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Archive for diciembre, 2009

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dic

LA LUZ

LA LUZ

Por Henry Law

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“Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz” GÉNESIS 1:3

El que habla es Dios. La época en que habla es antes de que existiese el tiempo. Su palabra es omnipotente. Y como resultado, se origina el más grande de los dones. Las tinieblas lo oyeron y se desvanecieron. “Dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”
Esfuérzate, lector, para imaginar aquella escena cuando la primera voz creó la primera bendición. Este mundo de tantas delicias era entonces una masa disforme de materia dispersa. No tenla forma, y por consiguiente carecía de belleza. Estaba vacío, y en el vacío falta todo lo que es grato. Inhospitalario, porque una noche impenetrable cubría el vacío sin vida.
De esta agreste cantera, sin embargo, saldrán los materiales para construir la morada del hombre. Este desierto va a ser poblado con seres cuya edad será la inmortalidad. Va a ser el campo del cual se suministrarán los graneros del cielo. Por consiguiente, lo deforme debe asumir una forma; el desorden debe ser ordenado; y lo imperfecto ha de ser moldeado en amor.
¿Cómo será esto? Dios no tendría más que desearlo para que en un instante la creación apareciera en toda su perfección. Pero no es así como ocurre. Dios obra mediante un proceso gradual. Él obra. Aprendamos de ahí la sabiduría y la necesidad del esfuerzo. Dios obra por un proceso gradual. Esto nos enseña que la diligencia paciente es el sendero que nos lleva al bienestar.
Pero, ¿cuál es la primera maravilla que logra introducir la armonía y la gracia? La luz. ¿Preguntáis cuál es el lugar de su alumbramiento?; ¿o el arte que la produce? La respuesta es: “Dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”
Es imposible saber más. Y es imposible precisamente porque más conocimientos sobre el particular no nos aprovecharían ni nos harían bien. Hay, sin embargo, verdades relacionadas con la luz abierta a nuestra sincera investigación. Son algo así como un cofre lleno de perlas evangélicas. En su forma más bella vemos las más hermosas características del Señor de la luz. El Espíritu Santo, guía seguro, proclama: “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, vino a este mundo.” También el profeta, vislumbrando el fulgor de Cristo, canta: “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz.” El apóstol, hablando de Jesús, exhorta: “Alabad al que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” Cerraríamos, pues, nuestros ojos a los altos propósitos de la luz, si no acertáramos a ver las trascendentales bellezas de salvación que emanan del primer día.
La luz es pura. No hay en ella, ni puede haber, mezcla o contaminación. Su misma naturaleza excluye lo impuro. Atraviesa inmaculada todo ámbito sucio. La nieve es brillante, no hay blancura que la sobrepase; pero la huella del hombre la mancilla. El agua salta brillantemente de su fuente; pero la mano humana puede ensuciarla. Pero nadie puede hacer menos pura la pureza de la luz. Así es Cristo. Como hombre en la tierra era tan puro como Dios en el cielo. Pasó por un mundo de pecado cual rayo de sol iluminando una choza. Tomó la forma del pecado, para poder llevar su merecido, pero nunca conoció su mancilla. En el pesebre de Belén era el Niño santo. Y volvió al cielo en santo triunfo, como el santo Conquistador.
Estudia, lector, la santidad de Jesús. Es una de las áncoras de nuestra esperanza evangélica. Cristo tiene que ser santo como Dios es santo, de lo contrario no podría ser el Mediador entre Dios y los hombres. Él mismo necesitaría de la expiación si tan sólo una sombra de una sombra de pecado se hallase en su Persona: tendría que salvarse a sí mismo. Y nosotros no podríamos ser salvos. Pero Cristo es todo suficiente para redimirnos, porque es el santo compañero de Jehová.
Estúdialo también como el modelo del alma regenerada. Salvación implica conformidad a Su imagen. “El que tiene esta esperanza en Él se purifica, como también Él es limpio.”
La luz es brillo. De hecho, ¿qué es el brillo sino el resplandor más claro de la luz? Cuando las nubes no ocultan el sol, el día es brillante. El panorama brilla cuando refleja los rayos del sol. Es brillante la esperanza libre de presagios sombríos. Así es Cristo. Él es el resplandor de la gloria de su Padre. Él encarna, como en una constelación, todas las perfecciones divinas. Irradia el esplendor de los atributos de Jehová. El tiempo más luminoso es aquel en que el Señor está más cerca. Y la página más brillante es aquella en que encontramos más de Cristo. El sermón más brillante es aquel en que se oye más acerca de Cristo. Y la vida luminosa es aquella en que más puede verse de Cristo.
La luz es hermosa. La belleza no puede prescindir de ella. Excluidla, y desaparecerá todo encanto; el sol se ensombrecerá y los colores se desvanecerán. “Eres el más hermoso de los hijos de los hombres”, “el único entre diez mil, y todo tú perfecto.” ¡Qué plenitud de belleza hay en esta persona que es Dios y hombre al mismo tiempo! ¡Qué armonía de gracia hay en esta obra que une a Dios con el hombre! ¡Qué encantos contienen estas preciosas Escrituras que muestran Su valor! Ver Su variada excelencia es una antesala del cielo. Así como toda luz hermosa embellece, así Cristo engalana a todos aquellos sobre los que descienden sus fulgores. Hermosea a los humil-des con la salvación.
La luz es libre. Las riquezas del rico no pueden adquirirla. El arte del artesano no puede aprisionarla. El trabajo del obrero no puede ganarla. La pobreza del pobre no le priva de ella. Adondequiera que llega lo hace volando sobre las alas de la libertad. No puede comprarse. Ilumina el palacio sin precio, llega hasta la choza graciosamente. Así es Cristo.
Pecador, ¿anhelas tú este precioso tesoro? Abre la puerta de tu corazón y es tuyo. “Venid, comprad vino y leche, sin dinero y sin precio”. No perdáis el tiempo buscándole un precio. Los mismos ángeles comparados con Él no son de ningún valor. Todos tus supuestos méritos no son más que defectos. Lo mejor que hay en ti es pecado ¿y ofrecerás pecado a Jesús? Reconoce tu miseria y acógete a la gracia. Llora tus tinieblas y Cristo te dará su luz. Todos los que ven en sus luminosos rayos concuerdan en su testimonio. Todos cantan que lo que tienen lo han recibido de amarme, me llamó pura gracia: me amó por que quiso porque quiso llamarme, me bendijo porque quiso bendecirme, me salvó porque quiso salvarme, brilló en mi alma porque así le plugo. Cuando yo estaba en tinieblas, Él dijo: “Sea la luz; y la luz fue”, y la luz era Él mismo.
La luz lo revela todo. Tan pronto como las tinieblas arrojan su manto, nos movemos inconscientemente entre enemigos y lodazales. Abismos se abren a nuestros pies, y cada contacto nos tizna, pero aunque el enemigo mortal se dispusiera a atacarnos no nos daríamos cuenta. Si permitimos que la luz se apague, la ruina y la suciedad se nos echan encima. Pero cuando la luz sale, pone de manifiesto las tinieblas. Así también Cristo. Por sus rayos detecta el pecado que hay en cada escondrijo de nuestro corazón. Y el mundo que tanto amamos es desenmascarado como un monstruo cuyo abrazo es concupiscencia, y cuya mano sostiene la copa de la muerte.
Lector, ¿disciernes la corrupción del pecado y del veneno que engañan al mundo? Si no los disciernes es que la luz no ha visitado tu conciencia. Cristo no está en tu corazón. El lamento que produce la fe tiene siempre una nota que confiesa: “He aquí, estoy sucio”. Hay siempre en su boca este ruego: “Lávame, y seré más blanco que la nieve”.
Pero del mismo modo que el sol es visto por la propia luz que él mismo proporciona, así Cristo, no solamente revela los peligros, sino que se revela a sí mismo. Muestra su cruz, la gloriosa prueba de su amor insondable. Nos descubre los tesoros de su Palabra. Entonces, profundos llamamientos, testimonios, promesas y dulces notas de consuelo y paz se convierten en vida brillante, como los fulgores de luz en una puesta de sol. Abre las cortinas de sus cielos, y vemos a un Dios reconciliado con los hombres, al mismo tiempo que vislumbramos los destellos de Su gloria.
La luz es la madre de la fertilidad. Las regiones en que el sol apenas brilla son áridos desiertos. La vegeta¬ción languidece en las sombras, y los árboles se secan. Perpetuo invierno significa desolación perpetua. Pero observad el cambio cuando vuelve la luz. El jardín, la viña y los campos son pronto cubiertos de fragancia y abundante vegetación. Así es Cristo. En Su ausencia, el corazón se llena de maleza y hierbajos nocivos. Pero cuando sus fulgores vivifican, las semillas de la gracia fructifican y el árbol de la fe ofrece su fruto dorado.
La luz es el carruaje que transporta el calor, sin el cual el corazón se hiela y se hace tan duro como una roca. El suelo parecería de hierro si los cielos estuvieran siempre oscuros. Igualmente, los corazones sin Cristo son hielo. Pero cuando Él entra se enciende una llama que ya nunca más puede morir. Arde el amor en cada cobijo del hombre interior. Es la chispa que centellea heroica en el ministro fiel y en el intrépido misionero. Ver y amar a Cristo da calor al corazón. Calor en el corazón es fuego en los labios. Y fuego en los labios es llama que prende en los oyentes. De este modo, muchas congregaciones endurecidas se derriten en corriente de santo celo.
La luz es asimismo heraldo del gozo. Egipto estuvo cubierto por las tinieblas durante tres días; falló la vista y cesó toda actividad. Tiempo sombrío aquél. En uno de los viajes más tempestuosos que efectuó el apóstol San Pablo, ni el sol ni las estrellas aparecieron por muchos días. Fue un tiempo sombrío para el gran misionero. Mientras Cristo no levante su semblante, no puede empezar la mañana feliz que no tendrá noche. La luz actual, sin embargo, no es más que la estrella de la mañana de la gloria venidera. El cielo es un Dios al que no ocultan nubes ningunas. Y allí, con los nuevos cuerpos celestes, en vestidos de luz, los redimidos reposan en una ciudad de luz, “que no tiene necesidad de sol ni de luna para alumbrar, porque la gloria del Señor ilumina, y el Cordero es la luz allí.”
Lector, ¿estás tú viajando de la luz a la luz? No te engañes. Hay la frágil vela de la razón. Pero no conduce a ningún cielo. Hay las muchas luces falsas del error. Nos llevan a las rocas y a los pantanos de destrucción. Vanos meteoros relumbran desde muchos púlpitos y en muchos libros. ¡Tened cuidado!; hay un solo sol en el firmamento, como hay un solo Cristo en la Biblia: un Cristo y un Espíritu, un Cristo del Padre, un Cristo de los salvados.
Pregunto de nuevo. ¿Se han desvanecido tus tinieblas? Tu contestación será afirmativa si puedes ver al Sol de justicia y odias el pecado, crucificas la carne y pisoteas el mundo; si te gozas en sus fulgores y tienes sed de más conocimiento y de una senda más brillante. Pero quizá tú ames las tiniebla más que la luz, porque tus obras son malas. ¡Piensa, sin embargo, cuán sombrío es el camino amplio de la perdición! Va directo al abismo, en donde sólo hay oscuridad y en donde sólo se oye el llanto y el crujir de dientes. Párate por un momento y medita: ¿No quieres volver a “la verdadera luz”?
Creyente, contempla el lugar soleado de tu hogar. En tu gozo colmado recuerda que este jardín del Señor es un puesto de trabajo y no de ocio. Has recibido la luz para que brille y la pongas bien en alto. Tú eres luz para que otros puedan ser también luz por medio de ti. No digas: No soy yo quien puedo crear y dar luz. Cierto, pero es tu deber reflejar la luz. El planeta devuelve los rayos que recibe. El espejo devuelve la imagen. Tú no viste nada hasta que Cristo dijo: Recibe la vista. No descanses hasta que su voz resuene en tu familia, en tu vecindario, en tu país, y en el mundo entero. Sea la vista, y será la visión. Sea la luz y será la luz.

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dic

CRISTO Y EL CREYENTE

CRISTO Y EL CREYENTE

Por R.M. McCheyne

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«Como el lirio entre las espinas, as! es mi amiga entre las doncellas. Como el manzano entre los árboles silvestres, as! es mi amado entre los mancebos: bajo la sombra del deseado me senté con gran deleite y su fruto fue dulce a mi paladar» (Cantar de los Cantares 2:23).

Si una persona no convertida fuese llevada al cielo, donde está Cristo sentado en gloria, y oyese las palabras de amor que Cristo, lleno de admiración, dirige al creyente, he podría entenderlas; no podría comprender cómo Cristo puede descubrir belleza alguna en la despreciable gente religiosa a quien él, en el fondo de su corazón, menosprecia. Y si un inconverso pudiese oír a un cristiano en sus devociones cuando realmente ha transpuesto el velo y se enterase de sus palabras de admiración y amor hacia Cristo, tampoco podría en modo alguno comprenderlas; no le sería posible entender cómo el creyente puede tener tan encendido amor hacia un ser que no ha visto, en quien él mismo no ve atractivo ni hermosura. Tan cierto es ﷓las Sagradas Escrituras lo declaran que el hombre natural no conoce las cosas del Espíritu de Dios, ni las puede entender, porque le son locura.

Quizá algunos de los que me oyen sienten un profundo desprecio hacia el pueblo piadoso ﷓¡están tan cargados de manías, tienen escrúpulos de conciencia por tales nimiedades, parecen siempre tan graves y poco amigos de la diversión!﷓ que no pueden soportar su compañía. Bien, veamos, pues aquí lo que Cristo piensa acerca de ellos: “Como el lirio entre las espinas, así es mi amor entre las doncellas”. ¡Cuán diferentes sois vosotros de Cristo! Hay aquí quizá alguno de los que me oyen que no tiene ningún deseo por Cristo, que nunca piensan en Él con placer. Muchos de vosotros no veis en Él atractivo ni hermosura, ni belleza alguna que os le haga desear, ni amáis la melodía de su nombre, ni podéis orar a Él continuamente. Veamos ahora lo que el creyente piensa de Cristo: “Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los mancebos; bajo la sombra del deseado me senté y su fruto fue dulce a mi paladar”. ¡Oh, que al pensar vosotros en lo diferentes que sois de Cristo y del creyente, despertarais a la triste realidad de que todavía os encontráis en la condición perdida del hombre natural, del hombre no nacido de nuevo y, por consiguiente, estáis bajo la ira de Dios!

Doctrina. ﷓ El creyente es inefablemente precioso a los ojos de Cristo y Cristo inefablemente precioso a los ojos del creyente.

CONOCED LO QUE CRISTO PIENSA DEL CREYENTE. ﷓ “Como el lirio entre las espinas, así es mi amiga entre las doncellas.”

Cristo no ve nada tan suave y hermoso en todo este mundo, como el creyente. El resto del mundo es como espinas, pero el creyente es como un bello lirio en sus ojos. Si mientras andamos por un desierto vemos que todo lo que crece son cardos y espinas, pero nuestros ojos tropiezan con alguna fina flor, pequeña y blanca, pura y fragante, que crece en medio de las espinas, nos parece peculiarmente bella. Si fuese en medio de un jardín entre muchas otras flores, entonces su valor no resaltaría de forma tan notable. Pero cuando se halla rodeada por todos los lados de espinas, entonces llama nuestra atención. Tal es el creyente a los ojos de Cristo: “Como el lirio entre las espinas, así es mi amiga entre las doncellas”.

Ved lo que Cristo piensa del mundo no convertido a Dios. Es como un campo lleno de cardos y espinas. Primeramente, a causa de su esterilidad, su falta de fruto. “¿Cógense uvas de los espinos o higos de los abrojos?” Así Cristo no halla fruto del mundo no convertido. Todo él le es como un desierto espinoso.

En segundo lugar, porque cuando la palabra de Dios les es anunciada, es como cuando se siembra entre espinas. “Haced barbecho para vosotros y no sembréis sobre espinas” (Jeremías, 4:3). Cuando el sembrador ha sembrado, parte de su simiente ha caído entre espinas y las espinas la ahogan cuando empiezan a brotar. Tal es el resultado de la predicación en los inconversos.

En tercer lugar, porque su fin será como el fin de las espinas. Son secas y solamente sirven para ser quemadas. “,Como las espinas, se cortarán, y serán arrojadas al fuego”. “P rque la tierra que embebe el agua que muchas veces vino sobre ella y produce solamente espinas y abrojos, es reprobada y cercana de maldición, cuyo fin será el ser abrasada’.

Mis amigos, si vosotros estáis sin Cristo, ved lo que sois ante los ojos de Cristo; espinas. Pensáis que tenéis cualidades admirables, que sois miembros valiosos de la sociedad en que vivis, y tenéis la esperanza de que en la eternidad todo os irá bien. Ved lo que dice Cristo: “Vosotros sois espinas y cardos, inútiles en este mundo y aprovechables tan sólo para ser quemados”.

2. Ved lo que Cristo piensa del creyente. “Como el lirio entre las espinas, así es mi amada entre las doncellas”. El creyente es como una fina flor a los ojos de Cristo. Primeramente, porque está justificado ante los ojos de Cristo, purificado con su sangre y limpio como puro y blanco lirio. Cristo no puede descubrir mancha alguna en su propia justicia y, por ello, ve mancha en el creyente. “Tú eres hermosa, amiga mía; como el lirio entre las espinas, así es mi amada”.

En segundo lugar, porque el creyente ha experimentado un cambio de naturaleza, es en términos bíblicos﷓﷓ una nueva criatura, ha nacido de nuevo. En un tiempo fue como un estéril y espinoso cardo, cuyo único fin era el ser quemado. Sin embargo, ahora Cristo ha puesto un nuevo espíritu en él; la semilla ha sido puesta en él y crece como lirio. Cristo ama la nueva criatura. “Toda mi delicia está en ellos”. “Como el lirio entre las espinas, así es mi amada entre las doncellas”. ¿Eres cristiano? Entonces nunca olvides que aunque el mundo te desprecie, aunque te insulte y se burle, recuerda: Cristo te ama; Él te llama “mi amiga”. Habita en Él y habitarás en su amor. “Si permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos”.

En tercer lugar, a causa de los pocos que sois en el mundo. Observad que hay un solo lirio y muchas e4pinas. Hay un gran desierto lleno de espinas y sólo una solitaria flor. Así hay un mundo puesto en maldad y un pequeño rebaño que cree en Jesús. Algunos creyentes están apesadumbrados por el hecho de sentirse solos, e incluso llegan a dudar de si en verdad caminan por los senderos de la justicia. No os desaniméis. Es precisamente una nota característica del pueblo de Cristo el sentirse solos en el mundo, pero en realidad no estáis solos.

Ésta es precisamente una de las muchas bellezas que Cristo encuentra en su pueblo. Que se halla solo en medio de un mundo de espinas. “Como el lirio entre las espinas”.

No te desanimes, no desfallezcas. Este mundo es un mundo de solitarios. Cuando seas trasplantado allí al jardín de Dios, nunca más estarás solo y además serán eliminadas todas las espinas. Como las flores en un bello jardín despiden todas sus miles de perfumes para enriquecer con su olor el ambiente, así en el paraíso celestial tú te unirás a los miles de redimidos exhalando con ellos la fragancia de tu alabanza.

II. CONOCED LO QUE EL CREYENTE PIENSA DE CRISTO. ﷓ “Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los mancebos, bajo la sombra del deseado me senté y su fruto fue dulce a mi paladar”.

Cristo es para el creyente más precioso que todos los demás salvadores, ya que, aunque no los hay, muchos los consideran como a tales. Como un viajero prefiere un manzano a todo otro árbol silvestre porque halla en él refugio y alimento nutritivo, así el creyente prefiere a Cristo a todo otro Salvador. Cuando un hombre viaja a través de países meridionales a menudo se cobija bajo un árbol para guarecerse de los ardientes rayos del sol, y i qué refrigerio halla cuando llega a un bosque! Cuando los israelitas anduvieron peregrinando a través del desierto, vinieron a Elim, en donde había doce pozos de agua y setenta palmeras y acamparon allí porque había agua. Se gozaron bajo la sombra del refrescante palmeral. Así Ezequiel promete que el pueblo de Dios “habitará en el desierto en seguridad y dormirá en los bosques”.

Pero si el viajero siente hambre y necesita alimento, entonces no puede quedar contento con ningún árbol del bosque, sino que prefiere un árbol fruta], bajo el cual pueda sentarse y hallar tanto alimento, como sombra y cobijo. Si ve un manzano, por ejemplo, él lo preferirá a cualquier otro árbol del bosque, pues de él y bajo de él comerá su delicioso fruto y hallará sombra. Así sucede con el alma despertada por Dios. Ve cómo se cierne amenazadora sobre su cabeza la ira de Dios, descubre que reside en un mundo maldito, es llevada al desierto y está a punto de perecer; entonces acude a un bosque, y muchos árboles le ofrecen su sombra: ¿dónde se sentará? ¿bajo algún abeto? Pero ¡ay! ¿Qué fruto le ofrece el árbol? Morirá allí. ¿Se cobijará bajo el cedro ﷓de poderosas ramas? ¡Ay! que también allí perecerá, por cuanto también carece de fruto. El alma que ha aprendido de Dios, anhela y busca una salvación completa en un completo Salvador. El manzano, siguiendo la figura, es entonces revelado al alma. El alma hambrienta siempre escoge esto. Necesita ser salvada del infierno y nutrida para el cielo. “Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los mancebos”.

Almas despertadas, recordad que no debéis sentaros bajo todo árbol que se os ofrece. “Mirad que nadie os engañe, porque vendrán muchos en mi nombre diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán”. Hay muchas maneras de decir “Paz, paz” no habiendo paz. Seréis tentados a buscar la paz en el mundo, en el mérito del propio arrepentimiento o en las penitencias, en una reforma fruto de vuestra carne. Recordad que debéis elegir el árbol que os ofrezca sombra y alimento. “Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los mancebos”. Rogad a Dios que os enseñe a escoger vuestra fe, invocad a Dios os conceda un ojo que pueda discernir cuál es el manzano. i Oli, no hay descanso para el alma sino sólo bajo el árbol que Dios ha plantado! El deseo y la oración de mi corazón en favor vuestro, es que todos podáis hallar descanso bajo ted árbol.

2. ¿Por qué tiene el creyente tan alta estima de Cristo?

Primeramente, porque el creyente ha gustado a Cristo. “Bajo la sombra del deseado me senté y su fruto fue dulce a mi paladar”. Todos ﷓los verdaderos creyentes se han sentado bajo la sombra de Cristo. Muchas personas se creen que porque tienen un conocimiento intelectual de Cristo, ya son salvas. Leen de Cristo en la Biblia, oyen de Cristo en el templo de Dios, y piensan que son cristianas. ¡Cuidado, mis Amigos! ¿De qué os aprovechará lograr un conocimiento de la existencia del manzano? ¿Os hago, acaso, sólo su descripción refiriéndoos su belleza y quizá hablándoos fría y amargamente de su delicado fruto? ¿No os ¡noto a comer de él y no lo hago como uno que ha probado espiritualmente su dulce sabor? Si yo fuese enviado a vosotros para enseñaros. sólo un cuadro del árbol, o mi misión consistiese en solo mostrarnos dónde se halla el árbol para que lo miraseis solamente de lejos, ¿no os quejaríais de que no os serviría de ningún provecho? No disfrutaríais ni de su buena sombra, ni de su delicioso fruto. Pero os anuncio un árbol, un manzano que está a vuestro alcance, y a vuestra disposición.

Del mismo modo queridos hermanos, ¿qué bien podréis obtener de Cristo si solamente oís de Él en los libros o sermones, o é1 solamente le veis en dibujos y vuestra visión de Él es la visión que sólo se puede lograr con el ojo corporal? ¿De qué os aprovechará todo ello si no os sentáis bajo su sombra? ¡Oh, amigos míos, debe haber un sentarse personal bajo la sombra de Cristo, si queréis ser salvos! Cristo es la zarza ardiente, que, aunque quemada, no ha sido consumida. Es, amigos, un lugar seguro para descansar toda aliná que estaba reservada para el infierno.

Hay muchos que, al oírme, podrían decirme: “Yo me senté bajo su sombra” aun cuando ahora parecen haberlo olvidado. ¿No es cierto que, vueltos de Cristo, han ido tras los amantes? Y ¿no ha sembrado Dios vuestros caminos de espinas para haceros volver? “Vuélvete, vuélvete, oh, sunamita”. No hay otro refugio para tu alma. Ven y siéntate otra vez bajo la sombra del Salvador.

En segundo lugar, porque su fruto fue dulce a su paladar. “Bajo la sombra del deseado me senté y su fruto fue dulce a mi paladar”.

La mayoría de las personas piensan que no hay gozo en la religión, que es algo triste o trágico. Cuando se convierte un joven, muchos dicen de él: ¡Ay de él! ya puede despedirse de los placeres, de las alegrías de la juventud, y decir adiós al corazón alegre. Habrá de cambiar estos placeres por la lectura de la Biblia y por los áridos sermones, así como también por una vida de gravedad y piadosos actos de rectitud extrema”. Esto es lo que el mundo dice.

¿Qué dice, no obstante, la Biblia? “Su fruto fue dulce a mi paladar”. ¡Ah, sea Dios verdadero y todo hombre mentiroso, aunque nadie pueda creer esto, excepto sólo quienes ya lo han probado! No os engañéis, vosotros, jóvenes; el mundo tiene muchas delicias sensuales y pecani1nosas. las delicias de las comidas y bebidas ﷓﷓digamos banquetes y banqueteos, las delicias de ir a la moda hasta el extremo de vivir esclavos de. ella, las delicias de las fiestas y del baile. Nadie que sea sabio ﷓ni yo mismo﷓ negará que estas cosas son cosas deliciosas al corazón natural, pero ¡oh! perecerán y terminarán con el castigo eterno. Sentarse bajo la sombra de Cristo, apesadumbrado y quebrantado por el temor de la ira de Dios, entristecido por el cansancio de una estéril búsqueda de la salvación que ofrecen quienes no son salvadores y encontrar al fin descanso verdadero bajo la sombra de Cristo, ¡ah, esto id que es una gran delicia! ¡Señor, que siempre permanezca cobijado bajo esta sombra!

Hay personas que abrigan sus temores con respecto al gozo cristiano. Ellas mismas no lo tienen y les desagrada verlo en otros. Su religión es algo así como las estrellas, muy altas y muy claras, pero también muy frías. Cuando en otros ven lágrimas de ansiedad o lágrimas de gozo, protestan diciendo: ¡entusiasmo, entusiasmo! Bien, entonces apelemos “a la ley y al testimonio”. “Su fruto fue dulce, agradable a mi paladar” o como traducen otros textos: “bajo su sombra me senté con gran delicia”. ¿ Es entusiasmo esto?

¡Que el Señor pueda henchirnos con el gozo y la paz inefables de la le! Si ellos, el gozo y la paz, realmente tienen como fundamento la palabra de Dios y están amparados bajo la sombra de Cristo, nada habrá que impida vuestro gozo. no habrá ataduras para vuestra alegría. ¡Oh, si Dios abriese solamente vuestros ojos y os diese una fe sencilla, infantil, para mirar a Cristo, para sentaros bajo su sombra, entonarías entonces himnos de gozo que brotarían de vuestras entrañas. “Gozáos en el Señor siempre; otra vez os digo que os gocéis”.

En tercero y último lugar, porque el fruto de Cristo es dulce al paladar. Todos los verdaderos creyentes no sólo se sientan bajo la sombra de Cristo, sino que además participan de su delicioso fruto. Del mismo modo que cuando vosotros os sentáis debajo de un manzano, el fruto pende sobre vosotros y en derredor. vuestro a vuestro alcance y os invita a alargar la mano para llevároslo a la boca, así también cuando venís a someteros a la justicia de Dios y os halláis, inclinada vuestra cabeza, sentados bajo la sombra de Cristo, todas las demás cosas os son añadidas. Las misericordias de que nos rodea Dios, las que podríamos llamar temporales, son dulces al paladar. Solamente en aquellos de vosotros que sois verdaderamente cristianos y que os sentáis bajo la sombra de las bendiciones temporales de Cristo y de las misericordias del pacto, se cumplirá aquella promesa bíblica que dice: “Se le dará su pan y sus aguas serán ciertas”. Éstas son dulces manzanas del árbol de Cristo. ¡Oh, cristianos! decidme, ¿no os es el pan más dulce cuando lo coméis así, con tal confianza? ¿No es el agua más deliciosa que el vino, y las legumbres de Daniel mejor que las golosinas de la mesa del rey?

Las aflicciones son dulces al paladar. Toda buena manzana tiene algo de amargor. As! sucede con las manzanas del árbol de Cristo. Él nos rodea de aflicciones, tanto como de misericordias y bienes; así hace que a veces nuestros dientes tengan dentera con el amargor. Sin embargo, aun esto constituye una bendición, aunque oculta, y forma parte de los dones que nos han sido legados con su bendito pacto. ¡Oh! la aflicción es una tragedia cuando no se está bajo la sombra de Cristo. Pero ¿sois cristianos? Mirad, pues, a vuestras penas como manzanas del bendito árbol. Si supieseis cuán saludables os han de resultar, en modo alguno desearíais que os faltasen. “El dolor que es según Dios, obra arrepentimiento saludable, de que no hay que arrepentirse; mas el dolor del siglo obra muerte” (2 Cor. 7:10). Algunos de vosotros sabéis que no digo ninguna contradicción al afirmar: “Estas manzanas, aunque amargas, son dulces a mi paladar”.

Los dones del Espíritu son dulces al paladar. ¡Ah? he aquí el mejor fruto que produce el árbol, he aquí las más finas y sabrosas manzanas colocadas en las ramas más altas del árbol. Los creyentes saben cuán a menudo su alma desfallece. He aquí ahora alimento para vuestra alma decaída. Todo lo que necesitáis está en Cristo. “Bástate mi gracia”. Querido hermano, siéntate mucho bajo aquel árbol, confórtate mucho con su alimento. “Sustentadme con frascos, corroboradme con manzanas, porque estoy enferma de amor”.

Las promesas de la gloria son dulces al paladar. Algunas de las manzanas tienen ﷓diríamos﷓﷓﷓ sabor “a cielo”. Comed de ellas, amados creyentes. Algunas dé las manzanas de Cristo os harán disfrutar tanto como se deleitaron los israelitas al comer de la fruta de Canaán, al comer los deliciosos racimos de Escol. “¡Señor, dame siempre de estas manzanas, porque son dulces a mi paladar!”

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LA CRUZ DE CRISTO (LA VINDICACION DE LA CAUSA DE DIOS)

LA CRUZ DE CRISTO

(LA VINDICACION DE LA CAUSA DE DIOS)

Por D. M Lloyd Jones

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“Al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar su justicia en este tiempo: para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” Romanos 3:25-26

Con el fin de dirigir su atención a las grandes palabras que se encuentran en el capítulo 3, versículo 25 y 26, de la epístola de Pablo a los Romanos, quiero recordarle nuevamente que en muchos sentidos, no hay versículos más importantes en todo el alcance y esfera de las Escrituras, que estos dos versículos. En ellos tenemos la afirmación clásica de la gran doctrina central de la Expiación. Este es el porqué los consideraremos muy cuidadosa y detalladamente. Algunos han descrito esto como “El acrópolis de la fe cristiana”.

Podemos estar seguros de que no hay nada que la mente humana pudiera jamás considerar, que sea en alguna manera tan importante como estos dos versículos. La historia de la iglesia muestra muy claramente, que estos versículos han sido el medio que Dios El Espíritu Santo ha usado para traer muchas almas de las tinieblas a la luz, y para dar a muchos pobres pecadores, el primer conocimiento salvador y su primera certidumbre de salvación.

Déjeme darle un bien conocido y notable ejemplo e ilustración fuera de la historia. Me estoy refiriendo al poeta William Cowper. El nos dice que se encontraba en su cuarto, en gran agonía de su alma, y bajo una profunda y terrible convicción. El no podía encontrar la paz, y estuvo caminando de un lado a otro, casi al punto de la desesperación, sintiéndose completamente sin esperanza, no sabiendo qué hacer consigo mismo. Repentinamente, en completa desesperación, se sentó en una silla frente a la ventana del cuarto. Había una Biblia allí, así que él la tomó y la abrió, y así vino a este pasaje y esto es lo que él nos dice: “El pasaje que encontraron mis ojos fue el versículo 25 del tercer capítulo de Romanos. Al leerlo, de inmediato recibí poder para creer. Los rayos del Sol de Justicia cayeron sobre mí en toda su plenitud. Yo vi la completa suficiencia de la expiación, en la cual Cristo ha forjado para mi, perdón y entera justificación. En un instante yo creí y recibí la paz del evangelio. Si el brazo del Dios Todopoderoso no me hubiera sustentado, yo creo que habría sido aplastado de gratitud y gozo. Mis ojos estaban llenos de lágrimas; este arrobamiento ahogó mis palabras. Yo solamente podía mirar hacia el cielo en silencioso temor, sobrecogido con amor y asombro”. Esto fue lo que este versículo 25 del capítulo tres de la epístola a los Romanos, hizo por el famoso poeta William Cowper y ha hecho la misma cosa por muchos otros.

Déjeme recordarle otra vez lo que el pasaje dice. Es la continuación de lo que el apóstol ha estado diciendo en el versículo 24. Es la gran buena nueva de que ahora es posible para nosotros, ser “justificados gratuitamente por su gracia, por la redención que es en Cristo Jesús”. En otras palabras, ahora hay un camino de salvación aparte de la ley, el cual no depende de nuestra observancia a la misma. Este es el camino gratuito que es en Cristo.

Dios nos ha rescatado en Cristo, y estos versículos 25 y 26 explican cómo este rescate ha tenido lugar. Pero, ¿Por qué tuvo que pasar algo como esto? ¿Cómo ocurrió algo así? En este capítulo, el apóstol ya ha considerado dos de las grandes palabras que explican esto. Ellas son las palabras “propiciación” y “sangre”. Ya nos ha dicho que la redención adquirida en esta manera, viene a nosotros a través de la instrumentalidad de la fe.

Pero el apóstol no se detiene en esto, él dice algo más. Veamos nuevamente la afirmación: “Al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar su justicia en este tiempo: para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Rom. 3:25-26). ¿Por qué el apóstol continuó hasta decir todo esto? ¿Por qué no lo dejó en su primera afirmación? ¿Cuál es el significado de esta afirmación adicional?

Para descubrir la respuesta debemos considerar una vez más estos términos. El primero es el término “ha propuesto”. Esto significa ‘manifestar’, ‘hacer claro’. Aquí está, obviamente, algo que es de vital interés para nosotros, nos lo dice de una vez; que la muerte del Señor Jesucristo en el calvario no fue un accidente, sino que fue la obra de Dios. Fue Dios quien “propuso a Cristo” allí. Cuán a menudo la gloria completa de la cruz es perdida cuando los hombres la sentimentalizan de alguna manera y dicen: “Oh, El fue tan bueno con el mundo, El era tan puro. Sus enseñanzas fueron tan maravillosas; y los crueles hombres le crucificaron”. El resultado de esto es que las personas comienzan a sentir lástima por El, olvidándose de que El mismo se volvió a las hijas de Jerusalén, quienes comenzaban a sentir lástima por El para decirles: “…no me lloréis a mí, mas llorad por vosotras mismas” (Luc. 23:28). Si nuestra opinión de la cruz de Cristo es tal que nos hace sentir lástima por El, esto significa que nunca la hemos visto verdaderamente.

Es Dios quien le “ha propuesto”. No fue un accidente, sino algo deliberado. De hecho, el apóstol Pedro predicando en el día de Pentecostés, dijo que todo había pasado por el “determinado consejo y providencia de Dios” (Hech. 2:23). Dios le “ha propuesto”.

Este término también enfatiza el carácter público de la acción. Es un gran acto público de Dios. Dios ha hecho aquí algo en público, en la escena de la historia del mundo, con la finalidad de que esto pudiera ser visto, que pudiera mirarse y ser recordado de una vez y para siempre. Esta fue la acción más pública que jamás hubiera tenido lugar. De este modo Dios ha propuesto a Jesucristo públicamente, como una propiciación por la fe en su sangre.

Esto nos conduce a una pregunta vital: ¿Por qué hizo Dios esto? ¿Por qué ocurrió? ¿Qué fue (si se me permite preguntar con reverencia) lo que condujo a Dios a hacer esto? ¿Acaso tuvo algún propósito en hacerlo? La mejor respuesta puede encontrarse viendo los términos uno por uno. Luego los consideraremos como un todo y veremos exactamente, porqué el apóstol sintió que era vital y esencial agregar esto a lo que ya había dicho.

En primer lugar aparece el término “manifestar”, “para manifestación de su justicia”. Esto significa: ‘mostrar’, ‘enseñar’, ‘dar una muestra evidente’, ‘probar’, ‘demostrar’. Dios ha hecho esto, dice Pablo, con el fin de que Cristo de este modo pudiera rescatarnos, a través de dar una ofrenda propiciatoria. Sí, pero en adición a esto, Dios está “manifestando” algo aquí, está mostrando algo, está enseñando y dando una muestra evidente de algo. ¿De qué? “De su justicia”. Debemos tener cuidado con esta expresión, porque este término está usado también en el versículo 21.

Es un tanto desafortunado que el mismo término sea usado para referirse a dos ideas ligeramente diferentes. En el versículo 21 esta palabra significa simplemente, “un camino de justicia”. “Mas ahora, (dice) se ha manifestado la justicia de Dios sin la ley” (Rom. 3:21).

En otras palabras, lo que esto significa es, que se ha manifestado el camino de Dios para hacer justos a los hombres, el camino de Dios para dar a los hombres justicia.

Pero en el versículo 25 no significa esto. En este versículo dice que Dios ha hecho algo a través de lo cual, El manifiesta su justicia; no la justicia que El nos da a nosotros, sino más bien la justicia como uno de sus atributos gloriosos. Esta significa la equidad de Dios, significa la rectitud judicial de Dios, significa la esencia moral, santa, justa y recta del carácter de Dios. El dice nuevamente en el siguiente versículo (vers.26): “… para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe (al que cree) de Jesús”. Es decir, en la cruz Dios está declarando su propia rectitud, su propio carácter justo, su propia esencial e inherente rectitud y justicia.

La siguiente frase es “atento a haber pasado por alto”. Dios está declarando su justicia “con respecto a”, “a cuenta de” la remisión de los pecados pasados.

(Nota del Traductor: En la Versión en inglés aparecen en el vers. 25 las palabras “for” y “remission” ‘To declare his righteousness for the remission of sins that are past’, que se traduciría como: ‘para manifestar su justicia por la remisión de los pecados pasados’. Este es el motivo por el cual el autor hace los comentarios respecto a tales palabras, y éstas no coinciden con las versiones en español; las cuales traducen “atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”.)

Vea la palabra “remisión” en su Versión Autorizada y encontrará que esta palabra es usada varias veces; pero si usted se toma la molestia de buscar la palabra usada en el griego, usted hará un muy interesante descubrimiento acerca de la palabra que el apóstol usó aquí (la cual es traducida como “remisión” en la versión en inglés), descubrirá que este es el único lugar donde fue usada en todo el Nuevo Testamento. El apóstol Pablo no la usó en ningún otro lugar y nadie más la usó del todo. Hay otra palabra que es traducida también como “remisión”, y en sus varias formas, usted puede encontrarla 17 veces en el Nuevo Testamento; pero esta palabra la cual tenemos aquí en el vers. 25, es usada solamente una vez y en realidad no significa “remisión”, sino que significa “pretermisión”.

Esta es una palabra importante y debemos examinarla. ¿Qué significa “pretermisión”? ¿Qué significa “pretermitir pecados” en distinción de “remitir pecados”? Esta es una palabra que fue usada en la Ley Romana. Cuando uno la encuentra en la Ley Romana, generalmente es usada en este sentido: Se refiere a una persona que ha hecho un testamento y ha dejado a alguien fuera de su testamento. Imagine a un hombre haciendo un testamento y dejando algo a varios de sus amigos. Pero hay un amigo al cual no le dejó nada, esto es “pretermisión”. El dejó a su amigo fuera de su testamento; no lo consideró.

Esto significa, si usted quiere, “pasar por alto”. Aquel hombre dio algo a todos sus parientes y amigos, pero pasó por alto a uno, esto es pretermitir. Esta es la palabra que es usada aquí en el vers. 25, “pasar por alto”, “excusar”, “no hacer caso de”, “permitir que pase sin notarlo”, “ignorar intencionalmente”. Estos son los significados que fueron dados a esta importante palabra la cual el apóstol deliberadamente escogió en este versículo.

(Nota del Traductor: El diccionario Larousse por Ramón García-Pelayo y Gross define la palabra ‘pretermisión’ como: Omitir, pasar en silencio alguna cosa.)

Ahora, cuando el apóstol hace una cosa como ésta, él debe haber tenido una buena razón para hacerlo, no hizo tal clase de cosa accidentalmente. ¿Por qué no usó la palabra que había usado en otras partes? ¿Por qué esta palabra aquí y solo aquí? Y ¿Por qué esta palabra particular que significa “pasar por alto”? Claro, debido a que obviamente el significado expresa la idea “pasar por alto”. Así que, en lugar de traducir “por la remisión de los pecados pasados”, deberíamos leer: “atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”, “por no haber hecho caso intencionalmente, en su paciencia, de los pecados pasados”. Podemos decirlo de otra manera. La diferencia entre “remisión” y “pretermisión” es la diferencia entre “perdonar” y “no castigar”. Usted puede decir que esto es una exageración, que esta es una distinción sin diferencia. Pero esto no es así. Por supuesto, al final viene a ser la misma cosa. Si yo no castigo a un hombre, en un sentido lo he perdonado y sin embargo, todavía no he hecho eso completamente. Si yo perdono, ciertamente no he castigado; pero perdonar significa más que no castigar. Entonces, este término “pretermisión”, “pasar por alto”, queda corto con la palabra “remisión”; y este es el porqué es una pena que la Versión Autorizada tenga “remisión” aquí, debiendo ser “pasar por alto” o “no hacer caso intencionalmente”.

La siguiente frase que veremos es “los pecados pasados”. “Atento a haber pasado por alto los pecados pasados”. Otra vez la Versión Autorizada no es tan buena como debería.

Tomando la Versión autorizada usted podría llegar a la conclusión que el apóstol está diciendo, que Dios pasa por alto los pecados “pasados”, los pecados pasados de cualquiera; por ejemplo: mis pecados pasados, sus pecados pasados, “los pecados pasados” en general.

Pero esto no es lo que el apóstol estaba diciendo, esto no es lo que él quería decir. Una mejor traducción aquí podría ser: “pecados que fueron cometidos antiguamente”. El se está refiriendo a un tiempo muy definido. Este es el tiempo que él contrasta en el siguiente versículo, con “en este tiempo” (vers. 26). Hubo aquel tiempo, luego este tiempo. El dice: ‘Dios ha propuesto a Cristo, en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados que fueron cometidos antiguamente, con la mira de manifestar su justicia en este tiempo…’

¿Qué es lo que él está viendo atrás? El está viendo atrás hacia la Antigua Dispensación. El está diciendo que Dios pasó por alto pecados bajo la antigua dispensación, bajo el pacto antiguo, en los tiempos del Antiguo Testamento. Su punto es que Dios ha hecho esto, y ahora ha propuesto a Cristo para hacer algo, acerca de lo que El hizo en aquel entonces.

Esto nos trae a la última palabra que tenemos que considerar, la cual es la palabra “paciencia” o “indulgencia”. ¿Qué es la paciencia o indulgencia? Paciencia significa ‘autorefrenamiento’ (autocontrol), significa ‘discrepancia permitida’, ‘tolerancia’. ¿Qué es lo que exactamente está diciendo aquí el apóstol? Dice: “A quien Dios ha propuesto, en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento a haber pasado por alto, en su autorefrenamiento o paciencia, los pecados que fueron cometidos antiguamente…”

¿Qué quiere decir esto? Lo que Pablo está diciéndonos es que este acto público que Dios

decretó y consumó en el calvario, tiene relación también con las acciones de Dios bajo la dispensación del Antiguo Testamento, cuando Dios intencionalmente no hizo caso, cuando Dios pasó por alto, por su autorefrenamiento y paciencia, los pecados de su pueblo de aquel tiempo.

Pero ¿Qué es lo que todo esto significa? Podemos responder en una manera muy interesante a esta pregunta, viendo la misma clase de afirmación en otros dos lugares en el Nuevo Testamento.

¿Recuerda usted cómo habló el apóstol Pablo a la congregación de los estoicos, los epicúreos y otros en Atenas? El informe nos es dado en el capítulo 17 del libro de Los Hechos de los Apóstoles, comenzando particularmente en el versículo 30. El apóstol elaborando su argumento dice: “Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia a todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan” (Hech. 17:30).

Observe como él elabora su gran argumento. El dice, Dios no se ha dejado a sí mismo sin testimonio a través de todas estas generaciones y siglos. Dios ha dejado sus evidencias y señales. Y el propósito fue que la gente pudiera buscar al Señor, “si en alguna manera, palpando, le hallen; aunque cierto no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en el vivimos y nos movemos y somos; como también algunos de vuestros poetas dijeron, porque linaje de este somos también. Siendo pues linaje de Dios, no hemos de estimar que la divinidad sea semejante a oro, o a plata, o a piedra, escultura de artificio o de imaginación de hombres. Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia a todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan. Por cuanto ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón al cual determinó; dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Vea Hech.17:27-31).

El otro pasaje es el versículo 15 del capítulo nueve de la Epístola a los Hebreos: “Así que, por eso es mediador (Cristo) del nuevo testamento, para que interviniendo muerte para la remisión de las rebeliones que había bajo del primer testamento, los que son llamados reciban la promesa de la herencia eterna”. Ahora, esto es precisamente la misma cosa. Hebreos 9:15 dice exactamente la misma cosa que el apóstol está mencionando en Romanos 3. Entonces, el verdadero comentario de nuestro versículo se encuentra en la afirmación de Hebreos, donde vemos que el autor estaba ansioso de que sus lectores pudieran entender claramente acerca del antiguo pacto y de los sacrificios y ofrendas que las personas ofrecían a Dios bajo este antiguo pacto. Ellos deberían entender y tener muy claro en sus mentes, que estos sacrificios nunca fueron capaces de producir un perdón completo de pecados; y que no podían expiar el pecado. Estos sacrificios podían hacer algo, dice el apóstol, ellos fueron de valor para “la purificación de la carne”. “…la sangre de los toros y de los machos cabríos, y la ceniza de la becerra, rociada a los inmundos, santifica para la purificación de la carne” (Heb.9:13).

Pero estos sacrificios no podían hacer nada más. Ellos no podían tratar con la consciencia.

Esta era la dificultad, y todavía todo el problema es con respecto a la consciencia. Pero, si la sangre de los toros y de los machos cabríos podía purificar la carne, “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de las obras de muerte para que sirváis al Dios vivo?” (Heb. 9:14). Lo cual “era figura de aquel tiempo presente, en el cual se ofrecían presentes y sacrificios que no podían hacer perfecto, cuanto a la consciencia, al que servía con ellos; consistiendo solo en viandas y en bebidas, y en diversos lavamientos, y en ordenanzas acerca de la carne, impuestas HASTA el tiempo de la corrección. Mas (ahora) estando ya presente Cristo, pontífice de los bienes que habían de venir…” (Heb.9:9-11) y así sigue.

¿Entiende el argumento? Lo que el apóstol está diciendo es que bajo el antiguo pacto, bajo la antigua dispensación, no hubo provisión para tratar con los pecados en un sentido radical. Eran simplemente medios pasajeros, como lo fueron, que duraron hasta el tiempo señalado. Estos antiguos sacrificios y ofrendas daban cierta clase de purificación de la carne, proporcionaban una purificación ceremonial, hacían apta a la persona para acudir a Dios en oración. Pero no había sacrificio bajo el Antiguo Testamento que tratara realmente con el pecado. Todo lo que estos sacrificios hacían era señalar hacía adelante, al sacrificio que había de venir, el cual realmente trataría con el pecado, limpiando las conciencias de las obras muertas y reconciliando verdaderamente al hombre con Dios.

Lo que usted quiere decir con esto, preguntaría alguno, es: ¿Acaso, que los santos del Antiguo Testamento no eran perdonados? Por supuesto que no. Ellos eran obviamente perdonados y ellos agradecieron a Dios su perdón. Usted no puede decir ni por un momento que personas como Abraham, David, Isaac y Jacob no fueron perdonados. Sin embargo, ellos no fueron perdonados debido a estos sacrificios que fueron ofrecidos en aquel entonces.

Ellos fueron perdonados debido a que ellos miraban hacía Cristo. Ellos no vieron esto claramente, no obstante, creyeron la enseñanza, y ellos hicieron estas ofrendas movidos por la fe. Ellos creyeron en las promesas de Dios, que un día El iba a proveer un sacrificio y por medio de la fe, ellos se sostuvieron en esto. Pero fue su fe en Cristo lo que les salvó, igualmente como es la fe en Cristo lo que nos salva ahora. Este es el argumento.

Pero, en un sentido esto nos deja con un problema. Dios siempre se ha revelado a sí mismo como un Dios que aborrece el pecado. El ha anunciado que castigaría el pecado, y que el castigo del pecado era la muerte. El ha anunciado que el derramaría su ira sobre el pecado y sobre los pecadores. Y sin embargo, aquí estaba Dios por siglos, aparentemente, y de toda apariencia, yendo atrás acerca de Sus propias afirmaciones y de acerca de Su propia Palabra. El parecía no estar castigando el pecado. El estaba pasándolo por alto del todo. ¿Acaso Dios ha cesado de estar preocupado por estas cosas? ¿Acaso Dios ha venido a ser indiferente hacia el mal moral? ¿Cómo puede Dios pasar por alto el pecado de esta manera? Este fue el problema. Y fue un verdadero problema. Es claro que la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra no podían realmente perdonar el pecado. Y sin embargo, Dios pasaba por alto estos pecados. ¿Cómo podía El hacer esto?

¿Qué es lo que justifica esta “paciencia de Dios”?

Ahora, dice el apóstol, Dios nos ha realmente explicado lo que El hizo en público delante del mundo entero, en la escena y teatro del mundo entero, con Cristo en el calvario. El retuvo su ira a través de siglos y no la reveló completamente entonces; pero ahora, El la ha revelado completamente. El lo ha declarado ahora. Pablo dice, “con la mira de manifestar” (Rom. 3:26), y repetiré que, ésta era una de las cosas que estaban ocurriendo en la cruz.

En la cruz, en el monte calvario, Dios estaba dando una explicación pública de lo que El había estado haciendo a través de los siglos. Y a través de ello, al mismo tiempo, El estaba vindicando su propio eternal carácter de justicia y santidad.

¿Cómo hizo Dios exactamente esto? ¿Cómo ha hecho Dios esto en el calvario? ¿Cómo ha vindicado El su carácter? ¿Cómo ha dado Dios una explicación de su “haber pasado por alto” los pecados en el tiempo antiguo, de su autorefrenamiento y tolerancia? Hay una sola manera en la cual El podría hacer esto. Dios ha afirmado que aborrece el pecado, que El castigará el pecado, que el derramará su ira sobre el pecado, y sobre todos aquellos culpables de pecado. Por lo tanto, a menos que Dios pueda probar que ha hecho esto, entonces El no es justo. Y lo que el apóstol está diciendo es que, precisamente en el calvario Dios ha hecho esto. El ha mostrado que aún aborrece el pecado, que El lo va a castigar, que El debe castigarlo, que El derramará su ira sobre El. ¿Cómo mostró esto en el calvario? Lo que Dios hizo en el calvario fue derramar sobre su unigénito y amado Hijo, su ira contra el pecado. La ira de Dios que debería haber venido sobre usted y sobre mí debido a que nuestros pecados eran sobre El.

Dios siempre supo que El iba a hacer esto. Leemos en las Escrituras acerca del “cordero que fue inmolado antes de la fundación del mundo” (Apoc. 13:8). Fue un plan que tuvo su origen en la eternidad. Fue debido a que Dios sabía lo que iba a hacer, que El fue capaz de pasar por alto el pecado durante todos esos siglos que han transcurrido. De esta manera, usted puede ver, dice el apóstol, que Dios es al mismo tiempo el Justo y El que justifica al impío que cree en Cristo. Este era un tremendo problema, ¿Cómo podía Dios permanecer como Santo y Justo, y tratar con el pecado tal como El dijo que lo iba a hacer y todavía perdonar al pecador? La respuesta solo puede ser encontrada en la cruz del calvario. Esto es una parte esencial de lo que es declarado a través de la cruz.

Dios tenía que vindicar lo que El había estado haciendo en el pasado bajo el antiguo pacto. Pero El tenía algo más que hacer, nos dice en el versículo 26: “Con la mira de manifestar su justicia en ESTE TIEMPO”. El ya nos ha explicado cómo es que Dios pudo pasar por alto todos esos pecados en el pasado. Pero, ¿Cómo trata con el pecado ahora? ¿Cómo tratará con los pecados en el futuro? La respuesta está también allí en la cruz del monte calvario. La enseñanza en otras palabras es esta: La cruz en el calvario, la muerte del Señor Jesucristo, tal como el apóstol Juan señala en su Primera Epístola (1Jn.2:2), “es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”.

(Nota del Traductor: En este versículo la palabra mundo significa que Cristo murió por los pecados no solo de los judíos, sino también de los gentiles. Como dijo la samaritana, El es “el Salvador del mundo” y no solo del pueblo israelita. Note el paralelo del versículo en la Primera Epístola de Juan y el pasaje de (Jn. 11:51-52). Note también el uso paralelo de la palabra gentiles y mundo hecho por el apóstol Pablo en Rom. 11:11-12. Este uso fue muy necesario debido al recalcitrante prejuicio judío hacia los gentiles, el cual era tanto, que el solo oír la palabra “gentil” les molestaba grandemente (vea Hech.22:21-22). Este es el significado de la palabra mundo aquí; de otro modo, si se argumentara que la muerte de Cristo abarcó a todos y cada uno de los miembros de la raza humana, entonces, estaríamos diciendo que los incrédulos se van al infierno “con la cuenta pagada” o que Dios castiga doble el pecado, es decir, en su propio Hijo y en el pecador. Además, es necesario tomar en mente que Cristo no sufrió por los pecados de ninguna persona que ya estaba en el infierno cuando El murió. Si el lector está interesado en comprender el propósito y alcance de la expiación de Cristo, le recomendamos la lectura del libro de “Vida por su Muerte” del Dr. John Owen).

Los pecados fueron tratados de una vez por todas en la cruz. Es en la cruz que fueron provistos los medios para que todos los pecados bajo la antigua dispensación, los pecados que El había perdonado a Abraham, Isaac, Jacob y todos los creyentes del Antiguo Testamento, pudieran ser de este modo ‘pasados por alto’. Sus pecados estaban incluidos en el monte calvario. Sí, dice Pablo, y los pecados que están siendo perdonados ahora, también fueron tratados allí. Y todos los pecados que serán cometidos también fueron tratados allí.

Este es el asombroso asunto acerca del Cristo del calvario, El murió ‘de una vez por todas’ este es el gran argumento de la Epístola a los Hebreos, usted lo recuerda. Los otros sacrificios tenían que ser ofrecidos día tras día. Había una sucesión de sacerdotes y ellos tenían que ofrecer sus sacrificios frescos cada vez. Pero este hombre (Jesucristo) ha ofrecido por los pecados “un solo sacrificio para siempre” (Heb.10:12). El ha tratado con todos los pecados de su pueblo allí. No se necesita ninguno más. No se necesita otro nuevo sacrificio, este ha sido hecho una sola vez y para siempre (vea Heb.7:27). Dios los puso todos sobre El allí en la cruz; los pecados que usted aún no ha cometido ya han sido tratados allí.

Este es el significado del perdón y solamente esto. Tiempo pasado, pecados cometidos antes, pecados cometidos ahora y en todo tiempo; ésta es la justificación provista por Dios para perdonar cualquier pecado donde quiera que se haya cometido.

Esto es lo que el apóstol está diciendo aquí. Todo pecado es perdonado sobre estas bases y solo sobre éstas. La cruz declara que Dios es “el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Rom. 3:26). Déjeme ponerlo de esta manera. La cruz del calvario no manifiesta meramente que Dios nos perdona. Hace esto, pero gracias a Dios, esto no para allí. Si la cruz solamente pusiera de manifiesto esto, el apóstol podría haber terminado el versículo con la palabra “sangre” (vers.26) y no habría necesidad de más. Pero él no se detiene allí, sino que sigue adelante. Continúa en el versículo 25 y además añade el versículo 26. ¿Por qué? Porque la cruz no es solamente la manifestación de que Dios está listo para perdonarnos.

Otra manera en que puedo explicarlo es lo siguiente: La cruz no fue puesta meramente para influirnos. Aunque esto es lo que la enseñanza popular nos dice. Nos dice que el problema con la raza humana es que ellos no conocen el amor de Dios, no conocen que Dios ya está listo para perdonar a todo el mundo. ¿Cuál es entonces el significado de la cruz? Bien, ellos nos dicen que es Dios diciéndonos que El nos ha perdonado; y luego, cuando vemos a Cristo muriendo en la cruz, esto quebrantará nuestros corazones y nos conducirá a ver esto. La cruz, de acuerdo con ellos, es dirigida solamente a nosotros y nos está hablando a nosotros. Pero, la cruz tiene un propósito mayor que éste y logra esta otra cosa también.

Nuestro perdón es solo una cosa; pero hay algo que es infinitamente más importante. ¿Cuál es? Es el carácter de Dios. Entonces, la cruz, además de decirnos que éste es el camino de Dios para hacer posible el perdón, nos dice que el perdón no es una cosa fácil para Dios. Hablo con reverencia. ¿Por qué el perdón no es una cosa fácil para Dios? Sencillamente porque Dios no es solamente amor, Dios también es justo y recto y santo. El es luz, y en él no hay ningunas tinieblas (1Jn. 1:5). El es tanto recto y justo, como también amor. No estoy poniendo estos atributos uno contra otro. Estoy diciendo que Dios es todas estas cosas juntas, y usted no debe dejar fuera una por otra.

Entonces, la cruz no nos dice solamente que Dios perdona, nos dice que esta es la manera de en que Dios hace posible el perdón. Esta es la manera en la cual comprendemos el cómo Dios perdona. Iré más lejos: ¿Cómo puede Dios perdonar y permanecer aún como Dios?

(Nota del traductor: Es decir como un Dios justo y santo que no tendrá por inocente al malvado.)

Esta es la cuestión, y la respuesta es que la cruz es la vindicación de Dios. La cruz es la vindicación del carácter de Dios. La cruz no solamente nos muestra el amor de Dios más gloriosamente que ninguna otra cosa, también nos muestra su rectitud, su justicia, su santidad, y toda la gloria de sus eternos atributos. Todos ellos pueden verse brillando juntos allí en la cruz. Si usted no los ve allí a todos ellos, usted no ha visto la cruz. Este es el porque debemos rechazar totalmente la así llamada “teoría de la influencia moral” de la expiación, la cual he estado describiendo. Esa teoría la cual nos dice que todo lo que la cruz tiene que hacer, es quebrantar nuestros corazones y luego conducirnos a ver el amor de Dios.

Por encima y más allá de esto, dice Pablo, Dios está manifestando su “justicia, atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”. Si la cruz no es más que la manifestación de su amor, entonces ¿Porqué dice esto? No, dice Pablo, la cruz es más que esto. Si la cruz está proclamando solamente Su perdón, entonces nosotros tendríamos derecho a preguntar, si todavía podemos depender de la Palabra de Dios, y si el es justo y recto. Esta sería una buena pregunta debido a que, repetidamente en el Antiguo Testamento, Dios ha afirmado que El aborrece el pecado, y que El lo castigará, y que el salario del pecado es la muerte. El carácter de Dios está involucrado en todo esto, Dios no es un hombre. Algunas veces nosotros pensamos que es algo maravilloso para las personas decir una cosa, y luego hacer otra. Los padres dicen a sus hijos, ‘Si tú haces tal cosa, no te daré dinero para que compres tus dulces’. Entonces el niño hace aquello, pero el padre dice, ‘Bueno, está bien’, y enseguida le da dinero para gastar. Esto, llegamos a pensar, es amor y perdón verdaderos. Pero Dios no se conduce de esta manera. Dios, si quizás puedo decirlo de este modo, es eternamente consistente consigo mismo. No hay contradicción en El. El es el “Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Stg.1:17).

Todos estos atributos están y deben ser vistos brillando como diamantes en su carácter eternal, y todos deben ser mostrados. En la cruz todos ellos son manifestados.

¿Cómo puede Dios ser justo y justificar al impío? La respuesta es que El puede, debido a que en la cruz ha castigado los pecados de los pecadores impíos en su propio Hijo. El ha derramado Su ira sobre El, “…el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa.53:5). Dios ha hecho lo que dijo que El haría; El ha castigado el pecado. El proclamó esto por todas partes a través de todo el Antiguo Testamento, y El ha hecho lo que dijo que El haría. El ha mostrado que El es justo y recto. El ha hecho en la cruz una declaración pública de esto. El es justo y puede justificar, debido a que habiendo castigado a otro en nuestro lugar, El puede perdonarnos gratuitamente. Y El lo hace así.

Este es el mensaje del versículo 24: “Siendo justificados (considerados, declarados, pronunciados ‘justos’) gratuitamente por su gracia, por la redención (el rescate) que es en Cristo Jesús; al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre” (Rom. 3:24-25). De este modo el declara su justicia por haber pasado por alto estos pecados en su tiempo de autorefrenamiento. “Con la mira de manifestar” su justicia entonces, y ahora, y siempre al perdonar pecados. De esta manera El es, el único y al mismo tiempo, el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

Tal es la grande, gloriosa y maravillosa afirmación. Asegúrese de que éste sea su punto de vista, y de que su entendimiento de la cruz, incluya la totalidad de ella. Examine su punto de vista acerca de la cruz. Donde está la afirmación acerca de “manifestar su justicia” y siga adelante, póngalo en su pensamiento: ¿Es esto algo que usted simplemente se salta y dice: ‘Bien, no sé qué es lo que esto quiere decir; todo lo que yo sé es que Dios es amor y que El perdona’? Pero, usted debería saber el significado de esto, porque esta es una parte esencial del glorioso Evangelio.

En el calvario Dios estaba haciendo un camino de salvación para que usted y yo pudiéramos ser perdonados. Pero El tuvo que hacerlo de tal manera que su carácter quedara inviolable, que su eterna consistencia permaneciera absoluta e inquebrantable. Una vez que uno comienza a contemplar un asunto como éste, se da cuenta que ésta es la más tremenda, la más gloriosa, la más asombrosa cosa en el universo y en toda la historia humana. Dios está declarando en la cruz lo que El ha hecho por nosotros. Y al mismo tiempo está mostrando su propia grandeza eternal y gloria, declarando que El “…es luz, y en él no hay ningunas tinieblas” (1Jn.1:5). “Cuando contemplo la maravillosa cruz…” dice Isaac Watts, pero usted no podrá ver lo maravilloso de ella, hasta que usted la contemple realmente a la luz de esta gran afirmación del apóstol. Dios estaba mostrando públicamente en la cruz de una vez y para siempre, Su eterna justicia y Su eternal amor. Nunca debemos separar la una del otro, porque siempre permanecen juntos y pertenecen ambos atributos al glorioso carácter de Dios.

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dic

Gran maravilla

Gran maravilla

Por John Keble


Gran maravilla es que Jesús,
El Hijo eterno del gran Dios,
Muriese en la afrentosa cruz
Por un impío como yo.

Pero yo sé que es la verdad
Que al mundo pobre y vil bajó
Para sufrir y trabajar,
Tan sólo porque nos amó.

¡Cómo El, tan santo, pudo amar
un hombre torpe y pecador!,
Yo no lo sé, mas fue su afán
En dura cruz ganar mi amor.

A veces pienso yo en la cruz,
Mis ojos cierro y mi alma ve
Clavos, espinas y a Jesús
En un intenso padecer.

Pero ni aún viéndole espirar
Alcanzaría yo a medir
De aquel amor Ja intensidad
Que ardiendo siempre está por mí.

Me causa asombro ver su amor
Tan amplio, cariñoso y fiel,
Pero aun me asombra más que yo
Le tenga amor tan pobre a Él.

Pero Señor, Te quiero amar;
Inflama Tú mi corazón.
Y Te amaré yo más y más
Hasta gozar en tu mansión.

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La Iglesia que Jesucristo Construyo

La Iglesia que Jesucristo Construyo

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¿Qué es la Iglesia verdadera? Es la Iglesia que Jesucristo edifico, Él es el fundador de esta Iglesia, ningún hombre construye esta Iglesia pero Jesucristo Solamente, Él dijo “Yo edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” Mateo 16:18

En la construcción de un edificio siempre hay un plan, materiales y la supervisión del edificio.

1-    El Plan- Dios ha elegido una gran multitud de pecadores en Jesucristo, los cuales Él Salvara por la Soberana Elección de Gracia Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” Efesios 1:3-5

2-    Los Materiales- Jesucristo vino a la tierra a Redimir a cada uno de los Elegidos de Dios. Por Su Vida y Muerte el obtuvo la perfecta y completa Salvación para cada uno de los Elegidos de Dios sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” 1 Pedro 1:18,19

3-    La Supervisión del Edificio- El Espíritu Santo de Dios traerá a Jesucristo (nuestra fundación) todos los pecadores que fueron elegidos por Dios y redimidos por Jesucristo “alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” Hechos 2:47

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dic

¡Las cosas muertas nunca crecen!

¡Las cosas muertas nunca crecen!

Por John Angell James

Traducido Por Rommel José Antonio Flores

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Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.  Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto-Juan 15:1-2

¿Porque muchos de los que profesan ser cristianos nunca progresan en su vida espiritual y no hacen ningún esfuerzo para crecer en gracia? Porque no les importa, tomar una simple “profesión de fe” es lo que les importa, es su único deseo, pero crecer en gracia y en santidad, es un deseo muy lejos de ellos.

Ellos no quieren tener más…

Conocimiento experimental de la verdad,

Fe en Jesucristo

Semejanza a Dios

¡Ningún deseo de avanzar en tales cosas! ¿Es posible ser un cristiano pero indigente en el deseo de crecer en Gracia? ¡No, no es! ¡Le digo que, no es!

Si usted no tiene ninguna preocupación en crecer en Gracia-¡Es porque no hay Gracia en usted!

Usted es un pedazo de madera muerta-¡Y no una rama viva!

Usted es un cadáver espiritual –¡Y no un hombre vivo!

En este estado no puede haber crecimiento –¡Las cosas muertas nunca crecen!

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