en humo.
Si aceptamos y comprendemos el pensamiento que es posible que un Dios infinitamente sabio sabe más que nosotros y que Dios en su infinita sabiduría pudiera tener mil buenas razones para hacer algo en circunstancias que nosotros no tenemos ni siquiera una, habremos aprendido una de las verdades teológicas más grandes del día -una que resolverá muchos de los problemas de la Biblia que nos dejan perplejos.
Los hombres pretenden tener una sabiduría infinita y fantasean que pueden hacer uso de ella de acuerdo a las capacidades limitadas de sus mentes. Pero debido a que son incapaces de llegar a esa sabiduría infinita en sus mentes estrechas, dicen: ‘No creo que es Libro sea la Palabra de Dios, porque no hay nada en él que me impida comprender su filosofía’. ¿Por qué tenemos que comprender su filosofía? ¿Quiénes somos? ¿Cuál es el tamaño de nuestras mentes? ¿Por cuánto tiempo la hemos tenido? ¿Por cuánto tiempo la mantendremos? ¿Quién nos la dio?”[23]
“No es de nuestra incumbencia conocer la filosofía de las cosas; no es de nuestra incumbencia conocer la razón de las cosas. Sí lo es oir lo que Dios tiene que decir y cuando lo dice, creer en ello, ya sea que comprendamos Su filosofía o no”[24]
“Existe una clase más de hombres que altercan con Dios; los hombres que en vez de aceptar a Jesucristo como su Salvador y rendirse ante él como Señor y Maestro, confesándose abiertamente frente a él de la misma manera que lo hacen frente al mundo, están dando excusas por no hacerlo. Jesús dice en Juan 6:37: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera”. Dios dice en Apocalipsis 22:17: “…y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”. Cualquiera puede ir a Cristo y cualquiera que lo hace, será recibido y será salvo. Pero muchos de ustedes, en lugar de ir, dan excusas para no hacerlo. En toda excusa que se haga para no hacerlo, estará entrando en controversia con Dios, estará condenando a Dios, quien le está invitando. No podemos esgrimir alguna excusa por no ir y aceptar a Dios, que no esté condenando a Dios. Cada excusa que cualquier mortal haga para no aceptar a Cristo, en su último análisis, condena a Dios”[25]
[1] Martín Lutero, The Bondage of the Will (Philadelphia: Westminster, 1975), p. 117, de acuerdo a lo citado por Michael Scott Horton, Putting Back Into Grace (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1991), p. 60.
[2] Charles Haddon Spurgeon, The New Park Street Pulpit, vol. 4 (mensaje predicado el 1º Agosto de 1858, en el Music Hall, Royal Surrey Gardens, de acuerdo a lo citado por Warren Wiersbe, Classic Sermons on the Sovereignity of God (Grand Rapids: Kregel Publications, 1994), pp. 114-115.
[3] Spurgeon, de acuerdo a lo citado por Wiersbe, pp. 116-117
[4] También debemos recordar que Satanás tiene su parte en la incredulidad de los perdidos, pues él está siempre intentando apartar a los hombres del evangelio (Marcos 4:3-4, 13-14), enceguecer a los hombres frente al evangelio (2ª Corintios 4:3-4) y también por corromper y distorsionar el evangelio (2ª Corintios 11:14; 13-15).
[5] Juan Bautista reconoció y consignó el error, cuando les dijo a los escribas y a los fariseos: “…y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aún de estas piedras” (Mateo 3:9).
[6] En ningún otro lugar, Pablo explica que un verdadero israelita es un hijo de Dios por fe en Cristo, ya sea judío o gentil (ver Romanos 4:16-17; Gálatas 6:16). A propósito, en Romanos 4, Pablo señala que Abraham era en realidad un gentil (incircunciso) cuando llego a ser un creyente (ver 4:10-12).
[7] Michael Scott Horton, Putting Amazing Back Into Grace, p. 45.
[8] A.W. Pink, The Attributes of God, p. 29.
[9] Martín Lutero, The Bondage of the Will (Philadelphia: Westminster, 1975), p. 117, según cita de Michael Scott Horton, Putting Amazing Back Into Grace (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1991), p. 60.
[10] D. James Kennedy, Truths That Transform (Old Tappan, NJ: Revell, 1974), según cita de Michael S. Horton, Putting Amazing Back Into Grace (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1991), p. 43.
[11] Michael Horton, p. 45.
[12] Jonathan Edwards, tomado de The Words of Jonathan Edwards (vol. 2, 1976), publicado por Banner of Truth Trust, según cita de Warren Wiersbe, Classic Sermons on The Sovereignity of God (Grand Rapids: Kregel Publications, 1994), p.107.
[13] A.W. Pink, The Attributes of God, p. 27.
[14] Horton, p. 59.
[15] Michael Horton, Putting The Amazing Back Into Grace, pp. 58-59.
[16] Horton, p. 66.
[17] Pink, p. 25.
[18] Pink, p. 27.
[19] Torrey, Wiersby, p. 45.
[20] Torrey, p. 47.
[21] Torrey, p. 48.
[22] Torrey, p. 49.
[23] Torrey, p. 57.
[24] Torrey, p. 58.
[25] Torrey, p. 58.
La “calidad de persona” del Espíritu Santo
La “calidad de persona” del Espíritu Santo
Por Pablo Santomauro
Más que pretender elaborar un largo ensayo en el tema, el objetivo de este trabajo es responder brevemente al aluvión de artículos contra la persona del Espíritu Santo con que el iracundo apologista de la herejía sociniana, Mario Olcese, arrecia rutinariamente desde su blog. En uno de sus artículos Olcese expresa:
“El Espíritu Santo es de Dios, pero no es una identidad separada, no es un miembro equitativo de un Dios trino. Es simplemente la presencia y el poder del mismo Dios. En ninguna parte de la Biblia dice que el Espíritu Santo es un miembro equitativo de la Trinidad”. [1] (negritas en el original)
Otro sitio unitario-sociniano expresa en su confesión de fe:
“El Espíritu Santo es el poder personal, operacional y la presencia de Dios extendido a través del Cristo resucitado a los creyentes”.[2]
Este tipo de proposiciones son más fácil de enunciar que de demostrar, y si bien la evidencia por la Deidad y la personalidad del Espíritu en la Biblia es abrumante, quiero concentrarme ahora en el lenguaje usado en el registro bíblico para hablar del Espíritu Santo. Vamos a sustituir “Espíritu Santo” con la palabra “poder” en algunos versos. Si el Espíritu de Dios no fuera una persona, de ninguna manera podríamos esperar encontrar en la Escritura los siguientes pasajes:
Romanos 15:13 – Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo. [¿tendría sentido si dijera "por el poder del poder?"]
Hechos 1:8 – pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo [pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el poder]
2 Corintios 13:14 – La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén. [el amor de Dios y la comunión del poder]
Hechos 10:38 – cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret … [cómo Dios ungió con poder y con poder ???]
Lucas 4:14 – Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. [Y Jesús volvió en el poder del poder a Galilea ...]
Romanos 15:19 – con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios [con potencia y prodigios, en el poder del poder ...???]
Queda establecido así que considerar al Espíritu Santo como un poder o una fuerza no solamente es exegéticamente erróneo, sino también ligüisticamente absurdo.
Ahora deseamos mostrar algunos pasajes donde encontramos al Padre y al Espíritu relacionándose en una forma claramente personal:
Juan 16.13-15 – Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.
NOTAR: El Espíritu “oye” cosas del Padre de la misma forma que Cristo lo hace en Juan 12:49; 3:32; 716s; 8:38). ¿No es esto una interacción personal entre el Padre y el Espíritu? ¿Puede un poder escuchar?
Romanos 8:26-27 – Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.
NOTAR: El Espíritu ora al Padre. ¿Puede haber algo más personal que eso? Y el Padre conoce la intención (la mente) del Espíritu. Aquí tenemos una mente conociendo otra mente. ¿Puede un poder o fuerza interceder por los santos? No hay ningún lenguaje figurado en este texto.
1 Corintios 2:10-12 – Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.
NOTAR: El Espíritu escudriña lo profundo de Dios. Tenemos aquí una relación personal recíproca similar a la del pasaje anterior. El Espíritu conoce los pensamientos de Dios. Sin duda tenemos aquí dos sujetos con propiedades cognitivas relacionándose mutuamente. Mario Olcese refuta la posición trinitaria aquí usando un argumento similar a una bicicleta con las ruedas cuadradas, es decir, no rueda. El alude al recurso literario llamado personificación, recurso por el cual se le atribuyen características personales a conceptos abstractos, y sostiene que en 1 Corintios 2:10-12 tenemos una personificación del Espíritu Santo. En un pequeño artículo, Olcese pone el ejemplo de la sabiduría en Proverbios, y menciona que hay muchos otros pasajes similares en la Biblia. Lamentablemente para él, esos pasajes son claramente de género poético/ alegórico, mientras que en 1 Corintios 2 tenemos un discurso narrativo directo que no deja lugar para ninguna personificación.
Gálatas 4:6 – Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: !!Abba, Padre!
NOTAR: El Espíritu ora al Padre y le llama “Padre”. ¿Hay algo más inter-personal que la oración?
Concluimos que lejos de ser un poder, fuerza, presencia o extensión de Dios, el Espíritu Santo es una persona distinta del Padre claramente identificable en el aspecto lingüístico y en el estilo narrativo. La sustitución de “Espíritu Santo” por “poder” convierte a la mayoría de los pasajes en frases sin ton ni son y ridículas. La insistencia de aplicar el recurso de personificación a los pasajes donde el Espíritu es descrito como intercediendo, orando, etc., es sólo un intento desesperado e inútil de anular la contundencia de las pruebas por su personalidad (y su Deidad, por supuesto).<>
——————————–
1) http://apologista.wordpress.com/2008/12/08/%C2%BFes-el-espiritu-santo-dios/
2) http://evangeliocristiano.com/credo-autenticamente-cristiano-biblico-unitari/
Las 7 Preguntas de Mario Olcese
Las 7 Preguntas de Mario Olcese
por Pablo Santomauro
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Desde su página principal, el conocido apologista sectario Mario Olcese arremete contra la doctrina de la Trinidad asiduamente. Un ejemplo lo encontramos en un aparente desafío al que ha llamado “Siete preguntas cruciales para cualquier trinoterco que requieren una respuesta puntual” [1]. Nos hemos tomado el tiempo para contestar estas siete preguntas con el fin de incentivar al cristiano a estudiar más a profundidad la doctrina de la Trinidad. He aquí nuestras respuestas a este nuevo episodio de “Olcese al ataque”:
1.- Si Dios está compuesto por Tres personas distintas en un solo Dios, pregunto: ¿estamos nosotros, los hombres, compuestos de 3 personas distintas en una sola persona, siendo que hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios?
La respuesta a esta pueril pregunta se encuentra en nuestro escrito titulado “Un debate directo entre Mario Olcese y Pablo Santomauro”. Véase:
2.- Si Cristo es el Hijo Unigénito del Padre, y engendrado por Él, ¿cómo es que él tiene la misma edad que su Padre, es decir, sin principio y fin de días o eterno?¿Puede realmente un Hijo ser coetáneo con su Padre?
Esta objeción es otro argumento desde la ignorancia, a los cuales ya nos tienen acostumbrados los enemigos de la Trinidad. El argumento se basa en una palabra en español, y no en el significado real que le daban los autores del Nuevo Testamento. Los que plantean la pregunta ignoran los lenguajes bíblicos y piensan que la palabra “engendrado” (unigénito) significa “creado” o “nacido” en cierto momento de la historia.
La palabra que los traductores de la Biblia traducen como “engendrado” (He. 1:5) es la palabra griega monogenes (monos: único; genos: clase, tipo, género). Monogenes significa “único en su género”, no tiene nada que ver con engendramiento o nacimiento. En Juan 1:18, 3:16 y otros pasajes, se usa la palabra monogenes y se traduce “unigénito.”
El término indica que Jesucristo es único en su género. Monogenes es claramente una palabra que expresa la relación íntima que Jesús tiene con el Padre. Alguien ha señalado inteligentemente que si la frase de Hebreos 1:5, “Yo te he engendrado hoy”, significa que Cristo no existió antes de Belén, la misma cita en Hechos 13:33 significa que Cristo no existió antes de su resurrección. ¿Para reírse, verdad? Esa es la mentalidad con la que tratamos cuando dialogamos con los enemigos de la Trinidad.
El argumento de Olcese expresado como una pregunta tiene la finalidad de mostrarle al trinitario que el Hijo, Jesús, no es eterno, postulado que sostiene la herejía Unitario-Sociniana. Juan el Bautista tenía una idea totalmente contraria a Olcese. Juan sí supo que el Hijo era eterno. Recordemos que Juan había nacido 6 meses antes que su primo Jesús. No obstante exclamó: “El que viene después de mí es antes de mí; porque era primero que yo” (Juan 1:15). Más claro imposible, Juan el Bautista reitera el concepto en Juan 1:30,33 y afirma, “Yo no le conocía”, explicando que Dios Padre se lo reveló. La declaración de Juan el Bautista es incontrovertible, habla de la pre-existencia del Hijo de Dios.
Olcese trata de reinterpretar estos pasajes infructuosamente como podemos ver en nuestro artículo “La-herejia Unitario-Sociniana: una refutación de la teologia de Mario-Olcese (parte 3)”: http://pastordanielbrito.wordpress.com/2009/03/26/la-herejia-unitario-sociniana-una-refutacion-de-la-teologia-de-mario-olcese-2/
Finalmente digamos que el argumento de Olcese es un claro ejemplo de la falacia de categoría o de falsa analogía.. Esta consiste en comparar dos cosas que corresponden a diferentes categorías. En este caso se crea una falsa analogía entre la relación de un padre e hijo ontológicamente humanos con la relación entre Padre e Hijo en la dimensión divina.
3.- Si Cristo fue (…y es) La Segunda Persona de la Trinidad, preexistente, sumamente excelso desde la eternidad, pregunto: ¿Por qué Pablo dice en Filipenses 2:7 que Cristo, en virtud a su fiel obediencia y ominosa muerte en la cruz, Dios lo exaltó hasta lo Sumo y le dio un nombre que está sobre todo nombre? (Fil. 2:7). ¿No se supone que él ya era sumamente excelso antes de nacer en María, y adorado por todas las criaturas celestiales? ¿No debió decir más bien el apóstol Pablo que Cristo, por su obediencia y muerte en cruz, retomó su posición excelsa que ya gozaba antes con el Padre desde la eternidad? ¿Acaso no prueban sus palabras que el Hijo de Dios se ganó un puesto de honor únicamente debido a su obediencia mientras estuvo en la tierra, cumpliendo su ministerio y misión?
La respuesta a este “brillante” argumento se encuentra en el contexto del pasaje de Filipenses 2:5-11, pero Olcese arteramente sólo menciona el verso 7 porque sabe que el contexto destruye su planteo. Leamos el pasaje:
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.
El texto declara que que Jesús era en forma de Dios o en la naturaleza de Dios, como lo expresa la Nueva Versión Internacional. Así como siendo en forma de siervo significa ser siervo por naturaleza, “forma de Dios” significa ser Dios por naturaleza. La forma verbal “siendo” es un participio del tiempo presente y acarrea la idea de presente continuo, o sea de existencia continua.
Conviene aclarar, para mejor entendimiento del lector, que texto no dice que Jesús se despojó de su Deidad, sino que en realidad se despojó de Sus derechos inherentes de Deidad y tomó forma de siervo para ser un ejemplo para nosotros.
Es obvio que Filipenses 2:7, el verso que cita Olcese, es una referencia a la exaltación de Jesús a su posición en la eternidad, y ésta exaltación está en relación directa a su acto voluntario de suprema renunciación o humillación al dejar el trono celestial para venir vivir como h umano y morir en la cruz por nosotros.
2 Corintios 8:9 expresa esta humillación de la siguiente manera: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”.
“Siendo rico” es una referencia a su posición y naturaleza de Dios en la eternidad, igual con el Padre en poder y Gloria. “Se hizo pobre” transmite la idea de su encarnación, y en efecto, gracias a su humillación nosotros podemos hoy ser ricos en amor y favor delante de Dios, ricos en bendiciones y promesas en el nuevo pacto y ricos en la esperanza de la vida eterna.
Como vemos, Olcese aquí comete el argumento del suicidio. Su planteo se refuta solo.
4.- Si Cristo es realmente ahora la Segunda Persona de la Trinidad, de la misma imagen y sustancia del Padre, pregunto: ¿Por qué Jesús sigue llamando en el cielo a su Padre como “Mi Dios” 4 veces en Apocalipsis 3:12?¿Puede la Segunda Persona de la Trinidad tener Su Dios en la gloria celestial?
¡Por supuesto que puede! Pero esto no significa que no comparta la esencia de la Deidad junto con el Padre. Aun hoy en la eternidad, el Dios-Hombre sigue sujeto al Padre en la gloria celestial, como lo indica 1 Corintios 15:21-28. Durante su estadía en la tierra, Jesús se subordinó totalmente al Padre y limitando marcadamente sus atributos divinos, probó ser totalmente humano (conservando su Deidad). Como humano, pudo pagar por nuestros pecados al morir en la cruz.
Jesucristo hoy sigue siendo totalmente hombre (glorificado) y totalmente Dios. Como hombre glorificado es absolutamente normal que hable del Padre como “mi Dios”, especialmente cuando está hablando con los humanos como en Apocalipsis 3:12. Su encarnación comprendió una identificación tal con nosotros que le habilitó para orar al Padre a los efectos de mostrarnos que también nosotros tenemos ese privilegio. Si Jesucristo nunca hubiera orado al Padre, o nunca lo hubiera llamado “mi Dios”, o dado a entender que el Padre es superior en rango o posición (mayor), muchos hubieran dudado que fuera realmente humano, y por ende, de su capacidad de entender las dificultades de nuestra vida.
La subordinación de Jesús al Padre se extiende por la eternidad, y así como oró al Padre durante su vida terrenal, no nos debe sorprender que aun interceda por nosotros frente al Padre (He. 7:25), o que le llame “mi Dios”. Subordinación en la esencia de la Trinidad no representa ningún problema para los trinitarios.
Este argumento de Olcese es típico de los antitrinitarios. Tomar un texto aislado sin considerar el resto de la Escritura es una negación descarada del principio hermenéutico que dice “La Escritura interpreta la Escritura”. En este caso particular, Olcese no toma en cuenta la evidencia apabullante por la Deidad de Cristo en todo el Nuevo Testamento incluyendo el libro de Apocalipsis. Por ejemplo, si bien Apocalipsis 3:12 habla del templo de “mi Dios”, Apocalipsis 21:22 habla de un templo, y ese templo son el Padre y el Hijo. De la misma forma Apocalipsis 22:1-5 presenta un solo trono para el Padre y el Cordero. Comprendo que esto es suficiente para marear a cualquier arriano, o sociniano, en todo caso.
5.- Si Jesús, según Pablo, es todavía hombre (aunque inmortal) en el cielo (ver 1 Timoteo 2:5-Jesucristo Mediador y hombre en el cielo), me pregunto: ¿debemos concluir que la Primera y Tercera Personas de la Trinidad son también hombres inmortales dado que también comparten la misma naturaleza y esencia con la Segunda Persona de dicha Trinidad?
Esta es una pregunta sin sentido. La Biblia enseña cristalinamente que la única persona de la Deidad que adhirió una naturaleza humana a su naturaleza divina fue Jesús. Los trinitarios enseñan que el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo comparten la misma esencia o naturaleza en lo que corresponde a su Deidad. Ni el Padre ni el Espíritu tomaron para sí una naturaleza humana, y el hecho de que Cristo lo haya hecho no hace que el Padre y el Espíritu automáticamente sean partícipes de ella. Si a un triángulo le agregamos un círculo en uno de sus ángulos no significa que los otros dos también posean un círculo. Olcese plantea la pregunta porque ha sido afectado por su teología defectuosa, la cual enseña que una naturaleza sólo se corresponde con una persona y no puede existir tal cosa como una persona con dos naturalezas tal como Jesús.
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6.- Si Jesús, al retornar al cielo retomó su naturaleza divina, y su posición de Deidad omnisciente, omnipotente, y omnipresente, pregunto: ¿Por qué dice en la apertura de Apocalipsis (1:1) “La revelación de Jesucristo que Dios le dio…”? ¿Acaso la Segunda Persona de la Trinidad sabía menos que la Primera Persona de la Trinidad?¿No está esto en conflicto con el atributo de la omnisciencia de Dios?
Esta interrogante es fácilmente contestada en los mismos términos que la pregunta núm. 4.
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7.- ¿Qué necesidad tenía Jesús para decir que “el Padre (Dios) es mayor que yo” en Juan 14:28, si todos sabemos que todo hombre es siempre menor que Dios? ¿No sería ésta una afirmación absurda, y por demás obvia, de un humano que está sujeto a la muerte? ¿No será que Jesús quiso dejar establecida una verdad universal y imperecedera de su subordinación e inferioridad frente al Padre, ayer, hoy y siempre?
Para tener una mejor idea del tema, dirigimos al lector a nuestro artículo titulado “Porque el Padre mayor es que yo” (Juan 14:28) ¿Significan estas palabras que Jesucristo no es Dios?”:
Agreguemos que la pregunta se basa en una premisa falsa. Olcese presupone que Jesucristo es menor que el Padre porque estaba sujeto a la muerte como lo estamos los demás humanos, pero esto no es cierto. La muerte nunca tuvo poder sobre él porque fue sin pecado. Juan 10 nos enseña que fue Jesús mismo el que inició y culminó el proceso de morir. En otras palabras, como dijo San Agustín, para Jesús fue non imposse mori sed posse non mori - “no fue imposible morir, pero fue posible no morir”. Por más info. en este particular, ver: http://www.salvacioneterna.com/cruz_resurreccion_01.pdf
Segunda cosa a considerar: Olcese hace su planteo sin tener en cuenta que la Deidad de Cristo ya ha quedado bien establecida a través de todo el evangelio de Juan (Juan escribió su evangelio precisamente con ese propósito).
Tercero y último, Olcese equipara subordinación con inferioridad. Este es un grave error que delata su paupérrimo entendimiento del concepto de subordinación, autoridad y sujeción, así como de lo que la doctrina de la Trinidad enseña. En su miopía galopante supone que si alguien está por encima de alguien debe ser mejor en algún sentido. Pero las tres personas de la Trinidad no piensan de la misma forma. Cada una de las tres se deleita en glorificar a las otras. El Hijo desea ser glorificado por el Padre para así poder traer más gloria al Padre (Jn. 17:1). El Espíritu Santo vino con el solo propósito de glorificar al Hijo (Jn. 16:14). El Padre exalta a Jesús delante del mundo y le da un nombre que es sobre todo nombre (Fil. 2:9-11), y esto trae a su vez gloria al Padre (“para gloria de Dios Padre”). No hay competencia por gloria entre las personas de la Trinidad. Por el contrario, siempre están obrando arduamente para darse gloria entre ellos.
————————
Olcese cierra su obra maestra de las 7 preguntas diciendo: “Si alguien me responde convincentemente estas 7 preguntitas facilitas, yo dejaré de ser un empecinado “uniterco” para ser un fiel adalid de los “trinotercos”…. a ver, a ver, los espero…”
Por supuesto que la trampa de Olcese está en la palabra “convincente”. Nada de lo que se le refute seré lo suficientemente convincente para él. Así que podemos tomar su promesa de la misma forma que toda su teología, con humor. <>
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¿Es el Espíritu Santo una fuerza impersonal?
¿Es el Espíritu Santo una fuerza impersonal?
Necesito ayuda para contestar estas preguntas
Por Pablo Santomauro
Estimados caballeros:
Alguien que no cree en la Trinidad ni que el Espíritu Santo es una persona ha publicado este desafío en forma de siete preguntas:
—————————————–
7 PREGUNTAS PUNTUALES SOBRE EL ESPÍRITU SANTO
1.- ¿Por qué no aparece el Espíritu Santo entronizado con el Hijo y el Padre en el cielo?
2.- ¿Por qué el Espíritu Santo no tiene un nombre propio?
3.- ¿Por qué al Espiritu Santo nunca se le llama DIOS de manera directa?
4.- ¿Por qué el Espíritu Santo está siempre en género neutro si es una persona?
5.- ¿Por qué Jesús nunca dijo que el Padre, él, y el Espíritu Santo son uno?
6.- ¿Por qué Jesús nunca dijo que quien lo ha visto a él ha visto al Padre y al Espíritu Santo?
7.- ¿Por qué el Espíritu Santo no está incluido en los saludos INTRODUCTORIOS apostólicos, especialmente en los de Pablo?
¡Si me responden con precisión me vuelvo “Trinoterco” sin perder tiempo!
————————————–
Por favor, necesito ayuda para contestar estas preguntas.
Respuesta
Estimado caballero:
El desafío proviene de la página del apologista sectario Mario Olcese. Reconocí el estilo por el uso de la palabra “Trinoterco” sobre el final. Este es un término peyorativo que Olcese usa para llamar a los creyentes en la doctrina de la Trinidad. Como exponente de la herejía sociniana, Olcese sostiene que el Espíritu Santo no es una persona sino una fuerza o poder operacional, y por ello lanza este reto como parte de su yihad intelectual contra la doctrina de la Trinidad, pensando ingenuamente que sus planteos son incontestables. Veamos ahora sus preguntas una por una:
1.- ¿Por qué no aparece el Espíritu Santo entronizado con el Hijo y el Padre en el cielo?
Aparentemente para Olcese, el hecho de que la Biblia no describa al Espíritu Santo en un trono en el cielo elimina la posibilidad de que éste sea Deidad (y consecuentemente una persona de la Trinidad). Esta pregunta pueril no solamente evita considerar todo el peso de la evidencia bíblica por la Deidad y personalidad del Espíritu, sino que además no tiene efectividad porque es simplemente un argumento basado en el silencio.
2.- ¿Por qué el Espíritu Santo no tiene un nombre propio?
Es cierto que la Escritura no registra un nombre propio para el Espíritu Santo. ¿Significa esto que éste no es una persona? Si el argumento fuera válido podríamos deducir que un bebé recién nacido no sería una persona hasta que los padres lo anotan en el Registro Cívico. Además, la Biblia no contiene los nombres propios de la mayoría de los demonios que menciona (cuya naturaleza espiritual es expresada por la palabra pneuma). Sin embargo, ni siquiera los antitrinitarios se animan a decir que estos demonios no tienen atributos de personalidad. Como vemos, el argumento detrás de la pregunta es inválido.
3.- ¿Por qué al Espiritu Santo nunca se le llama DIOS de manera directa?
La treta aquí está en lo que el autor de la pregunta entiende por directa. Consideremos el pasaje de Hechos 5:3-4:
“Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios“.
Yo pienso que aquí el Espíritu Santo es llamado Dios en forma bastante directa. Sólo un necio no lo ve.
4.- ¿Por qué el Espíritu Santo está siempre en género neutro si es una persona?
Consideremos los siguientes pasajes:
“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual [quien] procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí”. (Juan 15:26)
“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré”. (Juan 16:7)
Los pronombres personales “quién” y “él” se usan en referencia al Espíritu. Esto es claro. Por otra parte, observando el segundo verso, Juan 16:7, vemos que no tiene sentido que Jesús diga que él se va y a cambio les enviará un fuerza operacional. No vemos allí la conveniencia de cambiar a un Jesús personal por algo impersonal.
¿Qué tan válido es el argumento escondido en la pregunta (el Espíritu siempre en género neutro)? Veamos los siguientes datos:
1. Las palabras traducidas en la Biblia Reina-Valera como “criatura”, “niño” y “niña”, son del género neutro en el griego, exactamente igual que el Espíritu Santo es neutro.
2. La palabra “espíritu” (pneuma) referente a ángeles es de género neutro.
3. Para “demonios” también se usa pneuma (neutro).
4. El nombre “espíritu” en Génesis 1:2 está en el femenino: “y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.
5. El pronombre masculino “el” (ekeinos) es aplicado al Espíritu Santo en todo el Nuevo Testamento a pesar de que “Espíritu” (pneuma) es neutro. Así vemos que Dios se asegura de que entendamos que el Espíritu Santo es una persona.
6. La palabra “espíritu” está en el género neutro en referencia a Dios Padre (Jn. 4:24) y a Jesús (1 Co. 15:45). ¿Significa esto que el Padre y el Hijo no son personas?
De esta forma vemos que el argumento de Olcese se desinfla estrepitosamente. Este planteo es muy usado para confundir al cristiano ya que muy pocos de nosotros sabemos algo de griego.
5.- ¿Por qué Jesús nunca dijo que el Padre, él, y el Espíritu Santo son uno?
Olcese se refiere a Juan 10:30: “Yo y el Padre uno somos”. El contexto es suficiente para contestar la pregunta. Jesús viene argumentando con los judíos en torno a su naturaleza relacional con el Padre, no con el Espíritu Santo. Nombrarlo sería innecesario.
A pesar de mi experiencia con los sectarios, aun quedo perplejo ante este tipo de planteos. En ocasiones es bueno preguntarles a ellos cosas como “¿Por qué Jesucristo nunca dijo que el Espíritu Santo es una fuerza o poder operacional? O ¿por qué no existe un solo pasaje en toda la Escritura que niegue explícitamente que el Espíritu es una persona o es Deidad? Muchas de las preguntas de estos sectarios se pueden dar vuelta 180 grados para ponerlos en serios aprietos.
6.- ¿Por qué Jesús nunca dijo que quien lo ha visto a él ha visto al Padre y al Espíritu Santo?
Esta es una referencia a Juan 14:8-9: “Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?”
La pregunta de Olcese pierde todo sentido cuando notamos que la solicitud de Felipe a Jesús no incluye al Espíritu Santo. La contestación de Jesús se enfoca específicamente en el pedido de Felipe de que le mostrara al Padre. Incluir al Espíritu Santo en la contestación implicaría un lapsus linguae.
7.- ¿Por qué el Espíritu Santo no está incluido en los saludos INTRODUCTORIOS apostólicos, especialmente en los de Pablo?
Este es otro argumento basado en el silencio, y además, el razonamiento que conduce a la pregunta es fallido. Muchas veces viene acompañado de otras preguntas como por ejemplo: ¿Por qué Jesucristo en Juan 17:3 no menciona al Espíritu Santo? Estas simplezas son fácilmente contestadas cuando presentamos otros versos como Juan 6:47: “El que cree en mí tiene vida eterna”. Estas son palabras de Jesús. Nótese que él no menciona al Padre. ¿Debemos suponer que el Padre no es Dios porque Jesús no lo incluye en la frase? ¡De ninguna manera! De la misma forma, no podemos suponer que el Espíritu no es co-sustancial con el Padre y el Hijo porque Pablo no lo menciona en los saludos de sus cartas.
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Esperamos haber sido de ayuda. Si usted desea más pruebas e información por la personalidad y Deidad del Espíritu Santo, le dirigimos al artículo siguiente :




Los resucitados de Mateo 27
Los resucitados de Mateo 27
¿Para creerse o no?
Por Pablo Santomauro
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“Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos” Mateo 27:50-53
He aquí un pasaje que los escépticos usan para criticar la fiabilidad de las Escrituras. Me refiero principalmente al relato de los que volvieron a la vida luego de la resurrección de Cristo. Aun muchos cristianos tienen problemas para conceptualizar la historicidad del evento y sobre todo para presentar al cristianismo como una opción razonable a sus amigos no creyentes, específicamente en el tema de los milagros. Para sorpresa mía, el “aclamado” Harper’s Bible Commentary sugiere a sus lectores que prácticamente ignoren el pasaje (un consejo no muy académico que digamos).
Hace poco tuve la oportunidad de leer un artículo de una autora que se inclina por pensar que el pasaje no es auténtico. Su deducción se apoya nada más que en especulaciones tales como: La Biblia que tenemos hoy es el resultado de copias de copias ad infinitum (una tesis ya desbancada por la erudición hace años), las modificaciones introducidas por diferentes grupos religiosos (???), el pasaje “no cuadra con el resto del contenido bíblico”, y la idea de que un hecho de tal magnitud debería haber dejado una huella indeleble entre los contemporáneos, pero sin embargo ningún escritor bíblico ni ningún historiador o cronista de la época registra el evento.
Como prueba adicional, la autora destaca que el apóstol Pablo, “en su encendida defensa …de la resurrección, según 1 Cor. 15 y que si bien hace referencia a la de Cristo, de ninguna manera menciona nada acerca de otra multitudinaria resurrección y de cuya veracidad podrían testificar, muchas personas de Jerusalén”. Yo en lo personal no veo de qué forma el silencio de Pablo acerca de las resurrecciones puede reenforzar su presentación del Evangelio. Recordemos que Pablo está básicamente recitando (con excepción del v. 8) un himno que él recibió por tradición oral y que se enfoca en Cristo y el orden de sus apariciones. Convendría recordar que partiendo del silencio, todo lo que se puede deducir es silencio, y la opinión de la autora en este caso equivale a ver más allá de lo escrito.
Por otra parte, haciendo una mala lectura del pasaje, la autora (quien se define como cristiana) concluye que las resurrecciones de los santos ocurrieron antes de la resurrección de Cristo. Si éste fuera el caso, diríamos que definitivamente su conclusión debe ser tomada seriamente. Sin embargo, una simple verificación del texto griego deja en claro que las resurrecciones ocurrieron luego de la resurrección del Señor.
Sobre el final de su artículo, la autora expresa que “todo lo que rodea a este pasaje, como que es un poco forzado, extraño, misterioso, en definitiva, incoherente e innecesario dentro del contexto bíblico. Por eso nosotros nos decantamos por pensar, que dicho texto ha sido deformado en el transcurso del tiempo, hasta quedar en ese sin sentido”.
Con esta introducción pasamos ahora a analizar el pasaje y sus consideraciones históricas, mencionando que lo haremos con la ayuda del conocido apologista Glenn Miller, de http://www.christian-thinktank.com/. Veamos el pasaje otra vez:
“Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos”. (Mateo 27:50-53)
Ahora veamos una lista de los datos que conocemos:
1. Jesús muere luego de clamar a gran voz.
2. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
3. Hubo una especie de terremoto (comunes en esa región).
4. Las rocas se partieron (el terremoto fue fuerte).
5. Los cuerpos de muchos (pero no todos) santos judíos volvieron a la vida (en una forma natural o sobrenatural).
6. Salieron de los sepulcros.
7. Vinieron a la santa ciudad (Jerusalén).
8. aparecieron a muchos (mas no a todos).
9. Los sucesos de las resurrecciones y apariciones de los santos ocurrieron DESPUES de la resurrección de Cristo (si tiene alguna duda examine la interpretación más probable en los comentarios más reconocidos con relación a la puntuación y división del verso)
A continuación los datos que NO conocemos:
1. Cuántos fueron resucitados.
2. Si fueron resucitados en un cuerpo natural pero mortal (ej: Lázaro), en un cuerpo natural pero inmortal (ej: post resurrección/pre-ascensión de Jesús), o en un cuerpo sobrenatural/glorificado (ej: cuerpo de Jesús post-ascención-Apocalipsis)
3. Cuánto tiempo permanecieron en el planeta (¿hasta que Jesús ascendió o hasta que murieron?)
4. Si se aparecieron solamente a creyentes judíos (Hch. 10:40-41) o a cualquiera.
5. ¿Por qué no fueron resucitados todos los santos?
Es obvio que Mateo no está interesado en satisfacer nuestra curiosidad sino en mostrarnos la grandeza de la obra de Cristo. Pasemos ahora a examinar el pasaje desde un ángulo que contiene una información poco considerada por los críticos de la Biblia.
1. De acuerdo con una fuerte corriente de pensamiento judío, la resurrección de los santos del AT ocurriría cuando viniera el Mesías. Reiteramos, ellos esperaban una resurrección corporal cuando se revelara el Mesías. De acuerdo con el registro, un rabino había dicho:
“R. Jeremías mandó: ‘Cuando me sepulten póngame calzado en los pies y un cayado en mi mano, y tiéndanme de lado, para que cuando venga el Mesías yo esté listo’”. (cit. en Lightfoot, Commentary of the New Testament from the Talmud and Hebraica)
Mucha de esta enseñanza rabínica contenía elementos de verdad. El Mesías, en su más estricto sentido, fue revelado en la resurrección, y es obvio que Cristo produjo las resurrecciones (de ALGUNOS santos) como parte de las primeros frutos de Su obra. Podríamos afirmar tranquilamente que en línea con el mensaje de Mateo, orientado definitivamente a la audiencia judía, tiene perfecto sentido que él haya registrado el fenómeno ocurrido (fenómeno sin duda causado por el Mesías como parte de su obra redentora). Esto le quita los colmillos a la objeción de que los demás evangelistas no mencionan el suceso.
2. El evento se entreteje naturalmente con las enseñanzas del NT como lo que Jesucristo le dijo a María en el cap. 11 de Juan, las palabras de Pablo en cuanto a Cristo, las primicias, y luego los frutos siguientes, y Cristo llevando cautiva la cautividad (llevando los santos del Seol al tercer cielo). De esta forma vemos como el argumento de que el pasaje de Mateo 27 parece forzado, extraño, misterioso, etc., puede ser desechado.
3. Un dato histórico interesante se encuentra en las palabras de un apologista de la fe de la primera parte del siglo 2do., Quadratus, quien escribió durante el reinado de Adriano (117-138 dC). Sus palabras quedaron registradas en un fragmento citado en Greek Apologists of the Second Century, Robert M. Grant, Westminster, 1988, p.36:
“Pero las obras de nuestro Salvador fueron permanentes porque eran reales. Aquellos que fueron curados o resucitados de la muerte no sólo se vieron sanos o resucitados permanentemente, no solamente durante la estadía de nuestro Salvador en la tierra sino también luego de su partida. Ellos permanecieron por un período considerable, de tal modo que algunos vivieron hasta nuestro tiempo”.
Obviamente la cualificación “nuestro tiempo” no implica un período de 90 a 100 años luego del fenómeno, sino probablemente un espectro de 50 a 75 años, durante el cual los individuos resucitados reportados en los evangelios y Hechos (no los de Mateo 27) alcanzaron el momento de su muerte natural. Mi punto aquí es que parece ser que de acuerdo con Quadratus, lo casos de resurrecciones no fueron tan aislados ni tan pocos como muchos tienen tendencia a pensar. En lo personal pienso que los resucitados de Mateo 27 volvieron a la vida en un cuerpo natural pero inmortal que fue glorificado cuando ascendieron con Cristo. Queda por dilucidar en cual ascención ya que parece que antes de la ascención final de Cristo hubo otra, pero de este tema yo elaboro en otro ensayo.
Agreguemos que Ireneo, medio siglo luego de los escritos de Quadratus, escribe acerca de resurrecciones ocurridas en las iglesias cristianas. Muchas historias y leyendas surgieron acerca de los santos resucitados y es obvio que algunas fueron adornadas con datos poco probables. Ejemplos de esto se encuentran en las obras apócrifas del NT como el Apocalipsis de Esdras 7.1-2 y el Evangelio de Nicodemo 17ss. Este último narra la historia de Simeón y sus hijos viviendo en Arimatea luego de su resurrección y cuyas tumbas permanecían aun abiertas (para inspección). Sin duda muchas de estas historias fueron revestidas por datos ficticios, pero teniendo en cuenta que en muchas ocasiones las obras apócrifas llenan los vacíos dejados en las obras inspiradas, es posible que estas historias tengan sus raíces en las resurrecciones de Mateo 27, un suceso del cual no existen razones de peso para negar.
4. Colosenses 2:15 dice “y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”. Esta podría ser una referencia al despliegue público del poder de la resurrección de Jesús.
5. En un aspecto simbólico, la resurrección de los santos en Mateo 27 se conecta perfectamente con el rasgado del velo del templo. Así como el acceso a Dios ya no está obstaculizado por un velo, sus santos ya no están cubiertos con “el velo de la muerte”.
6. La resurrección de los santos está intimamente conectada con la textura literaria del pasaje y con el ministerio del Mesías judío.
o El acople de la escena de los santos apareciendo con la imagen del terremoto y la fragmentación de las rocas muestra vívidamente la unión de ambos eventos en el pensamiento judío de la época. Raymond Brown, en su obra Death of the Messiah, nos da el trasfondo en una forma magistral (pp 1123-24). La susodicha conexión es patente en el mural de la sinagoga Dura Europos, el cual representa la reanimación de los huesos secos de Ezequiel 37. Esta escena es muy útil para entender cómo Mateo y sus lectores imaginaron su narración. El mural muestra la escisión de un monte cubierto de árboles (el Monte de los Olivos probablemente), rocas partidas, la apertura de las tumbas cavadas en las laderas y los cuerpos dentro. Muy significativo es la presencia de una figura que podría ser el Mesías Davídico (ver Ez. 37:24-25) orquestando la resurrección de los muertos. No estaría fuera de lugar inferir que Ezequiel 37:12-13 es el pasaje clave detrás de la descripción de Mateo 27:53.
o La conexión con el ministerio mesiánico de Jesús (prioritario en el enfoque de Mateo):
La venida del reino de Dios en el ministerio de Jesús no era conceptualizada como la manifestación final del reino (la idea del juicio final y el establecimiento de un nuevo orden), sino como una introducción o muestra inaugurando y anticipando el reino. En consonancia con esto, la resurrección de “muchos” en Mateo 27 no es la resurrección final y universal de los santos, sino un anticipo (un preestreno si se quiere) del poder de Dios indicando que los postreros tiempos han comenzado y el juicio está en marcha (Death of the Messiah, p.1126).
o Otro pasaje del AT que pudo haber impulsado a Mateo a plasmar el evento sería la rendición de Isaías 26:19 en la Septuaginta, sobre todo en la frase “y aparecieron a muchos”: “Los muertos resucitarán, y aquellos en las tumbas serán levantados, y aquellos en la tierra se regocijarán …”
Conclusión
Tomando en cuenta todos los datos presentados, vemos que Mateo ha estructurado su perspectiva teológica magistralmente, combinando el entorno judío, la misión mesiánica de Jesús, los escritos proféticos acerca del Mesías, y las imágenes y el lenguaje apocalíptico familiar a su audiencia. Es así como Mateo puntualiza que la muerte y resurrección de Jesús marcó el comienzo de los últimos tiempos y el juicio de Dios ((Death of the Messiah, p.1140). Podemos concluir que el pasaje de Mateo 27:52-53, lejos de ser “extraño, un poco forzado, misterioso, incoherente e innecesario dentro del contexto bíblico”, como escribió la autora del artículo que nos llevó a elaborar en el tema, es parte del contexto judío dentro del cual Cristo y Mateo ministraron y escribieron respectivamente. El pasaje tampoco es una adición insertada por algún escriba ni ha sido modificado por traductores malintencionados que terminaron convirtiéndolo en un sinsentido, como también afirma nuestra autora. Y por si quedara alguna duda, digamos que el pasaje aparece en todos los manuscritos existentes. El hecho en sí, fue histórico.