Los Cincos Puntos Esenciales de la Biblia
Los Cincos Puntos Esenciales de la Biblia
1.- PECADO ORIGINAL. CORRUPCION TOTAL. Exposición de la doctrina.
La doctrina de la corrupción total aparece en la confesión de Westminster de la manera siguientes; “Por este pecado nuestros primeros padres cayeron de su rectitud original y perdieron la comunión con Dios, y por tanto quedaron muertos en el pecado y totalmente corrompidos en todas las facultades y partes del alma y del cuerpo”
“Siendo ellos el tronco de la raza humana, la culpa de este pecado le fue imputada, y la misma muerte en el pecado y la naturaleza corrompida se transmitieron a la posterioridad que desciende de ellos según la generación ordinaria.
El alcance y los efectos del pecado original San Pablo, Agustín y Calvino toman como punto de partida el hecho de que toda la humanidad pecó en Adán y que todos los hombres son “inexcusables” Ro. 2:1. Pablo recalca una y otra vez que estamos muertos, Efe. 2:12. Podemos notar en este versículo el énfasis quíntuple que hace el apóstol colocando frase sobre frase para acentuar dicha verdad.
La doctrina de la corrupción total, que declara que el hombre sean igual de malos, ni que no exista persona alguna sin alguna virtud, ni que la naturaleza humana sea mala en sí misma. Lo que significa es que el hombre desde la caída se encuentra bajo la maldición del pecado, y que es incapaz de amar a Dios.
El hombre no regenerado puede, debido a la gracia común, amar a sus familiares, ser buen ciudadano, quizá de donar un millón de pesos para un hospital, pero no puede dar ni un simple vaso de agua fría a un discípulo en el nombre de Jesús. Un hombre si fuere borracho, puede que logre abstienes de la bebida por laguna razón; pero jamás podrá hacerlo por amor a Dios.
PRUEBAS BIBLICAS: I COR. 2:14, GEN. 2:17, ROM. 5:12, II COR. 1:9, EFE. 2:1-3; 12, JER. 13:23, SAL. 51:5, JN. 3:5 RO. 3:10-12.
2. EL DECRETO ETERNO DE DIOS. ELECCIÓN INCONDICIONAL.
Exposición de la doctrina.
La doctrina de la elección ha de considerarse sólo como una aplicación particular de la doctrina general de la predestinación en tanto se relaciona con la salvación de los pecadores. La confesión de Westminster presenta la doctrina de la siguiente manera: “Por el decreto de Dios, para la manifestación de su propia gloria, algunos hombres y ángeles son predestinados a vida eterna, y otros preordenados están designados particularmente inalterablemente, y su número están cierto y definido que ni se puede aumentar ni disminuir”.
Es importante entender con claridad esta doctrina de la elección divina, ya que nuestro concepto de dicha doctrina determinará nuestro concepto de Dios, del hombre, del mundo, y de la redención. Calvino dice “Jamás nos convenceremos como debiéramos de que nuestra salvación procede y mana de la fuente de la misericordia gratuita de Dios, mientras no hayamos comprendido se elección eterna, pues ella, por comparación, nos ilustra la gracia de Dios.
Prueba bíblica.
La primera pregunta que debemos formularnos es, ¿Hallamos esta doctrina en las Escrituras? Consideremos lo que dice San Pablo en Ef. 4:5. También es bueno considerar la cadena de oro con sus cinco eslabones; conocidos, predestinados, llamados, justificados, glorificados. Ro. 8:29.30. podemos considerar esta elección bajo diferentes aspectos: (ver cat. menor P. 7 y 8)
a) Una elección individual.
Las Escrituras presentan la elección como algo que ocurre en el pasado sin consideración a méritos personales, y totalmente soberano. Ro. 9:11,12; Jn. 15:16; Ro. 5:6,8; 1Rey. 19:18.
b) Una elección nacional.
Dios escoge a algunas naciones para que reciban mayores bendiciones espirituales y temporales que otras. Esta forma de elección ha sido bien ilustrada en la nación Judía, en ciertas naciones europeas y de América. A través del Antiguo Testamento se afirma que los judíos eran un pueblo escogido. Am. 3:2; Sal. 147:20; Deut. 7:6
c) Una elección para los medios externos de gracias.
Nacer en un hogar cristiano donde se escucha y lee el Evangelio. Nadie puede escoger el lugar de su nacimiento.
d) Una elección en cuanto las vocaciones.
Dios nos concede los talentos especiales que nos capacitan para ser estadista, o médico, o abogado, o agricultor, o músico, ser inteligente, o los dones de belleza, etc.
La elección también incluye a los ángeles, pues de ellos son partes de la creación de Dios y están bajo su gobierno. Algunos son Santos, otros pecaminosos. 1 Tim. 5:21; Mar. 8:38: 2 Ped. 2:4: Mt. 25:41.
3. LA EXPIACIÓN LIMITADA.
La pregunta que tenemos que discutir es, ¿Ofreció Cristo su vida como sacrificio por toda la humanidad, sin distinción o excepción; o la ofreció solamente por los elegidos? Los calvinistas sostienen que según la intención y el plan de Dios, Cristo murió por los elegidos únicamente.
La confesión de Fe Westminster dice concerniente a esta doctrina “Por tanto, los que son elegidos, habiendo caído en Adán son redimidos por Cristo, y en debido tiempo eficazmente llamados a la fe en Cristo por el Espíritu Santo; son justificados, adoptados, santificados, y guardados por su poder, por medio de la fe, para salvación. Nadie más será redimido por Cristo eficazmente llamado, justificado, adoptado, santificado y salvado, sino solamente los elegidos. (cap. 3 secc. 6) cat. m. P, 16 Esta doctrina no significa que se puede limitar el valor o el poder de la expiación que Cristo hizo. El valor de la expiación depende de y es medio por la dignidad de la persona que la hizo Jesucristo el Hijo de Dios. Es importante hacer esta declaración: El calvinista limita la expiación al decir que ésta no es aplicada a todas la personas, el arminiano la limita al decir que solamente el que cree es salvo.
Las escrituras afirman que Cristo fue un rescate por sus elegidos. Cristo también enseñó que los elegidos y los redimidos eran las mismas personas, leer; Jn. 10:14,15; 15:13: 17:6,9,10; Ef. 5:25. Cristo murió por hombres como Pablo y Juan, no por hombres como Faraón y Judas, quienes eran cabras y no ovejas. En Génesis leemos que Dios “puso enemistad” entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente. En Gal. 3:16 Pablo usa el termino “simiente” y lo aplica a Cristo como individuo, dándonos a entender que la simiente de la mujer es el pueblo de Dios elegido. De igual manera puede notarse que la simiente de la serpiente son esa porción de la raza humana no elegida por Dios. Prestemos atención a las palabras del señor Jesús en Jn. 6:70; 8:44. Y las de Pablo, Hech. 13:10.
4. LA GRACIA EFICAZ. EL LLAMAMIENTO EFICAZ
La confesión de Westminster presenta la doctrina de la gracia eficaz de la siguiente manera, “A todos a quienes Dios ha predestinado para vida, y a ellos solamente, la agrada en su tiempo señalado y aceptado, llamar eficazmente por su palabra y Espíritu fuera del estado de pecado y muerte en que están por naturaleza, a la gracia y salvación por Jesucristo, iluminando espiritual y salvadoramente su entendimiento, a fin de que comprendan las cosas de Dios; quitándoles el corazón de piedra y dándoles uno de carne, renovando sus voluntades y por su potencia todopoderosa, induciéndoles hacia aquello que es bueno, y trayéndoles eficazmente a Jesucristo; de tal manera que ellos vienen con absoluta libertad, habiendo recibido por la gracia de Dios la voluntad de hacerlo” (cap. X secc. I y2) ver cat. men. preg. 31
Creemos que los méritos de la obediencia y del sufrimiento de Cristo son suficientes, adecuados y ofrecidos gratuitamente a todos los hombre. Pero surge la pregunta, ¿Por qué se salva y otro se pierde? ¿Por qué razón unos se arrepienten y creen, mientras que otros, con los mismos privilegios externos no se arrepienten? El calvinista sostienen que es Dios quien causa la diferencia. El arminiano, atribuye la diferencia a los hombres mismos.
Las escrituras enseñan que el hombre en su estado natural está totalmente muerto en su pecado, y que Dios por su gracia nos resucita. Ef. 2:1,4-6; Jn. 5:24; Col. 2:13; Tit. 3:5; 1 Ped. 2:9; II Cor. 5:17; Ez. 11:19.
La regeneración y el llamamiento eficaz, no viola la libertas del hombre. Dios tampoco trata al hombre como si fuese una piedra o un pedazo de madera. Dios ilumina la mente y cambia todos los conceptos erróneos que el pecador abriga sobre Dios sobre sí mismo, y sobre el pecado. La persona regenerada comienza a ser guiada por nuevos motivos y deseos, y cosas que antes odiaba, ahora ama y desea. Este cambio no acontece por ninguna compulsión externa, sino debido a un nuevo principio de vida creado en el alma y que busca lo que le satisface.
5. LA PERSEVERANCIA DE LOS CREYENTES. (DE LOS SANTOS)
la doctrina de la perseverancia de los santos aparece en la confesión Westminster de la manera siguiente: “A quienes Dios ha aceptado en su amado, y que han sido eficazmente llamados y santificados por su Espíritu, no pueden caer ni total ni definitivamente del estado de gracia, sino que ciertamente han de perseverar en él hasta el fin, y serán salvados eternamente. Fil. 1:6; 2 Ped. 1:10; Jn. 10:28,29; 1 Jn. 3:9. cap. XVII secc. 1 y 2
Esta perseverancia… depende no de su propio libre albedrío, sin o de la inmutabilidad del decreto, que fluye del amor gratuito e inmutable de Dios Padre (2 Tim. 2.18,19; Jer. 31:3) de la eficacia del mérito y de la intercesión de Jesucristo (Heb. 10:10,14; 13:20,21; 7;25; 9:12-15; Jn. 17:11,24; Rom. 8:33-39) de la morada del Espíritu” (Jn. 14:16,17: 1 Jn. 2:27; 3:9). Si Dios ha escogido incondicionalmente a ciertas personas para vida eterna, y si su Espíritu aplica eficazmente a éstas los beneficios de la redención, entonces la conclusión es, que estas personas serán eternamente salvas. La perseverancia no depende de nuestras buenas obras sino de la gracia de Dios. Pablo enseña que los creyentes no están bajo la ley sino bajo la gracia y por esto no pueden ser condenados por haber violado la ley (Rom. 6:14; 7:4,8; 4:15; Gal. 5:3).
La doctrina de la perseverancia, no significa que el creyente no pueda caer en pecado, el mejor de lo creyentes aun puede caer en pecado. (2 Cor. 4:7; Rom. 7:19-25) En cuanto a los supuestos creyentes que se apartan de la fe definitivamente, demuestra que nunca han sido hijos de Dios. La cizaña nunca fue trigo. Mat. 13:38; 2 Cor. 11:14; Mt. 24:24; Rom. 9:6,7; 1 Jn. 2:9; Apc. 2:9.
¡Bendita Trinidad! Por STUART OLYOTT
¡Bendita Trinidad!
Por STUART OLYOTT
La evidencia de la Escritura, pues, nos conduce a la Trinidad: no hay sino un Dios; hay tres que son Dios: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; estos tres son distintos, y están diferenciados entre sí por sus cualidades personales. La generación es un acto del Padre solamente. Solamente del Hijo se puede decir que es engendrado. La procesión sólo puede atribuirse al Espíritu Santo. De esta manera hemos presentado casi todos los principales puntos de la doctrina de la Trinidad. Solamente unos pocos quedan por clarificar, lo cual haremos ahora.
La Trinidad ontológica
Libros más complicados que éste hablan de «la Trinidad ontológica» (o algunas veces de la «Trinidad esencial»). Esto significa simplemente que dentro de la Divinidad hay un cierto orden definido. El Padre es primero; el Hijo, segundo; y el Espíritu Santo, tercero. Esto no significa que uno haya existido antes que otro, pues cada Persona es eternamente Dios. Tampoco significa que uno es mayor, el segundo menor, y el tercero inferior, pues cada Persona es Dios por derecho propio, y las Personas son iguales. Es sencillamente un reconocimiento de las eternas relaciones que existen entre las Personas de la Divinidad.
El Padre no es engendrado por ninguna otra Persona. Ni tampoco procede de cualquier otra Persona. El es el Padre del Hijo, al que ha engendrado desde la eternidad. El Espíritu procede de El y es su Espíritu. El envía y opera a través tanto del Hijo como del Hijo y el Espíritu Santo, y nunca ocurre lo contrario.
El Hijo es eternamente el Unigénito del Padre, es enviado por El y le revela. También envía al Espíritu Santo y opera por medio de El, que es su Espíritu, y nunca ocurre lo contrario.
El Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo, y actúa para ambos y los revela.
Cada uno es igualmente Dios y, por tanto, igual en honra, poder y gloria. Uno no es Dios más que el otro. Ninguno es más sabio o más santo que las otras Personas. Ninguno esta subordinado al otro: en otras palabras, no tienen diferente rango. Sin embargo, en lo que respecta a las relaciones personales entre ellos, existe este orden concreto, y en este sentido, y solamente éste, está implícita una cierta subordinación. Hay una prioridad, pero no una superioridad. Hay un orden en la Divinidad, pero no hay rangos. Cuando usamos la expresión «Trinidad ontológica», estamos teniendo en cuenta simplemente este hecho. Así es dentro de la Divinidad. Así son las cosas entre las Personas de la Trinidad.
La Trinidad económica
Estas relaciones dentro de la Divinidad se reflejan en la manera en que Dios actúa. Esto es lo que significa el término «Trinidad económica». Todo lo que Dios hace procede del Padre: El es primero. Se lleva a cabo a través del Hijo: El es segundo. Y es efectuado por el Espíritu: El es tercero. Todas las obras de Dios son obras de las tres Personas conjuntamente. Es cierto que algunos versículos de la Escritura señalan a la creación como la obra del Padre, la redención como la obra del Hijo y la santificación como la obra del Espíritu. Sin embargo, cuando observamos todo lo que la Escritura tiene que decir, vemos que en cada caso el Padre es la Causa, el Hijo el Mediador, y el Espíritu Santo el que aplica y completa. Por supuesto, hemos de enfatizar de nuevo que las Personas de la Trinidad son co‑iguales. No hay superior ni inferior. Sin embargo, hay este orden armónico de las Personas cuando actúa la Divinidad. Así obra Dios.
Podemos ver esto claramente cuando consideramos la obra creadora de Dios. «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Génesis 1:1). Sin embargo, fue su Hijo «por quien… hizo el universo» (Hebreos 1:2), y está muy claro que fue el Espíritu Santo quien efectuó la obra (Génesis 12), pues a El se le describe a menudo como el Agente de la creación (Salmo 104:30). Dios el Padre lo hizo, a través del Hijo, por medio del Espíritu Santo.
Lo vemos en la obra salvadora de Dios. Fue Dios el Padre quien eternamente dio un pueblo escogido a su Hijo, al cual envió al mundo para salvarlos (Juan 6:37‑40). Fue Dios el Hijo el que fue entregado a la muerte por sus transgresiones, y resucitado para su justificación (Romanos 4:24,25). Es Dios el Espíritu Santo el que los hace partícipes de los beneficios que Cristo ha obtenido para ellos (1 Corintios 2:1‑5; 1 Tesalonicenses 1: 5‑ 10). La obra del Espíritu Santo sigue a la obra del Hijo, de la misma manera que la obra del Hijo sigue a la del Padre. No existe exactamente un orden definido dentro de la Divinidad. Esto se refleja externamente por la manera en que Dios obra. Cuando usamos la expresión «Trinidad económica», sencillamente tenemos en cuenta esta verdad.
Sin analogía
No estamos más próximos a explicar el incomprensible misterio de la Trinidad, pero al menos hemos podido observar lo que de hecho dicen las Escrituras acerca del mismo. La verdadera dificultad reside en comprender cómo cada Persona puede ser Dios mismo y, sin embargo, tener esa relación particular con las otras dos Personas. La dificultad continúa, y nunca podrá ser salvada. Está fuera del alcance de la mente humana.
No obstante, desde el primer siglo hasta nuestros días, son muchísimos los que han tratado de descubrir y usar diferentes analogías e ilustraciones para hacer comprensible la verdad de la Trinidad (por ejemplo: las tres hojas de un trébol; mente, emociones y voluntad en un hombre; el sol, sus rayos y su calor, etc.). Cada una de ellas es defectuosa de una u otra manera. 0 bien expresa algo menos de lo que la Biblia dice, o algo más, o algo diferente. Debemos reconocerlo: la doctrina de la Trinidad no tiene analogía. No hay manera en absoluto en que podamos ilustrarla. No hay nada comparable en ninguna parte. Es el primer y gran misterio de todos. ¿Cómo puede una ilustración finita describir al Dios infinito? Es el ser de Dios lo que estamos considerando, y El está, por definición, fuera del alcance del entendimiento de los mortales.
La mejor manera de explicarlo
Es imposible saber la verdad acerca de Dios sin estudiar su Palabra. Por consiguiente, no podemos ayudar a la gente a creer este misterio a menos que estén dispuestos a que se les explique la Biblia, o a abrirla por sí mismos. Si tenemos la oportunidad de hablar acerca de este tema con un amigo que muestre interés, ¿por qué no seguir el método y orden de este libro con la Biblia abierta?
Si las circunstancias no permiten una larga explicación, lo mejor que podemos hacer es llevar a nuestros amigos a un versículo bíblico que examinamos en el capítulo 6. Al menos, esto les ayudará a empezar a pensar acerca del tema. El versículo en cuestión es Mateo 28:19, donde Jesús nos manda que vayamos y hagamos discípulos a todas las naciones, «bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo». El no dijo «nombres» sino «nombre». Esto aclara que se está refiriendo a un solo Ser. Solamente hay un Dios. Tampoco dijo: «del Padre, Hijo y Espíritu Santo», como si estos fueran meramente tres términos con el mismo significado, algo así como «yo, mí y mí mismo». Tiene cuidado en señalar que cada uno tiene su propia identidad, y distingue entre ellos diciendo «del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo». Solamente hay un Dios. Hay tres que son Dios. Estos son uno, en cierto sentido; y tres, en un sentido totalmente diferente. El Padre es primero, el Hijo es segundo y el Espíritu Santo es tercero. Hay, por supuesto, mucho más que decir (como hemos visto). Sin embargo, ésta, en esencia, es la doctrina de la Trinidad.
Sermón “El Evangelio Glorioso”
Sermón “El Evangelio Glorioso”
Por Charles H. Spurgeon
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1 Timoteo 1:15 “Fiel es esta palabra y digna de toda aceptación: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero”
Cuando desprecias a Cristo desprecias tu propia misericordia. Si te alejas de Él, habrías demostrado que Su sangre no es eficaz para ti Desprécialo, y cuando lo desprecies, entonces muérete sin entregar tu alma en Sus manos y habrías dado muestras terribles de que aunque la sangre de Cristo es todopoderosa, nunca te fue aplicada a ti, nunca fue rociada en tu corazón para quitar tus pecados.
Si quiero saber si Cristo murió por mí de tal manera que ahora pueda creer en Él y sentir mi salvación, debo responder a esta pregunta: ¿siento hoy que soy un pecador? ¿No lo digo simplemente por quedar bien, sino que lo siento realmente? En lo más profundo de mi alma, ¿es esa una verdad de Dios grabada con fuego en letras mayúsculas: YO SOY UN PECADOR? Entonces, si es así, Cristo murió por mí. Estoy incluido en Su propósito especial. El Pacto de la Gracia incluye mi nombre en el viejo libro de la elección eterna.
Allí está incluida mi persona. Sin duda alguna seré salvo, si sintiéndome ahora un pecador, me arrojo sobre esa sencilla Verdad de Dios, y creo y confío en ella como mi ancla en los tiempos de tormenta…. See More
Díganme, hermanos y hermanas, ¿no están preparados a confiar en Él? ¿Acaso no hay entre ustedes algunos capaces de decir que se reconocen pecadores?
¡Oh! Te suplico, quienquiera que seas, que creas en esta gran Verdad de Dios que es digna de toda aceptación: Cristo Jesús vino para salvarte. Conozco tus dudas. Conozco tus temores, puesto que yo mismo los he tenido. Y el único camino por el cual puedo mantener vivas mis esperanzas es simplemente éste: cada día soy traído a la Cruz. Creo que hasta mi lecho de muerte no tendré otra esperanza sino ésta:
“Nada en mis manos llevo Simplemente a Tu Cruz me apego”
Y la única razón por la que creo en este momento que Jesucristo es mi Redentor es simplemente esta: yo sé que soy un pecador. Lo siento y me duele. Y a pesar de que lo lamento mucho, cuando Satanás me dice que no puedo ser del Señor, saco de mi misma lamentación la conclusión confortable que puesto que Él me ha hecho sentir que estoy perdido, no lo habría hecho a menos que tenga la intención de salvarme. Y puesto que me ha permitido ver que pertenezco a esa grandiosa clase de personas que Él vino a salvar, deduzco de ello, más allá de toda duda, que Él me salvará.
Un Sermón para el Hombre Más Malo de la Tierra
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Por Charles H. Spurgeon
Lucas 18:13 “Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.”
En la medida que la salvación de Dios es algo grandioso, tiene que haber tenido el propósito de lavar grandes pecados Oh, señores, ¿habría derramado Cristo la sangre de su corazón por algunos pecados triviales, veniales, que podrían ser limpiados por las lágrimas de ustedes? ¿Piensan que Dios habría entregado a la muerte a Su Hijo amado por algo superfluo? Si el pecado hubiera sido un asunto pequeño, un pequeño sacrificio habría bastado. ¿Acaso piensan ustedes que la expiación divina fue hecha por pequeñas ofensas? ¿Murió Jesús por pecados pequeños, y dejó sin expiar los grandes? No, el Señor Dios midió la grandeza de nuestro pecado, y la encontró tan alta como el cielo, tan profunda como el infierno, tan amplia como el infinito, y por consiguiente dio tan grande Salvador.
Entregó a su Hijo unigénito: un sacrificio infinito, una expiación sin medida. Con tales angustias y dolores de muerte que nunca pueden ser enteramente descritos, el Señor Jesús vertió Su alma en sufrimientos desconocidos, para poder proporcionar una gran salvación para los más grandes pecadores. Vean a Jesús en la cruz, y aprendan que toda forma de pecado y de blasfemia les será perdonada a los hombres. El hecho de la salvación, y de una gran salvación, debe de echar fuera de todo corazón que escuche de ella, toda noción de desesperanza.
La salvación es para mí, pues yo estoy perdido. Una gran salvación, eso es algo para mí, pues yo soy el más grande de los pecadores. ¡Oh, escuchen hoy mi palabra! Es la palabra de amor de Dios, que tañe como una campana de plata. Oh, amados lectores, lloro por ustedes, y sin embargo, tengo ganas de cantar todo el tiempo, pues soy enviado para proclamar la salvación del Señor para los hombres más malos…. See More
El Evangelio está especial, definitiva, y claramente dirigido a los pecadores. Escúchenlo: “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.” “Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.” El evangelio es como una carta escrita con letra clara y legible; si ustedes buscan quién es el destinatario, hallarán que dice así: “AL PECADOR.” Oh pecadores, a ustedes es enviada esta palabra de salvación. Si eres un pecador, eres precisamente el hombre a quien está dirigido el Evangelio; y con ello no quiero decir un pecador de nombre meramente y una etiqueta de cortesía, sino un rebelde empedernido, un transgresor contra Dios y contra el hombre. ¡Oh, pecador, aférrate al Evangelio con gozosa prontitud; y de inmediato clama a Dios por misericordia!
“Fue por los pecadores que sufrió Agonías indecibles; ¿Puedes dudar que eres un pecador? Si tienes dudas, entonces adiós esperanza.” “Pero, al creer lo que está escrito: ‘Todos son culpables’, ‘muertos en el pecado,’ Mirando al Crucificado La esperanza levantará tu alma.”
Si lo piensan de nuevo, debe haber esperanza para los pecadores, pues los grandes mandamientos del Evangelio son sumamente adecuados para los pecadores. Escuchen, por ejemplo, esta palabra: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados.” (Hechos 3:19).
¿Quiénes se pueden arrepentir sino los culpables? ¿Quiénes pueden ser convertidos sino aquellos que están en el camino equivocado, y que por tanto necesitan ser vueltos al buen camino? El texto siguiente está dirigido evidentemente a quienes no son buenos para nada: “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.”
La misma palabra “vuélvase” indica que está dirigida a aquellos que han pecado; que te guíe a la misericordia. Entonces a ustedes se les pide que crean en el Señor Jesucristo. Ahora pues, la salvación por la fe debe ser para hombres culpables, pues el camino de vida para el inocente es la perseverancia en las buenas obras. La ley dice, “haz esto y vive.” El Evangelio habla de salvación por la fe, porque es el único camino posible para aquellos que han quebrantado la ley y están condenados por esa ley.
La salvación es por fe para que pueda ser por gracia. ¡Crean y vivan! ¡Crean y vivan! Ésta es la nota de jubileo de la trompeta de la gracia inmerecida. ¡Oh, que ustedes conocieran ese sonido lleno de gozo, y así pudieran ser bendecidos! ¡Oh, que ustedes que son pecadores oyeran esta llamada como dirigida a ustedes en lo particular! Están hundidos hasta el cuello en el fango del pecado, pero una mano poderosa ha sido extendida para liberarlos. “Arrepentíos, y creed en el evangelio.”



