PENIEL
PENIEL
Por Henry Law
“Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel.” GÉNESIS 32:30.
El corazón más feliz del mundo es aquel en que la fe y la oración reinan sin estorbos. La verdad de esta afirmación se deriva del hecho de que la fe tiene la llave del cielo; y la oración llega a oídos de Dios. ¿Y quién es tan feliz como el hombre que sabe que siempre puede entrar hasta detrás del velo, y tener allí dulce comunión?
Lector, posiblemente te gustaría ser feliz, como lo son otros. Pídele al Espíritu, pues, que avive esos dones hasta convertirlos en brillante llama. Vayamos a Peniel con este deseo, y esperemos allí hasta que el fuego santo se encienda.
Los días de servidumbre de Jacob han tocado a su fin. El hoyar le espera con sus muchos encantos. Pero al llegar a los limites de su país natal lo encuentra erizado de peligros. Esaú, con su furia terrible y sus fuerzas poderosas, ha salido a interceptarle y destruirle. Aquel vagabundo, que había salido huyendo de la muerte, se encuentra con ella al regresar.
Pero el terror no apaga la fe. Impulsado por ella, Jacob va directamente al trono de la misericordia, y allí se humilla reconociéndose indigno de las migajas de la gracia. La fe se despoja de todo para que toda la gloria sea de Dios. Sus peticiones se basan en que está en el sendero de la obediencia. Con mansedumbre reclama las promesas; porque las promesas de misericordia son los derechos de la esperanza.
La fe, que tan ocupada está en el cielo, no está ociosa sobre la tierra. Con cuidado y diligencia va sembrando la simiente de donde ha de brotar el éxito. Triunfa porque trabaja con la vista fija en lo alto. Pero la incredulidad fracasa porque mira hacia adentro, o hacia abajo.
Por fin los planes de Jacob quedan bien definidos. Las tinieblas cubren la tierra, pero no traen descanso para su cuerpo. Allí está, solo, a orillas del Jaboc. Aquí veremos de nuevo cómo la gracia aumenta su llama espiritual.
Puedes tener por seguro, lector, que no será un creyente constante y capaz el que no guste de estar a solas con Dios. Ni las ceremonias públicas, ni el culto de la congregación, ni la comunión cristiana, ni el intercambio de buenos pensamientos pueden sustituir al contacto placentero con Él. La sonrisa de Jesús es más dulce, y su voz más clara, cuando las demás cosas han desaparecido. Es entonces cuando la Palabra revela sus tesoros y las promesas aparecen rebosantes de vida.
Hay muchos que se lamentan de su espíritu sin vida y su trabajo estéril. La causa de esta sequedad es que se frecuentan demasiado los lugares bulliciosos, mientras que la cámara secreta se visita raramente.
Pero, ¿dura mucho la soledad de Jacob? ¡Oh, no! Un extraño se acerca repentinamente, y trabando de él forcejea con gran poder para detenerle, y derribarle a tierra. ¿Y quién es este que lucha en la calma de aquella noche solemne? La forma es humana, pero la persona es divina. En cierto lugar leemos: “Como un príncipe tú tienes poder con Dios”; por lo tanto el luchador es Dios; y Jacob confirma este hecho: “Vi a Dios cara a cara…” Y así, tras el velo de una aparente mortalidad, entrevemos al anunciador del pacto eterno, nuestro Emmanuel, Dios manifestado en la carne. Con Adán habló en el jardín en forma humana; como hombre, también, anduvo al lado de Abraham; y como hombre lucha aquí con el errante patriarca. Es, verdaderamente, una gran manifestación de la gracia que Jesús descendiera, en la semejanza de hombre pecador, a este suelo de pecado. Pero es todavía mayor gracia que, en el cumplimiento de los tiempos, Cristo incorporase nuestra humanidad a su divinidad, y la llevase a la cruz, luego al sepulcro, y por último ascendiese con ella al cielo, como su vestidura triunfal para siempre.
¿Cuál es la causa de esta lucha? Cada acción de Jesús viene a ser como un gran volumen repleto de enseñanzas doradas. Por esta razón, tanto Jacob como los peregrinos que le habían de seguir, descubren que la tierra prometida sólo se puede ganar luchando con fuerzas opuestas. Ejércitos de pruebas, tristezas, temores y problemas se alinean contra nosotros. Con toda su potencia
se proponen detener nuestro avance. Pensemos en José: no le fue tarea fácil escapar de aquellos enemigos tentadores. Pensemos en Job, y en David, en Pablo y los Apóstoles, y en los demás santos que brillan en las páginas de las Escrituras. ¡Cuántas luchas y peligros mortales les atormentaron! Pero lucharon con valor hasta derramar su sangre.
Lector, si has experimentado poco de este conflicto espiritual, tal vez se deba a que no estés en las huestes de Cristo. Examínate. ¿Estás verdaderamente en la fe? Si lo estás, recuerda que ante la cruz desenvainaste una espada que ya no tiene funda sobre la tierra, y que pocas veces halla un momento de reposo. Los que ganan la corona tienen que pelear la buena batalla. “El reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.”
No creamos que la lucha, aunque dura, fue corta. Duró “hasta que rayaba el alba”. La tierra es un valle de tinieblas y tristezas; pero dentro de poco las sombras se disiparán, y aparecerá el resplandor de una eternidad sin nubes. El fatigado peregrino entrará en la ciudad que “no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera”. Entonces, en aquel lugar perfecto, habrá descanso perfecto.
Algo que también nos llena de asombro, es la intrepidez de Jacob. Aunque no es más que un pobre gusano, no se deja aplastar. Se enfrenta con poder al poder; con fuerza a la fuerza; con pericia a la pericia. No quiere, ni puede, rendirse. Una y otra vez saca nuevas energías, y emplea todo el vigor de sus músculos. No es más que carne y sangre, como nosotros, pero no se le domina fácilmente.
Es de suma importancia que entendamos bien cuál es la causa del indómito heroísmo de Jacob. Sin sombra de duda alguna se debe decir que era la fe. Jacob había seguido al Señor de cerca. Sabía que la voz que le habla llamado significaba la victoria. Por eso estaba convencido de que era más fácil escalar los cielos y ponerlos en desorden, que frustrar su seguro triunfo. La fe es una roca cuando se apoya en la roca de una promesa. No es algo terreno y, por lo tanto, es imperecedera. Su energía es divina, porque viene del cielo. Sobrepasa todas las dificultades porque mira a Jesús, y, por apoyarse en Él, es tan firme como Dios mismo.
Pero la lucha de Jacob no se libró sólo con fe, sino también con lágrimas y súplicas. Así lo relata el profeta en Oseas 12:4; y hemos de tener en cuenta que la pluma de Oseas estaba en la mano de Dios. De aquí deducirnos que la fe siempre es diligente, y por ello ora; y que siempre es humilde, y por eso llora.
Aquí podemos ver, otra vez, la puerta del cielo abierta, y a Jehová vencido por un santo en oración. La verdadera oración no usa cumplidos. Se acerca a Dios y se une a Él, sin darle reposo hasta que una sonrisa aprobatoria confirma que la petición ha sido concedida. Dios no puede, ni quiere, desentenderse de sus intensos esfuerzos, porque en el cielo se ha declarado que la oración triunfará. No quiere desentenderse porque la oración es el movimiento de su Espíritu en el corazón, y la voz de su Espíritu en los labios. Negar la oración seria negarse a Sí mismo. Contestarla con el silencio significaría que Él mismo no se contestaba. “…si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.”
Alma, examina bien la descripción que las Escrituras hacen de la oración. Según Isaías 64:7 es “apoyarse” en Él. En Isaías 62:7 se dice que es un no darle tregua. Aprende, pues, estas verdades en todo su poder. Haz de ellas algo habitual y sabrás lo que es bienestar y paz en el alma.
El corazón experimentado en la fe y la oración, pierde su dureza natural. Se vuelve blando, como el amor de Jesús; y tierno, como el susurro de su misericordia. La mirada encendida de Jacob proclamaba su amor por el Señor, que tan firmemente aferraba, y el profundo sentido de la gravedad de su pecado.
Recuerda, lector, que si no tienes fe, oración y quebrantamiento de corazón, no hay en ti señales de vida. Pruébate, yendo a Peniel. No te marches de allí hasta que oigas estas palabras: “…grande es tu fe; hágase contigo como quieres.” Y también: “…ésta ha regado mis pies con lágrimas… Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porqué amó macho”.
Pero somos de tal manera que la grandeza espiritual puede sernos una trampa. Puede exaltarnos indebidamente, o llevarnos a exaltar a otros. Esto seria una victoria destructiva que dejaría al vencedor con las cadenas de la soberbia. Nuestro buen Señor sabia esto, y como es mejor prevenir que curar, “tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob”. Aquí tenemos un espejo que refleja el modo en que el Señor guía a sus hijos. A1 triunfar quedan impedidos, para que no perezcan por causa del triunfo. La mucha gracia se ve moderada por la carne débil, para que ésta no escale a las peligrosas alturas del orgullo. Nuestras propias flaquezas nos convencen de que, aunque el Señor cede, tiene poder suficiente para derribarnos. Así se aprende que el triunfo es un don suyo, y no el resultado de nuestro poder. Dios obra en nosotros tanto el querer como el hacer.
Contemplemos una vez más los triunfos que esa fe perseverante obtiene. El ángel concede la victoria y pide quedar libre de los brazos que le atenazan. Jacob, con el muslo desencajado, pero con la fe fortalecida, no pide otra cosa sino un aumento del favor celestial; y con santa confianza exclama: “No te dejaré, si no me bendices”. No se preocupa por la curación de su cuerpo, ni por su prosperidad material, sino, solamente, por más señales del amor de Dios, y por más salud interior. Su oración es: “Bendíceme”. El Señor se deleita en tan nobles aspiraciones. Las honra porque le honran a Él. Las premia con todo lo que el mismo Dios puede dar. ¡Cuenta, si puedes, el botín que Jacob obtuvo cuando el Señor le bendijo!
Un nuevo nombre, además, vendrá a dar fama perpetua a su hazaña. Siempre que se lee o predica la Palabra de Dios, el nombre de Israel nos habla del poder principesco que Jacob tenía para con Dios y los hombres. Por un lado luchó con Dios para que le bendijese, y por otro fue capaz de conquistar el corazón de Esaú, haciendo de él un vasallo.
Lector, si fueses un verdadero israelita, el cielo y la tierra serían tuyos. El cielo seria tuyo para bendecirte. y la tierra seria tuya para servirte.
Jacob, pues, recibe un nombre, pero, a su vez, él también da un nombre, y llama aquel lugar, Peniel “porque dije: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma”. Sé un verdadero israelita y cada sitio será un nuevo Peniel. En todas las situaciones podrás ver a Dios de cerca. Tanto en la vida como en la muerte, podrás vera Dios sin ser deslumbrado. El lugar secreto de oración será un Peniel donde, al arrodillarte, Dios descenderá v te confortará. El culto familiar será otro Peniel donde verás cómo Dios extiende sus brazos de misericordia sobre ti y los tuyos. Cada página de la Biblia vendrá a ser un Peniel que lucirá con el esplendor de Aquel que es la luz de la Vida, y el Sol de justicia. Incluso el lugar de trabajo será como Peniel, porque allí está el Señor. Los templos que Dios tiene en la tierra pueden ser como Peniel, y en las oraciones, alabanzas y proclamación de la verdad, el Señor se manifestará como no lo hace con el mundo. El momento de la muerte será un Peniel porque Jesús vendrá para llevarte al hogar del Padre. Y, por último, la eternidad será el más glorioso Peniel, pues allí tendremos una visión perfecta de Dios, cara a cara.
¡Oh, Señor Dios de Israel, tu poder y tu amor son infinitos. Utiliza, si es tu voluntad, estas líneas para hacer que algún alma se acerque a Peniel!
LA ESCALA
LA ESCALA
Por Henry Law
“Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo…” GÉNESIS 28:12
La voz que nunca yerra dice: “Sabed que vuestro pecado os alcanzará.” Por lo tanto, la miseria sigue los pasos del trasgresor en cumplimiento de esta ley eterna. Cuando los pies se apartan del sendero del Evangelio, sólo hallan surcos sembrados de dolor. La piedad es un remanso de paz; pero el que se aparta de ella se encuentra en un mar de dificultades.
El caso de Jacob confirma, dolorosamente, esta verdad. Como un paria vagabundo marcha por un camino hosco y solitario. El viaje que tiene ante él es largo y peligroso. Recuerda con añoranza todo lo que ha dejado atrás. Le sobrecoge un temblor al prever los males del mañana. Pero su angustia más profunda proviene de una conciencia turbada: si abandona su casa es porque primero ha abandonado a Dios.
Alma, sopórtalo todo y sufre mucho, si es necesario, pero nunca te aventures, inducido por tretas malignas, a andar delante de la columna de fuego y la nube. El pecado del hombre no puede acelerar los propósitos predeterminados de Dios. Por el contrario, detiene la mano dispuesta a bendecir y la arma con el azote disciplinario.
Posiblemente nunca se ha puesto el sol estando una persona tan sombría como lo estaba Jacob cuando se detuvo en Luz. Su techo era el firmamento, su lecho la tierra desnuda, y una piedra rugosa le bastó para apoyar cabeza.
Pero Jacob era, desde la eternidad, heredero de una herencia imperecedera, que no se puede perder. Por eso tenía él un amigo que se dolía con él, y cuidaba sus pasos con solicitud. Era el Señor, cuyo amor es sabiduría, y que guía a sus hijos a pasos difíciles para su bien, no abandonándolos en la adversidad. Esto es lo que ocurrió con Jacob y lo que seguirá ocurriendo mientras los santos tengan necesidad de ser humillados para que después se levanten con seguridad.
Por fin el sueño vence sus ojos cansados. Pero en las velas de la noche el ojo de la fe percibe, con gozo, maravillosas enseñanzas. “Y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo.” Ésta era una señal muy clara de Aquel que nos reconforta revelándose a Sí mismo. La simiente de la mujer, la bendición de la tierra y el pacto con Su pueblo, quedan revelados en este significativo símbolo. El Redentor se presenta en su persona, su obra y su gracia maravillosa. El patriarca descubrió que el estar lejos del hombre es estar cerca de Dios. Levantándose exclamó: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabia.”
Esta imagen, tan llena de verdad evangélica, no se desvaneció cuando llegó la aurora. Su poder alcanza para enseñar por todas las edades, y para hacer de todo lugar solitario un nuevo Bet‑el para un corazón peregrino.
Considera bien esta escalera. Jamás ha habido una semejante en la tierra. Su extensión es tal que llega a unir el mundo de la divinidad y el de los hombres. Nuestra morada envilecida por el pecado queda conectada a la mansión del Eterno. Apoyándose en el mismo suelo que nuestros pies manchan, se alza, atraviesa los cielos y llega al mismo trono de Dios.
Por lo tanto es un símbolo del Señor, que a la vez que es el Altísimo, es también el más humilde; y que no estimó como cosa a que aferrarse el ser semejante a Jehová, antes tuvo por sumo gozo contarse entre los miembros de la gran familia humana. Este símbolo muestra a Jesús en el milagro de su persona: hombre sin cesar de ser Dios; Dios sin rehusar ser hombre.
¡Buenas nuevas son éstas! Debemos asirlas como ancla de nuestra esperanza y luz de nuestra salvación. El Jesús en quien creemos es el Dios Todopoderoso. Todo lo que la Divinidad posee de poder, sabiduría, amor y dominio ha sido suyo, y lo será por todas las edades. Nació en la eternidad. Su hogar es el cielo. Su potencia es infinita. Su voluntad siempre se cumple. Se corona de gloria, y el brillo de su diadema es la redención de las almas. Ni aun forzando el pensamiento podemos llegar a comprender su inmensidad. Al final de esta escalera está Jesús reinando como Dios viviente.
Hay que hacer observar, también, que un Salvador inferior a éste no podría haber salvado un alma manchada de pecado. Porque ¿qué es el pecado? El pecado es un mal infinito, porque ultraja todos los atributos infinitos de Dios. Por esta razón va siempre unido a un castigo infinito. Sus consecuencias son incalculables. Sube hasta el cielo y despierta la ira divina. Desciende al infierno y enciende las llamas inextinguibles. Es de consecuencias eternas. Se hace en un momento, pero no se puede deshacer por todas las edades ¿Y quién puede quitarlo? Si el hombre lo roca se vuelve más pecaminoso. Los esfuerzos de los ángeles son inútiles. Pero viene Jesús, y al derramar su sangre desaparece el pecado. La causa es ésta: Jesús es Dios. Si los cielos fueran el púlpito. el trueno rugiente la voz, y todo el universo la audiencia, no habría frase más digna de decirse que ésta: La sangre da Jesús limpia de pecado, porque la sangre de Jesús es la sangre de Dios.
De aquí proviene el deleite que Jesús da al corazón redimido. Consciente de sus iniquidades, halla en los méritos del Dios Salvador un sepulcro donde enterrarlo todo. Ahora podemos comprender por qué hay muchos que tienen en poco esta gran salvación, y se contentan con un pobre refugio que ellos mismos fabrican. Es porque no saben lo que es el pecado. Pero cuando el Espíritu toca la conciencia, dejando el pecado al descubierto, ya no puede haber paz sino en el refugio divino. Cristo, y Cristo sólo, es ese refugio.
Temo que para muchos todo esto sea una verdad oculta. Los hombres se atreven a jugar con los elementos de la naturaleza, pero si pudieran ver esta verdad no se atreverían a pisotear al Dios salvador.
Este símbolo también anuncia que Jesús se ha revestido con nuestra naturaleza. La escalera apoyada en la tierra representa a Jesús siendo tan verdadero hombre como nuestro hermane para redimirnos. El hombre debe morir. Jesús, como hombre, cuelga de la cruz para representarnos; y, come Dios, está allí para sustituirnos. Su divinidad da poder al acto y su humanidad lo confirma. La una representa su absoluta suficiencia, y la otra su perfecta idoneidad. De este modo Cristo cancela la deuda y sufre todo el castigo. La maldición a desaparecido ya es verdadero Dios. Sí, nuestro Creador se ha hecho cambio ha creado una maravillosa justicia. Su esposa, la Iglesia, sube con esplendor inmaculado hasta el trono de Su gloria.
Los usos comunes de la escalen ~ nos pueden enseñar mucho en el divino arte de acudir a Jesús vara obtener su ayuda. Con una escalera nos despeamos del suelo y nos elevamos a las cosas que están arriba. Así también, por medio de Jesús, nuestras almas hallan el paso franco para elevarse de su bajo estado a las hermosas alturas de Sión. El pecado, además de dejarnos postrados y sin medios para remontarnos, abrió un abismo que el hombre, por sí solo, no podía salvar. Pero cuando Jesús se interpone, la distancia desaparece.
Sé que el deseo de tu corazón es que tus oraciones y alabanzas lleguen hasta Dios. Pues bien: confíalas a Jesús y nada podrá detener su ascenso. Ansias que tus lágrimas de penitencia y tus suspiros de dolor se oigan en aquel lugar donde reina la misericordia. Entonces, gime unido a Jesús y tocarás el corazón del Padre. Si te estás esforzando para que tus palabras y tus obras glorifiquen su nombre, hazlo todo en la presencia de Jesús y nada será en vano. ¡Qué hermoso es ver aparecer todas las esperanzas y acciones de la fe ante el trono de Dios! Sabes, también, que pronto has de morir. Encomienda tu espíritu al cuidado de Jesús, y, cuando quede libre de esta prisión de barro, se remontará, como con alas de águila, y no se detendrá hasta transponer las puertas del día eterno.
Pero la misma escalera también sirve para descender. ¿Cómo podríamos recibir las provisiones que necesitamos de arriba? Sólo Jesús ofrece un camino abierto. A través de Él el Espíritu es derramado. La luz que disipa nuestras tinieblas, las visiones de su amor redentor, la fortaleza para empezar y proseguir la carrera celestial, y el gozo que nos reaviva, descienden por esta línea de unión. Cuando el creyente se sitúa en esta escalinata, puede oír voces que le aseguran que su iniquidad ha sido perdonada, y su alma salvada. Éste es el camino por donde las promesas llegan hasta su mano, y las contestaciones le demuestran que sus oraciones han sido escuchadas. ¿Cómo podremos bendecir bastante a ese Jesús que une a un pueblo bendito con un Dios bendecidor?
Lector, este tema es personal y práctico. Dime si has hallado, si aprecias debidamente y si utilizas a diario esos escalones venidos del cielo. El solemne significado de esa pregunta es éste: ¿Estás unido, por fe, a Jesús? La fe es el ojo que ve esa escalera, la mano que la toca y los pies que nos hacen subir. Para saber si el Espíritu te ha revelado lo que para Jacob fue nueva vida, hay una prueba sencilla: ¿Eres capaz de pisotear el mundo con sus pasiones, sus costumbres, sus máximas y principies? Los pies que están en la escalera ya no descansan en la tierra. El hombre que está en Cristo se encuentra muy por encima del mundo. “…No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.”
Aún hay otra prueba: ¿Vives una vida ascendente? El creyente va subiendo, paso a paso, de bendición en bendición. No puede haber crecimiento en tanto que nuestros afectos nos aten al fango. Hay que ser completamente de Cristo o no se puede ser en absoluto.
Ese ascenso requiere un esfuerzo. Los cristianos tienen Cada nervio en tensión. Corren, inagotables, una larga carrera. Luchan en oración. Su celo fluye como la marea del océano. No se cansan de buscar en la mina de la Verdad, y de esparcir las riquezas que encuentran. Es como si invadiesen el cielo con santa violencia. Lector, si eres un haragán o un perezoso soñoliento, temo por ti. Cristo trabajó en lo tierra, y Cristo trabaja en los cielos. Como es la cabeza así han de ser los miembros. Tal como es el Señor así han de ser los siervos.
Ten cuidado, también, de las escaleras falsas. Satanás ha preparado muchas. Tienen una forma agradable, parecen alcanzar el cielo. Pero, en realidad, su extremo apunta al infierno. Sus escalones están podridos y se quiebran con facilidad. Sólo hay una escalera de salvación: Cristo Jesús.
Creyente: has profesado estar en esa escalera. Está firme. Vigila y ora. Han habido quienes parecían subir bien y cayeron estrepitosamente. El resbalón más peligroso es el que se da cuando casi se ha llegado arriba. Si sabes que has caído, levántate y adora a Dios para que tu vida prosiga. Levántate y suplica misericordia para volver a ascender.
Pecador: tú no sabes nada de este camino a Dios. En este momento te encuentras alejado. ¿Cómo podrás resistir el estar alejado para siempre? Escucha; y que el Espíritu bendiga esta última palabra. Hay una Escalera para apartarse de cada pecado y de cada dolor terreno. Pero no hay escalera para escapar de la paga del pecado. No había escalones para que el rico hombre se acercara al seno de Abraham. No hay salida por donde judas pueda huir de su prisión.
Union Con Cristo ‘Capitulo 3′
Para Comprar el Libro “Union Con Cristo Por A.N. Martin” por favor click aqui

CAPITULO 3:
NOS HALLAMOS EN UNIÓN CON CRISTO DENTRO DEL PLAN DE DIOS PARA LA SALVACIÓN
Si miramos hacia atrás al principio de nuestra salvación, es decir, hasta donde la Biblia nos permite mirar y no hasta nuestra curiosidad nos llevaría, Efesios 1:4 nos dice que Dios planeo la salvación e hizo que existiera según su propósito eterno. Dios hizo esto de acuerdo con su gracia soberana y su poder. La biblia usa la palabra “elegir”, “elección”, “elegido”, “predestinar”, “predestinación”, “presciencia”, y “conocer antes”, todas las cuales nos dicen que la salvación tiene sus raíces en el plan eterno de Dios. La elección es la selección eterna, bondadosa, y soberana de ciertos pecadores para vida y salvación. Pero, note usted el énfasis en Efesios 1:4. No es el hecho de que Dios nos escogió, sino el de escogernos en El, es decir, en Cristo. ¿Qué quiere decir esto? Tome nota de lo que dice. No dice que Dios nos escogió para que pudiéramos estar en Cristo, ni porque nosotros escogeríamos en Cristo. Las Escrituras aquí quieren decir que el Padre nos mostró su favor solamente porque nos veía en Cristo y nunca porque nos miraba en nosotros mismos. Tampoco nos miraba con favor separado de su Hijo. Aquellos que El escogió estaban en Cristo. Por el otro lado, Dios no pensó en Cristo el Redentor separado de los que estaban en El. Cuando Jesús estaba en la tierra, dijo que el Padre le había confiado un grupo de personas. Dijo: “Yo te he glorificado; he acabado la obra que me diste. Ahora, pues, Padre, glorifícame tú…” (Juan 17:5). Tal lenguaje es el de un pacto.
Hablando de esto podemos usar las frases” el pacto de gracia”, o “el pacto de la redención”, o “el consejo de paz” porque hablan del acuerdo entre el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, un acuerdo hecho desde antes de todos los tiempos con el fin de asegurar la salvación de un pueblo” en Cristo”. Pablo habla del mismo tema en 2 Timoteo 1:9: “Dios nos llamó antes de los tiempos de los siglos.” ¿Qué significa esto? Nosotros que vivimos afectados por el tiempo tenemos mucha dificultad para comprender en un todo las verdades eternas. Sólo podemos decir que la unión con Cristo se halla en el puro principio de nuestra salvación. Cuando Dios pensó en nuestra salvación, nos vio en unión con Cristo, su propio Hijo Amado. Nos escogió en El. Si usted es creyente, le suplico que lea Efesios 1. Léalo con tiempo y detenimiento, y luego invierta tiempo alabando a Dios por haberle escogido en Cristo desde antes de la creación del mundo. Dios hubiera podido destinarle a usted para la condenación, pero no lo hizo. Mas bien, antes de la fundación del mundo, el planeo salvarse en Cristo.
Debemos tratar de entender las Escrituras tanto como sea posible, pero lo que no podemos hacer es añadir nada más de lo que ella enseña. “Las cosas reveladas son para nosotros” (Deuteronomio 29:29). Efesios 1:4 & II Timoteo 1:9 son verdades que Dios se ha revelado y por eso tenemos que aceptarlas.
Union Con Cristo ‘CAPITULO 2′
Para Comprar el Libro “Union Con Cristo Por A.N. Martin” por favor click aqui

CAPITULO 2:
¿POR QUÉ DEBEMOS PENSAR EN ESTE TEMA DE LA UNIÓN CON CRISTO?
Usted debe disciplinar su mente (1 Pedro 1:13) para pensar en este tema, y esto por tres razones:
1. Si usted no está en Cristo, entonces todavía en sus pecados. Y si usted está en sus pecados, está bajo la ira de Dios. Pero ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1). Si no está en unión con Cristo, está bajo condenación. Por esto, le ruego para su propio bien que piense profundamente en esta enseñanza de la unión con Cristo.
2. Debe pensado para poder ser más firme como cristiano. Si usted está en Cristo, empiece a crecer en su entendimiento de esta unión con El, y será más estable como cristiano. Dos ejemplos:
a. En 1 Corintios 6, Pablo dice que los creyentes no deben tener relaciones sexuales ilícitas porque son “miembros de Cristo”. Uno que es miembro de Cristo no debe unirse con una prostituta. Muestra pues, que la doctrina de la unión con Cristo afecta nuestras vidas de una manera práctica.
b. En Colosenses capítulo 2, Pablo dice que los creyentes no pueden decir que Cristo no es suficiente para ellos. De igual manera hoy día, algunos cristianos dicen que necesitan experiencias adicionales del Espíritu Santo. Pablo contesta que los creyentes están completos por-que están en unión con Cristo. Demuestra que esta doctrina afecta nuestras creencias también.
Veremos más sobre estos puntos en la segunda parte de este libro al hablar de los resultados prácticos de la unión con Cristo.
3. Debemos pensar en la unión con Cristo por razón de la Gloria de Dios.
Las Escrituras dicen que la persona que ofrece alabanzas, glorifica a Dios. Si usted no entiende los dones y la gracia que Cristo le da, ¿cómo puede alabarle por ello?
Esto es exactamente lo que le pasó al apóstol Pablo. Al pensar en todas las bendiciones espirituales que él tenía en Cristo, escribió las palabras maravillosas de Efesios 1:3-14. Para que usted conozca esta parte de las Escrituras de tal manera que le lleve a alabar a Dios por su salvación en Cristo, el Espíritu de Dios primero tiene que enseñarle a través de su Palabra a comprender esta gloriosa doctrina de la unión con Cristo. Nuestro Señor dijo (en el día en que el Espíritu descendió): “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”. (Juan 14:20) El Espíritu ya vino; sigue viniendo. No esperamos otro Pentecostés, sino que creemos que El nos ayuda ahora. En Efesios 1:17, Pablo le escribía a personas que ya tenían al Espíritu, y pedía que Dios les diera “espíritu de sabiduría y revelación en el conocimiento de El”. En este libro, vamos examinando uno de los tres grandes misterios de la fe cristiana. Por esto, debemos confiar en el Espíritu Santo. El primer misterio es que Dios es un solo Dios en tres personas, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. El segundo es el misterio que Cristo vino a este mundo en un cuerpo. Pablo llama a esto” el misterio de la piedad” (1 Timoteo 3:16). Cristo es una persona, una sola, pero es verdadero Dios y verdadero hombre en esta sola persona, una sola persona con dos naturalezas. El tercer misterio es este que vamos a explicar, el de la unión de Cristo con su pueblo y de su pueblo con El.
“Porque el Padre mayor es que yo” (Juan 14:28)
“Porque el Padre mayor es que yo” (Juan 14:28)
¿Significan estas palabras que Jesucristo no es Dios?
Por Pablo Santomauro
Tarde o temprano usted se encontrará con un sectario que usará el pasaje clásico de Juan 14:28 para apoyar su idea de que Jesús no es Dios en el mismo sentido que el Padre lo es. Tanto arrianos como unitarios de toda variedad utilizan este pasaje hasta el cansancio a los efectos de refutar la Trinidad. Veamos lo que dice el unitario-sociniano Mario Olcese en su página de internet:
Jesús enseña que Su Padre es mayor que él. Esto es muy importante, pues si el Padre es mayor que Su Hijo, luego éste es menor que Aquel. El texto que señalaremos es Juan 14:28, en donde Jesús dice: “…porque el Padre mayor es que yo”. Algunos Trinitarios han argumentado contra este texto diciendo que “Cristo hablaba como hombre”, y por eso afirmó ser menor que Su Padre. Pero: ¿Acaso no es de esperar que todo hombre sea menor o inferior a Dios?¿No sería esa una declaración innecesaria en un hombre, y por demás ridícula? Pero yo creo que lo que Jesús quiso enseñar es que su relación con Su Padre es de permanente sujeción y de obediencia, como de alguien que no es igual a Dios. Incluso en la eternidad, Jesús seguirá sujeto a Su Padre (Leer 1 Corintios 15:28). Además, Jesús también recalca esta superioridad del Padre diciendo: “Mi Padre que me las dio, es mayor que todos”. (Juan 10:29). {énfasis original de la cita]
(http://www.elevangeliodelreino.org/deidad/antesdenacer.doc)
Refutación:
Olcese parece desconocer lo que la doctrina de la Encarnación de Cristo enseña. La segunda persona de la Trinidad tomó sobre sí una naturaleza humana, de modo que en su ser encontramos total humanidad y total deidad. Como el Dios-Hombre, dependía del Padre para todas las cosas. Le oraba al Padre, y se sometió a Su voluntad haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Fil. 2:5-7).
¿Es el Padre mayor en rango y poder que usted y yo? ¡Por supuesto! Entonces, Juan 14:28 es una maravillosa prueba de la Encarnación de Jesucristo, lo cual es una doctrina Trinitaria. El pasaje es prueba de que Jesús, además de conservar su Deidad, fue totalmente humano, u “Hombre de hombres”, como dicen algunos. Es a la luz de la Encarnación que pasajes como éste no presentan ninguna dificutad para el trinitario.
Geisler y Rhodes expresan: “El Padre es mayor que el Hijo en jerarquía, no en naturaleza, ya que ambos son Dios (Jn. 1:1; 8:58; 10:30; 20:28). De la misma forma que un padre terrenal es igualmente humano que su hijo, pero con una autoridad más alta que su hijo, el Padre y el Hijo en la Trinidad son iguales en esencia pero diferentes en función. No hay contradicción cuando se afirma igualdad ontológica y jerarquía funcional al mismo tiempo. De la misma forma hablamos del presidente de nuestro país siendo mayor, no por virtud de su carácter o naturaleza, sino por virtud de su posición. En ninguna manera podemos decir que Jesús se consideró a sí mismo como algo menos que Dios por naturaleza. Jesús fue igual al Padre en esencia, naturaleza, carácter y como Dios. Jesús fue menor que el Padre en función, jerarquía, posición, y como hombre”. (When Cultist Ask, p. 184)
¿Qué diremos del comentario que dice que Jesús no puede ser Dios porque estuvo y está en completa sujeción al Padre? El argumento está basado en la errónea idea de que subordinación es equivalente a inferioridad. En este caso, Olcese dice que el Hijo está sujeto a la autoridad del Padre, por lo tanto es inferior al Padre y no puede ser Dios, pero el hecho de que Jesucristo esté sometido al Padre (aun hoy lo está) no quiere decir que es inferior en naturaleza. Cuando alguien piensa así, rechaza la clara enseñanza de la Escritura y deja ver de su parte una actitud errónea con respecto a lo que es autoridad y sujeción. Supone que porque alguien está por encima debe ser mejor en algún sentido. Pero las tres personas de la Trinidad evidentemente no piensan de esa forma. Cada una de las tres se deleita en glorificar a las otras. El Hijo quiere ser glorificado por el Padre para poder traer más gloria al Padre (Jn. 17:1). El Espíritu Santo vino con el solo y específico propósito de glorificar al Hijo (Jn. 16:14). El Padre exalta a Jesús delante del mundo y le da un nombre que es sobre todo nombre (Fil. 2: 9-11), y esto a su vez trae gloria al Padre [para gloria de Dios Padre]. No hay competencia por gloria entre las personas de la Trinidad. Por el contrario, están trabajando siempre arduamente a fin de darse gloria entre ellos.
Es obvio que para Mario Olcese y sus pares, es más fácil hacer todo tipo de aeróbicos que tratar honestamente con los argumentos trinitarios. Toda esa palabrería suya sirve para mantener en la ignorancia a sus adeptos, los cuales piensan que están en la verdad. También sirve para confundir a un gran número de cristianos modernos, quienes por lo general hacen gala de una ignorancia olímpica respecto a saber qué creen y por qué lo creen.
El Perfecto Substituto
El Perfecto Substituto
Por Rommel José Antonio Flores
(Notas para este Sermon fueron tomadas de las Predicacion del Pastor Henry Mahan)
Génesis 22 está gravada la prueba más grande de Abraham y la revelación más grande de Abraham, cual es el evangelio de Cristo (“Vuestro padre Abraham se regocijó esperando ver mi día; y lo vio y se alegró.” Juan 8:56).
Génesis 22 está lleno de Cristo y pudiera llamarse “el evangelio del monte Moriah”, muchos creen que esta montaña es el Calvario donde Cristo murió.
Nuestro soberano Dios hace todos sus propósitos “en su tiempo” (“Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos.” Rom. 5:6)
y “en el tiempo lleno” (“Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley” Gal. 4:4) “Después de estas cosas” después de la caída, de la inundación, el éxodo, el tabernáculo, los profetas y reyes, Dios siempre se agrado con cumplir cada promesa, cada profecía, y cada muestra en el sacrificio de Su Hijo unigénito.
Todo lo que había pasado anteriormente, señalaba y puntaba a esta hora cuando Cristo muriera. (Hechos 10:43, Lucas 24:27, 44-46)
Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a El en todas las Escrituras.
Y les dijo: Esto es lo que yo os decía cuando todavía estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.
45Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras,
46y les dijo: Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día;
(Verso 2 “Y Dios dijo: Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.”) Las palabras de este versículo, revelan la grandeza del regalo, revelan el gran amor de tras de ello y la agonía soportada por esto. ¿Puedes imaginarte el pesar de Abraham cuando él recibió este mando? ¿La tristeza que él sufrió en considerar la muerte de su hijo por su propia mano? ¿El gran amor que él revela con su Buena voluntad para dar a Isaac.? ¿O lo que este sacrificio implica?
“Toma tu hijo.” El Señor Jesús es el Hijo de Dios.
¿Acaso no es llamado “Su unigénito Hijo?
“El que amas.” Dijo Dios, “Este es mi amado hijo”
“Y lo ofrezco para una ofrenda quemada.”
Jesucristo se hizo nuestra ofrenda quemada, nuestra ofrenda de pecado, nuestro sacrifico por el mando del Padre, Pero el Señor quiso quebrantarlo y hacerlo sufrir (Isaías 53:10, Hebreos 9:9 – 10)
Pero quiso el SEÑOR
quebrantarle, sometiéndole a padecimiento.
Cuando El se entregue a sí mismo como ofrenda de expiación,
verá a su descendencia,
prolongará sus días,
y la voluntad del SEÑOR en su mano prosperará.
9 lo cual es un símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto en su conciencia al que practica ese culto,
10puesto que tienen que ver sólo con comidas y bebidas, y diversas abluciones y ordenanzas para el cuerpo, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas .
(Versos 3 – 4 “Abraham se levantó muy de mañana, aparejó su asno y tomó con él a dos de sus mozos y a su hijo Isaac; y partió leña para el holocausto, y se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho. Al tercer día alzó Abraham los ojos y vio el lugar de lejos.”) Abraham tuvo tres días en los cuales el considero el sacrificio de su hijo, Isaac. En lo que pasaban los días y dormían por las noches, esta carga y el sacrificio estaban en su corazón. Pero el Padre Eterno preordeno y propósito el sacrificio de Jesucristo no en tres días ni en tres mil días pero “antes de la creación del mundo (Apoca. 13:8, Efesios 1:3 – 4).
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,
4según nos escogió en El antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de El.
Que amor, que gracia y que segura y cierta promesa tenemos en nuestro Señor Jesucristo y en la eternal promesa de Dios que nunca ha cambiado. (Mal 3:6; Rom 11:201; Núm. 23:19)
Porque yo, el SEÑOR, no cambio; por eso vosotros, oh hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.
(Versos 5 – 6 “Entonces Abraham dijo a sus mozos: Quedaos aquí con el asno; yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a vosotros. Tomó Abraham la leña del holocausto y la puso sobre Isaac su hijo, y tomó en su mano el fuego y el cuchillo. Y los dos iban juntos.”) Abraham cuidadosamente preparo todo lo que estaba implicado en el sacrificio – la madera, el cuchillo filudo y el fuego. ¿Que podríamos decir de nuestro gran Dios que cuidadosamente preparo, predestino, que puso todo antemano, todos los eventos, todas la gentes, todas las naciones para el evento más grande de todo el tiempo – la muerte de Cristo (Hechos 2:23; Hechos 4:27 – 28).
Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, juntamente con los gentiles y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste,
28para hacer cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que sucediera.
Abraham mando a sus sirvientes que se quedaran al pie de la montaña y el padre y el hijo fueron juntos a la montaña.
La Salvación es el trabajo del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, el hombre aun en sus mejores intentos NUNCA podrá obtener la salvación por medio de sus meritos o por las decisiones que él o ella puedan hacer.
“Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo en El mismo (2 Cor. 5:19); por lo cual Cristo estaba en las manos y debajo de la ira de Dios para nuestros pecados (Isa. 53:4-6).
Ciertamente El llevó nuestras enfermedades,
y cargó con nuestros dolores;
con todo, nosotros le tuvimos por azotado,
por herido de Dios y afligido.
5Mas El fue herido por nuestras transgresiones,
molido por nuestras iniquidades.
El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El,
y por sus heridas hemos sido sanados.
6Todos nosotros nos descarriamos como ovejas,
nos apartamos cada cual por su camino;
pero el SEÑOR hizo que cayera sobre El
la iniquidad de todos nosotros.
Pero todos le abandonaron en el tiempo de la muerte, Doces fueron con Él a la santa cena, once fueron con Él al jardín, tres fueron con Él a orar, pero cuando Él fue a la cruz Él fue solo (Heb. 1:3). Abraham puso la madera enzima de Isaac, la cruel cruz estaba puesta enzima de Cristo Jesús por nuestro Dios.
(Versos 7 – 8 “Y habló Isaac a su padre Abraham, y le dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, hijo mío. Y dijo Isaac: Aquí están el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y Abraham respondió: Dios proveerá para sí el cordero para el holocausto, hijo mío. Y los dos iban juntos”.) En lo que Abraham y Isaac subieron la montaña para ofrecer sacrifico y alabar a Dios, Isaac pregunto “Padre tenemos la madera y el fuego; ¿Pero donde esta el cordero para la ofrenda quemada?” Isaac sabia que (Dios es Santo y Justo, pero que el hombre siendo culpable, pecador y malo) no puede ver aceptación, ni perdón, ni comunión con Dios sin la sangre (Lev. 17:11; Exo. 12:13; Heb. 9:22).
Y según la ley, casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón.
El sabia de del error y de la condenación de Caín. Abraham expreso la profecía la cual es el centro del propósito de Dios, el centro de la Biblia y nuestra esperanza – “Hijo mío, Dios se proveerá un cordero para Su ofrenda quemada”
esto es lo que fue indicado por Jonás 2:9 “La salvación es del SEÑOR”
Después dijo el nombre del lugar “Jehová proveerá” Esta profecía dice muchas cosas:
1. Dios se proveerá EL MISMO como el cordero, para el Padre Celestial Jesús es el Cordero de Dios!
2. Dios se proveerá PARA El mismo un cordero porque el Señor Dios es la majestad ofendida PARA quien y POR quien la sangre fue derramada, que él sea justo y justificador (Rom. 3:23-26).
23por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios,
24siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús,
25a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente,
26para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús.
3. Dios va PROVEER o vera que la Salvación para todas Sus ovejas sea completa y obtenida, el traerá la satisfacción a Su justicia y Ley por medio de La Muerte de Cristo, El Padre Provee todo en Cristo Jesús para el Cristiano “Mas de él sois vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, y justificación, y santificación, y redención” 1 Corintios 1:30
(Verso 9 “Llegaron al lugar que Dios le había dicho y Abraham edificó allí el altar, arregló la leña, ató a su hijo Isaac y lo puso en el altar sobre la leña.”) “Abraham amarro a su hijo y lo puso en el altar.” Isaac no resistió el deseo de su padre así como Jesucristo tenía buena voluntad y fue obediente hasta la muerte en la cruz (Fil. 2:6 – 8)
el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse,
7sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres.
8Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
(Versos 10 – 13 “Entonces Abraham extendió su mano y tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo. Mas el ángel del SEÑOR lo llamó desde el cielo y dijo: ¡Abraham, Abraham! Y él respondió: Heme aquí. Y el ángel dijo: No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada; porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único. Entonces Abraham alzó los ojos y miró, y he aquí, vio un carnero detrás de él trabado por los cuernos en un matorral; y Abraham fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.”) Aquí la tipología de Isaac con Cristo termina. Porque Isaac fue quitado del altar y fue puesto un cordero en su lugar, pero que también es una imagen de Dios Jesús muriendo por nosotros. El cordero significa Cristo, nuestro sacrificio, e Isaac se significa el creedor que fue salvado.
Termino leyendo estos versículos que indica todo lo que me propuse en explicar y compartir en este día, y esto es la Grandeza de La Doctrina de la Sustitución, En su muerte, Cristo llegó a ser el Sustituto que sufrió la pena o castigo que merecía el pecador,
Juan 18:1-8
1Después de haber dicho esto, Jesús salió con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto en el cual entró El con sus discípulos.
2También Judas, el que le iba a entregar, conocía el lugar, porque Jesús se había reunido allí a menudo con sus discípulos.
3Entonces Judas, tomando la cohorte romana , y a varios alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue* allá con linternas, antorchas y armas.
4Jesús, pues, sabiendo todo lo que le iba a sobrevenir, salió y les dijo*: ¿A quién buscáis?
5Ellos le respondieron: A Jesús el Nazareno. El les dijo*: Yo soy. Y Judas, el que le entregaba, estaba con ellos.
6Y cuando El les dijo: Yo soy, retrocedieron y cayeron a tierra.
7Jesús entonces volvió a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús el Nazareno.
8Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; por tanto, si me buscáis a mí, dejad ir a éstos
¿POR QUÉ DIOS ODIÓ A ESAU?
“¿POR QUÉ DIOS ODIÓ A ESAU? ¿Por qué dios odia a los hombres? Desafío a cualquier persona para dar una respuesta que no sea ésta… porque ese hombre MERECE ser odiado. Ninguna contestación pero ésa puede ser la verdad. Si cualquiera de ustedes quiere saber lo que predico, es esto– ” Predico la salvación por Gracia completamente y la condenación de todo pecado. Doy a Dios la gloria para Salvar almas y redimirlas; y cuando vengo a predicar la condenación, digo que la condenación es algo que todo hombre es digno de ella”…..Pero era porque Dios es infinitamente Gracioso que él amó a Jacob, y porque él es Soberano en su dispensación de su Gracia, que él eligió a Jacob como un objeto de ese amor. Por que Dios amó a Jacob… simplemente lo amó en el pie de la SOBERANA GRACIA.”
Carlos H. Spurgeon
JEHOVA‑JIREH
JEHOVA‑JIREH
Por Henry Law
“Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá.”
GÉNESIS 22:14.
La fe es la estrella más brillante en el firmamento de la gracia. Su origen es muy alto, pues ha nacido en el cielo. Su hogar, no obstante, es muy humilde, pues habita en la tierra, en los corazones de los redimidos. Las obras de la fe son poderosas porque convence a Dios, y derrota al pecado y a Satán. La fe derriba aparentes dificultades; sobrepasa toda clase de obstáculos; cruza rápidamente mares de problemas; equipa al guerrero cristiano para el combate, dándole un escudo para defenderse y una espada para atacar. La fe puede leer la mente de Dios. La fe hace que Jesús sea el rey de nuestro hombre interior. La fe enciende y alimenta la llama del amor, y abre los labios en oración y alabanza. La fe vivirá hasta que los portales de luz se abran a su contacto, y morirá cuando vea al Señor cara a cara.
Siendo así, ¿no deberíamos ansiar este don precioso? ¿No deberíamos usarlo para nuestro bien? ¿No deberíamos buscarlo como si fuese el mejor tesoro?
Si tienes este deseo, ven conmigo y examinemos el poder de la fe en uno de los pasajes más nobles de la edificante vida de Abraham; y que el Espirito Santo nos acompañe con sus amorosas enseñanzas para que lleguemos a ser herederos de la fe y bendición de aquel gran siervo de Cristo. Dios reparó en Abraham cuando éste estaba hundido en el pecado. Hizo que se apartara de adorar a ídolos de piedra y madera, para que viese la luz de la vida. Después, el Señor le habló con frecuencia en dulce comunión. Ante sus ojos desplegó las inescrutables riquezas de la redención. También le prometió que el Salvador que había de venir adquiriría naturaleza humana a través de su familia. Sin embargo, las esperanzas de tener descendencia eran nulas. Pero el Señor habló Isaac vino al mundo.
Después de tales milagros, y tan maravillosas promesas, cumplidas de manera no menos maravillosa, “probó Diosa Abraham.” Dios mandó una dificultad para probar la realidad y fortaleza de su fe.
Una fe sin poner a prueba y sin sondear, es una fe incierta. Sabemos la calidad de un metal por lo que puede hacer y resistir. El valor del soldado se pone de manifiesto en el campo de batalla. La roca que no se mueve a causa del oleaje manifiesta estar firme. Los fundamentos de una casa son buenos si el edificio no se conmueve con las vibraciones.
Pero las pruebas hacen algo más que investigar la profundidad de la fe. Su otro objetivo es consolidarla e inyectarle vigor. Un tendón sometido a un frecuente esfuerzo se hace más fuerte; y el corredor que se prepara mucho es el que gana la carrera.
Si eres, lector, un participante de este bendito don, no te extrañes si tienes que enfrentarte a la corriente de olas contrarias. Es algo necesario, justo y bueno. El resultado será una cosecha más rica, si cabe, de certeza y bienestar, y “tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas.”
La prueba que la fe de Abraham tuvo que resistir fue realmente dura. Tenía un hijo que era su alegría, y señal del favor de Dios. Pero, de repente, aquella voz que otras s: ecos había hecho arder su corazón, le llena de un frío hondo: “Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.” ¿Le engañaban sus oídos? Sus mejores esperanzas quedaban arruinadas. Aquella promesa, más preciosa que la vida, se marchitaba como una planta enferma. El conducto de corriente redentora había quedado obstruido. Pero Dios ha hablado y esto es suficiente. El mandamiento tiene del cielo de forma positiva y clara. No puede estar equivocado. Isaac puede morir, pero la fe no. La fe sabe que Dios posee todo el poder, la sabiduría y la verdad; v que en Él “no hay mudanza ni sombra de variación.” Cuando la vida se ve envuelta en nubes y tinieblas, surge, como una aurora de verano, una palabra de amor y un propósito bienhechor. Por consiguiente, Abraham se levantó temprano, y se apresuró a cumplir Su voluntad.
Este ejemplo nos enseña que la obediencia inmediata; la mejor sabiduría. Dios te habla claramente en la Biblia, mostrándote el único camino de la vida. Dios te llama para que, por fe, le ofrezcas el sacrificio de un Cordero sobre un altar. Levántate pronto y obedece, porque el retraso es la red más sutil que Satán pueda tender. Habrá muchos en el infierno que llorarán por la vacilación que les llevó a su triste situación. Ellos esperaron, pero la muerte no esperó. Los mandamientos que se desoyen se convierten en el camino más rápido hacia el infierno.
Abraham viajó tres días camino de la montaña indicada. Este largo espacio de tiempo era oportunidad sobrada para que la incredulidad intentara disuadirle. Era mucho tiempo para que el corazón de aquel padre pudiera resistirlo. A1 mirar a su hijo se sentía invadido por la angustia, pero al volver su mirada a Dios una paz infinita le embargaba.
La fe, lector, es un don que persevera y no titubea nunca. Su firme asidero es la Palabra. No obstante, hasta la fibra más honda del sentimiento se debe sentir tocada por la sencilla pregunta del confiado Isaac: “Padre mío… he aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?” Es imposible explicar la amustia de aquel momento. “Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío.” Aquí vemos la fe en su forma de simple confianza y actuando, según su único propósito. No se tambaleaba. Su posición es como la de un gigante sobre la tierra cuya cabeza traspasara los cielos y contemplase a Dios. La fe deja el tiempo, el lugar, los medios, el método, todo, en las manos de Dios. Y así va avanzando, sabiendo que los caminos de Dios llevan a la gloria de Dios.
Todo sucedió rápidamente: Isaac quedó atado y se le colocó sobre el altar. La mano se alargó para coger el cuchillo. El último momento había llegado. Pero el último momento es el momento adecuado para recompensar la fe con paz y victoria. La voz que antes ordenó, ahora prohíbe. El que había dicho: “Toma ahora tu hijo”, detiene la tragedia diciendo: “No extiendas tu mano sobre el muchacho.”
Éstos son los caminos maravillosos de Dios. Su palabra se cumple. La fe triunfa. Las pruebas no hacen sino confirmarla y agrandarla.
El patriarca empieza ahora una vida de gozo celestial. Porque la alegría del nacimiento de Isaac no es nada comparada con la de su resurrección. El amor de Dios se manifiesta más en esta restauración que en su primer don. Pero esto no es todo: aquel lugar quedó como un monumento para alentar a los fieles de otras generaciones. Abrabam llamó aquel sitio Jehová‑Jireh (Jehová proveerá), por tanto se dice hasta hoy: “En el monte de Jehová será provisto.”
Este recuerdo, creyente, proclama la provisión completa que Jesús presenta a su pueblo. Él los ama, los cuida y los enriquece. Estas páginas se escriben con el objeto de que hagas de aquel lugar tu rincón predilecto cada día. Puedes estar seguro de que aquí hay plena abundancia vara este tiempo y para la eternidad; abundancia para Cuerpo y espíritu en todo momento imaginable.
Sé muy bien que tu pobreza es profunda, y que estás en muchos peligros, y que tus fuerzas son muy escasas. Pero, a pesar de todo, eres rico y estás a salvo, y eres fuerte, porque Jesús cambia tus cisternas rotas y vacías con fuentes desbordantes.
Cuando sientas que el peso de tus pecados es intolerable, v que te hunde hasta lo profundo del abismo, ve a Jehová‑Jireh. Jesús proporciona allí el alivio necesario. Su brazo es el brazo del Omnipotente. Con su mano poderosa coloca toda su culpa sobre Sí mismo, y la lleva lesos, donde no puede ser hallada.
Cuando quieras estar seguro de que tu deuda está pagada y de que todo el castigo se ha cumplido, ve a Jehová‑Jireh. Jesús se ha hecho carne y ha venido a ser tu mejor sustituto, para que con tu naturaleza, y en tu lugar, lo pague y lo sufra todo.
Cuando tu alma tiemble y se estremezca, como una paloma entre halcones crueles, ve a Jehová‑Jireh. Jesús da ayuda en cada dificultad, poder en cada quehacer, protección en cada tormenta. Su voz declara con seguridad: “Yo Jehová la guardo, cada momento la regaré; la guardaré de noche y de día, para que nadie la dañe.” Del mismo modo que el sol está lleno de luz y el océano de agua, así también Jesús tiene abundancia de todo don necesario. Es como un árbol cargado de fruto en toda época del año. Siempre que nos acercamos tiene fruta madura al alcance de la mano, que es la fe. La gracia que Él da se aplica a cada necesidad. En el momento del trabajo su gracia se adapta a éste, y así lo hace con nuestras luchas, con la oración, con el sufrimiento y con la misma muerte. Hay gracia para la prosperidad y para la adversidad; gracia para la vida pública y privada; gracia para los que gobiernan y para los que obedecen; gracia para la infancia, para la madurez y para la senectud; gracia para la salud, y para la enfermedad y el dolor. Cuando el Padre dio a Jehová‑Jireh a la Iglesia, dio un don que lo contenía todo: “El que no escatimó ni su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?”
Lector, quisiera preguntarte solemnemente si has buscado a Jehová‑Jireh. ¿Es Jesús el rey y dueño de tu corazón? Si es así, haz lo posible por conocer tu gran posesión; gózate y vive en ella. No malgastes tu dinero en lo que no satisface. Come del manjar que está ante ti para que tu alma se deleite en abundancia. No te quedes en una choza sufriendo penurias, cuando su rico palacio te invita a entrar. No te apoyes en un bastón roto, teniendo tan cerca la Roca eterna para sostenerte.
Pudiera ser que algún pobre pecador oyera de esta gran abundancia y exclamase: ¡Oh, si pudiera participar de esos benditos manjares. Mientras que otros se deleitan, yo muero de hambre. Amigo, ¿y por qué es eso? ¿Por qué no puedes disfrutar de ese fértil valle? Es porque estás muy lejos de Jehová‑Jireh, y porque hay muchas barreras que te impiden el paso. Pero las Escrituras proclaman que todavía hay lugar; y el mismo Jesús se acerca a la puerta de tu corazón y llama. En estas líneas que tienes ante ti, te pido que le abras. ¿Vas a tardar o a rehusar? ¿Por qué prefieres ser pobre y miserable ahora y por la eternidad, si Jehová‑Jireh te invita a participar de la plenitud de la gracia en esta vida, y de la gloria en la futura?
EL PACTO
EL PACTO
Por Henry Law
“Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo…” GÉNESIS 17:7.
Quisiera preguntarte, lector, si tu conciencia atestigua que eres un verdadero discípulo de Cristo; si has echado tu pobre alma en sus brazos, y si has enterrado toda tu culpa y tus temores en el hoyo de sus heridas. ¿Has experimentado que, por muerte al pecado, estás crucificado con Él? ¿Manifiestas, viviendo para justicia, el poder de tu resurrección con Él? Si es así, ¡cuántas razones tienes para alabar al Dios que ha infundido el aliento de vida a tu cuerpo, y el Espíritu de vida a tu alma! Tus privilegios son grandes; tu parte es muy rica. Tu futuro es brillante; tu herencia es muy segura. Toda tu bendición se puede resumir diciendo que el mismo Dios es un Padre que pacta contigo.
Escudriña la Biblia. Estudia el contrato de tu libertad celestial. Lee las escrituras que te confieren posición tan alta. En este mundo de miseria hay quienes recuentan su oro, sus joyas y sus posesiones. ¡Cuánto más debe hacerlo el que es heredero de dos mundos, para conocer su riqueza imperecedera!
Hay un conjunto de bendiciones en jeremías 31:33‑34, que se deben aplicar especialmente al corazón. Son éstas: santificación del espíritu; adopción en la familia de Dios; luz divina y perdón eterno. El creyente puede reclamar las todas ellas a causa de la promesa del pacto. “Pero éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado”.
Pocos son los ojos que no se deslumbrarían al con templar los tesoros que brillan como campos de luz. Un pensamiento inquieto puede preguntar cómo puede el Dios alto y santo, cuyo ser es perfecto y cuya morada es la eternidad, pactar con el hombre bajo, vil y aborrecible, producto del polvo, e insecto que revolotea sólo un momento. Ningún monarca se aliaría con el abyecto rebelde que tiene en el calabozo. ¿Cómo, entonces, ha podido el alto cielo descender hasta esta miseria, corrupción y suciedad?.
Cuando se mira ese hoyo donde la naturaleza humana se debate, parece que es imposible. Pero, a pesar de esto, la realidad es que Dios ha hecho un pacto con cada uno de los que están bajo la gracia. Abraham es el primer testigo que acude a nuestra llamada; era nacido en pecado, inclinado al mal, hijo de ira y cargado de iniquidad, tal como nosotros somos. Pero si el testimonio afirma que Dios comunicó con él: “He aquí mi pacto es contigo…”. “Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti…”
A continuación aparece David, que, por ascendencia natural, era como nosotros. Pero con verdadera gratitud proclama: «Él ha hecho conmigo pacto perpetuo, ordenado en todas las cosas, y será guardado…”
Hasta aquí todo está claro: Dios pacta con el hombre. Pero quizá algún creyente se pregunte, dudando, que si después de todo, ese pacto no seria sólo para aquellos favorecidos patriarcas del pueblo elegido. Pero la misericordia de Dios nos trae una respuesta rápida diciéndonos que el pacto ha sido establecido con Abraham y con su descendencia después de él. “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gálatas 3: 29). Esta verdad, lector, brilla ahora como el sol, y no se puede negar que, si eres de Cristo, eres hijo de Dios por su pacto.
Ahora estamos en posición de analizar la naturaleza del pacto de Dios con sus condiciones y su confirmación. Lo primero que hay que grabar bien en la mente es que este pacto no es un pacto de obras. Desde luego hubo un momento en que se propuso semejarte arreglo. “Haz esto v vivirás” eran la condición y la recompensa. Pero apenas vio la luz cuando ya había muerto, porque el hombre no lo puso en su corazón sino que lo pisoteó. Lo esparció todo a los cuatro vientos, e inmediatamente perdió sus privilegios. Aquella voz que empezó con promesas concluyó con juicios de ira. La hermosa columna de la inocencia se derrumbó para nunca más levantarse. Aquella página sublime fue despedazada y ya no volvería a escribirse.
Temo que hayan muchos que, en la noche oscura de su pecado, sueñen vanamente que este pacto todavía es válido, y que por él hallarán la vida. Pero una caña quebrada no es un buen apoyo, ni la blanda arena sirve de fundamento. Un tratado violado no es un buen argumento. Sería ridículo hacer reclamaciones cuando no hay nada que reclamar. Es como si el hijo pródigo hubiera pedido que se le recibiese basándose en su desobediencia; como si un rebelde dijera: Perdonadme porque soy un traidor; o un criminal demandase: Absolvedme porque soy culpable.
Estos son los vanos pensamientos de los que confían en un pacto que ha desaparecido; que empezó y terminó en Adán. La inocencia no tenía suficiente poder para mantenerlo; y ¿cómo van a recobrarlo aquellos que están debilitados por el pecado? Pero el pacto que protege al creyente es muy diferente. Está escrito con letras imborrables de amor eterno. Se basa en la roca de propósitos inmutables. Y esto es así porque Dios “para siempre ha ordenado su pacto.”
Pero, ¿dónde hay que encontrar su origen, su vigor y su frescor inalterable? Lo cierto es que si existe, si es fuerte, y si es eterno, se debe a que Jesús lo ha hecho. Es Él quien se presenta ante Dios como un segundo Adán; como cabeza de una familia nacida del Espíritu. Las promesas y condiciones que Dios le da para nosotros se cumplen en É1. Lo que Dios estipula, Cristo lo lleva a cabo.
Veamos las condiciones: Dios requiere que estemos limpios de todo pecado, vestidos de rectitud, renovados en toda facultad de nuestro espíritu y alma. Cristo es el encargado de realizar esta ingente tarea. Dios promete que Cristo será nuestro Dios; y Cristo promete que nosotros seremos su pueblo. Éste es el nuevo pacto: hecho y ratificado en Cristo.
Por medio de la fe podemos recoger frutos muy preciosos del árbol de las Escrituras. En Isaías 42:6 y 49:8, por ejemplo, tenemos provisión abundante. En estos pasajes Jehová dialoga con su Hijo. Entramos ahora en la cámara del consejo de la eternidad, y Dios, en su majestad, dice: “Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo…” y también: “…te guardaré, y te daré por pacto al pueblo.” Aquí vemos que Jesús mismo constituye el pacto, porque, en efecto, éste no tendría existencia, ni continuidad, ni poder, si no fuera en Él. Cristo es su realidad, su esencia, su plenitud, su todo; y sobre Él se funda, se erige y se concluye. Sin Cristo no hay pacto. Pero si se le recibe, ese pacto pasa a ser nuestro con toda su verdad y su riqueza. El que le rechaza perecerá, porque carece de la más leve excusa.
E1 mismo Jesús es el pacto, ya que, como compañero de Jehová, lo planea, lo desea, lo ordena, lo compone y lo acepta. ÉI es el pacto porque, siendo Dios‑hombre, se hace cargo de él y cumple sus condiciones. La evidencia de Malaquías 3:1 es digna de tenerse en cuenta: “…y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros.” Cristo aparece aquí como el ángel o mensajero de este pacto. La misión de un mensajero es la de llevar noticias de una a otra persona; y del mismo modo Jesús viene con la grandeza de su poder, transportado por su amor y con la presteza que el celo de su corazón le da, para anunciar que se ha hecho un pacto, y para informar de lo que éste contiene. Por medio de su Palabra, de sus ministros y de los símbolos, nos lee línea a línea las concesiones del contrato. Como si fuera un glorioso espejo, Jesús nos va mostrando a un Dios reconciliado, la paz establecida, toda la gracia obtenida, y las puertas abiertas del cielo. ¡Oh, alma mía! ¿Ha hecho Jesús que las dulces notas de este mensaje sean la música que te deleita?
Cuando el mensajero regresa a la mansión en las alturas, declara al Padre celestial que aquellos pobres pecadores han oído del pacto de gracia; que han hundido su rostro en el polvo con vergüenza y arrepentimiento; que han sido los testimonios escritos con la mano firme de una fe adoradora; que todas las cosas son nuevas: han pasado de tinieblas a ser luz; del odio a ser amor; de extraños a ser hijos. Alma mía, ¿te lleva esto a entrar en el ámbito de ese pacto?
Examinemos, ahora, las buenas nuevas de Hebreos 7:22. “Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto.” Así, pues, Cristo aparece aquí como fiador de este pacto. La misión del fiador es la de comprometerse a que las dos partes cumplan el contrato. En el pacto de obras no había ningún fiador, y por eso fracasó tan rápidamente. Pero ahora el Dios‑hombre, Jesús, es el fiador tanto del Padre como de su pueblo. No es necesario que repita la bendición ilimitada que el Padre ha prometido. Pues bien, todo nos será dado; no se retendrá ni una sola gota, y nuestra copa rebosará. Tiene que ser así, porque Jesús es el fiador. Las condiciones de los creyentes se cumplirán con la misma seguridad: Se arrodillarán en penitencia; vivirán por la fe; se asirán a su refugio, y serán fructíferos árboles de justicia. A su tiempo, Jesús los llamará y obrará en ellos tanto el querer como el hacer, y, por último, los presentará limpios, lavados, hermoseados y santificados, como una iglesia gloriosa sin mancha ni arruga ni cosa semejante. La verdad, el amor y el poder de este fiador, conseguirá todo esto.
¡Qué deleites fluyen, también, de Hebreos 12:24!”…Jesús el Mediador del nuevo pacto.” Cristo está como mediador entre Dios y el hombre. Es uno con Dios y uno con el hombre; y pone Su mano en ambos de forma que en Él, los dos vienen a ser uno; la separación desaparece y• se efectúa la unión. Por eso las bendiciones del pacto nunca dejarán de descender del cielo.
La verdad que contiene Hebreos 9:15 proporciona un gran banquete: “Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.” Antiguamente los pactos adquirían validez con la sangre de una víctima. Cuando Dios le mostró a Abraham lo que era el pacto de gracia, hizo pasar un horno humeante y una antorcha encendida entre los despojos de los animales sacrificados. Esto era para indicar que el pacto eterno tenía que ser sellado con sangre. Al morir aquella víctima expiatoria y reconciliadora, que no era otro que el mismo Mediador, el Padre quedó complacido y exclamó: “No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios.” La respuesta del creyente está llena de alabanza porque sabe que Dios es su Padre para siempre por medio del pacto. La obra del Espíritu hace que este pacto sea seguro e inviolable.
Me pregunto, lector, si tu corazón habla con el mismo lenguaje de agradecimiento. Hay muchos, por desgracia, que prefieren aliarse con el mundo. Todo lo que éste pide es que se adopten sus costumbres y sus principios; que se olvide la Biblia, y que la adoración se reduzca a un mero rito. A cambio ofrece una copa rebosante de gozo animal e imaginario. Las víctimas engañadas firman, y cuando van a beber la dorada copa, no bailan más que las heces del sufrimiento y la vergüenza.
Luego viene el fin. La eternidad en la condenación viene a confirmar esa gran verdad de que la amistad con el mundo es enemistad con Dios.
Huye de esa trampa engañosa. Sal fuera. Mantente aparte. Sepárate. Los que se pierden descubren demasiado tarde que su alianza con el mundo los lleva atados al infierno.



