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19 abril, 2010

Un Sermón para el Hombre Más Malo de la Tierra

Un Sermón para el Hombre Más Malo de la Tierra

(para leer el completo sermón click aquí)

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Por Charles H. Spurgeon

Lucas 18:13 “Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.”

En la medida que la salvación de Dios es algo grandioso, tiene que haber tenido el propósito de lavar grandes pecados Oh, señores, ¿habría derramado Cristo la sangre de su corazón por algunos pecados triviales, veniales, que podrían ser limpiados por las lágrimas de ustedes? ¿Piensan que Dios habría entregado a la muerte a Su Hijo amado por algo superfluo? Si el pecado hubiera sido un asunto pequeño, un pequeño sacrificio habría bastado. ¿Acaso piensan ustedes que la expiación divina fue hecha por pequeñas ofensas? ¿Murió Jesús por pecados pequeños, y dejó sin expiar los grandes? No, el Señor Dios midió la grandeza de nuestro pecado, y la encontró tan alta como el cielo, tan profunda como el infierno, tan amplia como el infinito, y por consiguiente dio tan grande Salvador.

Entregó a su Hijo unigénito: un sacrificio infinito, una expiación sin medida. Con tales angustias y dolores de muerte que nunca pueden ser enteramente descritos, el Señor Jesús vertió Su alma en sufrimientos desconocidos, para poder proporcionar una gran salvación para los más grandes pecadores. Vean a Jesús en la cruz, y aprendan que toda forma de pecado y de blasfemia les será perdonada a los hombres. El hecho de la salvación, y de una gran salvación, debe de echar fuera de todo corazón que escuche de ella, toda noción de desesperanza.

La salvación es para mí, pues yo estoy perdido. Una gran salvación, eso es algo para mí, pues yo soy el más grande de los pecadores. ¡Oh, escuchen hoy mi palabra! Es la palabra de amor de Dios, que tañe como una campana de plata. Oh, amados lectores, lloro por ustedes, y sin embargo, tengo ganas de cantar todo el tiempo, pues soy enviado para proclamar la salvación del Señor para los hombres más malos…. See More

El Evangelio está especial, definitiva, y claramente dirigido a los pecadores. Escúchenlo: “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.” “Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.” El evangelio es como una carta escrita con letra clara y legible; si ustedes buscan quién es el destinatario, hallarán que dice así: “AL PECADOR.” Oh pecadores, a ustedes es enviada esta palabra de salvación. Si eres un pecador, eres precisamente el hombre a quien está dirigido el Evangelio; y con ello no quiero decir un pecador de nombre meramente y una etiqueta de cortesía, sino un rebelde empedernido, un transgresor contra Dios y contra el hombre. ¡Oh, pecador, aférrate al Evangelio con gozosa prontitud; y de inmediato clama a Dios por misericordia!

“Fue por los pecadores que sufrió Agonías indecibles; ¿Puedes dudar que eres un pecador? Si tienes dudas, entonces adiós esperanza.” “Pero, al creer lo que está escrito: ‘Todos son culpables’, ‘muertos en el pecado,’ Mirando al Crucificado La esperanza levantará tu alma.”
Si lo piensan de nuevo, debe haber esperanza para los pecadores, pues los grandes mandamientos del Evangelio son sumamente adecuados para los pecadores. Escuchen, por ejemplo, esta palabra: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados.” (Hechos 3:19).

¿Quiénes se pueden arrepentir sino los culpables? ¿Quiénes pueden ser convertidos sino aquellos que están en el camino equivocado, y que por tanto necesitan ser vueltos al buen camino? El texto siguiente está dirigido evidentemente a quienes no son buenos para nada: “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.”

La misma palabra “vuélvase” indica que está dirigida a aquellos que han pecado; que te guíe a la misericordia. Entonces a ustedes se les pide que crean en el Señor Jesucristo. Ahora pues, la salvación por la fe debe ser para hombres culpables, pues el camino de vida para el inocente es la perseverancia en las buenas obras. La ley dice, “haz esto y vive.” El Evangelio habla de salvación por la fe, porque es el único camino posible para aquellos que han quebrantado la ley y están condenados por esa ley.

La salvación es por fe para que pueda ser por gracia. ¡Crean y vivan! ¡Crean y vivan! Ésta es la nota de jubileo de la trompeta de la gracia inmerecida. ¡Oh, que ustedes conocieran ese sonido lleno de gozo, y así pudieran ser bendecidos! ¡Oh, que ustedes que son pecadores oyeran esta llamada como dirigida a ustedes en lo particular! Están hundidos hasta el cuello en el fango del pecado, pero una mano poderosa ha sido extendida para liberarlos. “Arrepentíos, y creed en el evangelio.”

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